"These days there’s so much paper to fill, or digital paper to fill, that whoever writes the first few things gets cut and pasted. Whoever gets their opinion in first has all that power". Thom Yorke

"Leer es cubrirse la cara, pensé. Leer es cubrirse la cara. Y escribir es mostrarla." Alejandro Zambra

"Ser joven no significa sólo tener pocos años, sino sentir más de la cuenta, sentir tanto que crees que vas a explotar."Alberto Fuguet

"Para impresionar a las chicas de los 70 tuve que leer a Freud, Althusser, Gramsci, Neruda y Carpentier antes de llegar a los 18. Para seducir a las chicas de los 70 me hice especialista en Borges, Tolstoi, Nietzsche y Mircea Elíade sin haber cumplido los 21. Menos mal que ninguna me hizo caso porque entonces hoy sería un ignorante". Fernando Iwasaki


domingo, 6 de abril de 2014

Desencanto


Para Stephany, quien lo leyó primero

Hay mañanas en que me levanto, miro por la ventana, veo la cara del día y me niego, terminantemente, a recibirlo.
(Julio Ramón Ribeyro)

Solía leer tantos relatos sobre fantasmas que cuando por fin vi a uno no me sorprendí. Estaba leyendo anoche una antología especial sobre ellos cuando él apareció. Con un grito gutural trató de impresionarme mas solo atiné a responderle con una sonrisa dibujada en mi rostro, antes de bajar la mirada para seguir leyendo. Mortificado ante mi indiferencia comenzó a vociferar palabras en idiomas extraños que debían ser muy antiguos porque no me eran familiares. Hizo curiosas morisquetas que se acercaban a lo humorístico y por último rompió uno de los espejos de la habitación. Allí fue cuando reaccioné y le indiqué de forma pausada que si seguía dañando el mobiliario de la casa lo tendría que invitar, muy a mi pesar, a retirarse. Sintiéndose inútil y cansado cogió uno de los cigarrillos que estaban sobre el escritorio, lo encendió con fuego nacido de sus dedos y se sentó a mi lado.

Viéndolo cabizbajo y algo deprimido le pregunté si estaba perdido. No es común que aparezcan por estos lares, según mostraban los textos que llenaban mi biblioteca. Parece que dicha observación lo envalentonó porque orgulloso respondió que no hiciese caso a todo lo que escribían sobre ellos. Sólo un verdadero fantasma tiene la autoridad y el derecho para hacerlo ya que los mortales tergiversaban sus acciones durante el inútil intento de tratar de indagar en sus mentes para averiguar qué es lo que piensan y sienten. Calmado le respondí que no éramos muy diferentes, habiendo más similitudes entre nosotros que lo que puede afirmar la evidencia empírica.

Luego de un interminable silencio incómodo, por fin disparó. Era obvio que tarde o temprano cuestionaría el porqué no me aterré y salí despavorido de la casa al verlo aparecer. Solté una risotada y le dije que si él era un fantasma por naturaleza yo lo era por vocación. Sus ojos, entre la sorpresa y el desconcierto, suplicaron entonces una explicación. A temprana edad había decidido alejarme de la sociedad ante el desencanto y la imposibilidad de desenvolverme en ella por el simple hecho de que no terminaba de comprenderla.  El mundo y yo nos dimos la espalda de forma mutua y ninguna de las partes pareció molestarse pues, al fin y al cabo, habíamos evolucionado tan eficazmente que vencimos nuestra debilidad de depender de la comunicación directa y personal para sobrevivir sin perderse por la senda de la locura y la desesperación. Se podía obviar la situación enfermiza que se hubiera originado de persistir en el empeño de actuar como los demás.

¿Pero no era acaso mi cuarto atiborrado de libros una muestra de que no era posible romper los lazos que me vinculaban con los demás? ¿Aquellos versos inscritos en el parqué del piso no mostraban la necesidad de vivir a través de lo que otros sentían? ¿A quién le escribía las montañas de papeles que impedían el libre tránsito por el departamento?

Contesté que los libros me brindaban la opción de crear mi propia realidad, una que estuviera ceñida a mí al ser moldeada por una sola voluntad que la transformaba interpretándola a su gusto. Una realidad donde los seres ficticios parecían más humanos que las sombras que pululaban por las calles en estos momentos. Todos van tan de prisa en este mundo que se rechaza toda propuesta de establecer una pausa. No hay pausa para condenar el horror, menos para tentar la felicidad. La indiferencia terminó por absorber nuestras relaciones. Y ser un fantasma que vive por y para la literatura va siendo la mejor opción, sino la única, para oponer resistencia.


Me levanté sin prisa para mirar por la ventana. Una ciudad luchando con sus luces artificiales contra la oscuridad, que trataba de tragársela como una ballena todopoderosa saciando sus salvajes instintos. Esta visión reforzaba mi autoexilio. Al voltear vi una tenue gota recorrer de forma irregular aquel extraño rostro antes de que reaccionara y cambiara de actitud. Claro que no charlamos de estas cosas durante las horas que siguieron. Intercambiamos curiosas anécdotas sobre otros tiempos, breves escenas que escapaban a la rutina que terminaba homogeneizándolo todo. Ante mi insistencia me respondió que la vida en el más allá no era lo que Alighieri imaginó, dejándome a la expectativa sobre si debía tomar dicho dato como una noticia alentadora. Bebimos dos botellas de vino y criticamos ciertos clichés enraizados en nuestras mentes sobre la existencia de los colegas de mi interlocutor. ¿Cuando has visto un fantasma que busca de forma desesperada la forma más rápida de embriagarse? gritó, alzando la copa llena, tras lo cual soltó una sonora carcajada que se debió escuchar hasta el inframundo. Antes de que el irritante astro rey lanzara las primeras señales de su presencia, me dijo que se había hecho tarde para ambos. Nos abrazamos como si fuésemos dos viejos camaradas, haciendo la firme promesa de tratar de volvernos a ver pronto, en este o en el otro mundo. No sé si fue en esa milésima de segundo que se desvaneció. Sólo estoy seguro que fui a la cocina a prepararme un café bien cargado para comenzar a leer otra vez.

3 comentarios:

  1. Interesante el cuento. Algo altanero el sujeto, pero creo que estaba pasando por una etapa por la que muchos hemos pasado.

    ResponderEliminar
  2. Muy buena historia Sebastian!!

    ResponderEliminar