"These days there’s so much paper to fill, or digital paper to fill, that whoever writes the first few things gets cut and pasted. Whoever gets their opinion in first has all that power". Thom Yorke

"Leer es cubrirse la cara, pensé. Leer es cubrirse la cara. Y escribir es mostrarla." Alejandro Zambra

"Ser joven no significa sólo tener pocos años, sino sentir más de la cuenta, sentir tanto que crees que vas a explotar."Alberto Fuguet

"Para impresionar a las chicas de los 70 tuve que leer a Freud, Althusser, Gramsci, Neruda y Carpentier antes de llegar a los 18. Para seducir a las chicas de los 70 me hice especialista en Borges, Tolstoi, Nietzsche y Mircea Elíade sin haber cumplido los 21. Menos mal que ninguna me hizo caso porque entonces hoy sería un ignorante". Fernando Iwasaki


domingo, 11 de mayo de 2014

Archipiélago


Hay momentos en que la vida es una bruma   que no se puede navegar

                                                                                                                     Juan Gelman
La pesadilla me ha abandonado. Un súbito regreso a la lúgubre realidad de una fría madrugada que intuyo como señal para tratar de abrazar una buena idea que le permita a mi relato encontrar la salida del laberinto en que se encuentra perdido. A lo largo de las últimas semanas no he sido capaz de desprenderme de ese angustiante estado en el que lo único cierto parece ser esa asfixia que ahoga cualquier intento de encontrar inspiración. He recurrido a mi antigua rutina de cazar las historias pertenecientes a mi círculo más íntimo pero es una acción cada vez más fútil ante lo poco interesante en que se han tornado  las mismas. Tampoco las segundas lecturas de Cortázar, Bolaño o Ribeyro han servido de algo. Al encender la luz de mi habitación vislumbro un verso de Juan Caballero Bonald escrito en mi pared: Recuerda mientras tanto la historia que no has vivido todavía. La meditación alrededor de esa frase se hace inevitable y pongo todo mi esfuerzo en tratar de desentrañar  lo que dice (y sobre todo  lo que no dice). Mientras tanto en algún lugar del cuarto piso del edificio dos cuerpos se están encontrando bajo las sábanas, explorando el placer de la compañía desnuda y contándoselo en su forma más impúdica y natural a aquellos tristes oyentes (entre los que lamentablemente destaco),a través de portentosos gemidos capaz de derrumbar cualquier frontera tácita establecida previamente. Imposible no sentir envidia al recordar el maravilloso cuerpo escultural de mi rubia y ninfómana vecina a la que no soy capaz de mirar directo a los ojos cuando me la cruzo en el pasillo principal y que ahora es presa del gozo que le brindan manos ajenas. Mi atención ahora vira al sonido de lentos pasos en el departamento contiguo, que indica que mi vecino se ha despertado para comenzar con su ritual de sollozar contemplando la foto enmarcada de su único hijo al que la muerte lo alejó hace tres años, víctima inocente de un tiroteo entre policías y bandidos. Un chico listo, cuya desaparición también me afectó por algún tiempo ya que solía ser mi cómplice de travesuras en el colegio. Su madre no soportó seguir compartiendo el mismo espacio con la sombra del hombre que amaba y se largó para dejarlo abandonarse en la locura de la melancolía. Ahora los amantes se han enfrascado en una discusión donde predominan los reproches expresados en gritos desaforados por lo que la vieja del 302 ha salido a hacer respetar el sueño de los vecinos que merecen se respete su derecho al tranquilo reposo, lo cual me parece muy caradura de su parte ya que ella desvela a todo el edificio los fines de semana a las seis  de la mañana,  encendiendo su radio para escuchar el Santísimo Rosario con la insufrible voz de un pastor brasileño. Cree que nos inoculará su “gran” fervor religioso con sus mañaneras diatribas contra el cada vez más impúdico y pecaminoso mundo actual, del cual nadie tiene salvación salvo aquellos que escuchen la palabra del Todopoderoso.  Y parece que tampoco lo tendrá su hija menor, que escapó con mi ex enamorada hace dos años cansada de los reproches de los que era víctima en su propio hogar. A la triste comparsa, debe sumársele en algunos momentos la señora del 207. Señorita hace tan sólo 9 meses. Los llantos de la nueva inquilina de dicho departamento han reemplazado, felizmente, a los gritos de dolor y espanto de su madre, motivados por las dantescas golpizas que le propinaba su marido, que en rabietas donde tomaban parte el alcohol y la frustración, terminaba por desahogar el desencanto por su situación anodina en el mundo, situación que fue llevada al límite no hace  mucho tiempo tampoco, cuando vinieron los de la policía a llevarse el obeso cadáver que yacía en la vereda cubierto con periódicos y rodeado de pequeños pedazos de cristal que navegaban en sangre. Los periodistas nos atormentaron a todos con cuestionarios llenos de las preguntas más inverosímiles, y con lo poco que cada vecino dijo, armaron un demonizado perfil que alimentó las carátulas de los diarios por un par  de días. El único del 207 que al parecer no sintió ningún efecto, para bien o para mal ,del suicidio, fue el cuñado del fallecido cuya existencia había pasado desapercibida para las calumnias de los vecinos  hasta que su nombre saltó en una crónica de los hechos, descrito como un ser casi raquítico que padecía una terrible enfermedad sobrellevada con morfina. Desde ese momento se convirtió en una presencia perturbadora para mí, sobre todo por el tema de la edad. Teníamos la misma. Me quedé con esa idea rondando por mi mente por enésima vez, mientras las primeras luces del amanecer se inmiscuían tímidamente por mi ventana. Sonaban los primeros bocinazos provenientes de la avenida que estaba a dos cuadras, los inconfundibles sonidos de algunas aves e insectos  diurnos que se colaban a través del tragaluz del baño, el áspero sonido de la escoba haciendo un movimiento pendular en las escaleras de afuera y mi alarma que intentaba inútilmente destacar entre todos ellos. Una escena que de lo rutinaria se iba desgastando día tras día. Cansado y más ojeroso que inspirado, me recosté de nuevo mirando el techo y así, de una forma lenta y paciente, me fui abandonando al sueño, a ver si así recuperaba la pesadilla inicial y salía de ésta que era la realidad en sí.














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