"These days there’s so much paper to fill, or digital paper to fill, that whoever writes the first few things gets cut and pasted. Whoever gets their opinion in first has all that power". Thom Yorke

"Leer es cubrirse la cara, pensé. Leer es cubrirse la cara. Y escribir es mostrarla." Alejandro Zambra

"Ser joven no significa sólo tener pocos años, sino sentir más de la cuenta, sentir tanto que crees que vas a explotar."Alberto Fuguet

"Para impresionar a las chicas de los 70 tuve que leer a Freud, Althusser, Gramsci, Neruda y Carpentier antes de llegar a los 18. Para seducir a las chicas de los 70 me hice especialista en Borges, Tolstoi, Nietzsche y Mircea Elíade sin haber cumplido los 21. Menos mal que ninguna me hizo caso porque entonces hoy sería un ignorante". Fernando Iwasaki


domingo, 12 de abril de 2015

Llenando el lugar de la ausencia: “Facsímil” de Alejandro Zambra

Entre las muchas cosas en las que pensaba mientras leía Facsímil  de Alejandro Zambra, destacaban los recuerdos del periodo comprendido entre el tercer y cuarto trimestre del 2009. Era la época de los exámenes de admisión a la universidad para los que estábamos en último año de la secundaria. La mayoría de mi salón iba a postular a la Católica y a la de Lima, por lo que a mí, al postular a San Marcos, me tocaría postular antes que ellos. Porque se había corrido la voz que yo iba a postular a esa universidad pública para la cual ya habían pasado los años más gloriosos pero que aún podía vanagloriarse de poseer uno de los exámenes más difíciles del país, así que sentía que la luz de los reflectores estaría posada sobre mí por lo menos unas semanas. Y si no entraba iba a ser una tragedia. Eso es lo fregado de este sistema en el que te obligan a definir gran parte de tu vida en quinto año de secundaria. Así lo percibía. Siempre había sacado buenas notas y sentía que era de lo único que podía presumir en una promoción conformada por ciento veinte alumnos y si no “la hacía” iba a ser muy vergonzoso. “Uribe no entró a la universidad”, era la frase que quería evitar que se pronunciara. Y en secreto, a las dos semanas iba a postular a una beca para estudiar economía en la de Piura. Pero el objetivo principal era entrar a San Marcos frente a los ojos de mis compañeros y mis profesores.


Para prepararme no contaba más que con un prospecto de admisión o manual con temas de exámenes pasados, que leí durante las tres semanas antes del examen. El proceso de mecanización tenía que ser rápido y efectivo. Las dos últimas semanas no pensaba en otra cosa que en ese lunes siguiente al examen de admisión. Y llegó aquel domingo. Me acompañó mi padre, aun somnoliento por tener que levantarme tan temprano. Nos bajamos en una avenida Venezuela llena de ambulantes, bulla y basura regada por la pista. Con un lápiz, un tajador, un borrador y una cantidad regular de caramelos de limón en mis bolsillos dimos la vuelta por Amezaga para entrar a San Marcos y recién empecé a sentir un miedo significativo. Cientos y cientos de chicos descendían de buses vestidos con polos de sus academias preuniversitarias.  Cientos y cientos de chicos de dieciséis años como yo, pero también de quince, diecisiete, dieciocho, diecinueve y así hasta rozando los treinta incluso que iban a la batalla por un vacante. La competencia en su máxima expresión. A nadie le importa saber la historia que te llevó a estar en ese lugar.Entré buscando el salón donde me tocaba, me senté y durante la hora y media de espera para el examen recién comenzó a acelerarse  la formación de aquel sudor frío como una materialización de mi temor. Una semana después pasaría lo mismo en un sótano de la Universidad de Piura. Y aunque hay un universo de distancia entre las realidades de ambas casas de estudio, había sensaciones que se repetían

Y es que existen pocos momentos hay de tan profunda soledad que puedan superar al de un examen de admisión. Todos los rostros a tu alrededor son de chicos y chicas que quieren la vacante que tu también quieres. Rostros que por lo general denotan angustia y miedo.
Miedo de decepcionar a:

a) Tu padre.
b) Tu madre
c) Tus tíos, abuelos y/o hermanos
d) Tu enamorada que te puede dejar
e) La chica que te gusta con la que ya no tendrás alguna oportunidad
f) Tus amigos
g) Todos los anteriores

Porque en ese momento además, se interceptan tu pasado, tu presente y tu hipotético futuro. Mientras vas buceando en el lago pantanoso de tu memoria tratando de rescatar los conceptos de razonamiento verbal y matemático que paporreteaste en el colegio o la academia se aparecen escenas de tu pasado como :

a) Tus padres llorando por no tener dinero para pagar una cuenta
b) Las enfermedades que te quitaron a los abuelos que te criaron
c) La chica que te terminó el año previo.
d) Tu profesor diciéndole a tu clase que nadie de ahí tendrá éxito
e) Otro
f) Todas la anteriores

Escenas de tu presente como:

a) Tus compañeros de clase sin grandes aspiraciones
b) El barrio de clase media venido a menos donde has vivido toda tu vida
c) El cáncer que puede estar incubándose en tu interior en ese mismo momento
d) Tu madre abrazándote antes de partir a dar el examen
e) Otro
f) Todas la anteriores

Y escenas del futuro que podrían ocurrir si no entras como: 

a) La vergüenza de entrara al salón durante las semanas siguiente.
b) Otros exámenes de admisión en los cuales tampoco lograrás ingresar.
c) Terminar estudiando por descarte una carrera que no te gusta en una universidad que no te gusta y trabajando en algo que no te gusta
d) Una relación amorosa insípida y apática que te causará una vejez frustrante
e) Tu muerte sin pena ni gloria
f) Todas las anteriores y más.

Uno comienza a sentirse perturbado por las culpas que carga su existencia y el vacío de varios aspectos de su vida. Vacíos que uno va tratando de llenar como quien macilla una pared cuya pintura se descascara continuamente.

Y esa hoja de papel en la que  armado con un lápiz vas construyendo y perfilando tu historia que sigue ahí esperando que se llene durante las siguientes tres horas de examen.

Facsímil es capaz de evocar todo lo que he escrito y muchísimo más. Es un libro escrito como si fuese un examen de admisión a la universidad, inclasificable, que bebe de la poesía, la novela y el relato en un experimento que nos puede hacer llorar, gritar y reír, mientras reflexionamos sobre nosotros, los que nos rodean o nos rodearon y el país donde nos ha tocado vivir y/o sobrevivir.

Para los que no han tenido la grata experiencia de leer a Zambra, encontrarán ecos de sus anteriores novelas. Y para los recién van a entrar, descubrirán a los demonios con los que siempre lucha el chileno: los pecados de los padres, las relaciones líquidas de pareja, la angustia de los hijos, la dictadura de Pinochet, el pasado y el presente de Chile, el vacío de la ausencia, la infancia y sus cicatrices. Pero a ellos les suma otros como el sistema educativo tanto de la educación básica como la superior, el rol de los profesores, el matrimonio, el divorcio, la enfermedad, las normas, el rompimiento de las normas, Dios, el ateísmo…

Y la familia. Acá está lo que creo yo, termina absorbiendo y potenciando todo lo demás. La apertura del individuo a los demás a través de la interacción inicial con su familia, esté como esté conformada esta. 

En las páginas de Facsímil  uno recuerda la magia de la literatura. Ese arte donde los lectores hacen cobrar vida a los libros, convirtiendo las palabras impresas en un cúmulo de sentimientos que permiten entendernos un poco más. Porque aquí como en Rayuela, los lectores empiezan a jugar tomando un rol menos pasivo y como la vida, son las elecciones que tomamos, las alternativas que marcamos, las que definirán como construimos y disfrutamos este artefacto literario.

Corra y vaya a leer (o releer) a Alejandro Zambra. Lo más probable es que una vez que comience, ya no deje de hacerlo.



+Algunos párrafos y/o frases: 

- 3.- Educar
 a) enseñar
 b) mostrar
 c) entrenar
 d) domesticar
 e) programar

-14.-Prometo:
 a) silencio
 b) completo
 c) prometo
 d) silencio
 e) completo

- 19.-Culpa:
 a) pecado
 b) desliz
 c) caída
 d) tropiezo
 e) tuya

- 35.3 Cuando niño estabas enamorado del silencio. Luego quisiste que las palabras te inundaran y te hundieran. Pero sabías nadar, no tuvieron que enseñarte. A nosotros, piensas, como a los perros, nos echaron al agua y aprendimos a nadar altiro.

-37. _________ las mil reformas que le han hecho, la Constitución de 1980 es una mierda.
a) Con
b) Debido a
c) A pesar de 
d) Gracias a 
e) No obstante

-41. Los estudiantes van a la universidad a ___________, no a _________.
a) dormir/ morir
b) tomar/pensar
c) estudiar/protestar
d) llorar/leer
e) comprar/vitrinear

-Ahora soy un texto que lees y no quieres que exista.

-Hay momentos en que nos odiamos a nosotros mismos, y si tenemos enfrente a alguien que, en casi todos los aspectos, es igual a nosotros, se hace inevitable orientar el odio en esa dirección.

-Chile es una inmensa sala de espera, y vamos a morir esperando el número.

-En ese consiste la vida: en borrar y ser borrado.



+Sobre el autor:
Alejandro Zambra nació en Santiago de Chile en 1975. Es autor de Bahía Inútil (1998), Mudanza (2003), Bonsái(2006), La vida privada de los árboles (2007), No leer(2010), Formas de volver a casa (2011) y Mis documentos (2013). Sus novelas han sido traducidas a más de diez idiomas y algunos de sus relatos han aparecido en revistas como Quimera, Letras Libres, Piauí, The New Yorker, The Paris Review, McSweeney’sy Zoetrope. Estudió literatura en la Universidad de Chile. Actualmente es profesor en la Universidad Diego Portales.

+Booktrailer:

viernes, 10 de abril de 2015

De Estambul con amor (y algo de obsesión):“El museo de la inocencia” de Orhan Pamuk

“Dime, ¿el amor nos hace tontos o es que sólo los tontos se enamoran?”
OrhanPamuk, Me llamo Rojo



¿Cómo llega un joven limeño de 19 años, estudiante de Economía y Administración, a la literatura de un premio Nobel de Literatura turco? Pues,a veces la buena literatura tiene caminos extraños que nos conducen a ella. Un día, creo que por uno de esos errores que se terminan lamentando después, apareció entre las opciones de búsqueda de libros de mi cuenta de la biblioteca de la Universidad de Piura, “Me llamo rojo”. El título para ser honesto me sonaba a un libro sobre marxismo y al ver que era la obra de un Nobel turco, sentí curiosidad y pedí que me lo trajeran desde la misma sede de Piura. A los tres días llegó, y aunque me incomodó que estuviera en una rústica edición de bolsillo, me quedé enganchado sin duda alguna con las primeras líneas:

“Ahora estoy muerto, soy un cadáver en el fondo de un pozo. Hace mucho que exhalé mi último suspiro y que mi corazón se detuvo pero, exceptuando el miserable de mi asesino, nadie sabe lo que me ha ocurrido.”

Con un comienzo así, la novela prometía. Y vaya que cumplió. Como dice su contraportada, era un “puzzle filosófico y fantástico en el que se cruzan el arte, la religión, el amor, el sexo y el poder”. En la siguiente feria del libro, mis papás me dijeron que sólo me iban a comprar un libro. Sin duda, escogí la Nieve, un thriller político en medio del mundo islámico y que comenzaba así:

“El silencio de la nieve, pensaba el hombre que estaba sentado inmediatamente detrás del conductor del autobús. Si hubiera sido el principio de un poema, habría llamado a lo que sentía en su interior el silencio de la nieve.”

Luego de ello disfruté durante una Semana Santa de hace uno o dos años, La vida nueva, un libro que también (¡Vaya sorpresa!) tenía un comienzo genial:

Un día leí un libro y toda mi vida cambió.

Y pasó sin duda un largo periodo en los que me distancié sin duda de la obra de Pamuk. Hasta diciembre pasado, que recorriendo algunas librerías, di con una edición de Mondadori de El museo de la inocencia, la novela que en varias reseñas había leído que tenía el amor y la obsesión como ejes centrales de su trama. Y aunque su precio excedía lo que había presupuestado para la adquisición de libros durante la época de fin de año, fue al leer las primeras líneas que percibí la magia de la literatura de Pamuk llamándome:

Fue el momento más feliz de mi vida y no lo sabía. De haberlo sabido, ¿habría podido proteger dicha felicidad? ¿Habría sucedido todo de otra manera? Sí, de haber comprendido que aquel era el momento más feliz de mi vida, nunca lo habría dejado escapar.

Primó la curiosidad por saber las razones de esta confesión y adquirí el ejemplar al día siguiente (luego de convencerme aún más al encontrar una magnífica reseña del crítico literario José Miguel Oviedo en el portal de Letras Libres  que se puede encontrar googleando). Otra vez la literatura le ganó la pulsada a mis intenciones de ahorrar.

¿Alguien posee la verdad absoluta sobre el amor? ¿Es posible llegar a un consenso sobre su definición? Sin duda alguna, el amor es uno de los temas más complejos para el entendimiento humano y por ello, uno de los que llama más nuestra atención. Hace poco terminé de leer El amor en los tiempos del cólera de Gabriel García Márquez, una hermosa novela sobre un amor entre fines del siglo XIX y comienzos del XX que esperó más de medio siglo para concretizarse y tomar forma. En ella la perseverancia y paciencia son cualidades determinantes para que el amor tenga esperanza de sobrevivir a los obstáculos que se van presentando. En la novela de Pamuk también. Pero su encanto tiene otros matices.

Estambul, Turquía. La ciudad-puente entre Asia y Europa. Entre el mundo islámico y el occidental. Una ciudad llena de contradicciones  y que en plena década de los setenta se encuentra buscando una identidad, capaz de unir todas sus contradicciones internas. Una ciudad donde habitan Kemal y Fusun. Kemal es un burgués de treinta años, rico en una tierra de pobres y cuya vida no ha sufrido mayor tropiezo.

Un don como el de nacer en una familia rica en un país pobre era algo que Dios concedía muy raras veces a quienes habitaban en este rincón del mundo.

Él está a punto de comprometerse con una de las jóvenes más admiradas y deseadas del “mundillo” de la clase alta, cuando irrumpe en su vida una pariente lejana, joven y pobre, pero sumamente bella,  como una tormenta furiosa que no va a expirar hasta el último de sus días.Se vuelven amantes, y durante el mes que trascurre entre dicho encuentro (o segundo encuentro en sus vidas como recordará después, evocando una escena de su infancia) y la fiesta de compromiso con su novia oficial,  se entregarán al placer del sexo en un cuarto-santuario que Kemal tiene a su disposición en un viejo edificio donde se da cuenta que nunca antes ha experimentado tanto gozo como el que obtiene al lado de Fusun.  Pero se va dando cuenta que la locura con la que se entregan, esconde algo más allá que la simple excitación física.

¿Qué era lo que me unía a ella, aparte del ilimitado e infantil goce sexual? ¿Por qué podía hacer el amor con ella de una manera tan sincera? ¿Eran nuestro placer sexual y ese deseo perpetuamente repetido los que hacían nacer el amor, u otras cosas que nacían paralelamente el deseo y se alimentaban de él?

Va creándose una dependencia por el cuerpo de Fusun y todo lo que provenga de él. Sus historias, sus deseos, sus temores, sus preocupaciones, sus palabras, sus miradas, sus palabras. Todo lo que la rodea comienza a ser glorificado por Kemal, que siente que la vida lo ha bendecido como a ningún otro hombre en el mundo. Pero como esto es una novela, no todo puede ser dicha y felicidad, por lo que la tragedia tiene que pasar a rendirle cuentas.

En realidad nadie sabe que está viviendo el momento más feliz de su vida mientras lo vive. Puede que haya quienes piensen o digan sinceramente ( y a menudo) en ciertos momentos de entusiasmo que están viviendo “ahora” ese instante dorado de sus vidas, pero, a pesar de todo, con parte de su alma creen que más adelante vivirán momentos más hermosos y más felices. Porque, especialmente en la juventud, de la misma forma que nadie puede seguir viviendo si piensa en que a partir de ese momento todo va a ir a peor, si uno es tan dichoso como para imaginarme que vive el momento más feliz de su vida, es lo bastante optimista como para pensar que el futuro también será hermoso.

Y es en la fiesta de compromiso cuando todo se desmorona. Kemal invita a su amante Fusun. Ella deslumbra a cuanto invitado ha asistido a la ceremonia. Los celos invaden a Kemal. Kemal se comporta de la forma más estúpida posible por momentos. Fusun baila con otros.  Conversa con otros. Estos otros le cuentan que Kemal se ha estado follando a su novia en la oficina durante el mes anterior. Fusun se siente engañada. Fusun no da un buen examen de admisión a la universidad al día siguiente. Fusun desaparece. Y Kemal ya no se siente el hombre más afortunado del mundo. El giro de 180°.

Y es aquí cuando la novela se convierte en una espera. Kemal siente su vida incompleta y resquebrajada. Cosa que se puede notar en algunas frases como las siguientes:

El auténtico dolor de amor se instala en el punto más esencial de nuestro ser, nos atrapa bien fuerte por nuestro punto más débil y, uniéndose íntimamente a los demás dolores, se disemina por nuestro cuerpo y por nuestra vida de manera imparable.

Sentía como si me clavaran un destornillador o un hierro al rojo y lo retorcieran. Era como si se acumularan líquidos altamente ácidos en todo mi vientre partiendo del estómago, como si me pegaran a los órganos internos pequeñas y cáusticas estrellas del mar. El dolor que se hacía más virulento al extenderse, me afectaba a la frente, a la nuca, a la espalda, a los testículos, por todas partes, y me oprimía como si pretendiera asfixiarme.

Si no está el amor, ¿importa lo demás?, se pregunta Kemal en muchos momentos de la novela. Pues para un hombre que tiene dinero, buena salud y la vida aparentemente resuelta en ese sentido, ¿acaso no es lo sentimental lo único que puede acaparar su atención como problema a resolver?

Aunque le gustaba que en las revistas, en la televisión y en las canciones se mencionara constantemente el amor, no encontraba correcto que nos e dejara de hablar continuamente de dicho sentimiento y pensaba que exageraban para atraer la atención de aquellos que no se habían enamorado nunca. :

¿Qué le va a importar que el mundo a su alrededor se esté viniendo abajo? Simplemente, ya no hay mundo si no está ella presente.

Mientras en las calles de Estambul los comunistas y los nacionalistas se disparaban mutuamente, se atracaban bancos, se ponían bombas y se ametrallaban cafés, nosotros nos olvidábamos del mundo entero a causa de un misterioso dolor, y eso le daba a Sibel una sensación de profundidad.

La política (…)un desastre natural parecido a los terremotos y a las inundaciones contra el cual los ciudadanos de a pie no podíamos hacer otra cosa que mantenernos los más alejados posibles.

Entonces, ¿cómo aliviar dicho dolor? ¿Hay forma de conseguir aunque sea un paliativo? ¿Se puede curar la enfermedad del amor? Irrumpe entonces el mecanismo de la memoria. Y todo aquello que sirva para hacerlo menos imperfecta y conjugarla con la imaginación tendrá cabida. Como por ejemplo, los objetos físicos que rodearon la figura de la amada Fusun. Objetos que servirán como elementos de un futuro museo y de una novela. Lo físico y lo abstracto codificado en literatura, para que el amor que hubo, perdure.

Necesitaba las cosas que me recordaban a Füsun para amortiguar mi dolor, pero al mismo tiempo, como al amortiguarse el dolor me recordaban mi enfermedad, también quería huir de ellas y de aquella casa y pensaba, optimista, que me encontraba mejor.

¿Acaso no es el objetivo de la novela y el museo narrar con toda sinceridad nuestros recuerdos para convertir nuestra felicidad en la de otros?

Intuía que si podía contar mi historia se aliviaría mi dolor.

Tras cada obsesionada con recopilar objetos y apilarlos en un rincón subyace un corazón roto, un problema profundo , una herida espiritual difícil de explicar.

Los museos de verdad son los sitios en los que el Tiempo se transforma en Espacio.

Frases creadas con hermosura para recrear la temblorosa frontera entre el amor, la locura y la obsesión.  La escritura para evocar sensaciones como el miedo.

En los dedos que Füsun pasaba por mi espalda había algo parecido al miedo a la muerte que siente la niña miope e inocente que se mete en el mar mientras está aprendiendo a nadar y en el momento en que cree que se está ahogando se abraza con todas sus fuerzas a su padre, que corre a socorrerla.

La entrega.

Si le damos a alguien algo que nos importa mucho, lo más valioso que tenemos, solo como muestra de amor, lo hacemos, sin esperar nada a cambio.

El dolor.

Sin embargo, ya por aquellos días comencé a intuir que se iban abriendo en mi alma una serie de grietas y heridas que dejan a algunos hombres sumidos en una soledad irremediable, profunda y oscurísima hasta el fin de sus vidas.

(…) en cuanto señalemos el momento más feliz hará mucho que habrá quedado en el pasado, que no volverá nunca más y que, precisamente por eso, nos producirá dolor.

Tenía la sensación de que poseía una armadura invisible que desde los veinte años me protegía de todo tipo de problemas y desdichas. Parte de esa sensación me hacía intuir que, si le prestaba demasiada atención a las desgracias de los demás, también me harían desgraciado y que podrían perforar mi armadura.

El sentido de seguir respirando y luchando por vivir (y sobrevivir) en este caótico mundo.

A veces pienso que si el tabaco gusta tanto no es por la fuerza de la nicotina, sino porque en este mundo vacío y sin sentido te da con facilidad la impresión de estar haciendo algo que tiene un significado.

Durante nuestros besos, cada vez más largos, se iban acumulando en la enorme caverna de nuestras bocas unidas un líquido templado dulce como la miel que a veces fluía por las comisuras de nuestros labios hasta la punta de la barbilla, ante nuestros ojos se aparecía un país celestial y onírico que solo podía imaginarse con un optimismo infantil y contemplábamos como si fuera el Paraíso aquella tierra multicolor que parecíamos ver a través de un calidoscopio en el interior de nuestras mentes.

Y muchas cosas más que quisiera decir, pero creo que el principal motivo de este texto es invitarlos a leer esta hermosa novela de Orhan Pamuk. Que no los aterrorice su volumen, puesto que la división en más de ochenta capítulos breves, junto con lo caautivadora de la historia de amor entre Kemal y Fusun hacen que al terminar la última página, se termine pidiendo más .Porque a pesar que le haya dado énfasis al comienzo de sus novelas, durante la lectura el lector palpará el mundo imaginario de este arquitecto turco, que desencadena con un final en la cual uno ha llegado a tal grado de conexión con los personajes que es capaz de comprenderlos y hasta tener compasión por ellos, y también por nosotros que tendremos que esperar al siguiente libro para volver a ser hechizados.La  Academia Sueca, que no se equivocó con este escritor turco.

Antes de terminar, algunas frases más que no quería dejar de copiarles:

Tanto el amor como la columna periodística deben satisfacernos ahora, pero la belleza y la fuerza de ambos se miden por su capacidad de no írsenos de la cabeza.

El amor es el arte de que cada oveja vaya con su pareja.

 Los que cada, como yo, tienen la vida patas arriba por culpa del amor, creen que la solución de todos los demás problemas será posible con el fin del mal de amor, y sin quererlo profundizan en la herida del corazón.

Es el amor, es el amor, la razón de todo en el mundo.

Mientras leía el aburrido guion pensé que la pasión por el arte, como el amor, es una enfermedad que nos ciega la mente, nos hace olvidar lo que sabemos y nos oculta la verdad.

La felicidad consiste solo en estar cerca de la persona amada.


+Sobre el autor: 


Orhan Pamuk, Premio Nobel de Literatura 2006, nació en Estambul, Turquía, en 1952. Cursó estudios de arquitectura y periodismo, y ha pasado largas temporadas en Estados Unidos, en las universidades de Iowa y Columbia. Es autor de ocho novelas: Cevdet Bey e hijos (1982; Mondadori 2013, Debolsillo 2014), La casa del silencio (1983; Debolsillo 2006), El castillo blanco (1985; Mondadori 2007, Debolsillo 2008), El libro negro (1990; Debolsillo 2008), La vida nueva (1995; Debolsillo 2009), Me llamo Rojo (1998; Debolsillo 2009), Nieve (2002; Debolsillo 2011) y El Museo de la Inocencia (2008; Mondadori 2009, Debolsillo 2011), así como de los libros de prosa Estambul. Ciudad y recuerdos (2005; Mondadori 2006, Debolsillo 2007), La maleta de mi padre (2006; Mondadori 2007), Otros colores (1999; Mondadori 2008) y El novelista ingenuo y el sentimental(2010; Mondadori 2011, Debolsillo 2013). Su éxito mundial se desencadenó a partir de los elogios que John Updike dedicó a la novela El castillo blanco. Desde entonces ha obtenido numerosos reconocimientos internacionales: el Premio al Mejor Libro Extranjero en Francia, el Premio Grinzane Cavour en Italia y el Premio Internacional IMPAC de Irlanda, los tres por Me llamo Rojo. En 2005 recibió el Premio de la Paz de los libreros alemanes. Con la publicación de Nieve, novela por la que en 2005 fue galardonado con el Prix Médicis Étranger y que aborda el tema de la confrontación entre la cultura occidental y la oriental, Orhan Pamuk pasó a ser objetivo predilecto de los ataques de la prensa nacionalista turca. La obtención del Nobel de Literatura consolidó definitivamente su proyección internacional, y sus libros ya se han traducido a más de sesenta idiomas.




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jueves, 2 de abril de 2015

Espinas clavadas en el corazón: “Hombres sin mujeres” de Haruki Murakami

Todavía llevo hoy esa espina clavada en el corazón.
Haruki Murakami



En el estudio de los fenómenos económicos, se usa la idea de una curva envolvente. Esta sirve de enlace para unir distintas curvas menores y dispersas, heterogéneas en su forma y valor, a través de puntos de contacto. A través de dichos puntos, la curva envolvente puede remitirnos la figura de un sistema circulatorio, que recoge y otorga vida a su vez a cada una de estas curvas y las hermana a través de la pertenencia a un microsistema. En el más reciente libro de relatos de Haruki Murakami sucede algo parecido. Hombres sin mujeres, es un conjunto de siete relatos hermanados por un sentimiento de pérdida y soledad. Lleno de escenas de encuentros y desencuentros entre hombres y mujeres, con una atmósfera lúgubre donde el amor puede ser a veces una tabla de salvación o una piedra amarrada a uno, que lo conduce a un abismo de desgracia. Los mecanismos a través de los que interactúan hombres y mujeres son incomprensibles para los personajes de este libro y nosotros lectores asistimos a cada uno de ellos con la sensación de que dichas tragedias trascienden las páginas del libro que tenemos en nuestras manos y se manifiestan en nuestra realidad.  Cada historia es digna de disfrutarse como quien observa maravillado una flor, pero cuidando siempre de que las espinas con las que nos topemos no terminen por desangrarnos del todo en el camino.

Drive my car

Un maduro actor  tiene problemas con la visión. Un punto ciego en su campo visual. Es por ello, que al no poder manejar su carro, y al no gustarle andar en taxis o en el metro, requiere del servicio de un chofer. La chica que lo ayuda es una joven veinteañera, aparentemente parca y retraída. Él, viudo desde hace algún tiempo, traba una especie de fraternidad con esa alma también sufrida, que lo lleva y trae del teatro donde está actuando. Ambos empiezan a interesarse en el pasado del otro. Ella le cuenta la razón de su aparente indiferencia con el mundo. Él, la razón de sus penas. Penas causadas en gran parte por las infidelidades de su esposa, con la que estuvo veinte años casado. Ella se fue, pero él se queda a padecer ese precio a pagar por el amor de una mujer (De todas formas, se dijo, los muertos seguramente no pensaban ni sentían nada. Eso era, desde su punto de vista, lo bueno de morir.)Esa incapacidad de entender su comportamiento. (¿Acaso no nos es imposible comprender al cien por ciento lo que piensan las mujeres?) Es por ello, que busca a uno de los amantes de su fallecida esposa. Traban una especie de amistad, hermanados por ese lazo extraño de haber amado o intentado amar a la misma mujer (Eran incapaces  de paliar el dolor de la pérdida, cada uno desde su posición. Por eso congeniaban).  Conversaciones mezcladas con el alcohol en las que ahondan en el problema de no haber comprendido a aquella mujer mientras reprimen buena parte de lo que quieren decirse. Están actuando y siendo vulnerables al mismo tiempo. Al parecer es la única forma que tienen para no caer en la angustia. ¿Conoció el amor el maduro actor? (Pero cuanto mayor es la felicidad, mayor es la angustia que se siente. (…) existía la posibilidad de perderla. Sólo de pensarlo, se me encogía el corazón.).¿Fue eso amor o es que el punto ciego era más que una discapacidad física?

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Los protagonistas de este cuento son dos muchachos que trabajando juntos se hacen amigos a pesar de ser muy diferentes entre sí. Uno está en la universidad mientras que el otro lleva dos años intentando ingresar a ésta. El primero, además tiene una serie de complejos a los que se le suma el haber terminado una relación que le ha dejado un sabor agridulce. El otro tiene una serie de hábitos extraños como el cantar de forma extraña la canción del título del cuento en un dialecto provinciano del japonés. Es este el que presenta una relación amorosa que se inició en la infancia y en la que le cuesta seguir participando como cree que debería, siendo la negación del sexo una de las razones más determinantes del lento alejamiento de él y ella (Todos damos un rodeo sin fin.) Llega al punto incluso de pedirle a su amigo que salga con ella, porque cree que de dicha manera no le hará tanto daño. Nadie parece estar seguro de lo que realmente quiere. (Buscar algo cuando uno no sabe qué está buscando es muy complicado.)   Lo único que parece cierto es la atmósfera de tristeza que encierra los difíciles años de la juventud. (¿no te parece que, cuando eres joven, en cierta medida es necesario vivir periodos  tristes y difíciles cómo ese? O sea, como parte del proceso de madurez.).  La incomprensión de este periodo genera además, dudas acerca del sentido de la vida y sobre las reales posibilidades de llegar a un punto de sosiego continuo.  ((…) pero no puedo negar que me preocupa, que no  creo que sea bueno que la vida resulte tan natural, agradable y sin contratiempos). Pasarán los años y el pasado, seguirá ahí, inamovible, tan doloroso al recordarlo cómo cuando pasó.(En ocasiones la música tiene el poder de reavivar los recuerdos con tal intensidad que a uno hasta le duele el corazón.) Pero aun así, habrá lugar para una pequeña dosis de esperanza. (Porque nadie sabe con qué soñaremos mañana.)

Un órgano independiente

Existe una clase de personas que, debido a una excesiva despreocupación, a sus pocos desvelos, se ven obligadas a llevar una vida sorprendentemente artificiosa. El doctor Tokai pertenecía a esa clase de personas. Cirujano de relativo éxito, educado y de modales destacados por decir lo menos, había llevado a lo largo de su vida un accionar tranquilo que le había reportado una serie de satisfacciones que lo habían llevado a pensar que su vida había tenido un transcurrir “natural y honesto”.  Nunca se había inmiscuido en una relación amorosa que le supusiera un compromiso formal y único. Intuía que si lo hacía, era inevitable que terminara arrasado por el sufrimiento. (Cuando alguien te gusta demasiado, lo pasas mal. Sufres. Como no creo que mi corazón sea capaz de soportar tal peso, me esfuerzo todo lo posible para que no me guste.)Su afán e interés en un aspecto de las mujeres que vaya más allá de lo sexual se había traducido en una enumeración de fugaces relaciones sin ataduras. (Lo que buscaba era una relación en el plano intelectual con las mujeres. (…) Ninguna técnica quirúrgica podía mejorar la capacidad intelectual.) Hasta que a la edad de los 52 años, llega la tormenta. Se enamora. Se desestabiliza, un terremoto rompe con la quietud de su existencia. Empieza a cuestionarse el sentido de la misma. (Últimamente pienso a menudo en qué demonios soy.) El amor por una sola mujer empieza a alejarlo de las demás aventuras que tiene en paralelo. Se va volviendo un ser dependiente de la duración de esta relación. Porque esta va más allá de los encuentros sexuales que puedan sostener. (Cuando su corazón se mueve, tira del mío. Como dos barcas atadas por una cuerda. Que no se puede cortar, pues no existe ningún cuchillo capaz de cortarla.). El narrador da cuenta de ello, tratando de comprender la problemática de un ser que recién conoce el amor en su madurez. (Pero, con los años, el lastre del pasado, lo abruma a uno. No hay segundas oportunidades.). Pero, ¿qué tan peligroso es no retroceder, ahogarse en ese mar embravecido que es el enamorarse de una mujer?  El final trágico reflexiona en torno a dicha pregunta. La sensación de pérdida podrá absorber al lector, que sin embargo no olvidará fragmentos de esta historia como éste:(…) para mí era un ser especial. Podía afirmar incluso que es un ser sintético. Todas las cualidades que posee se concentran y compactan en un solo núcleo. Y lo que hay en el núcleo es lo que me atrae tan poderosamente. Como un potente imán. Es algo que sobrepasa la razón.

Sherezade

Un hombre desterrado al mundo de la soledad (Yo mismo soy una isla desierta.) Su único vínculo con la realidad externa: una enigmática mujer que le cuenta historias luego del sexo, al punto que este por momentos se siente como un mero puente para llegar a las narraciones. (Se dijo que los gestos de una mujer posiblemente sean más interesante cuando se viste que cuando se desnuda.)Una mujer de treinta y cinco años, sin ninguna cualidad física resaltante. Tal vez una ama de casa. Tal vez la esposa de alguien. No sabemos. Sólo que es capaz de hechizar y mantener cautivo al protagonista con la fuerza avasalladora de sus relatos. (Despertaba el interés del oyente, lo mantenía astutamente en ascuas, le obligaba a pensar, a especular, y luego le daba justo lo que deseaba.). Los relatos de su pasado, que se van relacionando con la vida de su fiel oyente. Con sus sensaciones de vacío. Seres que esperan ver una luz que los guie para no perderse en la pesadumbre de una existencia que por momentos resulta una carga difícil de sobrellevar. Y otra vez el desamor, que por momentos llega a intoxicar y causar más daño que satisfacciones. Obsesiones con las que no es fácil lidiar. (Y no es que fuera algo semejante a una enfermedad, sino que probablemente fuera una enfermedad de verdad.) ¿ O será verdad que el tiempo es capaz de borrar las heridas causadas por el amor? (A veces, cuando observamos las cosas al cabo de un tiempo desde una perspectiva un poco diferente, algo que creíamos absurdamente esplendoroso y absoluto, algo por lo que renunciaríamos a todo para conseguirlo, se vuelve sorprendentemente desvaído.)Al final, sólo termina prevaleciendo el temor por perder la magia y el encanto que la intimidad con una mujer es capaz de brindar. (Perder esos momentos especiales que invalidaban la realidad, aun estando integrados en ella: eso le ofrecían las mujeres).

Kino

El protagonista es el dueño de un pequeño y casi insignificante bar cuya vida había transcurrido sin pena ni gloria (No había conseguido hacer feliz a nadie, y menos a sí mismo.) hasta que su mujer lo engaña con un compañero del trabajo de toda su vida. De manera increíble, este suceso lo alentó a voltear la página casi al instante y aceptar un trabajo sosegado, que le diera independencia, sirviera de guarida (A veces siento como si me hubiese vuelto casi transparente.) y la posibilidad de mostrar interés por eventos minúsculos que en cualquier otro sitio pasarían desapercibidos como la visita de un extraño hombre que lee en silencio mientras toma un whisky. También la de una mujer con un pasado que le ha dejado una serie de cicatrices que Kino va descubriendo en la intimidad. Poco a poco, la atmósfera sombría del jazz que sirve de música de fondo se va mezclando en el interior de Kino, que empieza a ver lo triste que ha llegado a ser su vida. Un encuentro con su ex mujer (Pero es que entre nosotros existió como un botón mal abrochado.), la rara y metafórica aparición de serpientes (Las serpientes han acaparado ese espacio, en el cual intentan ocultar el frío latido de sus corazones.), la pequeña habitación de un hotel que sirve como refugio: no son más que el camino para entender que el dolor es inevitable. Que no se puede escapar de él por más que se trate.(Lo único que a duras penas podía hacer era procurarse un lugar al que amarrar su corazón, que había perdido todo el peso y hondura, para que no diese tumbos de un lado a otro.) Y que para algunos, la felicidad es una utopía que sirve como negación a los padecimientos con lo que uno se enfrenta a diario. (De hecho, ni siquiera había logrado hacerse una idea precisa de qué era realmente la felicidad.)

Samsa enamorado

 Este relato funciona como una metáfora de la evolución de la Humanidad a través de un giro de 180° a la historia del mítico personaje kafkiano de La Metamorfosis. Aquí, un ser se despierta con la única seguridad de que responde al nombre de GregorSamsa. Empieza a descubrirse como un hombre en un proceso dificultoso en el que en primer lugar debe sobrevivir. Primero está el funcionamiento de su cuerpo y la satisfacción de las necesidades que este requiere. (Pero entonces, como para colmar el vacío dejado, un intenso dolor comenzó a atormentarlo-era como si una siniestra roca oscura hubiese emergido al bajar la marea.) Luego, está el descubrimiento del pudor y el anhelo de protección frente a adversidades inherentes a su naturaleza frágil. (Samsa se percató de que necesitaba vestirse con algo.)Samsa está empezando a sortearlo, cuando irrumpe una mujer en su casa. Una cerrajera, que acaso sirva como una metáfora del rol de las mujeres como dueñas de las llaves del destino de los hombres. Gregor empieza a sentir en su interior un fuego que va incrementándose mientras más interactúa con esta mujer. (No sé cómo explicarlo, pero creo que no tiene nada que ver con mis sentimientos. Debe ser un problema del corazón.) Y va dejando de ser sólo un cuerpo que sufre, sino que hay algo que lo trasciende. Que lo eleva a sensaciones que en su anterior vida no podía percibir. Y es que sin importar que el mundo se esté destruyendo afuera, en muchos casos, basta la presencia de una persona a la que se ama para saber que no todo está perdido, es la idea que parece acentuarse en las líneas de esta historia. Pues lo único que quiere Gregor y muchos de nosotros a veces, es tan solo ir develando poco a poco los misterios del mundo con ellas.

Hombres sin mujeres

Un buen día, de repente, te conviertes en un hombre sin mujer. Ese día sobreviene de repente, sin mediar el menor indicio o aviso, sin corazonadas ni presentimientos, sin llamar a la puerta y sin carraspeos. El timbre empieza a sonar de madrugada. El protagonista se despierta y contesta. Una chica acaba de suicidarse. Una chica con la que se relacionó tiempo atrás y que en algún momento del tiempo paso a formar parte de su memoria mas no ya de su realidad cercana e inmediata.Y la atmósfera de muerte empieza a recorrer la mente de este narrador que nos va llevando de la mano a conocer a los fantasmas de su pasado. En un viaje silencioso (Un silencio como si cada uno nos asomásemos a un extremo de un hondo agujero abierto en el medio de una carretera.) y lleno de melancolía (Ojalá existiese en el mundo una máquina que midiese fácilmente y con precisión la tristeza.). Somos lectores,  a los que se les brinda esta historia de sus errores y gozos con el posible objetivo de que al comprenderlo seamos capaces de aliviar el dolor y la soledad que siente este hombre. Un hombre que se ha quedado sin una mujer. Sin una parte de su pasado.  Pues sólo los hombres sin mujeres saben cuán doloroso es, cuánto se sufre por ser un hombre sin mujer y una vez convertido en un hombre sin mujer, el color de la soledad va tiñendo hasta lo más hondo de tu cuerpo.



+Sobre el autor:

Haruki Murakami (Kioto, 1949) estudió literatura en la Universidad de Waseda y regentó durante varios años un club de jazz. Es, en la actualidad, el autor japonés más prestigioso y reconocido en todo el mundo, merecedor de premios como el Noma, el Tanizaki, el Yomiuri, el Franz Kafka o el Jerusalem Prize. En España, ha recibido el Premio Arcebispo Juan de San Clemente, concedido por estudiantes gallegos, así como la Orden de las Artes y las Letras del Gobierno español y el Premi Internacional Catalunya 2011. Tusquets Editores ha publicado catorce de sus obras: diez novelas —entre ellas la aclamada Tokio blues. Norwegian Wood, 1Q84 y Los años de peregrinación del chico sin color—, las personalísimas obras De qué hablo cuando hablo de correr y Underground, y dos volúmenes de relatos: Sauce ciego, mujer dormida y Después del terremoto.




+Un cuento del libro:


jueves, 19 de marzo de 2015

El (amargo) sabor de la vida adulta: “Las leyes de la frontera” de Javier Cercas


¡Qué esfuerzo!
¡Qué esfuerzo del caballo
por ser perro!
¡Qué esfuerzo del perro por ser golondrina!
¡Qué esfuerzo de la golondrina por ser abeja!
¡Qué esfuerzo de la abeja por ser caballo!

(Federico García Lorca, Poeta en New York)


A veces pienso que el acto de leer una novela se parece al de ingerir una pastilla. Intentando curarnos de lo tediosa y enfermiza que puede ser la realidad que nos ha tocado vivir, empezamos a leer ficciones. Si estas son de mala calidad o no logran cautivarnos podemos intoxicarnos de manera rápida y terrible, alejándonos de manera permanente del causante de dicho malestar. Pero si son buenas, las procesamos de manera lenta y placentera, cautivándonos y exigiendo más de similar calidad. Hay talentos literarios capaces de crear dicho tipo adicción. Uno de ellos es el de Javier Cercas.

La primera vez que me adentré en la literatura de Javier Cercas fue cuando tomé prestado el voluminoso ejemplar de tapa dura que tiene disponible la biblioteca del Centro Cultural de España de “Anatomía de un instante”, un libro inclasificable y maravilloso. Debo admitir que tuve dudas al inicio: ¿Cómo me iba a enganchar con la historia de un golpe de estado acontecido en España durante la década de los ochenta? Página a página, dichas dudas se fueron disipando, mientras Cercas iba inspeccionando con minuciosidad cada hecho y personaje que rodeó al llamado 23-F.  Cercas se sumergió en una empresa difícil para cualquiera, pero de la que para felicidad de sus lectores sale airoso. Lo sorprendente era que trataba de acercarse lo máximo posible a la verdad de los hechos pero al final logra transmitir la misma tensión al lector que  cuando leemos una ficción por lo que nos preguntamos si en verdad pasó. 

Luego leí “Soldados de Salamina”, su libro más conocido, elogiado por personalidades como Mario Vargas Llosa, Coetzee y SusanSontag. Una de las obras en lengua castellana más importantes surgidas este siglo. La trama gira en torno a una pregunta simple, alrededor de la cual se construye toda la novela: ¿Por qué aquel soldado republicano anónimo decide no dispararle a Rafael Sánchez Maza? Un periodista que ha fracasado en su vida que es y no es Javier Cerca intenta responder a esta pregunta hurgando en todos los caminos posibles que lo lleven a una respuesta satisfactoria, cruzándose en su camino con un escritor chileno que es y no es Roberto Bolaño. Y en ese intento lo acompañamos con la esperanza de que la respuesta no llegue mientras esperamos que las páginas no terminen.

En “Las leyes de la frontera” hay una interrogante que funciona de nervio central de la historia: ¿Quién delató a la banda del Zarco? Para llegar a dicha pregunta, Cercas nos transporta a la España post franquista de 1978. Ignacio Cañas, un joven clasemediero empieza a percibir lo dolorosa que puede ser la etapa de la adolescencia. Sus amigos se han vuelto contra él, empieza a sentirse inseguro, el miedo va calando en él de forma imparable. Perdido y vulnerable, conoce al Zarco y a Tere. En ese momento, su destino toma un camino irreversible.

El Zarco y Tere, son dos pandilleros que viven al otro lado de la frontera, que en esta novela va más allá del límite de dos barrios. Es la frontera de dos formas de encarar la vida, de dos clases sociales, de dos mundos que han convivido siempre, pero que recién en el encuentro de dichos dos personajes empiezan a tomar conciencia de la existencia del otro. El encuentro con el Zarco va ser un eje central en la vida de Ignacio o, como lo bautiza el Zarco, Gafitas.

Antes de conocer al Zarco yo era débil, y conocer al Zarco me hizo fuerte; antes de conocer al Zarco yo era un niño, y conocer al Zarco me convirtió en un adulto.

Cuando Gafitas decide unirse a la vida del Zarco, empieza a perder la inocencia. Va desechando los temores de la infancia y la adolescencia para comenzar a darle espacio a  los de la adultez. Y en ese proceso contribuirá sin duda el enamoramiento por Tere. Como en muchas grandes novelas, Tere será la “mujer fatal”, aquella por la que los hombres son capaces de perder la cabeza (algo que en la literatura se da desde “La Ilíada”). Tere representará para Gafitas el conocimiento del sexo, el amor y la violencia.

Si enamorarse de alguien no consiste en idealizarlo, ya me contará en qué consiste.


Una vez que Gafitas se siente parte de algo, empieza a prescindir de muchas cosas que venía sintiendo como una “carga” en su vida como la figura de autoridad de su padre, los límites de la moral que lo había acompañado hasta ese momento cuya pérdida está representada en la facilidad con que empieza a delinquir sin remordimiento alguno o el miedo por los abusadores del colegio. Cercas esboza de manera certera la crudeza de los cambios que nos acontecen durante la adolescencia, pero creo que va más allá de ello, pues  en la figura de Gafitas realiza una metáfora de los cambios sociales por los que está atravesó  el país ibérico luego de décadas del gobierno autoritario de Franco. El dolor de la llamada Transición.

Hacía tres años que Franco había muerto, pero el país continuaba gobernándose por leyes franquistas y oliendo exactamente a lo mismo que olía el franquismo: a mierda.

Aquel verano de cambios drásticos se acabará cuando la banda del Zarco sea desbaratada y una escena salida de “Soldados de Salamina”, determine la vida de Gafitas. Lo que sucede en la segunda parte de la novela, ubicada muchos años después de los acontecimientos del 78  es  el enfrentamiento de los personajes centrales con las decisiones que tomaron en el pasado. Y aquí prefiero detenerme en lo que respecta a escribir sobre los hechos de la novela para no malograr el placer de descubrirlo por su cuenta.

“Las leyes de la frontera”, nos habla de muchos temas, pero el que aquí destaco es el que ya mencioné, sobre el camino hacia la adultez que implicará la pérdida de la inocencia. Este está lleno de violencia, traiciones, sufrimiento y desamor. Y es aquí cuando un lector de “La ciudad y los perros” podrá percibir la luz vargasllosiana iluminando esta novela. Al identificarnos con Gafitas, el Zarco o Tere, realizamos el mismo ejercicio que cuando lo hicimos con el Poeta, el Esclavo o el Jaguar. Incluso podemos enlazar escenas como la del Jaguar humillando al Esclavo con la de Batista, el abusivo del colegio de Gafitas, con éste último.

Eres un cobarde, dijo por fin, tirándome las gafas al suelo. Me das asco.

Las dos protagonistas que responden al nombre de Tere. Incluso la metáfora de la frontera, que en la novela del Nobel, era la del colegio con la ciudad, la del caos con la civilización. ¡Cómo dan ganas de volver a leer aquella novela! Es por ello, que creo que Cercas realiza el mejor de los homenajes: evocar lo mejor de dicha novela, pero con la originalidad de una historia propia. Preguntas sin respuesta. Un lenguaje que esconde en su sencillez la destreza narrativa de su autor. Hechos que servirán como espejo donde se reflejarán partes de nuestras vidas. 


+Frases:

¿Sabe? Siempre he oído decir que la infancia es cruel, pero yo creo que la adolescencia es mucho más cruel que la infancia. En mi caso, así fue.

Dicho esto, usted es escritor y debe saber que, aunque nos tranquiliza mucho encontrar una explicación para lo que hacemos no tiene una sola explicación, suponiendo que tenga alguna.

Los antiguos sabios decían que no hay que despreciar a la serpiente por no tener cuernos; quizás algún día se reencarne en dragón. Del mismo modo, un hombre solo puede convertirse en ejército.

La costumbre te enseña a manejar una parte del miedo; pero el miedo entero nunca aprendes a manejarlo: casi siempre es él quien te maneja a ti.

¿Vosotros no tenéis miedo? Y él contestó: Sí, pero tenemos un miedo que no es como el tuyo. Tú piensas en el miedo y nosotros no. Tú tienes cosas que perder, y nosotros no. Tú tienes cosas que perder, y nosotros no. Esa es la diferencia.

¿Me guardarías un secreto? Y el otro le contestaba: Si no eres capaz de guardarlo tú, ¿por qué voy a guardártelo yo?

Lloré mucho rato allí, en silencio, sentado casi a oscuras junto a mi padre en aquel comedor semivacío de una casa perdida en un pueblo perdido, con un desconsuelo que no conocía o no recordaba, con la sensación de haber desentrañado de golpe el significado completo de la palabra fracaso y de haber descubierto un sabor desconocido, que era el sabor de la vida adulta.

Más asombrado aún, comprendí que ya no sentía ninguna necesidad de vengarme de él, porque ya ni siquiera le odiaba y que esa era la mejor forma de venganza.

(…) y yo aprendía que el poder se pierde con la misma facilidad con que se gana y que una a una las personas somos casi inofensivas, pero en grupo no.

El caso es que precisamente en ese momento, cuando había conseguido el dinero y la posición por los que llevaba años peleando, me invadió un sentimiento de inutilidad, la sensación de que ya había hecho todo lo que tenía que hacer, de que lo que me quedaba por vivir no era exactamente la vida sino las sobras de la vida, una especie de prórroga insípida, o quizá la sensación era que, más que insípida o mala o prorrogada, la vida que llevaba era un error, una vida prestada, como si en algún momento hubiera tomado un desvío equivocado o como si todo aquello fuera un pequeño pero espantoso malentendido.

Un abogado no es un representante de la ley sino un intermediario entre la ley y el delincuente. Esto nos convierte en tipos equívocos, de moral dudosa: nos pasamos la vida tratando como ladrones, asesinos y psicópatas y, como los seres humanos funcionamos por ósmosis, lo normal es que acabemos contaminados por la moral de ladrones, asesinos y psicópatas.

Esa era la contradicción esencial que me saltó a la vista aquella tarde: El Zarco quería y no quería seguir siendo el Zarco, quería y no quería cargar con su leyenda, con su mito y con su apodo, quería ser una persona y no un personaje y al mismo tiempo quería seguir siendo además de una persona, un personaje.

Pero uno no escribe los libros que quiere, sino los que puede  o los que encuentra, y el libro que yo he encontrado es ese y no es ese.

Digamos que soy un pesimista preventivo: siempre espero lo peor. Por eso disfruto más de lo mejor. O eso creo.

Empecé a decirme que una buena mentira no es una mentira pura, exenta, que una mentira pura es una mentira inverosímil, que, para que sea verosímil, una mentira tiene que construirse en parte con verdades.

 A mí me parece que la primera impresión es la única que cuenta; todo lo demás son añadidos que no alteran en nada lo esencial.

Si uno no entiende que hay cosas más importantes que la verdad no entiende lo importante que es la verdad.

Tere sonrió con los ojos, pero no con los labios.

Joder, lo mejor que me ha pasado en la vida me ha pasado por un malentendido, porque me gustó un libro horrible y porque pensé que un villano era un héroe.


+Sobre el autor:

Javier Cercas


(Ibahernando, 1962) es profesor de literatura española en la Universidad de Gerona. Ha publicado seis novelas: El móvil, El inquilino, El vientre de la ballena, Soldados de Salamina, La velocidad de la luz y Anatomía de un instante. Su obra consta también de un ensayo, La obra literaria de Gonzalo Suárez, y de tres volúmenes de carácter misceláneo: Una buena temporada,Relatos reales y La verdad de Agamenón. Sus libros han sido traducidos a más de treinta idiomas y han recibido numerosos premios nacionales e internacionales, dos de ellos al conjunto de su obra: el Premio Internazionale del Salone del Libro di Torino, en Italia, y el Prix Ulysse en Francia.






martes, 30 de diciembre de 2014

Enfrentando la pesadilla de la realidad: “Los ejércitos” de Evelio Rosero

Antes de comenzar a escribir sobre las gratas impresiones que me dejó la novela mencionada, quisiera resaltar algo. No hubiese sido posible llegar  a la obra de este autor de no  ser por la edición peruana número 14 de la revista Buensalvaje, que lo puso en portada además de entrevistarlo. Eso es lo más valioso que puede brindar una revista de literatura: dar a conocer obras literarias que de otra forma pasarían injustamente desapercibidas.  Es por ello encomiable la función de Buensalvaje en dicho sentido (sin olvidar, los textos de ficción y no ficción con los que viene cargado cada número), y que me hace esperar cada dos meses con ansias la nueva edición.

¿En qué momento se jodió el Perú? , se preguntaba Zavalita en Conversación en la Catedral . Y aunque la pregunta podría aplicarse de igual forma al humilde pueblo de San José donde transcurren los hechos de “Los ejércitos”, una mejor interrogante sería, ¿en qué momento va a dejar de joderse San José? .Porque “Los ejércitos” trata acerca de la tragedia colectiva de un pueblo, asolado por una violencia sin rostro específico. El miedo que se va propagando como una peste a todos los vecinos de esta apacible sociedad provinciana, donde todos parecen conocerse entre sí.

 Una tragedia a la que asistimos a través de los ojos de Ismael Pasos, un viejo profesor retirado que a sus más de 70 años decide seguir viviendo lo que le resta de tiempo en su pueblo al lado de Otilia, su compañera por más de 40 años. Ismael, al comienzo de la novela se da maña para espiar a su vecina Geraldina de cuerpo escultural, discutir con su mujer en diálogos que lindan con lo humorístico, recordar momentos gratos del pasado como el momento en que conoce a Otilia y  a sus antiguos alumnos que ahora ya son incluso autoridades del pueblo. Pero en la narración de recuerdos va apareciendo esa sombra trágica que parece perseguir su existencia y la de sus vecinos. Una sombra que en vez de extinguirse, parece extenderse hasta el presente agrandando sus trágicos efectos. Y es ahí donde la pluma de Evelio Rosero sale a relucir con toda su potencia.

La violencia que azota el pueblo es irracional y arbitraria. Se escuchan explosiones y llantos por doquier, provenientes de todos lados y de ningún lugar en específico. Nadie se salva de perder algo. A un ser querido, el honor, la dignidad, la valentía. Es la desolación y la devastación lo único que parececonstante a lo largo de toda la novela, además de la terquedad de Ismael. Pues terco, decide quedarse en su pueblo al ver cómo este es maltratado por una maldición que parece ensañarse con ellos, en una obstinación que lejos de ser fastidiosa para el lector, termina conmoviendo. Pues en esa decisión de quedarse se encuentra principalmente la búsqueda de Otilia, que buscándolo a él termina por desaparecer también. La segunda mitad del libro aborda esa búsqueda desesperada. Lo único que parece mantenerlo vivo, pues ya todo lo demás se torna confuso, como si por momentos dejara de estar en la realidad y viviera entre las sombras de la imaginación y el olvido de lo concreto.

Y son estas imágenes de las desapariciones por los secuestros que realizan las fuerzas paramilitares, los guerrilleros, las fuerza nacionales (nunca se conoce con certeza quienes son los culpables, en un rol que parecen rotarse en cada pasaje), los que configuran la esencia de la novela que es la desaparición de la paz de un pueblo, del candor y la alegría de individuos a los que se va asesinando poco a poco, arrebatándoles su tranquilidad y su libertad. Y más que nada la desaparición final del principal elemento: la gente, ya sea huyendo o muriendo a manos de ese poder infernal que se ensaña con ellos (llega un momento en que los asesinos, actúan demencialmente, ya se han quedado olvidados los motivos por los que luchan, esta deshumanización es un retrato espléndido de la decadencia humana).

Rosero, además de contarnos una buena historia, lo hace con un gran talento para crear las atmósferas precisas, haciendo posible que un lector como yo que ha pasado los veintidós años de su vida en esta gris ciudad, se sienta como respirando y observando ese ambiente de provincia tan distinto al caos urbano, de forma tan vívida que por ratos uno olvida que está leyendo una ficción y pareciese que se estuviese recordando algo.  Además, es posible reconocer a nuestros conocidos o a nosotros mismos en cada uno de los personajes que conforman “Los ejércitos”, haciéndonos preguntar cómo actuaríamos en una situación similar o cuánto hemos perdido de la capacidad de solidarizarnos con una situación similar.


Parábola también de un problema concreto como es la violencia que ha asolado Colombia por muchos años, que si bien ha sido tocado en muchas ocasiones en la literatura reciente, aquí es tratada desde la perspectiva de los individuos que la sufren y las consecuencias irreparables de una guerra. La guerra como elemento nocivo en sí mismo, pues no importa por lo que se esté peleando (nunca se menciona en que época sucede ni las causas), al final las víctimas no son las que la propician sino quienes son más vulnerables, en este caso, los vecinos de San José. Hay, pienso, obvias influencias de la literatura de Juan Rulfo (El llano en llamas) y Gabriel García Márquez (Crónica de una muerte anunciada), pero aquí yace un estilo propio, que se alimenta de sus maestros para dar a luz una voz narrativa original, con descripciones que causan el mismo impacto de la mejor poesíay una salida inteligente a los clichés y la posible banalización de la literatura de la violencia latinoamericana. Evelio Rosero es un autor colombiano al que no hay que perderle la pista.



+Algunas frases:

“(…) pero él la seguía y no demoraba en retomar, involuntariamente, sin entenderlo, el otro juego esencial, el paroxismo que lo hacía idéntico a mí, a pesar de su niñez, el juego del pánico, el incipiente pero subyugante deseo de mirarla sin que ella supiera, acechándola con delectación: ella entera un rostro de perfil, los ojos como absueltos, embebidos en quién sabe qué sueños, después las pantorrillas, las redondas rodillas, las piernas enteras, únicamente sus muslos, y, si había suerte, más allá, a lo profundo.”

“De pronto descubría que como un torbellino de agua turbia, repleto de quién sabe qué fuerzas –pensaría ella-, en su interior, mis ojos sufriendo atisbaban fugazmente hacia abajo, al centro entreabierto, su otra boca a punto de su voz más íntimas: “Pues mírame”, gritaba su otra boca, y lo gritaba a pesar de mi vejez, o, más aún, por mi vejez, “mírame, si te atreves.””

“El silencio también se ve, como el suspiro. Es amarillo, se desliza por los poros de la piel igual que la niebla, sube por la ventana.”

“(…) como que la gente  se olvida de la temible suerte que es cualquier desaparición, y hasta de la posible muerte del que desapareció. Es que de todo la gente se olvida, señor, y en especial los jóvenes, que no tiene memoria ni siquiera para recordar el día de hoy; por eso son casi felices.”

“Me hierve la rodilla por dentro. Ah, Dios –me suspiro yo mismo-, sigo aquí simplemente porque no he sido capaz de matarme.”

“… y decía las cosas de verdad, con la verdad que sólo da la desesperación, como las dice el que sabe que va a morir, ¿para qué mentir?, el hombre que miente a la hora de morir no es un hombre.”

“Otilia no vino, seguirá durmiendo, soñará que duermo a su lado, y ya es mediodía, como para no creerlo, ¿a qué horas pasó el tiempo? Pasó igual, pasó, igual que siempre.”

“Ahora veo, alrededor, rostros de pronto desconocidos –aunque se trate de conocidos- que intercambian miradas de espanto, se apretujan sin saberlo, es un clamor levísimo que parece brotar remoto, desde los pechos, alguien murmura: mierda, volvieron.”

“Solamente los perros y los cerdos que husmean entre las piedras, los gallinazos aleteando sobre la rama de los árboles, los eternamente indiferentes pájaros parecen los únicos en no darse cuenta de esta muerte viva.”

“Es extraordinario: parecemos sitiados por un ejército invisible y por eso mismo más eficaz.”

“-Es este país-dijo, relamiéndose el escaso bigote-, si uno pasa lista, presidente por presidente, todos la han cagado.”

“…el grupo se pierde corriendo a la vuelta de una esquina, escucho las primeras gotas de lluvia, gordas, aisladas, caer como grandes flores arrugadas que estallan en el polvo: el diluvio, Señor, el diluvio, pero cesan de inmediato y yo mismo me digo Dios no está de acuerdo…”

“…se alejan a grandes zancadas, con la madre detrás, las manos agitándose, la voz desquiciada. “Les falta matar a Dios” dice con un chillido. “Díganos dónde se esconde madrecita” le responden.”





+Sobre el autor:



Evelio Rosero nació en Bogotá, Colombia, en 1958. Cursó estudios de comunicación social en la Universidad Externado de Colombia. En 2006 obtuvo en Colombia el Premio Nacional de Literatura, otorgado por el Ministerio de Cultura, pero fue en 2007, con su novela Los ejércitos, ganadora del II Premio Tusquets Editores de Novela, cuando Evelio Rosero alcanzó resonancia internacional, pues se ha traducido a doce idiomas y se ha alzado con el prestigio so Independent Foreign Fiction Prize (2009) en Reino Unido y el ALOA Prize (2011) en Dinamarca. Tras recuperar en 2009 su novela Los almuerzos(«la confirmación del talento del autor», La Vanguardia), se publicó La carroza de Bolívar, recibida como su obra más ambiciosa y desmitificadora: «Una demostración del talento verbalmente mágico de Rosero, que aquí llega a su punto culminante» (J.J. Armas Mar celo, ABC Cultural) y En el lejero (Tusquets México)

+Entrevista en Buensalvaje: Aquí