"These days there’s so much paper to fill, or digital paper to fill, that whoever writes the first few things gets cut and pasted. Whoever gets their opinion in first has all that power". Thom Yorke

"Leer es cubrirse la cara, pensé. Leer es cubrirse la cara. Y escribir es mostrarla." Alejandro Zambra

"Ser joven no significa sólo tener pocos años, sino sentir más de la cuenta, sentir tanto que crees que vas a explotar."Alberto Fuguet

"Para impresionar a las chicas de los 70 tuve que leer a Freud, Althusser, Gramsci, Neruda y Carpentier antes de llegar a los 18. Para seducir a las chicas de los 70 me hice especialista en Borges, Tolstoi, Nietzsche y Mircea Elíade sin haber cumplido los 21. Menos mal que ninguna me hizo caso porque entonces hoy sería un ignorante". Fernando Iwasaki


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miércoles, 15 de mayo de 2019

Reseña: “Cold war / Guerra Fría”



Género: drama. País y año: Polonia/Reino Unido/ Francia, 2018. Director Pawel Pawlikowski.

Todo buen director del siglo XXI es consciente que la decisión de filmar en blanco y negro debe obedecer a un imperativo que vaya más allá del mero gesto estético, pues significa asumir el riesgo de ser acusado de pretencioso y esnobista si la ejecución final no es buena. Y que si bien predispone de alguna manera las expectativas de la audiencia, sigue siendo una oportunidad para cautivar al espectador a través de detalles que bajo otras circunstancias pasarían desapercibidos: una canción, un grito, una risa, una mirada. Una mirada como la de Joanna Kulig, la fascinante actriz polaca que protagoniza esta película, capaz de desarmar al espectador y llevarlos por distintas estaciones emocionales: de la zozobra a la ilusión, de la traición a la esperanza, de la amargura  de la distancia al arrebato de la pasión amorosa que se sabe imposible. Pawlikowski hace una película a su servicio y el resultado descoloca, emociona.

Historias de amor en tiempos de la posguerra europea hay miles. ¿Qué es lo que cambia? La manera de contarlo. ¿Cómo se retrata la tragedia de dos amantes entregados a una vocación, la artística, con tantos altibajos? Wiktor (Tomasz Kot) y Zula (Kulig) se conocen durante la formación de un grupo de baile y canto folclórico en la Polonia soviética de mediados de los años cincuenta. La distancia generacional de la típica relación amorosa profesor-alumna es subvertida por el espíritu salvaje que sabe impregnarle Kulig a Zula, la cual al saberse atractiva y talentosa, es capaz de tomar decisiones tan duras apoyándose en dichas virtudes sin percibirse como oportunista o arribista .

Pawlikowski solo nos muestra las llegadas a cada etapa amorosa y no el proceso que llevó a estas. O tal vez sí. Los paréntesis temporales dan fuerzas a los pocos diálogos y gestos de los protagonistas, haciendo partícipe al espectador al dejarle la responsabilidad de imaginarse las decisiones y mecanismos a los que acudieron los protagonistas. Ya sea en una calle de Paris, una carretera de Polonia, un tren que se dirige a Berlin  o al lado de una sencilla buhardilla, la tragedia del amor (¿qué amor no es trágico desde su concepción?) se muestra con todas sus luces y sombras, sus virtudes y defectos, sus alegrías y penas.

Hay un régimen totalitario de fondo que intensifica todo deseo de escape y evasión, y por ende, la aspiración a un mundo idílico que siempre parece estar fuera de alcance, colmado de obstáculos en el medio. La consumación del amor aparenta encontrarse fuera de las fronteras impuestas por agentes externos, y sin embargo, al huir de estas, la frustración se acentúa. El viaje espiritual de los protagonistas necesita recorrer estas vías para hacerse mucho más significativo. Entran y salen personajes de sus vidas, siempre secundarios, siempre olvidables, acentuando la trascendencia  de uno en la vida del otro, reforzando el lazo que los unirá para siempre más allá de la cercanía física.

 Ninguno es capaz de escapar de la presencia del otro. No quieren ni pueden.  La belleza de esta película no radica de manera exclusiva en su fotografía ni su banda sonora, sino en la manera como Pawlikowski vuelve y vuelve a  la eterna pregunta, esa que pronuncia Wiktor le formula a  Zula luego de haber sido traicionado por esta:  ¿Ya eres feliz? Y la aproximación a dicho estado, va a ser imposible sin la presencia del otro. Ese es su drama y fortaleza. El final de la película, más que una circunstancial vuelta al lugar de partida, a la sencillez de la atmósfera del campo, no hace más que resaltar la pureza de la travesía, más que geográfica, sentimental, con la satisfacción de reconocer que no solo cambiaron las circunstancias externas. Que cambió todo a excepción de algo, y que con ello basta para afrontar lo que vendrá.


martes, 13 de febrero de 2018

Reseña: “your name. “

Título original: Kimi no Na wa..2016. Director: Maroto Shinkai.106 min.

“Ninguna tempestad tiene la fuerza suficiente para arrancar un nombre. Aquello que cargas te acompañará siempre, hará parte hasta de tu silencio. Fíjate en ti, fíjate en cuánto de lo que te constituye es eterno e inmortal.”


José Luís Peixoto


Más allá de haber desplazado a “El viaje de Chihiro” (H. Miyazaki, 2001) como la película de animación más taquillera en Japón, la cinta de Maroto Shinkai, disponible ahora en Netflix, permite descubrir nuevas vertientes del anime a través de una propuesta que se enfoca en el romanticismo de las relaciones adolescentes, llevado al límite.

Mitsuha es una joven que desea fervorosamente escapar del pueblo de Itomori, donde vive con su abuela y hermana, para ir a la cosmopolita Tokio. Inexplicablemente, un día despierta y es la mente de un chico, Taki, la que se encuentra en el cuerpo de Mitsuha. Con el trascurrir de los días, ambos se van dando cuenta que al dormir, intercambian de cuerpos, lo que no es un fenómeno tan nuevo como explicará la abuela de Mitsuha, más adelante. La tecnología ayudará a que ambos puedan sobrellevarlo, lo que a su vez dará lugar a situaciones hilarantes antes que el paso de un cometa quiebre dicha situación, añadiendo drama y suspenso a la historia de estos dos jóvenes.

Si hay un elemento que sobresale en esta película, es la virtuosa calidad de la animación de Shinkai, llena de luces y con una llamativa obsesión por el detalle y el realismo de los elementos del paisaje, sea este urbano o rural. Es así que podemos pasar de observar una festividad milenaria como es la ceremonia de la preparación del sake de los dioses (con un mensaje subliminal que señala la repetición de los ritos pero la pérdida del significado que estos tienen) a la agitada vida de la urbe, con sus trenes sincronizados, trabajos de medio tiempo y gadgets invadiendo todas las acciones. Shinkai toma tópicos narrativos tantas veces abordados como el contraste “ciudad/campo”, el intercambio de identidades, y el descubrimiento del amor de dos jóvenes a causar del destino, y les inyecta su sello personal, con una narrativa que es eficaz al capturar la atención del espectador con los muchos conflictos que se plantean de manera inicial, confusos y llamativos a la vez.

El vuelo romántico en el que se ven envuelto los personajes, si bien por momentos puede ser ridículo para algunos, me parece que aborda de buena manera los arrebatos juveniles y el desborde emocional propio de la edad. Shinkai tropieza más bien, al añadir otros elementos que no terminan de conjugarse adecuadamente con la propuesta central, como el conflicto paternal de Mitsuha, la evocación del desastre de Fukushima en la tragedia de la historia, y al dejar de lado los conflictos internos de Taki, a pesar que este sea el que cobre mayor relevancia durante el segundo tramo de la película en la que por momentos parece moverse casi por inercia. Detalles que sin embargo no opacan los logros de “your name.” y su enfoque en la problemática de una relación distanciada, más que por la geografía, por el tiempo y la batalla por recordar un nombre y la significancia detrás de ello. Emotiva.
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(Texto publicado originalmente en el portal web "Punto y Coma")

lunes, 20 de noviembre de 2017

Reseña: Paterson- Cine, poesía y belleza

Estados Unidos-Francia-Alemania.2016. Duración: 118 min. Dirección y guión: Jim Jarmusch

Un solitario e inocuo chofer de bus de la ciudad de Paterson, Nueva Jersey, recorre el casco urbano de la ciudad sin sobresaltos. Ocho horas diarias, de lunes a viernes, sin cargar un celular. Rutina que se completa con visitas nocturnas al bar, los paseos a su bulldog y las cortas conversaciones con su pareja durante la cena y antes y después de dormir juntos. Paterson, como se llama también nuestro protagonista, solo lleva un cuaderno vacío que llena de rato en rato en rato. ¿Cómo asoma la poesía en ese contexto? ¿Puede hacerlo?

El personaje principal, interpretado de manera magistral por un Adam Driver de carácter impertérrito, no es el típico personaje que escribe pero  que más se esfuerza en parecer angustiado y condenado a un injusto castigo de la sociedad. No. Paterson contempla la ciudad buscando interiorizar cada detalle o sensación, para transformarla en verso.  En un primer momento, podemos concebirlo como un simple adulto que ha llegado a los treinta años con las etiquetas de “conformista” y “mediocre”. Y allí radica el  paradigma que Jarmusch busca derribar escena a escena: Paterson está a gusto con ese ritmo de vida, sin estresarse o consumirse por un molde externo. Y nuestra concepción de “éxito” del hombre actual se ve trastocada.  Su búsqueda vital no pasa por alguna acumulación material o física, sin que esto necesariamente lo lleve a sucumbir a un estado de ser renegado.  Solo quiere vivir las epifanías de los poetas, las de su admirado William Carlos Williams y disfrutar los momentos con los seres que le rodean como ir al cine o sonreír frente a las volátiles ocurrencias de su novia.

El silencio, uno de los componentes vitales de la cinta, solo se ve interrumpido por breves arrebatos de exaltación que no terminan siendo duraderos. Incluso son cercanos a lo humorístico. Ello mezclado con algunos detalles simbólicos como la constante aparición de gemelos o el uso de fósforos (chispa que irrumpe de la quietud para iluminarlo todo) le dan un tono de película asiática, específicamente japonesa, donde lo más sencillo puede convertirse en algo determinante y trascendental.

Hay dos escenas que resaltan en la película que sintetizan la propuesta de Jarmusch. La primera es la del encuentro con la niña que escribe poesía, mostrando dos caras de su creación: la capacidad innata para generar arte, frente a la persecución de lograr lo mismo pero con la sensación de no poder hacerlo acechando a cada instante por no saberse capaz con certeza. Un espejo que se busca evadir siempre pero que tarde o temprano hay que enfrentar. Y la segunda escena,casi al final, es la más fascinante y espléndida que he visto en el cine en mucho tiempo, capaz de mostrar en pocos minutos la intensidad emocional que supone caer, fracasar y luego ascender de nuevo. El proceso más humano de todos sin caer en clichés o superficialidades, cual poema de William Carlos Williams. Paterson es un grandioso homenaje al cine, la poesía y la belleza que puede lograrse a partir del cruce de estas.

(Texto publicado en el portal web "Punto y Coma")


MARY CYBULSKI / WINDOW FRAME FILMS



martes, 24 de octubre de 2017

Reseña:El castillo de Hayao


Título original: Howl no Ugoku Shiro.2004. Studio Ghibli.119 min.

         Podría llorar de alegría, dice Sophie, la protagonista de “El castillo ambulante”, y no se podría estar más de acuerdo. Las películas de Hayao Miyazaki se contemplan y admiran. Son de una belleza que sobrecoge, al punto que durante los créditos no somos pocos los que terminamos aplaudiendo mientras miramos las letras en japonés como un intento de homenajear y, sobre todo, agradecer a la distancia, espacial y temporal, a quienes hicieron posible ello.

        Y utilizo el verbo contemplar, pero debo añadir emocionar. Porque las películas de este genio japonés lo tocan y hace vibrar a uno. Pasan a formar parte de nuestra vida al punto que somos capaces de recordar, tiempo después, dónde, cómo y con quien las miramos. En qué momento de nuestra vida estábamos la primera, segunda o séptima vez que vimos “El viaje de Chihiro” o “La princesa Mononoke”. Configuran nuestra experiencia, desarmando la incapacidad de nuestros tiempos para poder inquietarnos de verdad. Nos vuelven vulnerables como niños, asombrándonos en todo momento.

         Anotaba lo anterior mentalmente mientras disfrutaba “El castillo ambulante” por primera vez en una sala de cine. Recuerdo la primera vez que la vi: sábado por la madrugada, un DVD, el televisor y la habitación vacía. Nadie más durante dos horas. No me da vergüenza decir que lloré ese día por todo lo que provocaba la película. Y pasaron los días y meses y cuando escuchaba de manera aleatoria algún fragmento de la banda sonora, volvía a sentir la grata presión en el pecho de la primera vez. Pero, aunque parezca una verdad de Perogrullo, nada como disfrutar una película en una sala de cine. Sentado en una butaca y absorto en la proyección al frente. La sensación de que ese es un momento único e irrepetible y que todas las acciones previas te llevaron a eso, y la música de Joe Hisaishi, compañero de mil batallas de Miyazaki que pasa a ser el soundtrack con el que acompañamos a los personajes en su viaje sentimental, sí, pero que se vuelve también tu melodía. Capaz de formar sonrisas y/o lágrimas al evocar el sonido de su piano.

        Nada vuelve a ser igual luego de ser partícipes del cine de Hayao. Paisajes increíbles, monstruos alucinantes, animación de primera, frases impactantes, personajes rebosantes de humanidad, inteligentes alegorías al feminismo y la conservación ambiental, la pureza del amor y la destrucción de la guerra, la magia y el dolor de la realidad, sociedades que se debaten entre las tradiciones y la irrupción de la modernidad, la alegría de estar vivo. Cada obra de Miyazaki significa vivir una experiencia auténtica en el sentido más genuino. Una composición que te recuerda la capacidad de los mejores films de hacerte sentir que fueron hechos para uno, mientras se disuelve el trascurrir del tiempo alrededor. Solo eres tú y el acceso a un mundo único e inigualable. La llave a un castillo fantástico que es la mente de uno de los más grandes artistas de todos los tiempos. Porque a pesar de no poder definir qué es el arte, podemos afirmar con seguridad que el cine de Miyazaki lo es. Vida en su máxima expresión.

(Texto publicado originalmente en el portal web "Punto y Coma")