"These days there’s so much paper to fill, or digital paper to fill, that whoever writes the first few things gets cut and pasted. Whoever gets their opinion in first has all that power". Thom Yorke

"Leer es cubrirse la cara, pensé. Leer es cubrirse la cara. Y escribir es mostrarla." Alejandro Zambra

"Ser joven no significa sólo tener pocos años, sino sentir más de la cuenta, sentir tanto que crees que vas a explotar."Alberto Fuguet

"Para impresionar a las chicas de los 70 tuve que leer a Freud, Althusser, Gramsci, Neruda y Carpentier antes de llegar a los 18. Para seducir a las chicas de los 70 me hice especialista en Borges, Tolstoi, Nietzsche y Mircea Elíade sin haber cumplido los 21. Menos mal que ninguna me hizo caso porque entonces hoy sería un ignorante". Fernando Iwasaki


lunes, 22 de junio de 2026

[RESEÑA] “Animales del fin del mundo” de Gloria Susana Esquivel

 

Un vocabulario para la tristeza

Alfaguara, 2017. 248 pp.

 

                En los últimos meses, con la proliferación y mayor acceso a herramientas inteligencia artificial (IA), se ha intensificado el debate sobre su uso indiscriminado en múltiples campos, incluyendo el de escritura. Aunque recientes casos polémicos se hayan referido al campo de la creación literaria, es preciso notar que donde más ha incidido su uso y abuso es en la escritura más cotidiana: informes de oficina, análisis contables, resúmenes ejecutivos, correos corporativos, correos personales, mensajes en chats, etc. Lo cual nos invita a reflexionar cómo este tipo de escritura se tornó tan mecánica e impersonal, empezando a percibírsela como una molestia incluso. Una pista puede surgir remontándonos al momento en el que empezamos a escribir y la revelación de un mundo nuevo que llegó con este aprendizaje.

       



         Inés, la protagonista de la primera novela de Gloria Susana Esquivel (Bogotá, 1985), tiene seis años, vive con su madre en la casa de sus abuelos y está preocupada por el Apocalipsis. Este fin del mundo, anunciado en las noticias, no parece preocuparle a nadie más que a ella, lo que incrementa el ensimismamiento que ya experimentaba con las restricciones de los adultos, por culpa del abuelo, sobre todo, o la bestia, como le llama ella. Esta soledad se verá interrumpida por dos acontecimientos que ocurren en paralelo: la detonación de un bomba y la llegada de María, la nieta de la empleada de la casa. Ambos eventos, de distinta naturaleza, implicarán para Inés sus primeros contactos, por ratos claustrofóbicos, más allá de los límites de su casa. Supondrán el descubrimiento de una realidad en la que también es posible la violencia y el juego, pero en la que aún no tiene las herramientas para descifrarlo.

                Esquivel empieza la narración de la historia de Inés como una voz que recuerda a la niña que fue, pero que en dicho ejercicio transita hacia la mirada a ese tiempo, en el que la curiosidad y la imaginación no se ven cercenadas aún del todo por convenciones sociales y es posible concebir a los demás como animales. Esta percepción se verá alterada por la presencia de María, quien no responde a sus mandatos y representa para ella un espíritu más indómito y arrojado, más libre. Esa libertad que empieza a sentir carente bajo la tiranía de un abuelo violento e impredecible, una madre que deja de vivir exclusivamente por ella y la imposibilidad de ver a su padre a diario. Es justamente él, quien en una de las salidas con ella quien le regalará una cartilla para aprender a escribir y lidiar con el silencio cuando María deja de ir a su casa.

Sin María, las tardes se hacían largas y pesadas (…) La televisión también había comenzado a cansarme, y sólo mataba el tiempo encerrada en mi cuarto, examinando la cartilla de lectura que me había regalado mi padre Pasaba rápidamente de árboles y ardillas, a focas y faroles que estaban seguidos de indios e iglúes y de koalas y kumis, hasta que llegaba a la página de un pajarote gris y jorobado, el ñandú, que con una mirada hueca y medio bizca miraba a su amigo el ñu, una especie de toro flacuchento que tenía dibujada entre las costillas la piel de una cebra. Podía estar horas y horas trazando con la punta del dedo la silueta de esos misteriosos animales. Intentaba pronunciar sus nombres adivinando el sonido de la ene y alojando toda su reverberación en la punta de la nariz, arrugándola hasta que no podía aguantar más ese rictus. Pero esos pasatiempos lingüísticos no alcanzaban a igualar la diversión que me proporcionaban mi amiga y sus canciones, y eso me hacía extrañarla mucho más”. (pág. 65)

El fragmento anterior muestra cómo la algarabía por el lenguaje escrito y su lectura se se ve opacada por la imposibilidad de tener cerca a María. Esquivel escribe así un goce del lenguaje y cómo este, además de develar nuevas realidades, también supone el descubrimiento de un vocabulario para la soledad y la tristeza. ¿De qué sirve lo aprendido si no se tiene con quién practicarlo? María volverá días después, pero algo ha cambiado para siempre en Inés y se irá exteriorizando de la peor manera:

Me sacudí el abrazo de María de encima y la agarré fuerte del brazo. Si íbamos a jugar juntas iba a ser bajo mis reglas, pues cualquier acto de desobediencia haría que fuera a acusarla con Julia y con la abuela y eso causaría su exilio. Lo primero a lo que quería someter a mi amiga era a escuchar sin parar mi nuevo casete de la lambada”. (pág. 78)

                El fastidio de Inés empieza a tornarse en desapego y rabia, al punto que siente necesidad de dirigir hacia otra persona su malestar ante las agresiones que recibe su madre en casa, alguien cuya forma de afrontar la vida le provoque envidia y por ende fastidio. Ese mismo control y rigidez que se imponen sobre a ella, lo ejercerá sobre otra persona, como una forma de olvidar, aunque sea por unos momentos, su propio padecimiento. Ese mundo animal de la infancia, impredecible y salvaje, empieza a desmoronarse en detrimento del humano, un mundo en el que es posible el cariño paternal pero también la violencia clasista y misógina que alcanzarán su clímax en las últimas páginas del libro.

                La primera novela de Esquivel recrea el momento, cuasi mágico, en el que se aprende a escribir y leer, pero va más allá y expone la capacidad impresionante que tienen estas actividades para develar la belleza y el horror, la soledad y el amor. Como dice Giuseppe Caputo en la contratapa, en Animales del fin del mundo el lector recuerda que el descubrimiento del mundo llega con el descubrimiento de la tristeza. Y el lenguaje escrito juega un rol fundamental en ello. Tan importante como para dejarlo en manos de otras personas o tecnologías sin pensar en lo que estamos perdiendo con ello.







(Texto publicado en la web de la Bitácora de El Hablador)