"These days there’s so much paper to fill, or digital paper to fill, that whoever writes the first few things gets cut and pasted. Whoever gets their opinion in first has all that power". Thom Yorke

"Leer es cubrirse la cara, pensé. Leer es cubrirse la cara. Y escribir es mostrarla." Alejandro Zambra

"Ser joven no significa sólo tener pocos años, sino sentir más de la cuenta, sentir tanto que crees que vas a explotar."Alberto Fuguet

"Para impresionar a las chicas de los 70 tuve que leer a Freud, Althusser, Gramsci, Neruda y Carpentier antes de llegar a los 18. Para seducir a las chicas de los 70 me hice especialista en Borges, Tolstoi, Nietzsche y Mircea Elíade sin haber cumplido los 21. Menos mal que ninguna me hizo caso porque entonces hoy sería un ignorante". Fernando Iwasaki


jueves, 2 de abril de 2015

Espinas clavadas en el corazón: “Hombres sin mujeres” de Haruki Murakami

Todavía llevo hoy esa espina clavada en el corazón.
Haruki Murakami



En el estudio de los fenómenos económicos, se usa la idea de una curva envolvente. Esta sirve de enlace para unir distintas curvas menores y dispersas, heterogéneas en su forma y valor, a través de puntos de contacto. A través de dichos puntos, la curva envolvente puede remitirnos la figura de un sistema circulatorio, que recoge y otorga vida a su vez a cada una de estas curvas y las hermana a través de la pertenencia a un microsistema. En el más reciente libro de relatos de Haruki Murakami sucede algo parecido. Hombres sin mujeres, es un conjunto de siete relatos hermanados por un sentimiento de pérdida y soledad. Lleno de escenas de encuentros y desencuentros entre hombres y mujeres, con una atmósfera lúgubre donde el amor puede ser a veces una tabla de salvación o una piedra amarrada a uno, que lo conduce a un abismo de desgracia. Los mecanismos a través de los que interactúan hombres y mujeres son incomprensibles para los personajes de este libro y nosotros lectores asistimos a cada uno de ellos con la sensación de que dichas tragedias trascienden las páginas del libro que tenemos en nuestras manos y se manifiestan en nuestra realidad.  Cada historia es digna de disfrutarse como quien observa maravillado una flor, pero cuidando siempre de que las espinas con las que nos topemos no terminen por desangrarnos del todo en el camino.

Drive my car

Un maduro actor  tiene problemas con la visión. Un punto ciego en su campo visual. Es por ello, que al no poder manejar su carro, y al no gustarle andar en taxis o en el metro, requiere del servicio de un chofer. La chica que lo ayuda es una joven veinteañera, aparentemente parca y retraída. Él, viudo desde hace algún tiempo, traba una especie de fraternidad con esa alma también sufrida, que lo lleva y trae del teatro donde está actuando. Ambos empiezan a interesarse en el pasado del otro. Ella le cuenta la razón de su aparente indiferencia con el mundo. Él, la razón de sus penas. Penas causadas en gran parte por las infidelidades de su esposa, con la que estuvo veinte años casado. Ella se fue, pero él se queda a padecer ese precio a pagar por el amor de una mujer (De todas formas, se dijo, los muertos seguramente no pensaban ni sentían nada. Eso era, desde su punto de vista, lo bueno de morir.)Esa incapacidad de entender su comportamiento. (¿Acaso no nos es imposible comprender al cien por ciento lo que piensan las mujeres?) Es por ello, que busca a uno de los amantes de su fallecida esposa. Traban una especie de amistad, hermanados por ese lazo extraño de haber amado o intentado amar a la misma mujer (Eran incapaces  de paliar el dolor de la pérdida, cada uno desde su posición. Por eso congeniaban).  Conversaciones mezcladas con el alcohol en las que ahondan en el problema de no haber comprendido a aquella mujer mientras reprimen buena parte de lo que quieren decirse. Están actuando y siendo vulnerables al mismo tiempo. Al parecer es la única forma que tienen para no caer en la angustia. ¿Conoció el amor el maduro actor? (Pero cuanto mayor es la felicidad, mayor es la angustia que se siente. (…) existía la posibilidad de perderla. Sólo de pensarlo, se me encogía el corazón.).¿Fue eso amor o es que el punto ciego era más que una discapacidad física?

Yesterday

Los protagonistas de este cuento son dos muchachos que trabajando juntos se hacen amigos a pesar de ser muy diferentes entre sí. Uno está en la universidad mientras que el otro lleva dos años intentando ingresar a ésta. El primero, además tiene una serie de complejos a los que se le suma el haber terminado una relación que le ha dejado un sabor agridulce. El otro tiene una serie de hábitos extraños como el cantar de forma extraña la canción del título del cuento en un dialecto provinciano del japonés. Es este el que presenta una relación amorosa que se inició en la infancia y en la que le cuesta seguir participando como cree que debería, siendo la negación del sexo una de las razones más determinantes del lento alejamiento de él y ella (Todos damos un rodeo sin fin.) Llega al punto incluso de pedirle a su amigo que salga con ella, porque cree que de dicha manera no le hará tanto daño. Nadie parece estar seguro de lo que realmente quiere. (Buscar algo cuando uno no sabe qué está buscando es muy complicado.)   Lo único que parece cierto es la atmósfera de tristeza que encierra los difíciles años de la juventud. (¿no te parece que, cuando eres joven, en cierta medida es necesario vivir periodos  tristes y difíciles cómo ese? O sea, como parte del proceso de madurez.).  La incomprensión de este periodo genera además, dudas acerca del sentido de la vida y sobre las reales posibilidades de llegar a un punto de sosiego continuo.  ((…) pero no puedo negar que me preocupa, que no  creo que sea bueno que la vida resulte tan natural, agradable y sin contratiempos). Pasarán los años y el pasado, seguirá ahí, inamovible, tan doloroso al recordarlo cómo cuando pasó.(En ocasiones la música tiene el poder de reavivar los recuerdos con tal intensidad que a uno hasta le duele el corazón.) Pero aun así, habrá lugar para una pequeña dosis de esperanza. (Porque nadie sabe con qué soñaremos mañana.)

Un órgano independiente

Existe una clase de personas que, debido a una excesiva despreocupación, a sus pocos desvelos, se ven obligadas a llevar una vida sorprendentemente artificiosa. El doctor Tokai pertenecía a esa clase de personas. Cirujano de relativo éxito, educado y de modales destacados por decir lo menos, había llevado a lo largo de su vida un accionar tranquilo que le había reportado una serie de satisfacciones que lo habían llevado a pensar que su vida había tenido un transcurrir “natural y honesto”.  Nunca se había inmiscuido en una relación amorosa que le supusiera un compromiso formal y único. Intuía que si lo hacía, era inevitable que terminara arrasado por el sufrimiento. (Cuando alguien te gusta demasiado, lo pasas mal. Sufres. Como no creo que mi corazón sea capaz de soportar tal peso, me esfuerzo todo lo posible para que no me guste.)Su afán e interés en un aspecto de las mujeres que vaya más allá de lo sexual se había traducido en una enumeración de fugaces relaciones sin ataduras. (Lo que buscaba era una relación en el plano intelectual con las mujeres. (…) Ninguna técnica quirúrgica podía mejorar la capacidad intelectual.) Hasta que a la edad de los 52 años, llega la tormenta. Se enamora. Se desestabiliza, un terremoto rompe con la quietud de su existencia. Empieza a cuestionarse el sentido de la misma. (Últimamente pienso a menudo en qué demonios soy.) El amor por una sola mujer empieza a alejarlo de las demás aventuras que tiene en paralelo. Se va volviendo un ser dependiente de la duración de esta relación. Porque esta va más allá de los encuentros sexuales que puedan sostener. (Cuando su corazón se mueve, tira del mío. Como dos barcas atadas por una cuerda. Que no se puede cortar, pues no existe ningún cuchillo capaz de cortarla.). El narrador da cuenta de ello, tratando de comprender la problemática de un ser que recién conoce el amor en su madurez. (Pero, con los años, el lastre del pasado, lo abruma a uno. No hay segundas oportunidades.). Pero, ¿qué tan peligroso es no retroceder, ahogarse en ese mar embravecido que es el enamorarse de una mujer?  El final trágico reflexiona en torno a dicha pregunta. La sensación de pérdida podrá absorber al lector, que sin embargo no olvidará fragmentos de esta historia como éste:(…) para mí era un ser especial. Podía afirmar incluso que es un ser sintético. Todas las cualidades que posee se concentran y compactan en un solo núcleo. Y lo que hay en el núcleo es lo que me atrae tan poderosamente. Como un potente imán. Es algo que sobrepasa la razón.

Sherezade

Un hombre desterrado al mundo de la soledad (Yo mismo soy una isla desierta.) Su único vínculo con la realidad externa: una enigmática mujer que le cuenta historias luego del sexo, al punto que este por momentos se siente como un mero puente para llegar a las narraciones. (Se dijo que los gestos de una mujer posiblemente sean más interesante cuando se viste que cuando se desnuda.)Una mujer de treinta y cinco años, sin ninguna cualidad física resaltante. Tal vez una ama de casa. Tal vez la esposa de alguien. No sabemos. Sólo que es capaz de hechizar y mantener cautivo al protagonista con la fuerza avasalladora de sus relatos. (Despertaba el interés del oyente, lo mantenía astutamente en ascuas, le obligaba a pensar, a especular, y luego le daba justo lo que deseaba.). Los relatos de su pasado, que se van relacionando con la vida de su fiel oyente. Con sus sensaciones de vacío. Seres que esperan ver una luz que los guie para no perderse en la pesadumbre de una existencia que por momentos resulta una carga difícil de sobrellevar. Y otra vez el desamor, que por momentos llega a intoxicar y causar más daño que satisfacciones. Obsesiones con las que no es fácil lidiar. (Y no es que fuera algo semejante a una enfermedad, sino que probablemente fuera una enfermedad de verdad.) ¿ O será verdad que el tiempo es capaz de borrar las heridas causadas por el amor? (A veces, cuando observamos las cosas al cabo de un tiempo desde una perspectiva un poco diferente, algo que creíamos absurdamente esplendoroso y absoluto, algo por lo que renunciaríamos a todo para conseguirlo, se vuelve sorprendentemente desvaído.)Al final, sólo termina prevaleciendo el temor por perder la magia y el encanto que la intimidad con una mujer es capaz de brindar. (Perder esos momentos especiales que invalidaban la realidad, aun estando integrados en ella: eso le ofrecían las mujeres).

Kino

El protagonista es el dueño de un pequeño y casi insignificante bar cuya vida había transcurrido sin pena ni gloria (No había conseguido hacer feliz a nadie, y menos a sí mismo.) hasta que su mujer lo engaña con un compañero del trabajo de toda su vida. De manera increíble, este suceso lo alentó a voltear la página casi al instante y aceptar un trabajo sosegado, que le diera independencia, sirviera de guarida (A veces siento como si me hubiese vuelto casi transparente.) y la posibilidad de mostrar interés por eventos minúsculos que en cualquier otro sitio pasarían desapercibidos como la visita de un extraño hombre que lee en silencio mientras toma un whisky. También la de una mujer con un pasado que le ha dejado una serie de cicatrices que Kino va descubriendo en la intimidad. Poco a poco, la atmósfera sombría del jazz que sirve de música de fondo se va mezclando en el interior de Kino, que empieza a ver lo triste que ha llegado a ser su vida. Un encuentro con su ex mujer (Pero es que entre nosotros existió como un botón mal abrochado.), la rara y metafórica aparición de serpientes (Las serpientes han acaparado ese espacio, en el cual intentan ocultar el frío latido de sus corazones.), la pequeña habitación de un hotel que sirve como refugio: no son más que el camino para entender que el dolor es inevitable. Que no se puede escapar de él por más que se trate.(Lo único que a duras penas podía hacer era procurarse un lugar al que amarrar su corazón, que había perdido todo el peso y hondura, para que no diese tumbos de un lado a otro.) Y que para algunos, la felicidad es una utopía que sirve como negación a los padecimientos con lo que uno se enfrenta a diario. (De hecho, ni siquiera había logrado hacerse una idea precisa de qué era realmente la felicidad.)

Samsa enamorado

 Este relato funciona como una metáfora de la evolución de la Humanidad a través de un giro de 180° a la historia del mítico personaje kafkiano de La Metamorfosis. Aquí, un ser se despierta con la única seguridad de que responde al nombre de GregorSamsa. Empieza a descubrirse como un hombre en un proceso dificultoso en el que en primer lugar debe sobrevivir. Primero está el funcionamiento de su cuerpo y la satisfacción de las necesidades que este requiere. (Pero entonces, como para colmar el vacío dejado, un intenso dolor comenzó a atormentarlo-era como si una siniestra roca oscura hubiese emergido al bajar la marea.) Luego, está el descubrimiento del pudor y el anhelo de protección frente a adversidades inherentes a su naturaleza frágil. (Samsa se percató de que necesitaba vestirse con algo.)Samsa está empezando a sortearlo, cuando irrumpe una mujer en su casa. Una cerrajera, que acaso sirva como una metáfora del rol de las mujeres como dueñas de las llaves del destino de los hombres. Gregor empieza a sentir en su interior un fuego que va incrementándose mientras más interactúa con esta mujer. (No sé cómo explicarlo, pero creo que no tiene nada que ver con mis sentimientos. Debe ser un problema del corazón.) Y va dejando de ser sólo un cuerpo que sufre, sino que hay algo que lo trasciende. Que lo eleva a sensaciones que en su anterior vida no podía percibir. Y es que sin importar que el mundo se esté destruyendo afuera, en muchos casos, basta la presencia de una persona a la que se ama para saber que no todo está perdido, es la idea que parece acentuarse en las líneas de esta historia. Pues lo único que quiere Gregor y muchos de nosotros a veces, es tan solo ir develando poco a poco los misterios del mundo con ellas.

Hombres sin mujeres

Un buen día, de repente, te conviertes en un hombre sin mujer. Ese día sobreviene de repente, sin mediar el menor indicio o aviso, sin corazonadas ni presentimientos, sin llamar a la puerta y sin carraspeos. El timbre empieza a sonar de madrugada. El protagonista se despierta y contesta. Una chica acaba de suicidarse. Una chica con la que se relacionó tiempo atrás y que en algún momento del tiempo paso a formar parte de su memoria mas no ya de su realidad cercana e inmediata.Y la atmósfera de muerte empieza a recorrer la mente de este narrador que nos va llevando de la mano a conocer a los fantasmas de su pasado. En un viaje silencioso (Un silencio como si cada uno nos asomásemos a un extremo de un hondo agujero abierto en el medio de una carretera.) y lleno de melancolía (Ojalá existiese en el mundo una máquina que midiese fácilmente y con precisión la tristeza.). Somos lectores,  a los que se les brinda esta historia de sus errores y gozos con el posible objetivo de que al comprenderlo seamos capaces de aliviar el dolor y la soledad que siente este hombre. Un hombre que se ha quedado sin una mujer. Sin una parte de su pasado.  Pues sólo los hombres sin mujeres saben cuán doloroso es, cuánto se sufre por ser un hombre sin mujer y una vez convertido en un hombre sin mujer, el color de la soledad va tiñendo hasta lo más hondo de tu cuerpo.



+Sobre el autor:

Haruki Murakami (Kioto, 1949) estudió literatura en la Universidad de Waseda y regentó durante varios años un club de jazz. Es, en la actualidad, el autor japonés más prestigioso y reconocido en todo el mundo, merecedor de premios como el Noma, el Tanizaki, el Yomiuri, el Franz Kafka o el Jerusalem Prize. En España, ha recibido el Premio Arcebispo Juan de San Clemente, concedido por estudiantes gallegos, así como la Orden de las Artes y las Letras del Gobierno español y el Premi Internacional Catalunya 2011. Tusquets Editores ha publicado catorce de sus obras: diez novelas —entre ellas la aclamada Tokio blues. Norwegian Wood, 1Q84 y Los años de peregrinación del chico sin color—, las personalísimas obras De qué hablo cuando hablo de correr y Underground, y dos volúmenes de relatos: Sauce ciego, mujer dormida y Después del terremoto.




+Un cuento del libro:


jueves, 19 de marzo de 2015

El (amargo) sabor de la vida adulta: “Las leyes de la frontera” de Javier Cercas


¡Qué esfuerzo!
¡Qué esfuerzo del caballo
por ser perro!
¡Qué esfuerzo del perro por ser golondrina!
¡Qué esfuerzo de la golondrina por ser abeja!
¡Qué esfuerzo de la abeja por ser caballo!

(Federico García Lorca, Poeta en New York)


A veces pienso que el acto de leer una novela se parece al de ingerir una pastilla. Intentando curarnos de lo tediosa y enfermiza que puede ser la realidad que nos ha tocado vivir, empezamos a leer ficciones. Si estas son de mala calidad o no logran cautivarnos podemos intoxicarnos de manera rápida y terrible, alejándonos de manera permanente del causante de dicho malestar. Pero si son buenas, las procesamos de manera lenta y placentera, cautivándonos y exigiendo más de similar calidad. Hay talentos literarios capaces de crear dicho tipo adicción. Uno de ellos es el de Javier Cercas.

La primera vez que me adentré en la literatura de Javier Cercas fue cuando tomé prestado el voluminoso ejemplar de tapa dura que tiene disponible la biblioteca del Centro Cultural de España de “Anatomía de un instante”, un libro inclasificable y maravilloso. Debo admitir que tuve dudas al inicio: ¿Cómo me iba a enganchar con la historia de un golpe de estado acontecido en España durante la década de los ochenta? Página a página, dichas dudas se fueron disipando, mientras Cercas iba inspeccionando con minuciosidad cada hecho y personaje que rodeó al llamado 23-F.  Cercas se sumergió en una empresa difícil para cualquiera, pero de la que para felicidad de sus lectores sale airoso. Lo sorprendente era que trataba de acercarse lo máximo posible a la verdad de los hechos pero al final logra transmitir la misma tensión al lector que  cuando leemos una ficción por lo que nos preguntamos si en verdad pasó. 

Luego leí “Soldados de Salamina”, su libro más conocido, elogiado por personalidades como Mario Vargas Llosa, Coetzee y SusanSontag. Una de las obras en lengua castellana más importantes surgidas este siglo. La trama gira en torno a una pregunta simple, alrededor de la cual se construye toda la novela: ¿Por qué aquel soldado republicano anónimo decide no dispararle a Rafael Sánchez Maza? Un periodista que ha fracasado en su vida que es y no es Javier Cerca intenta responder a esta pregunta hurgando en todos los caminos posibles que lo lleven a una respuesta satisfactoria, cruzándose en su camino con un escritor chileno que es y no es Roberto Bolaño. Y en ese intento lo acompañamos con la esperanza de que la respuesta no llegue mientras esperamos que las páginas no terminen.

En “Las leyes de la frontera” hay una interrogante que funciona de nervio central de la historia: ¿Quién delató a la banda del Zarco? Para llegar a dicha pregunta, Cercas nos transporta a la España post franquista de 1978. Ignacio Cañas, un joven clasemediero empieza a percibir lo dolorosa que puede ser la etapa de la adolescencia. Sus amigos se han vuelto contra él, empieza a sentirse inseguro, el miedo va calando en él de forma imparable. Perdido y vulnerable, conoce al Zarco y a Tere. En ese momento, su destino toma un camino irreversible.

El Zarco y Tere, son dos pandilleros que viven al otro lado de la frontera, que en esta novela va más allá del límite de dos barrios. Es la frontera de dos formas de encarar la vida, de dos clases sociales, de dos mundos que han convivido siempre, pero que recién en el encuentro de dichos dos personajes empiezan a tomar conciencia de la existencia del otro. El encuentro con el Zarco va ser un eje central en la vida de Ignacio o, como lo bautiza el Zarco, Gafitas.

Antes de conocer al Zarco yo era débil, y conocer al Zarco me hizo fuerte; antes de conocer al Zarco yo era un niño, y conocer al Zarco me convirtió en un adulto.

Cuando Gafitas decide unirse a la vida del Zarco, empieza a perder la inocencia. Va desechando los temores de la infancia y la adolescencia para comenzar a darle espacio a  los de la adultez. Y en ese proceso contribuirá sin duda el enamoramiento por Tere. Como en muchas grandes novelas, Tere será la “mujer fatal”, aquella por la que los hombres son capaces de perder la cabeza (algo que en la literatura se da desde “La Ilíada”). Tere representará para Gafitas el conocimiento del sexo, el amor y la violencia.

Si enamorarse de alguien no consiste en idealizarlo, ya me contará en qué consiste.


Una vez que Gafitas se siente parte de algo, empieza a prescindir de muchas cosas que venía sintiendo como una “carga” en su vida como la figura de autoridad de su padre, los límites de la moral que lo había acompañado hasta ese momento cuya pérdida está representada en la facilidad con que empieza a delinquir sin remordimiento alguno o el miedo por los abusadores del colegio. Cercas esboza de manera certera la crudeza de los cambios que nos acontecen durante la adolescencia, pero creo que va más allá de ello, pues  en la figura de Gafitas realiza una metáfora de los cambios sociales por los que está atravesó  el país ibérico luego de décadas del gobierno autoritario de Franco. El dolor de la llamada Transición.

Hacía tres años que Franco había muerto, pero el país continuaba gobernándose por leyes franquistas y oliendo exactamente a lo mismo que olía el franquismo: a mierda.

Aquel verano de cambios drásticos se acabará cuando la banda del Zarco sea desbaratada y una escena salida de “Soldados de Salamina”, determine la vida de Gafitas. Lo que sucede en la segunda parte de la novela, ubicada muchos años después de los acontecimientos del 78  es  el enfrentamiento de los personajes centrales con las decisiones que tomaron en el pasado. Y aquí prefiero detenerme en lo que respecta a escribir sobre los hechos de la novela para no malograr el placer de descubrirlo por su cuenta.

“Las leyes de la frontera”, nos habla de muchos temas, pero el que aquí destaco es el que ya mencioné, sobre el camino hacia la adultez que implicará la pérdida de la inocencia. Este está lleno de violencia, traiciones, sufrimiento y desamor. Y es aquí cuando un lector de “La ciudad y los perros” podrá percibir la luz vargasllosiana iluminando esta novela. Al identificarnos con Gafitas, el Zarco o Tere, realizamos el mismo ejercicio que cuando lo hicimos con el Poeta, el Esclavo o el Jaguar. Incluso podemos enlazar escenas como la del Jaguar humillando al Esclavo con la de Batista, el abusivo del colegio de Gafitas, con éste último.

Eres un cobarde, dijo por fin, tirándome las gafas al suelo. Me das asco.

Las dos protagonistas que responden al nombre de Tere. Incluso la metáfora de la frontera, que en la novela del Nobel, era la del colegio con la ciudad, la del caos con la civilización. ¡Cómo dan ganas de volver a leer aquella novela! Es por ello, que creo que Cercas realiza el mejor de los homenajes: evocar lo mejor de dicha novela, pero con la originalidad de una historia propia. Preguntas sin respuesta. Un lenguaje que esconde en su sencillez la destreza narrativa de su autor. Hechos que servirán como espejo donde se reflejarán partes de nuestras vidas. 


+Frases:

¿Sabe? Siempre he oído decir que la infancia es cruel, pero yo creo que la adolescencia es mucho más cruel que la infancia. En mi caso, así fue.

Dicho esto, usted es escritor y debe saber que, aunque nos tranquiliza mucho encontrar una explicación para lo que hacemos no tiene una sola explicación, suponiendo que tenga alguna.

Los antiguos sabios decían que no hay que despreciar a la serpiente por no tener cuernos; quizás algún día se reencarne en dragón. Del mismo modo, un hombre solo puede convertirse en ejército.

La costumbre te enseña a manejar una parte del miedo; pero el miedo entero nunca aprendes a manejarlo: casi siempre es él quien te maneja a ti.

¿Vosotros no tenéis miedo? Y él contestó: Sí, pero tenemos un miedo que no es como el tuyo. Tú piensas en el miedo y nosotros no. Tú tienes cosas que perder, y nosotros no. Tú tienes cosas que perder, y nosotros no. Esa es la diferencia.

¿Me guardarías un secreto? Y el otro le contestaba: Si no eres capaz de guardarlo tú, ¿por qué voy a guardártelo yo?

Lloré mucho rato allí, en silencio, sentado casi a oscuras junto a mi padre en aquel comedor semivacío de una casa perdida en un pueblo perdido, con un desconsuelo que no conocía o no recordaba, con la sensación de haber desentrañado de golpe el significado completo de la palabra fracaso y de haber descubierto un sabor desconocido, que era el sabor de la vida adulta.

Más asombrado aún, comprendí que ya no sentía ninguna necesidad de vengarme de él, porque ya ni siquiera le odiaba y que esa era la mejor forma de venganza.

(…) y yo aprendía que el poder se pierde con la misma facilidad con que se gana y que una a una las personas somos casi inofensivas, pero en grupo no.

El caso es que precisamente en ese momento, cuando había conseguido el dinero y la posición por los que llevaba años peleando, me invadió un sentimiento de inutilidad, la sensación de que ya había hecho todo lo que tenía que hacer, de que lo que me quedaba por vivir no era exactamente la vida sino las sobras de la vida, una especie de prórroga insípida, o quizá la sensación era que, más que insípida o mala o prorrogada, la vida que llevaba era un error, una vida prestada, como si en algún momento hubiera tomado un desvío equivocado o como si todo aquello fuera un pequeño pero espantoso malentendido.

Un abogado no es un representante de la ley sino un intermediario entre la ley y el delincuente. Esto nos convierte en tipos equívocos, de moral dudosa: nos pasamos la vida tratando como ladrones, asesinos y psicópatas y, como los seres humanos funcionamos por ósmosis, lo normal es que acabemos contaminados por la moral de ladrones, asesinos y psicópatas.

Esa era la contradicción esencial que me saltó a la vista aquella tarde: El Zarco quería y no quería seguir siendo el Zarco, quería y no quería cargar con su leyenda, con su mito y con su apodo, quería ser una persona y no un personaje y al mismo tiempo quería seguir siendo además de una persona, un personaje.

Pero uno no escribe los libros que quiere, sino los que puede  o los que encuentra, y el libro que yo he encontrado es ese y no es ese.

Digamos que soy un pesimista preventivo: siempre espero lo peor. Por eso disfruto más de lo mejor. O eso creo.

Empecé a decirme que una buena mentira no es una mentira pura, exenta, que una mentira pura es una mentira inverosímil, que, para que sea verosímil, una mentira tiene que construirse en parte con verdades.

 A mí me parece que la primera impresión es la única que cuenta; todo lo demás son añadidos que no alteran en nada lo esencial.

Si uno no entiende que hay cosas más importantes que la verdad no entiende lo importante que es la verdad.

Tere sonrió con los ojos, pero no con los labios.

Joder, lo mejor que me ha pasado en la vida me ha pasado por un malentendido, porque me gustó un libro horrible y porque pensé que un villano era un héroe.


+Sobre el autor:

Javier Cercas


(Ibahernando, 1962) es profesor de literatura española en la Universidad de Gerona. Ha publicado seis novelas: El móvil, El inquilino, El vientre de la ballena, Soldados de Salamina, La velocidad de la luz y Anatomía de un instante. Su obra consta también de un ensayo, La obra literaria de Gonzalo Suárez, y de tres volúmenes de carácter misceláneo: Una buena temporada,Relatos reales y La verdad de Agamenón. Sus libros han sido traducidos a más de treinta idiomas y han recibido numerosos premios nacionales e internacionales, dos de ellos al conjunto de su obra: el Premio Internazionale del Salone del Libro di Torino, en Italia, y el Prix Ulysse en Francia.






martes, 30 de diciembre de 2014

Enfrentando la pesadilla de la realidad: “Los ejércitos” de Evelio Rosero

Antes de comenzar a escribir sobre las gratas impresiones que me dejó la novela mencionada, quisiera resaltar algo. No hubiese sido posible llegar  a la obra de este autor de no  ser por la edición peruana número 14 de la revista Buensalvaje, que lo puso en portada además de entrevistarlo. Eso es lo más valioso que puede brindar una revista de literatura: dar a conocer obras literarias que de otra forma pasarían injustamente desapercibidas.  Es por ello encomiable la función de Buensalvaje en dicho sentido (sin olvidar, los textos de ficción y no ficción con los que viene cargado cada número), y que me hace esperar cada dos meses con ansias la nueva edición.

¿En qué momento se jodió el Perú? , se preguntaba Zavalita en Conversación en la Catedral . Y aunque la pregunta podría aplicarse de igual forma al humilde pueblo de San José donde transcurren los hechos de “Los ejércitos”, una mejor interrogante sería, ¿en qué momento va a dejar de joderse San José? .Porque “Los ejércitos” trata acerca de la tragedia colectiva de un pueblo, asolado por una violencia sin rostro específico. El miedo que se va propagando como una peste a todos los vecinos de esta apacible sociedad provinciana, donde todos parecen conocerse entre sí.

 Una tragedia a la que asistimos a través de los ojos de Ismael Pasos, un viejo profesor retirado que a sus más de 70 años decide seguir viviendo lo que le resta de tiempo en su pueblo al lado de Otilia, su compañera por más de 40 años. Ismael, al comienzo de la novela se da maña para espiar a su vecina Geraldina de cuerpo escultural, discutir con su mujer en diálogos que lindan con lo humorístico, recordar momentos gratos del pasado como el momento en que conoce a Otilia y  a sus antiguos alumnos que ahora ya son incluso autoridades del pueblo. Pero en la narración de recuerdos va apareciendo esa sombra trágica que parece perseguir su existencia y la de sus vecinos. Una sombra que en vez de extinguirse, parece extenderse hasta el presente agrandando sus trágicos efectos. Y es ahí donde la pluma de Evelio Rosero sale a relucir con toda su potencia.

La violencia que azota el pueblo es irracional y arbitraria. Se escuchan explosiones y llantos por doquier, provenientes de todos lados y de ningún lugar en específico. Nadie se salva de perder algo. A un ser querido, el honor, la dignidad, la valentía. Es la desolación y la devastación lo único que parececonstante a lo largo de toda la novela, además de la terquedad de Ismael. Pues terco, decide quedarse en su pueblo al ver cómo este es maltratado por una maldición que parece ensañarse con ellos, en una obstinación que lejos de ser fastidiosa para el lector, termina conmoviendo. Pues en esa decisión de quedarse se encuentra principalmente la búsqueda de Otilia, que buscándolo a él termina por desaparecer también. La segunda mitad del libro aborda esa búsqueda desesperada. Lo único que parece mantenerlo vivo, pues ya todo lo demás se torna confuso, como si por momentos dejara de estar en la realidad y viviera entre las sombras de la imaginación y el olvido de lo concreto.

Y son estas imágenes de las desapariciones por los secuestros que realizan las fuerzas paramilitares, los guerrilleros, las fuerza nacionales (nunca se conoce con certeza quienes son los culpables, en un rol que parecen rotarse en cada pasaje), los que configuran la esencia de la novela que es la desaparición de la paz de un pueblo, del candor y la alegría de individuos a los que se va asesinando poco a poco, arrebatándoles su tranquilidad y su libertad. Y más que nada la desaparición final del principal elemento: la gente, ya sea huyendo o muriendo a manos de ese poder infernal que se ensaña con ellos (llega un momento en que los asesinos, actúan demencialmente, ya se han quedado olvidados los motivos por los que luchan, esta deshumanización es un retrato espléndido de la decadencia humana).

Rosero, además de contarnos una buena historia, lo hace con un gran talento para crear las atmósferas precisas, haciendo posible que un lector como yo que ha pasado los veintidós años de su vida en esta gris ciudad, se sienta como respirando y observando ese ambiente de provincia tan distinto al caos urbano, de forma tan vívida que por ratos uno olvida que está leyendo una ficción y pareciese que se estuviese recordando algo.  Además, es posible reconocer a nuestros conocidos o a nosotros mismos en cada uno de los personajes que conforman “Los ejércitos”, haciéndonos preguntar cómo actuaríamos en una situación similar o cuánto hemos perdido de la capacidad de solidarizarnos con una situación similar.


Parábola también de un problema concreto como es la violencia que ha asolado Colombia por muchos años, que si bien ha sido tocado en muchas ocasiones en la literatura reciente, aquí es tratada desde la perspectiva de los individuos que la sufren y las consecuencias irreparables de una guerra. La guerra como elemento nocivo en sí mismo, pues no importa por lo que se esté peleando (nunca se menciona en que época sucede ni las causas), al final las víctimas no son las que la propician sino quienes son más vulnerables, en este caso, los vecinos de San José. Hay, pienso, obvias influencias de la literatura de Juan Rulfo (El llano en llamas) y Gabriel García Márquez (Crónica de una muerte anunciada), pero aquí yace un estilo propio, que se alimenta de sus maestros para dar a luz una voz narrativa original, con descripciones que causan el mismo impacto de la mejor poesíay una salida inteligente a los clichés y la posible banalización de la literatura de la violencia latinoamericana. Evelio Rosero es un autor colombiano al que no hay que perderle la pista.



+Algunas frases:

“(…) pero él la seguía y no demoraba en retomar, involuntariamente, sin entenderlo, el otro juego esencial, el paroxismo que lo hacía idéntico a mí, a pesar de su niñez, el juego del pánico, el incipiente pero subyugante deseo de mirarla sin que ella supiera, acechándola con delectación: ella entera un rostro de perfil, los ojos como absueltos, embebidos en quién sabe qué sueños, después las pantorrillas, las redondas rodillas, las piernas enteras, únicamente sus muslos, y, si había suerte, más allá, a lo profundo.”

“De pronto descubría que como un torbellino de agua turbia, repleto de quién sabe qué fuerzas –pensaría ella-, en su interior, mis ojos sufriendo atisbaban fugazmente hacia abajo, al centro entreabierto, su otra boca a punto de su voz más íntimas: “Pues mírame”, gritaba su otra boca, y lo gritaba a pesar de mi vejez, o, más aún, por mi vejez, “mírame, si te atreves.””

“El silencio también se ve, como el suspiro. Es amarillo, se desliza por los poros de la piel igual que la niebla, sube por la ventana.”

“(…) como que la gente  se olvida de la temible suerte que es cualquier desaparición, y hasta de la posible muerte del que desapareció. Es que de todo la gente se olvida, señor, y en especial los jóvenes, que no tiene memoria ni siquiera para recordar el día de hoy; por eso son casi felices.”

“Me hierve la rodilla por dentro. Ah, Dios –me suspiro yo mismo-, sigo aquí simplemente porque no he sido capaz de matarme.”

“… y decía las cosas de verdad, con la verdad que sólo da la desesperación, como las dice el que sabe que va a morir, ¿para qué mentir?, el hombre que miente a la hora de morir no es un hombre.”

“Otilia no vino, seguirá durmiendo, soñará que duermo a su lado, y ya es mediodía, como para no creerlo, ¿a qué horas pasó el tiempo? Pasó igual, pasó, igual que siempre.”

“Ahora veo, alrededor, rostros de pronto desconocidos –aunque se trate de conocidos- que intercambian miradas de espanto, se apretujan sin saberlo, es un clamor levísimo que parece brotar remoto, desde los pechos, alguien murmura: mierda, volvieron.”

“Solamente los perros y los cerdos que husmean entre las piedras, los gallinazos aleteando sobre la rama de los árboles, los eternamente indiferentes pájaros parecen los únicos en no darse cuenta de esta muerte viva.”

“Es extraordinario: parecemos sitiados por un ejército invisible y por eso mismo más eficaz.”

“-Es este país-dijo, relamiéndose el escaso bigote-, si uno pasa lista, presidente por presidente, todos la han cagado.”

“…el grupo se pierde corriendo a la vuelta de una esquina, escucho las primeras gotas de lluvia, gordas, aisladas, caer como grandes flores arrugadas que estallan en el polvo: el diluvio, Señor, el diluvio, pero cesan de inmediato y yo mismo me digo Dios no está de acuerdo…”

“…se alejan a grandes zancadas, con la madre detrás, las manos agitándose, la voz desquiciada. “Les falta matar a Dios” dice con un chillido. “Díganos dónde se esconde madrecita” le responden.”





+Sobre el autor:



Evelio Rosero nació en Bogotá, Colombia, en 1958. Cursó estudios de comunicación social en la Universidad Externado de Colombia. En 2006 obtuvo en Colombia el Premio Nacional de Literatura, otorgado por el Ministerio de Cultura, pero fue en 2007, con su novela Los ejércitos, ganadora del II Premio Tusquets Editores de Novela, cuando Evelio Rosero alcanzó resonancia internacional, pues se ha traducido a doce idiomas y se ha alzado con el prestigio so Independent Foreign Fiction Prize (2009) en Reino Unido y el ALOA Prize (2011) en Dinamarca. Tras recuperar en 2009 su novela Los almuerzos(«la confirmación del talento del autor», La Vanguardia), se publicó La carroza de Bolívar, recibida como su obra más ambiciosa y desmitificadora: «Una demostración del talento verbalmente mágico de Rosero, que aquí llega a su punto culminante» (J.J. Armas Mar celo, ABC Cultural) y En el lejero (Tusquets México)

+Entrevista en Buensalvaje: Aquí

domingo, 28 de diciembre de 2014

Una historia de fantasmas: "Los ingrávidos" de Valeria Luiselli

Hay pájaros que sueñan que son pájaros
y se despiertan ángeles. Hay sueños
de los que dos fantasmas se despiertan
a la virginidad de nuestros cuerpos.
Gilberto Owen

No pocas veces me han preguntado. ¿Por qué esa necesidad de escribir,de crear historias? Cuando era más joven, me quedaba en silencio. No era que no supiera qué responder. Se acumulaban diversas respuestas en mi mente, pero no sabía cómo canalizarlas en una sola respuesta contundente para satisfacer la interrogante de mi interlocutor. Frustrado por ello, esbozaba una falsa sonrisa e intentaba cambiar de tema. Mas ahora, luego de la lectura de este libro, la primera novela de Valeria Luiselli (Ciudad de México, 1983), tendré una respuesta a la mano: Porque me gusta esa sensación de ser un fantasma. Un fantasma que se encuentra en el limbo entre la realidad y la ficción. En estado de permanente transición. Yendo y viniendo, nunca estático. Que se nutre de la experiencia y la imaginación para crear otras vidas. Eso. Crear otras vidas.Vencer los límites del tiempo y el cuerpo a través de la literatura. Una forma de libertad en la que cada uno forma y deforma un mundo creado a su manera.Observarlo todo desde afuera. La capacidad de desvanecerse y disfrutar de la soledad cuando uno lo requiere. Y también la de aparecer y aferrarse a aquello que nos hace vivir. Pero como dice mi título, a mi parecer esta es una historia de fantasmas y es de eso que quiero escribir.

Los fantasmas del pasado.

La historia comienza con una escritora intentando escribir. Esta escritora tiene dos hijos, uno mediano  y una bebé. También un esposo. Tres presencias gravitando a su alrededor. La atosigan. Interfieren con su proceso creativo. Entran y salen del mundo que está creando. Y ella empieza a recordar. A recordar cuando era joven. Cuando nadie dependía de ella. Cuando disfrutaba de su soledad. En su memoria los recuerdos amplifican dichas sensaciones. Viaja a través de ellos a una etapa tal vez más fecunda, menos restrictiva. Nadie requiriendo de su atención materna o conyugal.  Capaz de interesarse en otras vidas que le resulten tan extrañas como la de Gilberto Owen. Gilberto Owen, un poeta mexicano de comienzos del siglo veinte. Un poeta que también nos cuenta sus recuerdos. Recuerdos que oscilan entre lo humorístico y lo frustrante. Imágenes de una posible amistad con Federico García Lorca. De visiones de Ezra Pound. Pero todos estos recuerdos están muertos. Tan sólo reviven si sus dueños los invocan. Dependen de ellos para vivir fugazmente. Para ser fantasmas.

Los fantasmas de la soledad.

 La joven escritora y traductora se siente sola. Gilberto Owen se siente solo. Nadie puede entender su tragedia. Pues una tragedia personal, por su misma denominación no la pueden comprender más que uno mismo. Por más que lo afirmen con la mayor seguridad, ninguna persona puede aliviar la carga por completo o ayudar a sobrellevarla en todo caso. La carga de un matrimonio frustrado. De una sexualidad no satisfecha. De una obra no gratificante. Nadie. Debemos aprender a convivir con ello. La vida es un aprendizaje sobre como convivir con nuestras tragedias personales.

Los fantasmas de la memoria.

Los recuerdos aparecen y desaparecen. Líneas arriba dije, que aparecen cuando sus dueños los invocan, pero a veces no. Aparecen en los momentos menos oportunos. La visión de una familia feliz, puede hacer aparecer los recuerdos de una mísera infancia. El encuentro amistoso con una ex esposa puede evocar una discusión infernal de hace muchos años. La escritora recordando a su versión más joven cada vez que la frustra el presente. Gilberto Owen evocando tiempos mejores en una New York antes de la crisis del 29. Como un evento telúrico, la memoria sale a flote sin que haya un aviso previo que nos prepare para las consecuencias de dicha aparición. Se desestabiliza el presente. El pasado resucitando para deformar el presente. Las únicas víctimas: nosotros.

Los fantasmas de los escritores.

¿Es posible escribir una obra totalmente original? ¿ Cuánto de los fantasmas de nuestros autores favoritos se cuelan entre las líneas de nuestra escritura? La lucha por salir de su sombra es constante. Salir de su estela para crear una propia. No ser versiones ridículas de Roberto Bolaño. Copias falsas de Gabriel García Márquez. Imitadores baratos de Jorge Luis Borges. Y sin embargo, cuanto los necesitamos. Nutrirnos de ellos. Leerlos. Acariciar su obra, para infundirle vida a la nuestra. Transitar entre nuestras lecturas y escrituras sin confundirnos y perder la razón en el camino.

Los fantasmas del miedo.

Pasamos nuestra vida entera luchando contra nuestros miedos. Los demonios que nos atormentan incansablemente. Ahí, gritándonos que existen. Que no nos van a abandonar. Que se regocijan con nuestro fracaso al tratar de evadirlos. Que son inherentes a nosotros. Y sin embargo qué vivos nos hacen sentir esos miedos. La muestra de que somos humanos, vulnerables e indefensos. Imperfectos. Sí, imperfectos. La escritora, con miedo de no ser capaz de sostener su familia y perseguir sus ambiciones literarias. Gilberto Owen, tomando alcohol para combatir el miedo de perder a sus hijos. Lucha constante para que los problemas no les ganen la partida. Golpe a golpe. La vida que se siente en ese acto constante de dar y recibirlos.

Los fantasmas de los amores pasados

Momentos antes de morir, ¿nos acordaremos de todas aquellas que amamos y/o nos amaron? ¿De todas las personas con las que establecimos un vínculo? Incluso no con las que simplemente nos acostamos, sino con las que hicieron que el acto valiera la pena. Gestos y palabras que marcaron aquellas relaciones. Actos que definieran nuestra existencia en un momento determinado de nuestras vidas. ¿O es que la memoria filtrará estos amores? ¿Cuántos de ellos perdurarán como fantasmas a nuestro alrededor? ¿ Hay forma de salvarlos a todos? ¿Vale la pena?

Los fantasmas de la felicidad

Hay personas que se pasan la vida entera buscando un periodo de felicidad con fecha de inicio y de caducidad conocidos. Toda su atención enfocada en ello. En lograrlo y salvarse. Salvarse de una vida que se percibe llena de tedio y frustración. De constante agonía y asquerosa resignación. En mi opinión, son personas que van a tener el mismo éxito que los cruzados en su búsqueda del Santo Grial. La felicidad me evoca la figura de un fantasma. Que aparece y desaparece.  Sobre la que no tendremos control pero sí la certeza de que su aparición será para marcarnos. Felicidad como la de encontrar una autora como Valeria Luiselli y leer su novela “Los ingrávidos”.


+Algunas frases:

“A veces tenemos la impresión de ser como dos Gullivers paranoicos, caminando eternamente de puntillas para no despertar a nadie, para no pisotear nada importante y frágil.”

“Las novelas son de largo aliento. Eso quieren los novelistas. Nadie sabe exactamente lo que significa pero todos dicen: largo aliento. Yo tengo una bebé y un niño mediano. No me dejan respirar. Todo lo que escribo es –tiene que ser- de corto aliento. Poco aire.”

“Yo procuro emular a mis fantasmas, escribir como ellos hablaban, no hacer ruido, contar nuestra fantasmagoría.”

“Pues lástima. ¿Ya oíste, Minni?, tenemos el honor de trabajar con la única latinoamericana que no fue amiga de Bolaño. ¿Quién es ése, chief?, preguntó Minni, que nunca se enteraba de nada. Es el escritor chileno muerto con más amigos vivos.”

“A la hora de las acusaciones el cuchillazo definitivo es la higiene moral propia.”

“Y el dolor, un dolor más parecido a un destello de luz, un destello que deja una estela, que deja una huella y que se esfuma tan incompresiblemente como vuelve a llegar.”

“Dejar una vida. Dinamitar todo. No, no todo: dinamitar el metro cuadrado que uno ocupaba entre la gente. Más bien: dejar sillas vacías en las mesas que se compartían con las amistades, no a modo de la metáfora, sino en verdad, dejar una silla, volverse un hueco para los amigos, permitir que el círculo de silencio en torno a uno se ensanche y se llene de especulaciones. Lo que pocos entienden es que uno deja una vida para empezar otra.”

“En “Las mil y una noches” la narradora hilvana una serie de relatos para posponer el día de su muerte. Tal vez un mecanismo semejante pero inverso le sirva a esta historia, a esta muerte. La narradora descubre que mientras hilvana un relato, el tejido de su realidad inmediata se desgasta y quiebra. La fibra de la ficción empieza a modificar la realidad y no viceversa, como debiera ser. Ninguna de las dos cosas es sacrificable. El único remedio, la única manera de salvar todos los planos los planos de la historia es cerrar una cortina y alzar otra: bajar una persiana para poder desabrocharse la blusa: desescribir una historia en un archivo y urdir una trama distinta en otro.”

“Dar el criollazo: dejar a tu marido en la cima de tus treinta para dedicarte a los maridos de las otras. Dar el criollazo: dejar a tu mujer, en la puerta de tus cincuenta, para dedicarte a las que no tienen maridos.”

“Por supuesto hay muchas muertes a lo largo de una vida. La mayoría de las personas no se dan cuenta. Creen que se mueren una vez y ya. Pero basta con poner un poco de atención para darse cuenta de que uno va y se muere a cada rato.”

“Las tragedias personales, como la ceguera paulatina y fatal, se imponen a nosotros como las cataratas a los ojos de agua en donde caen.”

“Supongo que así es la enfermedad, un relevo de uno mismo por uno mismo –el fantasma de uno mismo-.”

“El problema con los criollos, y hasta en mayor grado con las criollas, es que están convencidos de que merecen una mejor vida de la que tienen. La mente criolla está convencida de que bajo la corteza del cráneo porta un diamante que alguien tendría que descubrir, pulir y poner en un cojín rojo, para que los demás se admiren, se pasmen, se den cuenta de lo que siempre se habían perdido.”

“Supongo que la diferencia entre ser joven y ser viejo radica en el grado de frivolidad con el que nos relacionamos con la muerte. De joven, era tal mi desprecio por la vida que me iba provocando muertes cada vez más opulentas. Lo jodido es que ahora, que preferiría estar vivo nomás, me he provocado una muerte lenta, humillante y aburrida.”

“El español es una lengua que se presta para la criticonería y por eso somos malos críticos y buenos enemigos de nuestros amigos.”

“Ya en el vagón, recuesto la cabeza sobre el asiento y me tiento los párpados cerrados a ver si siguen ahí mis ojos. Ahí están, llenos de agua, con el recuerdo de mis hijos como efigies heridas.”

“Yo me escondo y los demás me tienen que encontrar. A veces pasan horas. Me encierro en el clóset y escribo párrafos larguísimos sobre otra, una vida que es mía pero no es mía.”

“La gente se muere, deja irresponsablemente un fantasma de sí mismo por ahí y luego siguen viviendo, original y fantasma, cada uno por su cuenta.”

“Si te dedicas a escribir novelas, te dedicas a doblar el tiempo. // Creo que más bien se trata de congelar el tiempo sin detener el movimiento de las cosas, un poco como cuando uno va subido en un tren, viendo por la ventana.”

“Los finales amorosos nunca son épicos. Nadie se muere, nadie desaparece de veras, nada termina de terminar nunca. Pero yo si me muero y la gente si desaparece.”

+Sobre la autora:

VALERIA LUISELLI es autora del libro de ensayos Papeles falsos (Sexto Piso, 2010) y de la novela Los ingrávidos (Sexto Piso, 2011), que han sido traducidos a múltiples idiomas y aclamados internaionalmente. Ha colaborado en publicaciones como The New York Times, Granta, McSweeney’s y Letras Libres. Ha sido libretista para el New York City Ballet, y colabora regularmente con galerías de arte, como la Serpentine Gallery en Londres y la Colección Jumex en México. Vive en Nueva York. 

Vea una entrevista: Valeria Luiselli: "Todos morimos de algún modo muchas veces"

Para leer las primeras páginas del libro: Aquí









miércoles, 8 de octubre de 2014

Primavera 0

"El Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi), informó que la primavera, que comienza este lunes 22 de setiembre, tendrá en su inicio, un tiempo inestable en la ciudad de Lima."
(La República,20 de setiembre del 2014)


Durante los últimos meses sólo pensaba en canalizar mi furia en un texto sobre las posibilidades de la victoria de Castañeda. "Vamos, haz algo, escribe sobre la indignación que sientes, ese desaliento que te invade cada vez que ves una encuesta en El Comercio". Cavilaba sobre esos párrafos precisos que tendría que aparecer en ese post que llevara a sus lectores a cambiar su posible voto "solidario", aquel que revolucionara las conciencias y sea infalible ante cualquier argumento surgido de algún espontáneo "opinólogo" de las redes sociales. Pero me sentaba, colocaba las manos sobre el teclado, miraba el espacio en blanco que llenaba la pantalla de mi ordenador y simplemente, nada se materializaba.

Leía las publicaciones de muchos de mis amigos y conocidos en Facebook y Twitter. Algunos a favor de Susana, uno que otro a favor de Heresi, por ahí mi prima siendo fiel a su filiación aprista de toda la vida. Si había alguna discusión era más sobre la figura de la actual alcaldesa. Varios escritores, pintores, dramaturgos y actores de teatro también expresaban su opinión, que podía diferir en muchas cosas, pero en lo esencial, defendían la actual gestión o por lo menos la valoraban. Entonces, ¿dónde estaba ese público lector al que tendría que ir dirigido mi hipotético post?


La respuesta me llegó por partes.


                                                                                  I

El mes pasado, mi rutina diaria se vio afectada por la puesta en marcha del Sistema Integrado del Transporte en el corredor Tacna-Arequipa. Para alguien que estudia y trabaja en Miraflores y que recorre en sus días libres las calles del Centro Histórico buscando respuestas existenciales (y libros, que es más o menos lo mismo para mí), esto significaba un cambio drástico de costumbres: levantarme más temprano, hacer cola,caminar unas cuadras de más (algo más de diez si voy de Arequipa a la Brasil de regreso a casa por la noche), ir parado, etc. Decidí aceptarlo, con la firme de convicción de que era un avance. Hace algunos meses, una amiga había regresado de Buenos Aires diciendo "Allí en la Argentina, la gente hace su cola en los paraderos..de no creerlo" y yo simplemente atiné a decirle que en Lima, la gente sólo hace cola para castigarse comprando entradas para un partido de Eliminatorias Mundialistas. Pero ahora estaba pasando.

A los dos días de inaugurado el nuevo corredor, luego del sinfín de reportajes que habían salido en los medios sobre el tema, decidí ir desde el paradero inicial en Armendáriz, hasta la Av. Uruguay cerca del Centro Cívico. Ni leer a Cortázar pudo evitar que escuchara esto:

"Esto es una tontería, ahora me tengo que levantar más temprano para hacer cola por estos buses que van repletos, ya no puedo tomar el micro que me llevaba de frente, que me cobraba un sol veinte, pero a veces volaba cuando hacía carrera. Menos mal que esto es gratis sino, ni me subía. Qué estupidez es esta, la ha cagado. Ojalá vuelva mi micro y ahora peor, nadie votar por esa alcaldesa que cree que la gente no tiene que ir a su trabajo".

Lo decía una mujer de más o menos treinta años, que viajaba con una amiga que le cargaba su mochila aprovechando que iba sentada. Su trayecto habrá durado unas veinte cuadras. Tenía ganas de decirle que esto era un avance, un impulso para mejorar civicamente, una reforma intangible...pero ya se había puesto a discutir sobre otros temas.


                                                                                   II

A las dos semanas de dicho evento, me quedé un rato por la universidad luego de la cancelación de una clase por la tarde. Estábamos hablando con un amigo de fútbol (o discutiendo mejor dicho), cuando irrumpió una chica que ambos conocíamos de la facultad. La saludamos y se coló en la conversación, por lo que tuvimos que cambiarla a una referente a clases en común. Ya estaba cayendo en el tedio, cuando le pregunté a mi amigo:

- ¿Oye, por quién votas? No me digas que por el Mudo jajaja
-Nada que ver, primero voto por el del helicóptero, jaja. Estoy entre Susana y Cornejo, aunque no me convencen.
-No sé, el bigotón es aprista. Yo sí por la tía...¿y tú? ¿también crees que la Susana si quiera pase el 20%?
-¿Quién es Susana?
-Jajajaja
-Jaja, en serio chicos, ¿Quién es Susana?
-Ya no jodas, ¿es en serio?
-Sí, es en serio.


Una de las chicas más destacadas de su promoción académicamente hablando. Para mis amigos, también de las más simpáticas.





Ok, aquí había algo.


Había estado viviendo en una burbuja en la que me sentía cómodo, dónde mi opinión era compartida por mis más allegados. Sentía que éticamente estaba en lo correcto, mi moral era irrefutable y que llegado el momento, podía salir airoso en una discusión con un votante de Castañeda. Sólo que nunca iba a encontrar a éstos en mis círculos cercanos.

Era de la minoría. Y otra vez, como el 2011, mi muro de Facebook no era una muestra representativa del Perú y por más que publicara un texto ilustrativo de muchas líneas, no iba a cambiar las cosas.Esa es la desazón que me impedía escribir. Ello y el desinterés de muchos por ir más allá de sus problemas individuales inmediatos y si quiera tener una curiosidad sobre qué diantres estaba ocurriendo en las noticias. Su desinterés en la sociedad de la que ellos forman parte.


Y no, no era un problema de esta elección, era algo más profundo y que se había enraizado en la mentalidad de una gran parte de nuestra población. Sentir que ya con los problemas que cargaba uno era suficiente en esta vida, como para andar preocupándose por la de toda una ciudad o un país entero.


Roba pero hace obras.Todo está podrido. La política apesta.

¿Sí? ¿No? ¿nos estamos condenando a sobrevivir bajo la sombra de la desesperanza como seres abúlicos incapaces de combatir lo que creemos incorrecto?

No.

No mientras aún se pueda hacer algo.



(Continúa en el siguiente post)

sábado, 16 de agosto de 2014

La vida breve: "Bónsai" de Alejandro Zambra


"El dolor se talla y se detalla"
Gonzalo Millán

"Seres imperfectos viviendo en un mundo imperfecto, estamos condenados a encontrar solo migajas de felicidad"

Julio Ramón Ribeyro


La semana pasada, en medio de una de las semanas más ocupadas de mi vida, me prometí no leer nada de literatura. No leer novelas, cuentos o poemas y concentrarme en mi examen comprensivo de Microeconomía, vital para egresar. Eso, sacar mi cuaderno en el micro camino al trabajo y repasar la teoría. Pero no, tenía que cargar "No leer" de Alejandro Zambra  e intentar de forma infructuosa engañarme al pensar "esta será una lectura sólo en casos extremos". Pues, el caso extremo llegó en medio del caótico tráfico limeño de las seis de la tarde y el interés que podía darme repasar por segunda vez el efecto sustitución a lo Slutsky se había diluido por completo. Hurgué en mi mochila y encontré la hermosa edición de Alpha Decay que había comprado en el verano con mis últimos ahorros de lo ganado en el curso del BCR. Lo abrí al azar y me topé con "Borrador", pagínas 26 y 27:

"Hace ya algunos años mi amigo Andrés Anwandter me dijo que el asunto de la página en blanco le parecía absurdo. Para mí la página está siempre enteramente escrita: lo que yo hago es borrar en la página negra, dijo, medio inspirado por las cervezas. Desde entonces pienso que escribir es sacar y no agregar. Escritor es el que borra. Es también lo que observa Julio Ramón Ribeyro en este fragmento de La tentación del fracaso :"Una novela no es como una flor que crece sino como un ciprés que se talla. Ella no debe adquirir su forma a partir de un núcleo, de una semilla, por adición o floración, sino a partir de un volumen herbóreo, por corte y sustracción". Cortar, podar: encontrar una forma que ya estaba allí"

Era una señal. Ni bien saliera del trabajo aquel viernes, no importaría lo cansado que estuviese por haber tenido que madrugar para un examen de tres horas a las siete de la mañana, buscaría un sitio cómodo para comenzar a leer Bónsai, una de mis adquisiciones más valiosas de la última Feria del Libro. (Aquí hago una pausa: No voy a negar que el precio de la novela pueda intimidar a cualquier lector, pero les aseguro que aquí no hay gasto, sino que hay una inversión garantizada).

Página 13, primera línea del primer capítulo:

"Al final ella muere y él se queda solo, aunque en realidad se había quedado solo varios años antes de la muerte de ella."

¿Díganme si una novela que comienza así no los desestabiliza?

En sus poco más de noventa páginas, nos enteraremos de las vidas de Julio y Emilia. O bueno, de lo que el narrador decide contarnos sobre la vida de ellos.Dos jóvenes chilenos que están empezando a conocer la libertad,el despertar sexual,la inseguridad y la angustia de la transición a la adultez. Estudiantes que leen y fuman marihuana juntos. Se conocen casi por accidente,descubren que tienen cosas en común y se enamoran. Lo que en teoría es una idea simple y muy gastada se torna en un vehículo para un proyecto mayor que es de cuestionarnos, ¿Que es realmente enamorarse? ¿ Es compartirlo todo? ¿ Se nutre de la verdad o de la calculada omisión de ésta en algunos casos?

Porque esto va más allá de una historia de amor. Acá somos testigos del fracaso de éste y la constante búsqueda de que no sea así. Ni bien se conocen, afirman haber leído a Proust,una mentira de la que ya no pueden escapar. Una condena que se adhiere a ellos, siendo imposible salir de ese foso al que caen si poder ayudarse. Y ésta es una idea que continúa en los hechos que suceden después, no por la mentira, sino porque a pesar de la complicidad en diversos aspectos que surge por el acto de compartir sus experiencias y sentimientos, no son capaces de sostener su relación y esta termina por diluirse. ¿ De qué están hechas las relaciones sólidas? ¿ Qué se necesita para mantenerlas? ¿ Cuánto de lo que se comparte es real y cuánto ficción?



Y siguiendo con el tema de la imposibilidad de mantener una relación verdadera, sería preciso hablar sobre los dos o tres personajes que juegan un rol en las historias de Julio y Emilia. Estos son amigos o conocidos que entran y salen de sus vidas en diversos momentos, pero que los marcan. Es imposible entender la vida de los protagonistas sin las personas que intervienen en ella, ya sea para bien o para mal. Funcionan como elementos en los que personajes vislumbran aspectos con los cuales identificarse o exploran las consecuencias de acciones que ellos mismos no se arriesgaron a tomar. ¿Cómo decidimos otorgarle protagonismo a alguien en nuestras vidas? ¿ En qué medida nos afecta cortar un vínculo para el cual no se pensó un horizonte fijo? ¿Qué tanto de nosotros se explica a través de las personas que nos rodean?

Podríamos seguir hablando sobre la crítica de Zambra a ciertos clichés asociados a la literatura, a la función de contar historias, la imposibilidad de conseguir la felicidad, entre otras cosas, pero esta una novela corta( en extensión no en genialidad) y seguir escribiendo sobre ella podría mermar en el goce de que usted pueda hacerlo a su manera. Por la fascinante capacidad de abrir espacio a múltiples temas y cuestionamientos afirmo que  Bónsai es una novela que demuestra que lo más importante de la  literatura no es llenar páginas con textos estrambóticos de difícil acceso o realizar ejercicios inútiles de erudición, sino que es partir de la vida para crear ficciones que nos ayuden a comprender la misma, siendo este un viaje donde la belleza sea capaz de reflejarse en una prosa que puede parecer sencilla pero que en la poderosa carga emocional de algunas frases, sea capaz  de golpearnos y hacernos reflexionar con preguntas que no sean fáciles de responder. Si quieren conocer lo mejor que se está escribiendo a nivel latinoamericano en la actualidad, los libros de Alejandro Zambra son el mejor punto de partida.


Antes que me olvide: si aún no ha descubierto un significado del título de la novela que vaya más allá de su extensión en páginas, aquí le dejo lo que escribe en su texto "Árboles cerrados" en referencia a la creación de ésta novela:


"En todo caso el árbol continúa/
Su absurdo crecimiento en los alambres/
Incluso si su forma se detiene/
Un árbol es un golpe de raíces/
Que rompen las costuras del bolsillo/
incluso si sus ramas se detienen/
Y hacen la figura sospechosa/
Del tiempo acomodado en su maceta/
El árbol continúa en los alambres/
Creciendo como un árbol crecería"

+Algunas frases:

"Éste es un problema de los chilenos jóvenes, somos demasiados jóvenes para hacer el amor, y en Chile si no haces el amor sólo puedes culear o culiar, pero a mí no me agradaría culiar o culear contigo,preferiría que folláramos, como en España"

"Cuando Julio se enamoró de Emilia toda diversión y todo sufrimiento previos a la diversión y al sufrimiento que le deparaba Emilia pasaron a ser simples remedos de la diversión y el sufrimiento verdaderos"

"Emilia intervino, conciliadora y comprensiva. ¿ Qué sentido tiene estar con alguien si no te va a cambiar la vida? Eso dijo, y Julio que estaba presente cuando lo dijo: que la vida sólo tenía sentido si encontrabas a alguien que te la cambiara, que destruyera tu vida."

"¿Sabes por qué al ron con cocacola lo llaman cuba libre?
No, respondió Emilia, un poco cansada y con muchas ganas de que la fiesta terminara.
¿De verdad no lo sabes?Es como obvio: El ron es Cuba y la cocacola los Estados Unidos, la libertad. ¿Cachái?
Yo me sabía otra historia.
¿Cuál historia?
Me la sabía, pero se me olvidó"

"Cuidar un bonsái es como escribir, piensa Julio. Escribir es como cuida un bonsái, piensa Julio"




+Sobre el autor:


Alejandro Zambra (Santiago de Chile, 1975) ha publicado, en Anagrama, las novelas Bonsái (2006), La vida privada de los árboles(2007) y Formas de volver a casa (2011), todas traducidas a más de diez idiomas, y el libro de cuentos Mis documentos. Ha recibido, en su país, el Premio de la Crítica (2007), el Premio Altazor (2012), el Premio del Consejo Nacional del libro a la mejor novela del año (2007 y 2012), además del English Pen Award, por la edición inglesa de Formas de volver a casa, y el Premio Príncipe Claus, en Holanda, por el conjunto de su obra. Estudió en la Universidad de Chile y es profesor en la Universidad Diego Portales




+Otras comentarios:



«Juego irónico y trascendencia metafísica: el mundo es para el autor una permanente aspiración a la felicidad sin posibilidad de logro... Suele decirse de un libro que merece la pena su lectura, pocas veces, como en este caso, se disfrutará aún más su relectura» (Arturo García Ramos, ABC)

«Bonsái cumple uno de los requisitos de la novela breve: la búsqueda de la perfección. Una novela que es, asimismo, sumamente, eficazmente, ambigua.. Curiosa y atractiva novela» (J.A. Masoliver Ródenas, La Vanguardia).

«Una obra originalísima, llena de inolvidables chispazos de humor,.... En Chile también hay quienes escriben novelas perfectas: breves como un suspiro y contundentes como un mazazo» (Juan Manuel Vial, El Capital).

«La historia impacta con un mínimo de elementos: una pareja de estudiantes de literatura, un matrimonio en descomposición y un escritor chileno» (Álvaro Matus, REVISTA DE LIBROS, EL MERCURIO).

«Es literatura de la mejor clase, una obra de extraña madurez que hace de la brevedad una de sus mayores virtudes, por lo mucho que se puede decir y sobre todo sugerir en tan pocas páginas» (Rodrigo Pinto, EL MERCURIO).

«Una construcción literaria de primer orden... Una novela grandiosa e intachable no tiene por qué ser un intrincado mamotreto de kilo y medio... Bonsái es una pieza exquisitamente articulada... un objeto inclasificable de inusual belleza... una de las dos o tres mejores novelas chilenas de los últimos tiempos» (David Lacalle, LAS ÚLTIMAS NOTICIAS).

«Una arquitectura liliputiense, mínima y perfecta... las pequeñas piezas encajan en la pequeña historia que es demasiado grande y se hace metáfora que es una manera prodigiosa de jugar que tiene el lenguaje» (Antonio Garrido, CUADERNOS DEL SUR).

«Zambra escribe desde lo alto, como los grandes. Utiliza mira telescópica en vez de pluma. Publica Bonsái, su primera mini novela. Una llave maestra del amor... Zambra hace lo contrario de escribirlo todo. Pinta acrósticos en línea recta. Es el poema de email, haikus. Va una vuelta por delante. Es un gran escritor, de pocas palabras. Te deja aterido. Con ganas de compartir un café y unas lágrimas» (César Casal González, LA VOZ DE GALICIA).

«Zambra ha tenido la valentía de enfrentarse con la estética de la clase media, de hablar de esos que ni siquiera callan, que esperan y pasan» (Rafael Gumucio).

«Un libro oscuro que sabe iluminar» (Hugo Forno, ROLLING STONE)
+Entrevista:



+Bonus: