"These days there’s so much paper to fill, or digital paper to fill, that whoever writes the first few things gets cut and pasted. Whoever gets their opinion in first has all that power". Thom Yorke

"Leer es cubrirse la cara, pensé. Leer es cubrirse la cara. Y escribir es mostrarla." Alejandro Zambra

"Ser joven no significa sólo tener pocos años, sino sentir más de la cuenta, sentir tanto que crees que vas a explotar."Alberto Fuguet

"Para impresionar a las chicas de los 70 tuve que leer a Freud, Althusser, Gramsci, Neruda y Carpentier antes de llegar a los 18. Para seducir a las chicas de los 70 me hice especialista en Borges, Tolstoi, Nietzsche y Mircea Elíade sin haber cumplido los 21. Menos mal que ninguna me hizo caso porque entonces hoy sería un ignorante". Fernando Iwasaki


miércoles, 4 de mayo de 2022

[Reseña] ‘El mundo en vilo. La ilusión tras la Gran Guerra’

'Un aleteo al fin de la guerra¨

Turner, 2020. 288 pp.



El ‘efecto mariposa’ es un término que se popularizó a raíz de una película de inicios de este siglo. Sin embargo, la idea ha inspirado, desde mucho antes, a autores como Ray Bradbury y hasta un episodio de los Simpsons. Incluso, esta idea fue llevada a inspirar a científicos, como sucedió con los múltiples pronósticos del tiempo del meteorólogo Edward Lorenz al intentar diseñar un modelo certero de predicción de fenómenos climáticos en 1961[1]. Cambios numéricos que –aunque diminutos y casi imperceptibles– podían tener efectos monumentales y ser capaces de provocar una sensación generalizada de caos debido a la a falta de predictibilidad. Este concepto de sistemas inestables que bien podría aplicar a lo que expone el libro de Daniel Schonpflug, quien, partiendo de datos históricos, recrea la indefensión generalizada en distintas partes del Hemisferio Norte tras el fin de la Primera Guerra Mundial.

¿Es posible aprehender toda la devastación emocional que involucra  la posguerra? ¿Qué supone la vida tras sobrevivir la batalla? Schonpflug brinda un retrato del fin de la primera confrontación a gran escala de la mayoría de los países europeos y el acelerado posicionamiento de los Estados Unidos como potencia mundial a través de retazos biográficos de distintos personajes de dicha época: de Harry Truman a Virginia Woolf, pasando por Gandhi, Lawrence de Arabia, el príncipe Guillermo de Prusia, Terence McSwiney y otros menos conocidos, pero de participación significativa, como Soghomon Thelirian o Marina Yurlova.

‘El mundo en vilo’ es un libro que apela a la narración de las vidas de dichos personajes durante años que siguieron al cese de las armas a fines de 1918. Schonpflug combina datos históricos con la exploración del mundo interior de sus protagonistas frente a estos hechos, ya sea mediante la revisión de las notas de sus diarios o una nutrida serie de libros biográficos[2], con el propósito de ilustrar ese estado de aturdimiento que cundió por los países europeos y las sociedades colonizadas por estos. Un estado de optimismo forzado (y finalmente erosionado) tras un furor de violencia que hizo que millones de hombres se enfrentaran a la muerte por la ambición de sus líderes. ¿Se podía aspirar a un momento de paz y calma en 1919?¿El hombre sería ya consciente de lo que podía provocar la falta de entendimiento y conciliación?

“’Eran años locos’: así resume Grosz la posguerra en Berlín. Tras la guerra, parecía como si todas las ataduras hubieran desaparecido. ‘Una oleada de vicio de pornografía y prostitución recorría el país entero. Todos decían ‘Je m’en fous, por fin ha llegado el momento de divertirse un poco’. En realidad, los tiempos son agotadores y nada divertidos’. Lo único que parece animado es la espuma multicolor de la vida nocturna y el arte, al menos superficialmente. Por debajo hambre destrucción y violencia’.” (pág. 155)

Veinte años es la distancia temporal entre las dos Guerras Mundiales. ¿Por qué tan poco tiempo? Hay muchos factores implicados, pero ‘El mundo en vilo’ se centra en el inicio de este lapso, con la fragilidad de los acuerdos de paz, la humillación a los vencidos y el desorden político de los vencedores. ¿Para qué sirvió el triunfo? ¿Hubo mayor bienestar? ¿Qué futuro se vislumbraba? Hay dos fragmentos del libro que ilustran una posible respuesta a dichas cavilaciones:

 

'Flamingo' (1917) de Curt Hermann



“(…) parece como si en la pintura se desvaneciese la esperanza de una victoria gloriosa y también la belle époque, anunciando el crepúsculo del Viejo Mundo, de las viejas élites y su época de esplendor. La muerte de una criatura bella simboliza, más allá de su contexto histórico concreto, el fracaso de algo magnífico, algo bello pero demasiado frágil para resistir a la cruda realidad. Ese fue el destino que la primavera y el verano de 1919 reservaba a las quimeras de tantos”. (pág. 176)

 

Finalmente, una de las mayores virtudes de ‘El mundo en vilo’ es la mención de los efectos de la guerra europea en las sociedades de la India, Siria, Arabia o Vietnam. El fuego de los anhelos de independencia que empezó a encenderse y no se ha extinguido hasta nuestros días. La interdependencia global es uno de los mayores símbolos de la modernidad, donde los aleteos de una mariposa en cualquier lugar del mundo provoca tempestades al otro lado del orbe. El actual conflicto de Ucrania y Rusia es un ejemplo más. ‘Los recuerdos, gracias a Dios, no pueden fotografiarse’, se cita hacia el final, y tal vez esté ahí la clave para que la humanidad siga aprendiendo, entre tanto sacudón violento, a convivir algún día en paz. A descifrar la subjetividad tras los hechos.



[2] Véase la Bibliografía del libro. Págs. 277-286

lunes, 21 de febrero de 2022

[Reseña] "Silencio administrativo" de Sara Mesa

 Una historia de horror

“Silencio administrativo. La pobreza en el laberinto burocrático” de Sara Mesa

Anagrama, 2019. 122 pp.

Toda historia de pobreza es una historia de horror. Una caracterizada por la incertidumbre persistente de si se logrará llegar al final del día con al menos un plato de comida, un sorbo de agua limpia o un lugar para el aseo. En la olla del pobre todo es condimento, como dijo João Guimarães Rosa. Un infierno sin escape que se habita a diario y por la cual, quien lo padece se convierte en objeto de juicio. Conlleva la condena social, el rechazo y la fobia. Una conjunción de miedos (¿a ser uno de ellos?) en su contra que se aúnan en actitudes agresivas (insultos, pedidos de expulsión, violencia física), o pasivas y silenciosas, igual o más peligrosas al tomar como único rumbo la indiferencia, disfrazada bajo caridad. Las personas pobres reciben una negación de la justicia por ser consideradas responsables de su propia situación. La deshumanización se convierte en la única vía para evitar la incomodidad que supone tomar conciencia de que, en efecto, la pobreza existe.


Sara Mesa (Madrid, 1976) escribe la historia de Carmen y su relación con Beatriz, con quien, tras cruzarse varias veces, realiza un acto extraordinario para la sociedad en la que vive: se fija en ella. Ya no es solo un escollo a evitar en la calle, o la causa para acelerar el paso tras darle unas monedas. Es una persona: con historias, con emociones, con necesidades. Tiene un nombre. Es alguien que requiere ayuda y espera. Espera y espera. ¿Qué espera? ¿En qué nivel y condiciones? Beatriz empieza a actuar. Se involucra en la desesperante situación de Carmen, la escucha y la acompaña. No como una salvadora ni para aliviar su propia culpa, sino para intentar que Carmen salga del pozo al que la han empujado una serie de trabas y desidia social. Un pozo cuya profundidad aumenta con la infinita burocracia de los programas sociales destinados a ayudarla. Un pozo del que la misma Beatriz no está libre.

Si hay un elemento que vertebra el laberinto burocrático al cual se refiere la autora en el subtítulo es la desconfianza. La presunción inicial es de culpabilidad y la solución institucionalizada para ello es la demostración constante de lo contrario. Validar que alguien es confiable mediante papeleo: documentos, constancias, autorizaciones, recibos, avales. Una constante búsqueda de que la palabra de uno sea considerada cierta por los demás. Pero, ¿cuáles son los límites de esta exigencia? ¿Qué efectos puede causar?

“(…) ¿cómo es posible exigir a quien vive en la calle, sin recursos de comunicación- teléfono, internet- ni de transporte, que haga su peregrinaje a través de oficinas, ventanillas y colas como si nada”. (pág. 50)

Como bien se señala, un problema neurálgico es la indefensión de las personas empobrecidas ante la exigencia de precisión documentaria sin un acceso adecuado a la información. A estas personas –sumidas en su propios laberintos­– se les exige recorrer otro más, para chocar con la indiferencia de funcionarios con una agotada capacidad para la empatía. Además, son personas que, en la mayoría de casos, están formadas en un sistema diseñado para rechazar al solicitante, proteger el estatus quo y evitar que quienes conforman el sector más precario de la sociedad adquieran un rostro o una voz propia.  

La autora, asimismo, le da énfasis a cómo el género resulta ser un factor determinante para la experiencia de la pobreza. La misma estructura socioeconómica es la que que lleva a muchas mujeres a ocuparse en exclusiva de la familia y el hogar o a trabajar en puestos escasamente remunerados y/o sin contratos. Esto deviene en su incapacidad para generar ingresos considerables por cuenta propia y en la dependencia económica plena de su cónyuge.

Una ruptura sentimental o la muerte de los padres, por ejemplo, puede conducir a una mujer joven directamente a la pobreza más absoluta. Muchas se agarran a la supuesta protección que le ofrecen otros hombres, se prostituyen o son extorsionadas (pág. 46)

A ello se suman las situaciones de acoso –como las que sufre Carmen– que se presentan a diario en las residencias de personas indigentes. Mesa trasciende la frialdad de las cifras y recoge los testimonios que reflejan esta vulnerabilidad y su influencia en la historia de vida de cada persona. Con cada testimonio, Mesa elude el paternalismo habitual en este tipo de textos, así como su condescendencia deshumanizante. Ella emprende, ante todo, una batalla por la dignidad, reflejada en el acto de escritura. Y es que la elección del lenguaje es otro elemento clave en esta historia. Con este texto, Mesa denuncia la impenetrabilidad de la documentación de asistencia social, escrita en forma críptica e inaccesible. A ello, Mesa contrapone la estructura y tono del libro, con el fin de demoler la concepción de la pobreza como una serie de números que suben y bajan. A través de una mirada profundamente humanizante, el texto nos muestra un retrato de Carmen que dista del melodrama periodístico:

“Carmen muestra una gran dignidad cuando relata su vida, no cae jamás en el victimismo, es capaz incluso de reírse, con un oscuro y franco sentido del humor. Es agradecida , pero nunca carga las tintas. Frases como “qué buena eres” o “¿qué haría yo si ti?”  jamás salen de su boca. Da las gracias porque es educada, pero lo hace siempre con discreción, en términos de igualdad”. (pág.  41)

¿Qué queda cuando se ha perdido, aparentemente todo? ¿Acaso no es la historia propia aquello que no nos puede ser arrebatado? Sara Mesa denuncia la aporofobia de las instituciones llamadas a resolver la pobreza. En la recuperación de la historia de Carmen, Mesa escribe lo ilegible para las estadísticas oficiales. Recoge lo que conforma a una persona cuando todo lo demás se ha socavado, que no es –ni jamás podría remitirse a– una cifra. Allí están los gestos, sus aficiones y vicios, tan reales como los de las personas que conforman ese elefantiásico laberinto que Carmen y otros tantos tienen que recorrer a diario.

Ese laberinto que, como Mesa advierte, no es anónimo. Tiene nombres y apellidos al frente: autoridades y funcionarios que alimentan el infierno de la pobreza con lo que hacen o dejan de hacer cuando se olvidan de su vocación de servicio.  Que mueven los engranajes de una maquinaria orientada a señalar el error, maximizar la falla y encontrar aquel detalle que le dé la razón de desconfiar de las personas que requieren la ayuda. De lograr que la desesperanza prevalezca entre estas como sentido común. Si bien la historia de Carmen se sitúa en Andalucía, España, es posible extrapolar y maximizar lo que el libro denuncia aplica a cualquier región latinoamericana, con instituciones más endebles y Estados con menor presencia. Con oligopolios obsesionados con precarizar más a sus trabajadores, una distribución económica cada vez más desigual y demandas de justicia social que no hacen más que crecer año tras año, por más que el culto a las cifras deseen minimizarlas. En este contexto de precarización normalizada, cualquier escenario alternativo se vuelve utópico, y cualquier intento de solución cae en una postergación indefinida:  ¿Renta básica universal? ¿Impuestos a quienes más ganan? “No, para después” se suele decir. Que va a tomar años. Muchos años con muchos días en los que mucha gente como Carmen se despertarán con un mismo fin: sobrevivir.

La lectura de este libro confirma el logro de su propósito: estamos frente a una crónica cuya perspectiva, no exenta de subjetividad, aborda una realidad social que casi nunca es el centro del debate político. Una crónica que fastidia e interpela, sobre todo si uno se dedica a la gestión pública –como quien escribe–, y se encuentra, en teoría, llamado a contrarrestar esta realidad. Una realidad insoslayable la cual no se resolverá invisibilizándola mediante juicios preconcebidos o la sola atención a sus síntomas a distancia, en silencio cómplice. En un  perverso y diabólico silencio administrativo que, con su libro, Mesa, quiebra. Y, como lectores, nos encontramos llamados a oir.

 

(Este texto se publicó en la revista "El hablador")


martes, 19 de octubre de 2021

[Reseña] “Troyano” de Alex Vella Gera

 


Colmillo Blanco, 2021. 256 pp.

¿A qué velocidad se erosiona un mundo? En la novela de Alex Vella Gera (Malta, 1973) se esbozan respuestas a dicha interrogante producidas por el miedo a los cambios sociales y familiares, y los distintos efectos perniciosos. Entre estos, una inmediata sensación de desilusión por no poder detenerlos hasta un estilo de vida conservador que el fanatismo clerical exacerba y sustenta en una de las armas más poderosas del hombre: la idea del pecado.


A Ġanni Muscat, el protagonista,  la vejez lo halla en circunstancias relativamente estables: escribiendo quejas al diario local, una esposa y la seguridad de una fidelidad inamovible,  el interés de universitarios por la única novela que publicó hace décadas y un hijo que parece restablecido por las drogas. Sin embargo, el atropello de un gato y los sucesos extraños que seguirán a este hecho revivirán una serie de emociones que parecían ya oxidadas. Esto, no sólo desestabilizará su conciencia sino que permitirá revelar circunstancias del pasado que permiten  hurgar en la formación de las culpas en el microcosmos de Muscat sin que alguna se explique.

“Sus ideas eran anticuadas, ideas de alguien que no supo andar con los tiempos, de quien se oxidó, reaccionario, con un aire patético, pasado de moda. Pero el hecho era que cuánta más la gente lo veía así, o cuanto más imaginaba que lo veían así, más sentía que se fortalecía, como una voz en el desierto ante la aproximación del día postrero”.  (pág.11)

El cómo se llega a una postura conservadora es un proceso que ha causado interés en los últimos tiempos debido a la creciente existencia de agrupaciones sociales con esta ideología. La mayoría, surgen amparadas en circunstancias de precariedad socioeconómica que generan en sus miembros adhesiones recalcitrantes. ¿Qué le queda al hombre más que su fe y su patria?, parece preguntarse Ġanni. ¿No son acaso lugares seguros frente a los proyectos no concluidos, los anhelos no logrados, a la sensación de incomprensión por parte del resto de la sociedad? Desde su visión, es mucho más digerible vivir anclado en un pasado idealizado que enfrentarse a la modernidad de los tiempos que corren y le son más inciertos.

“Estaba rodeado de esta infección que contagiaba a todos. Una sociedad enferma. Una epidemia. Todos infectados. Se olía en el aire, al salir, al encender la tele; ese olor a putrefacción espiritual, a fe mutilada”.  (pág. 13)

Vella Gera funde esta frustración en el miedo de Muscat por la revelación de aquello que puede contradecir lo que pregona, la debilidad de su lugar en el ideario de quienes lo rodean y revivir esa sensación de abandono, de desierto que tanto lo ha agobiado en el pasado:

“El miedo al futuro lo había llevado a cometer el pecado del hombre débil. Nada malo, al fin y al cabo el hombre no es más que un hombre, nada más”. (pág. 177)

Otro de los logros de la novela es el retrato de aquellos personajes que conocen o han conocido de cerca a Muscat y permiten ahondar en los temores de este mediante el contraste de personalidades, con diálogos que revelan un hastío por estas posturas conservadoras con una visión arcaica de la nacionalidad, como el siguiente:

“¿Y tú te crees que la pornografía es el mayor problema que tenemos? El problema de la gente como tú es que se lo toman todo tan en serio y ven tanto peligro por doquier que acaban fijándose más en las cosas que en las personas que condenan. Y luego una amenaza de verdad ni la ven, como la contaminación del medioambiente, la caza, el neoliberalismo desenfrenado…”. (pág. 94)

Es en la frase anterior donde se encuentra una de las claves de la novela y la historia de Muscat: el fijarse en sí mismo. Es la gravedad del pecado percibido lo que acelera su frustración, su inutilidad, su culpa. Es la sensación de traicionarse a sí mismo y a sus creencias lo que determina las decisiones de los personajes en la novela. Esto se manifiesta, sobre todo, en la esposa del protagonista, quien es sometida a una vida condenada a la justificación continua de purga y castigo, con concesiones inexplicables para quienes la rodean. Ellos, también hombres de letras, en apariencia son más sensibles a las emociones humanas, pero cargan también con los vicios más terrenales:

“(…) ¿para qué sirve leer libros, quedarse tan tranquilo leyendo en la cama hasta que te lleve el sueño, heredero del espejismo de que leer tenga alguna ventaja, cuando nunca en la vida has hecho algo realmente útil para la humanidad?” (pág. 28)

“(…) la vida de un escritor es mísera. Escribes para sacar lo que llevas dentro pero, una vez terminado, descubres que sigues igual. Lo que llevas dentro sigue allí y la escritura no es sino un reflejo mediocre de todo esto”. (pág. 52)

Las mejores páginas se dan hacia la segunda mitad del libro, cuando los personajes, contrariados por las circunstancias y los refugios internos que han erigido para protegerse, vacilan entre seguir obcecados o revelar sus secretos. Ellos se tornan cada vez más claustrofóbicos en la sociedad insular de Malta, donde se desenvuelven. Sobre todo Muscat, que si bien resultaría insoportable en la vida real, no irrita al lector. Este, al verse inmerso en un mundo de agobio, siente compasión, por tramos, sobre todo cuando uno se topa con la sensación de no estar libre de un juicio a sí mismo.

“Ganni llevaba mucho tiempo luchando para sobrevivir, de ahí el fundamentalismo, de ahí su cabeza dura que juzgaba y condenaba a todos. Porque, a fin de cuentas, lo que Ganni tenía en la cabeza era la condena de sí mismo, el juicio de sí mismo, algo que no pudo revelar porque tuvo miedo, porque admitirlo lo habría hecho pedazos tras todos estos años, sobre todo porque sabía que su mundo estaba construido en el barro y que todo se iba a derrumbar apenas admitiera que había vivido una mentira”.(pág. 189)

“Troyano” es una novela donde la esperanza ha sido erosionada y sólo queda el consuelo de restablecer los instantes previos a esa destrucción. De reanimar, como en la primera escena, los años de gloria y esplendor mediante el recuerdo y su barniz nostálgico. Es el alivio del recuerdo, frente a un presente de desolación, un pasado idealizado, un paliativo para sobrevivir al derrumbe.

           

(Texto publicado en El Hablador)

 

 

martes, 3 de agosto de 2021

Reseña: “La diáspora” de Horacio Castellanos Moya


Literatura Random House, 2018. 160 pp. S/.69


Ya quisiera uno escribir una primera novela con el ímpetu y soltura que exhibe Horacio Castellanos Moya (Tegucigalpa, 1957) en “La diáspora”, publicada originalmente en 1989. Vaya manera de irrumpir en la ficción narrativa con un libro que, en una época tan álgida como fueron los ochenta, aborda y critica de manera aguda las desilusiones de una generación que creía de forma inquebrantable en el poder de la Revolución al punto de arriesgar la vida por ella. Escribir una parodia de la derecha lo hace todo el mundo. Lo arriesgado es hacer una de la izquierda desde la misma izquierda, denostando la mercantilización de sus causas en un negocio que reclama un aura de ética intachable que no merece muchas veces. Y más difícil aún, hacer esta diatriba con una maestría que mostrará también en libros posteriores como “Insensatez” (2004) o Moronga (2018), confirmando que cada texto suyo es una pieza más de un proyecto narrativo coherente como pocos a nivel mundial, para no acotar su alcance solo a nivel hispanoamericano donde compartiría espacio con titanes de la talla de Piglia y Bolaño.

Uno de los más gratos hallazgos de este libro es corroborar que las principales preocupaciones temáticas y emocionales de Castellanos Moya ya se encontraban aquí, comenzando por el cuestionamiento de las convicciones ideológicas. Los personajes de esta novela se encuentran a la deriva, apartados y marginados en el DF, alejados del campo de acción, pero sobre todo de una causa que les brinde la sensación de pertenecer a un colectivo que le dé sentido a sus nimias vidas. Tanto Juan Carlos y el Turco reniegan del Partido, el colectivo al que consagraron su vida por muchos años y que desvió su rumbo al punto de desvirtuar su accionar debido a las ambiciones de sus dirigentes y la pugna por el control que terminaría causando al asesinato de la comandante Ana María y el aparente suicidio del comandante Marcial, máximas figuras de las guerrillas salvadoreñas. La sensación de orfandad y desamparo terminará por convencerlos de que la única salida posible es romper con sus ideales e intentar descifrar que hay más allá de la lucha política, en un territorio ajeno, lidiando con la única herencia que les legó su participación en el conflicto además de la pobreza: la paranoia.



Si algo hermana a la mayoría de los personajes de la novela (y de la narrativa de Castellanos Moya) es la constante sensación de paranoia y desconfianza hacia todo aquel que quiera acercarse. Siempre estar en guardia y relacionarse lo menos posible con alguien desconocido, es la marca con la que deambulan por la vida tanto los dos personajes mencionados, como Quique, el exguerrillero ansioso por regresar a combatir con un rifle en las manos. El temor de ser emboscado y traicionado es la secuela más duradera no solo de un conflicto sino del rompimiento con una ideología, viendo en cada rostro a un potencial enemigo, en contraste con aquellos denominados “burgueses” que no padecen ello y hasta tienen empleos y familias. Aquí la semilla de violencia impregnada en cada uno no explota como en “El arma y el hombre” o “La sirvienta y el luchador”, pero sí se trasluce de manera más sutil al momento de concebir las relaciones posibles con sus antiguos camaradas o sus potenciales conquistas sexuales, además de que puede ser una buena manera de adaptarse a la urbe capitalista: “Si San Salvador le resultaba grande y extraña, la ciudad de México le produjo escalofríos, las calles enormes repletas de autos y buses. Pero las costumbres del peligro crean un poderoso instinto de sobrevivencia.” (pág. 81) 

Y aunque los personajes mencionados son los protagonistas de la novela, Castellanos Moya dedica algunas páginas a otro que se lleva todas las palmas: Jorge Kraus. Este periodista que evoca a esa inolvidable y tenebrosa voz de “Insensatez”, es una suma de arribismo y aprovechamiento ramplón capaz de causar escozor en el lector debido a que su ambigüedad y capacidad camaleónica provocan que su toxicidad corrosiva pase desapercibida frente a los demás. Castellanos Moya muestra esta frialdad extrema para seguir trepando en líneas como las siguientes:


"Kraus barajeaba las diversas alternativas para la escritura del libro, los argumentos a los que recurriría para convencer a las FPL y a los sandinistas de que un libro de esa naturaleza ayudaría en gran medida al proceso revolucionario salvadoreño. Se regocijaba por las tremendas posibilidades editoriales que se le abrirían: escribiría un verdadero best seller, que le produciría fama y dinero. De inmediato tendría ofertas de traducciones, adelantos por la escritura de nuevas obras. Porque su idea para la estructuración del libro le parecía sencillamente genial: lo elaboraría con la técnica de la novela policíaca, pero con puros hechos reales. Algo semejante a "A sangre fría" de Truman Capote o a "Recuerdo de la muerte" de su compatriota Miguel Bonasso. Sólo que el libro de Kraus superaría a éstos por una razón esencial: los sucesos que abordaría constituían una tragedia universal, digna de un clásico griego o de una obra dostoievskana." (Pág, 118)

Este símbolo de la capitalización individual de una tragedia social es la principal crítica a cierto sector de la izquierda que si bien aparece en otros pasajes, adquiere una dimensión mucho más peligrosa en figuras como la de Kraus en el capítulo seis de la tercera parte de este libro, dándose incluso maña para concebir una metodología capaz de moldear y replicar la escritura de una tragedia, al punto de desvirtuar los hechos con tal de acomodarse a un fin al que se busca justificar de cualquier forma antes que ver cuestionada su veracidad. La sensación de sentirse superior moralmente termina siendo el aceite de un turbio y pérfido engranaje que se vislumbra hasta el día de hoy, refugio de tantos abusos y atropellos sociales. Escrituras de libros que edulcoran y aprovechan el morbo de los conflictos armados, ¿dónde hemos visto eso antes?


Castellanos Moya vislumbró hace treinta años cómo el tópico de la violencia iba a convertirse en un modelo exótico para armar y desarmar de manera descafeinada en gran parte de la literatura latinoamericana posterior, llena de clichés y personajes acartonados, y se arrojó a escribir esta novela tan potente y vigente. En una época donde las principales apuestas literarias parecen ser las reediciones de libros inhallables, “La diáspora” terminar erigiéndose como uno de los más valiosos rescates.

(Texto publicado en la web de la revista "El hablador")


[Reseña] "Open" de Andrés Agassi

Duomo, 480 pp.

Propongo lo siguiente: leer las memorias de personajes famosos cuatro a cinco años después de su publicación. Uno se despeja del ruido mediático del lanzamiento y la morbosa curiosidad para apreciar con calma su calidad literaria. Y vaya que la hay en las páginas de este libro publicado originalmente el 2009. Pocas veces uno se topa con un texto que esté a la altura de los vaivenes biográficos de un deportista que marcó un antes y un después en su campo.

No creo que haya un símbolo tan claro de la acelerada obsolescencia de nuestros cuerpos y su funcionalidad laboral como la vida de los deportistas profesionales. Conminados a mostrar sus dotes desde temprana edad y a responder con rápida madurez al nivel de presión demoníaco con el que conviven, cualquier tropiezo puede devenir en la oscuridad del olvido. Y la exigencia no cesa en ningún momento, solo se acentúa mientras se acorta el camino al Parnaso deportivo, con cada vez más gente dependiendo de uno, desde el público tan ávido de adorar a un nuevo dios atlético hasta los patrocinadores de los que se depende para concentrarse exclusivamente en mejorar sin agobiarse por el dinero. Un nanosegundo puede ser clave para el devenir de toda una carrera y eso lo saben más que nadie los tenistas, sobre todo Andre Agassi (Las Vegas, 1970) cuya carrera fue tan irregular como espectacular.

Si había un tenista que acaparaba las páginas deportivas de fines del siglo pasado e inicios del este, ese era él. Si bien fue una época de feroz competencia, ninguno de sus colegas llevó a este deporte a un posicionamiento en medios tal como lo hizo el chico “Viva las Vegas”. Estilo inconfundible, relaciones con estrellas del firmamento de Hollywood y una actitud que escapaba a los parámetros comunes en el deporte blanco, Agassi era un meteoro que no dejaba indiferente a nadie. Para la prensa y el público era una estrella de rock, el distinto, el rebelde. Nada más alejado de sus deseos como lo revelan estas páginas.

Agassi posa junto a su familia. Créditos: El Confidencial.

El mayor peligro de este tipo de textos por encargo es el deseo de mostrarse como un ejemplo de superación y centrarse en brindar una moraleja. Aquí no. Aquí se reniega del tenis desde la primera línea. Ser un dotado para el deporte supone una condena a la que es imposible escapar sin herir a alguien en el camino. Solo hay una vida posible: jugar. Jugar y jugar hasta la extenuación, venciendo, aplastando a los demás para poder destacar y ser visible. Peor cuando es en el mismísimo hogar donde se juega para existir, subyugado a la mirada del padre, una figura omnipotente de cuyos deseos se desprenden los hilos que manejarán su vida.

La primera mitad del libro hace hincapié en la sensación de orfandad en la que Agassi se ve sumido por su sombra constante y agresiva, una máquina a la que solo se satisface ganando puntos. Año tras año, Agassi atacaría la ausencia de cariño paternal extrapolando su figura en los diversos amigos que irá consiguiendo, quienes serían clave para los distintos altibajos que supondría sus carreras.

J.R. Moehringer, el premio Pulitzer elegido por Agassi para llevar a cabo esta empresa, optó por narrar su vida en tiempo presente, confiriéndole a la lectura una sensación permanente de suspenso y expectativa frente a lo que implicará cada decisión a su protagonista, cada experiencia por la que pase. Desde las humillaciones juveniles en la academia en la que pasó su adolescencia hasta la ruptura de su relación con la mega estrella, Brooke Shields.

Pero “Open” es una biografía deportiva, y si hay algo que destaca por encima de los conflictos familiares y amorosos es la recreación de la tensión de cada partido, de cada punto que está en juego y del que depende saborear las mieles de éxito o asomarse a una derrota implacable. Cada partido narrado provoca buscar en la web su video correspondiente y disfrutar de cómo ha sido abordado por Moehringer, que supo mostrar la grandeza del norteamericano en el deporte, no como un niño prodigio de carrera incólume sino como un titán que podía pasar de una ominosa racha de eliminaciones en las rondas iniciales de torneos de ínfimo nivel a obtener ocho Grand Slams que lo convirtieron en una leyenda atípica, para lo que contrasta su figura con una galería de personajes, como Peter Sampras o Boris Becker, de forma humorística y feroz en varios pasajes geniales, a tal punto que se le perdona su propaganda filantrópica o el soso misticismo de su viaje para conocer a Mandela.

¿Qué rebelión queda ya? ¿Qué nuevo pecado puedo cometer para demostrarle al mundo que no soy feliz y que quiero volver a casa? Nadie lee las memorias de alguien que te quiere contar lo feliz que ha sido siempre, sino las de alguien que ha pasado por trances tan míseros que permitan, al menos de ese modo, a su ídolo. Y que esté muy bien narrado, claro. Ace.

(Texto publicado en la web "Página en Blanco")

domingo, 13 de junio de 2021

Reseña: "La cucaracha" de Ian McEwan

 Anagrama, 2020. 128 pp.


¿Y si la falta de humanidad mostrada por gran parte de la clase política actual se debiera a que en realidad son cucarachas? Cucarachas que de un día para otro despertaron convertidas en la especie más peligrosa y dañina de este planeta: seres humanos. Ian McEwan (Reino Unido, 1948), uno de los más destacados novelistas en lengua inglesa muestra en “La cucaracha” su historia más divertida y ácida, denostando página a página a la élite gubernamental más ominosa de Occidente.

Jim Sams, un ser inteligente pero de ningún modo profundo, se  nota convertido, de la noche a la mañana,  en el primer ministro del Reino Unido. La huida de la noche anterior por las calles londinenses culmina con este inexplicable acontecimiento. Sin tiempo para cuestionar esta peculiar resaca, que incluye nuevo cuerpo y funciones vitales, tiene que adaptarse rápido por las mil actividades pendientes que tiene que atender como líder de la otrora todopoderosa potencia mundial. El reversionismo, una teoría socioeconómica risible, está ganando cada vez más adeptos a pesar del grado de ridiculez de sus propuestas y dependerá de Sams que se concrete su aplicación y propagación por el resto del mundo, así que mucho tiempo para explorar su nueva condición de homo sapiens sapiens no tiene, forzado a decidir rápido la estrategia que va a tomar mientras se topa en el camino con  un rival político entre sus filas, un accidente diplomático con Francia y la sorpresiva garantía de tener como aliados a más de su especie devenidos en ministros o presidentes.

“Las cosas se estaban encarrillando bien. En tiempos difíciles como aquellos, el país necesitaba un enemigo encarnizado. Los periódicos patriotas elogiaron al primer ministro por enfrentarse con determinación a los franceses y hablar claro en nombre de “nuestros muchachos caídos”” (pág. 74)

Su historial lidiando con alcantarillas y suciedad lo ayuda en esta nueva etapa al punto  de convencer a la sociedad inglesa con menos reparos de los que imaginaba. Haber vivido tanto tiempo entre la oscuridad lo ha preparado para sobrevivir a tantas amenazas, por lo que la política, más allá de las dificultades iniciales, no le supone un grado mayor de dificultad, cuando descubre la mayor arma en tiempos de redes sociales y sobreinformación: la mentira mediante la fabricación de noticias. ¿Qué es la dignidad de un enemigo frente a la posibilidad de reconstruir un imperio?

La propuesta de subvertir la premisa de la más conocida obra de Kafka puede leerse como un gesto que supera lo lúdico al plantear que lo más vil de nosotros, a cien años después de la pesadilla del checo, se ha normalizado, camuflado entre el libertinaje de expresión y los chauvinismos exacerbados en tiempos de crisis. A quienes más propugnan mensajes de odio y polarización los convertimos en gobernantes, líderes encumbrados bajo la promesa de defender los valores de antaño , a modo de refugio frente a la percepción del prójimo como potencial enemigo y amenaza, en un camino que sólo puede culminar en el más absoluto delirio. McEwan captó todo ello y en vez de insistir con un ensayo furioso sobre los problemas contemporáneos como los que publican mucho de sus colegas (llenos de lugares comunes la mayoría), optó por escribir algo más liviano pero más plausible: una sátira para nuestros días.


(Texto publicado en la web de "El hablador")

jueves, 3 de junio de 2021

[Entrevista] Farid Kahhat: “Los beneficios de la apertura económica han sido mayores en la costa que en el resto del país”

Desde que se publicó hace unos meses, justo cuando comenzaba el fragor de la primera vuelta electoral y en el pico de la segunda ola de la pandemia de la Covid 19, “Pandemias, dragones y muertos vivientes” (Planeta, 2021) de Farid Kahhat y Gabriela Camacho se ha vuelto un faro de análisis político para distintos fenómenos que concentran la atención social, desde la gestión política de una crisis de proporciones apocalípticas hasta los líos en los que se involucran los seleccionados de un país, destinados en el imaginario a unirlos. Por ello, entrevistamos a ambos autores, presentando aquí la primera entrega con Farid Kahhat.

1.- ¿En qué medida hacemos nuestra propia historia con base en nuestro libre arbitrio, por oposición a la medida en la que la hacemos influidos por las circunstancias legadas por el pasado?” es una de las preguntas con las que inicia el libro, y la cual calza perfecta con el contexto electoral actual, lleno de miedos generados por fantasmas del pasado, muchas veces imaginarios, incluso. ¿Que las campañas se hayan enfocado en ello y no en una visión a futuro habla de un miedo a lo que vendrá? ¿Es una sensación de conformidad derivada de este miedo lo que hace inviable una mirada mucho más optimista?

Creo que la respuesta a ambas preguntas es “sí”. Que, por ejemplo, haya gente que, siendo consciente de todos los crímenes del fujimorismo, crea que votar por su candidata es la única opción posible sugiere que los motiva un miedo raigal frente a lo que consideran una amenaza comunista. Y aunque creo que hay razones válidas para temer la candidatura de Castillo, esa no es una de ellas: se trata de un equívoco que se repite hace casi un siglo, desde el APRA a partir de los años 30 hasta Sagasti en 2021, pasando por Belaúnde en los años 60, parte de nuestras élites ha vivido atemorizada por fantasmas de su propia creación, a los que asocian en forma invariable con el comunismo (aunque no haya mayor fundamento para ello).  

2.- Se afirma que el fútbol puede ser visto como una forma de religiosidad secular, capaz de proveer cohesión social y dotar de una identidad social, y no recuerdo unos años en los que esto haya sido tan evidente como cuando clasificamos al Mundial o quedamos segundos en la Copa América, con una sensación de fraternidad que ni la conmemoración del Bicentenario ha generado.  Pero también es un espejo de nuestras taras, como cuando tenemos que organizarnos a nivel de clubes y participar en copas internacionales con resultados paupérrimos. ¿Cuál es tu lectura de que a pesar de haber tenido logros destacables, no se haya avanzado nada a nivel de gestión más allá que sea un lugar común pedirlo? ¿Por qué los gobiernos peruanos no han sido capaces de generar una política nacional realmente efectiva de fomento del deporte con el capital político que esto podría haberles generado?

El caso del fútbol profesional no es como el de cualquier otro deporte, dado que en él la máxima autoridad no es el gobierno peruano sino una entidad internacional: la FIFA. Cuando el gobierno peruano cuestionó el mandato del entonces presidente de la Federación Peruana de Fútbol (FPF), Manuel Burga, la FIFA sugirió la posibilidad de suspender la participación de la selección peruana de las competiciones internacionales que organiza, lo cual bastó para que el gobierno retrocediera. A su vez, la FPF reproduce a nivel local las taras de la propia FIFA (las cuales conocimos a través de sus problemas legales).

En cuanto a los equipos de fútbol profesional, se decía que, en lugar de clubes sociales, debían ser empresas privadas para ser más eficientes. Pero descubrimos que, si se trata de empresas en las que un individuo es el propietario indiscutido del equipo en lugar de, por ejemplo, tratarse de una entidad que cotiza en bolsa (y que, por ende, debe presentar reportes sobre su desempeño a sus accionistas), la privatización no hace necesariamente una gran diferencia.  

3.- Al mencionar las ideas de Cappa y Niembro sobre el fútbol peruano como algo que funciona a nivel micro pero no macro, me es inevitable extrapolarlo a otras esferas, como nuestra sostenibilidad económica, tan endeble frente a cualquier choque externo, debido entre otros factores a que las élites económicas se contentan con los recursos que proveen las actividades extractivas sin alentar el desarrollo de las otras fases industriales que podrían generar mucho mayor valor agregado. ¿Por qué ese visión tan ajustada al corto plazo y al beneficio inmediato pero no duradero?

Aunque esta respuesta no agota el tema, creo que parte del problema deriva de los incentivos institucionales que enfrentan los actores involucrados. Por ejemplo, los estudios sobre la materia sugieren que los partidos políticos tienen mayores incentivos para hacer una buena gestión de gobierno cuando tienen perspectivas razonables de perdurar en el tiempo, y cuando temen un castigo electoral en caso de realizar una mala gestión. Pero el Perú debe ser el único país en el mundo en el que, en cuatro elecciones consecutivas, el partido en el gobierno ni siquiera presenta candidato en la siguiente elección presidencial.

Un tema más específico del Perú podría tener que ver con los incentivos que, en ocasiones, ofrecen ciertas actividades económicas, como las extractivas. De un lado, explotan un recurso finito, no uno renovable. De otro, en ocasiones su rentabilidad depende menos de la inversión o de la productividad de la empresa que de un factor fuera de su control, como el precio internacional del recurso que explotan. Esas características no necesariamente inducen a pensar en la sostenibilidad a largo plazo del negocio: eso dependerá del entorno institucional en el que se desenvuelven.

4.- Mencionas en el libro la problemática del dengue que tuvo unos picos de propagación casi al mismo tiempo que iniciaba la actual pandemia y en la que se corrobora que un problema sanitario no es “urgente” en los medios o la conversación pública hasta que llega a la capital y las principales zonas urbanas, símbolo de la falta de políticas efectivas de descentralización sanitaria. Más allá de lo que depare los resultados de estas elecciones, ¿piensas que los problemas regionales empiecen a deparar, ahora sí, una mayor atención por parte del Gobierno Central? Y de no ser así, ¿qué más choques se requieren para que esto se dé?

El drama peruano en la materia es que, cuando finalmente se propició un proceso de descentralización, este terminó siendo un proyecto en lo esencial fallido. Pero incluso en el mejor escenario, sigue siendo cierto que los beneficios de la apertura económica hacia el exterior han sido mayores en la costa (que ya antes tenía una mejor situación económica), que en el resto del país. Un autor confeccionó un mapa al respecto, y queda claro el patrón: en las presidenciales de 2006, 2011 y 2021, las zonas que recibían menores beneficios de la apertura económica votan por Humala en dos ocasiones, y hoy lo harían por Castillo. Las que obtuvieron mayores beneficios, comenzando por Lima, votaron por García y luego en dos ocasiones por Fujimori. En ese sentido, cobrar más impuestos a quienes más tienen para brindar mejores servicios públicos a quienes menos tienen favorecería no sólo a estos últimos, sino al interior del país secularmente postergado. Creo que el mediocre desempeño económico del último lustro, unido a las devastadoras consecuencias de la pandemia hacen algo así más probable, pero no inevitable.  

5.- Mencionas el caso de los bancos del Primer Mundo rescatados durante la crisis del 2008 y pienso que es un caso comparable a lo ocurrido con Reactiva, donde muchas empresas privadas recibieron ayuda económica por parte del Estado y siguieron con prácticas que atentaban no sólo contra sus propios trabajadores, sino contra los consumidores. El caso sueco es interesante porque se rescató a las entidades mas no a sus propietarios y ejecutivos. ¿Qué podría establecerse en el Perú donde esa figura podrían asumirla los sindicatos, cuya importancia ha sido erosionada en las últimas décadas?

No me opongo a programas como Reactiva en tiempos de recesión, y menos aun cuando esta es en parte consecuencia de las políticas públicas adoptadas para afrontar la pandemia (como las cuarentenas). El punto es que, para asegurar que los beneficios de programas como ese lleguen al mayor número posible, el acceso a ellos debería tener ciertas condiciones (tal como ocurrió en otros países). Por ejemplo, en algunos casos en que se subsidió a empresas, el subsidio fue directamente a pagar parte del salario de los trabajadores: si la empresa despedía trabajadores, perdía el subsidio. En países como Dinamarca, no podían acceder a los programas públicos de estímulo económico empresas que tuvieran su matriz fuera del país (habitualmente para eludir el pago de impuestos), y así, sucesivamente. En el Perú, por ejemplo, tuvimos conglomerados de clínicas que, mientras accedían a los créditos subsidiados del programa Reactiva, cobraban 150 soles por un omeprazol (que podía conseguirse por 1 sol), o pedían un depósito de 150,000 soles como garantía para acceder a una cama UCI.

6.- Al tratar el tema de la probabilidad de ocurrencias de eventos, se denota que la irrupción de esta pandemia fue un “cisne blanco” más que uno “negro”, ¿lo mismo podría aplicarse para el caso de estos resultados electorales de la primera vuelta?

Tiendo a pensar que sí, en el siguiente sentido. Desde 1990 (con Fujimori), hasta la última elección para la alcaldía de Lima (con Muñoz), hemos visto un repetirse con cierta frecuencia la siguiente experiencia: una proporción significativa de electores, inconforme con quienes ocupan los primeros lugares en las encuestas, espera hasta la etapa final de la campaña antes de decidir su voto. Y, en ese tramo final, se decanta en su gran mayoría por una candidatura relativamente rezagada hasta ese momento en la competencia: tras cinco años en los que los niveles de pobreza se habían estancado sucedidos por un aumento dramático de la misma producto de la pandemia, era previsible que podíamos esperar una reedición de ese fenómeno y que una candidatura crítica del orden establecido podía ser la beneficiaria. No digo que fuera un desenlace necesario, pero sí uno probable.   

 

7.- Mencionas el caso de las mujeres liderando los gobiernos en los países que mejor afrontaron la problemática de la Pandemia, y en el Perú se habló de ello al ver cómo habían cambiado las jerarquías en los tres poderes del Estado en los últimos meses.  ¿Pero qué ocurren en los mandos medios y más operativos?

En el libro cito estudios que sugieren que, producto de una socialización diferente, las mujeres en puestos de liderazgo son más proclives a trabajar en equipo y menos proclives a tomar grandes riesgos, y que ambas características resultaron beneficiosas para enfrentar la pandemia. Pero antes digo que, según esos mismos estudios, para que las mujeres en posiciones de liderazgo lo ejerzan de manera diferente a los hombres, parecía ser una condición necesaria que hubiese una masa crítica de mujeres en puesto de liderazgo, a todo nivel. Es decir, no sólo que hubiera mujeres en los cargos más altos, sino además que su entorno general incluyese una proporción considerable de mujeres ,cosa que no suele ocurrir, por ejemplo, con las ejecutivas que ocupan los cargos más altos en grandes corporaciones.

 

8.- Resulta curioso cómo los republicanos analizaron las preferencias televisivas  de los estadounidense (los zombis de The Walking Dead) para la campaña de Trump en el 2016. Si tuvieras que analizar la evolución de los contenidos televisivos más consumidos por los peruanos hoy en día, ¿qué crees que podrían aprovechar los candidatos políticos si tuvieras que idear una campaña de marketing a partir de los valores más importantes para los peruanos?

 Los republicanos identificaron sólo a un segmento de los cultores de The Walking Dead como votantes potenciales, y creo que ese es el mensaje fundamental: hace medio siglo no existían internet, redes sociales, televisión por cable, etc. Por esa razón, uno podía esperar que, por ejemplo, un sábado en la noche personas de toda condición vieran en gran parte del país un programa como “Risas y Salsa” (el de mayor audiencia por años en el Perú). Hoy en día hay menos referentes comunes, razón por la que las campañas de marketing (político o no), deben afinarse para apelar a nichos específicos.

Aunque añadiría que, la candidatura de Castillo implica una representación simbólica que apela a identidades que trascienden nichos específicos. Por ejemplo, regionales (sierra sur y central, sobre todo rural), estratos socio-económicos (población en situación de pobreza y extrema pobreza), en incluso étnicas (me sorprende, por ejemplo, la escasa alusión a este último tema durante la presentación de su equipo técnico, mientras en el equipo técnico de Fujimori el único que no parecía provenir de las élites tradicionales era Rómulo Mucho). No es que Fujimori no tenga capacidad de apelar a grupos más amplios que los denominados “nichos de mercado”, pero no en la misma proporción (por eso ella necesitaría en mayor medida complementar esa base apelando a nichos electorales específicos). Todo esto, por cierto, es mera especulación, dado que no soy especialista en el tema.     

 

9.- ¿Qué tendría que hacer el próximo presidente en el corto plazo para construir una legitimidad que le permita afrontar los futuros cinco años sin que lo vaquen?

 Creo que el riesgo de vacancia sería menor con Fujimori. De un lado, el denominado “modelo económico” tiene una serie de problemas, pero entre sus virtudes está la capacidad de generar crecimiento y, además, gane quien gane, hacia fin de año podría tener condiciones favorables para ello (porque la mayor parte de la población adulta ya estaría vacunada y porque los precios de algunos de nuestros principales productos de exportación, como el cobre, han crecido en tiempos recientes). En segundo lugar, Fujimori tiene mayor probabilidad de tener una mayoría parlamentaria y, de otro lado, tendría menor oposición por parte de los poderes fácticos (prensa, gremios empresariales, fuerzas armadas, etc.).

 Por ello la pregunta tiene más sentido en la eventualidad de un triunfo de Castillo. Diría que cumplir sus promesas redistributivas sería un paso que ayudaría a sostener su legitimidad social. Pero, incluso en el mejor escenario, un gobierno que pretende cambiar el statu quo (incluyendo un cambio de constitución), suscitará incertidumbre y, por ello, una retracción de la inversión privada hasta que los inversionistas sepan a qué atenerse. Mientras más demoren en definirse las nuevas reglas del juego, mayor es el riesgo de que esa retracción de inversiones perdure y termine por afectar de modo perdurable el desempeño económico. Por ende, creo que Castillo tendría que resolver ciertos asuntos (como la renegociación de contratos con empresas en industrias extractivas), lo más pronto posible y de manera que permita obtener ingresos adicionales para el Estado sin ahuyentar la inversión privada. Creo que eso es posible por dos razones. De un lado, por los costos hundidos que implican las actividades extractivas (es decir, costos que ya se asumieron y que sólo podrían recuperarse en un período prolongado de tiempo), y, de otro, por la posibilidad de que estemos ad portas de otro ciclo de precios favorables para nuestras exportaciones primarias (aunque siempre es difícil prever cuanto podría durar). Repito que, aunque creo que ese escenario es posible, no me atrevería a afirmar que sea el más probable.



10.- ¿Cómo percibe la instrumentalización de la selección y la camiseta para apoyar la campaña de una de las candidatas a la presidencia en las elecciones más polarizadas que se recuerde? ¿podría menoscabar la imagen de unidad del fútbol en el mediano plazo?

Creo que la mayoría es consciente de que no fueron revelaciones espontáneas por parte de los jugadores, sino parte de una campaña orquestada. Y, además, creo que la mayoría pensó poco en las consecuencias de sus actos, porque no esperaban que hubiera alguna: virtualmente todo personaje que tuviera alguna figuración o influencia pública optó por la misma candidatura y, por lo dicho respecto a los poderes fácticos, optar por ella no atraería la animadversión de grupos de interés poderosos. Creo que el único error de cálculo podría ser el de Advíncula, que no pareció tomar en consideración el hecho de que la barra de su equipo (el Rayo Vallecano), tiene una vieja filiación de izquierda.

Ahora bien, más allá del fútbol, el que casi todos aquellos que, ejerciendo algún grado de influencia en la sociedad peruana, hayan tomado partido por Fujimori, podría terminar teniendo un efecto adverso para su candidatura. Su rival podría, por ejemplo, usar ese hecho para alegar que se trata del bando de los poderosos, no del de las mayorías. Y, en cuanto a los futbolistas, lo más interesante no son las presencias, sino las ausencias: Paolo Guerrero y Renato Tapia son probablemente los futbolistas peruanos más exitosos de sus respectivas generaciones (Guerrero, por ejemplo, es el único futbolista peruano que ganó un mundial de clubes, y Tapia es hoy el jugador peruano mejor cotizado). Guerrero es, además, ídolo y caudillo indiscutible de la selección peruana. Tal vez eso lo haya inducido a pensar que ponía en riesgo su capacidad de representar un símbolo de unidad entre los peruanos si tomaba partido en la elección más polarizada del presente siglo.