"These days there’s so much paper to fill, or digital paper to fill, that whoever writes the first few things gets cut and pasted. Whoever gets their opinion in first has all that power". Thom Yorke

"Leer es cubrirse la cara, pensé. Leer es cubrirse la cara. Y escribir es mostrarla." Alejandro Zambra

"Ser joven no significa sólo tener pocos años, sino sentir más de la cuenta, sentir tanto que crees que vas a explotar."Alberto Fuguet

"Para impresionar a las chicas de los 70 tuve que leer a Freud, Althusser, Gramsci, Neruda y Carpentier antes de llegar a los 18. Para seducir a las chicas de los 70 me hice especialista en Borges, Tolstoi, Nietzsche y Mircea Elíade sin haber cumplido los 21. Menos mal que ninguna me hizo caso porque entonces hoy sería un ignorante". Fernando Iwasaki


jueves, 23 de julio de 2015

Sala de espera: "Reinos" de Romina Reyes

Gran parte de lo mejor que se está  escribiendo en la narrativa latinoamericana actual proviene, sin duda alguna, de tierras chilenas. Conocido por ser un país de poetas, en los últimos años ha sido una vitrina de buenos exponentes de cuentos y novelas. Zambra, Bisama, Zuñiga, Costamagna, Jeftanovic, entre otros. A ellos habría que añadirles un nuevo nombre: Romina Reyes (Santiago, 1988).  Reinos  es su primer libro. Un cuentario galardonado con el Premio Mejores Obras Literaria Inéditas 2013 del Consejo Nacional del Libro y la Lectura chileno. Sí, es típico que uno por lo general empiece escribiendo cuentos. Es en ese tipo de libros donde empiezan a germinar los demonios con los que probablemente va a combatir el autor toda su vida. Donde están los primeros miedos e intereses. Donde se empieza a perfilar la voz que se espera que sacuda el mundo de la literatura. Reyes bosqueja en este libro las angustias de ser un joven clasemediero cuyos problemas han pasado de la sobrevivencia física, al vacío existencial. A bordear los límites de la perdición y ahogarse en un océano de confusión. A vivir esperando una señal que indique que ya, ya podemos desahogar todo aquello que le carcome a uno el alma.  Y convertirnos en artífices de un destino menos angustiante y ya no seguir soñando que sea alguien más quien nos indique la salida de la sala de espera en la que al parecer se ha estacionado la vida.

Julio

Han pasado muchas cosas y, quizá, siguen pasando. Sofía está bien o está igual, ya no sé. Hace un mes que todo me parece lo mismo. Me cansa la clínica. No se puede hacer nada porque no hay nada nada que se puede hacer. Solo esperar a que pase algo. Así empieza este primer  cuento. Uno de los mejores del libro. Julio es un padre de familia con un hijo en casa, y otro esperando  conocer el mundo, mientras su madre, Sofía, está internada en la clínica a puertas de darlo a luz.  Mientras espera, Julio escribe un diario donde empieza a manifestar su soledad, su desencanto y sobre todo su impotencia. Ya no siente afecto. Ni para darlo ni para recibirlo. Llega al punto de materializar y desechar a Sofía en su interior pues la lejanía no sólo se vuelve física sino emocional. (En estos momentos extraño a Sofía. Extraño su cuerpo, sus olores, el aire que sale de su boca. Ahora Sofía es sólo un nombre.)(Sofía nunca me pareció exactamente bonita, pero sí interesante. Ahora me parece sólo lo que es: una mujer gorda en la cama de un hospital.) Llega al punto de adoptar un erizo que pueda brindarle ese calor humano que nadie más parece dispuesto a darle. Y bueno, tampoco es que él haga mucho mérito. Incluso empieza a desmoralizarse hasta que conoce a su nuera. Hoy me miré en el espejo. Miré mi guata. Estoy peludo y gordo. No pensé que acabaría así, aunque no soy viejo, pero tampoco soy joven. Empieza a confundir las cosas. Ya no sabe distinguir qué es real y que es onírico. El final sólo será la consecuencia inevitable de una bomba que había estado en cuenta regresiva desde que Sofía entró al hospital. O  más bien, desde que Julio empezó a perderse en sus dudas.

La Karen

En el fondo la gente es triste. El cuento más breve del libro trata el proceso de cómo (no) sobrevivir a la inevitable sensación de melancolía cuando una relación se ha extinguido. A cómo uno se enfrenta al cambio mientras lo van atrapando sensaciones de angustia y arrepentimiento. Cómo la tristeza busca canales a través de los cuales pueda salir y abandonar un alma rota.  Y sobre todo, cómo todo lo anterior lleva a la germinación de un veneno capaz de extender sus efectos a quienes nos rodean. (Entonces comenzó un relato, una historia breve pero llena de frases que transitaban en esos buenos años que siempre son años que ya pasaron, o años que ya no existen, o años habitados por personas desaparecidas que mantienen el nombre y la cara pero ya no siguen ahí).

Geert Lehman/Los gringos

Dividido en dos partes, el tercer cuento de Reinos aborda el tema de los contrastes. Contrastes en la nacionalidad,  en la forma de sentir, en el contexto que lo rodea a uno. Ello se ve en líneas como estas: Lehman dijo que allá en Dusseldorf vivía con su madre y  dos hermanas; Díaz, que la gente con la que vivía le parecía sólo un personaje que cambiaba la cara constantemente. Lehman dijo que allá el frío te acuchillaba y Díaz, que acá el frío era sólo otro estado del calor. Lehman le habló del Rihn y Díaz, del Mapocho. Lehman quería saber si era chileno, si era posible ser chileno. Díaz le respondió que para todo escenario, ser chileno era una mentira. Llega a cuestionarse todo lo que uno va aprendiendo como fijo e inamovible. Incluso Reyes se da maña para atacar el chauvinismo, un mal no exclusivo de Chile por cierto. A Dusseldorf lo conozco porque unos chilenos ganaron ahí un torneo de dobles, ¿te acordái? El 2003 parece que fue. Da lo mismo, es un torneo de mierda, pero cuando no hai ganao guerras ni hai ganao mundiales ni hai ganao olimpiadas ni hai ganao un Oscar y no le hai ganao a nadie, cualquier hueá sirve. Ello a través de un personaje como Geert, alemán o chileno, ni él mismo sabe que significa cada uno de ellos. (Cuando Nicolás giraba para traducirle algunas de las cosas, Geert optó por perderse en la soledad de su idioma, donde tenía más palabras que cosas para nombrar.) . Y no sólo él. En este cuento, todos se tambalean en una frontera que más allá de lo físico, se torna mental. (Me dijo que era de Puerto Montt y lo hizo de una manera que me hizo creer que para Nico había algo malvado en vivir en esta ciudad o que era heroico venir de la provincia)

Larvas.

¿Qué pasa si al querer abrazar el destino uno siente que la piedra que lo ata al pasado es demasiado fuerte para seguir intentándolo? En este relato, dos personajes se encuentran pero nunca llegan a conocerse del todo. Cada uno carga con una mochila tan pesada que les es imposible comprenderse el uno al otro, pero ello no les impide conectarse de una u otra manera. (¿Quién era ella? Nunca podría responder a esa pregunta con claridad.). Son seres que no han tenido las mejores familias cuyos fantasmas no paran de atormentarlos. (Una noche escuché a mi mamá gritarle a mi papá lo más triste que le oí nunca: que ni para el sexo servía.) Y que van desencantándose de la vida. Como si fueran cadáveres que caminan como zombies, sin metas u objetivos. (Al final esos gatos chicos nacieron para nada, ¿o no?) Un abuelo con un extraño secreto. Un padre que sólo vive para embriagarse. Una madre que se ha acostumbrado a sufrir. Todos los personajes están dañados. Son larvas que nunca llegan a mostrar su mejor rostro. Sólo a rodearse de otros de su misma especie para no ahogarse en la inmundicia en la que les ha tocado vivir. (El día veintiuno me di cuenta de que ya estábamos acostumbradas. A las larvas, a las moscas y a todo en realidad).

Ana y el resto

A Ana le ha tocado vivir esperando. Esperando que algo bueno llegue a su vida, que ha sido una triste seguidilla de relaciones fracasadas. Apenas iluminada por luces fugaces que no duran. (Pero yo todavía no soy un cadáver y de pronto pienso que si lo fuera, me sentiría un fracaso, como si en mi vida no hubiera hecho nada que valiera la pena. Lo pienso y se lo digo a Richard quien me mira con los párpados arrugados y los ojos medio abiertos o medio cerrados, pero no de sueño, sino como si estuviera ajustando la mirada para comprender bien lo que estaba sucediendo.).Que vive cuestionando los motivos de su existencia y  los motivo para seguir intentando mejorarla. Desamparo. Es lo único que parece fijo en su vida. (Últimamente pienso mucho en esto, en todas las formas en que podría morir por salir a caminar. A veces me pregunto si alguien más pensará las cosas que yo pienso y concluyo que nadie o casi nadie, lo que no sé si es bueno o es malo.). Nadie parece con la intención de querer salvarla. De tirarle un salvavidas. (Nunca me llamó ni me escribió, y aún a veces yo espero que lo haga. Entonces pienso que yo tenía razón, que quizá todo el mundo estaba conectado menos nosotros. Pero ni siquiera puedo encontrar una forma de decírselo.)( A veces me parece respetable conformarse. Debe ser desgastante vivir pensando que hay que esperar algo, como si la vida estuviera en otra parte.) Como si esto no fuera lo verdadero. Que es sólo una sala de espera para lo mejor que está por llegar. (-¿Y qué pasa en tu historia?-Alguien se va y la otra persona se queda esperando. Eso es todo).

Reinos

El cuento que a mi parecer está más cargado de pasión y violencia. De brutalidad y golpes. Golpes no sólo físicos sino emocionales. Una vorágine brutal cuyos efectos llegan a la cabeza del lector que es paseado por la pluma de Reyes a través de las historias de Sofía y Alejandra. Un reino terrible y lleno de espanto. Un cuento donde hay una extraña forma de querer. (Qué terrible debe ser no tener que hacer otra cosa que pensar. ¿En qué pienso yo ahora? Pienso: todos tienen formas distintas formas de querer. Pienso que está bien, que es cosa de acostumbrarse o de sólo contemplar para tratar de entenderlo. Pienso que es eso, que todos tienen, todas tenemos distintas formas de querer. Pienso que el cariño es una elección, como la política, los amigos o el equipo de fútbol. En fin.) Pero también una monstruosa forma de desahogarse. (Y entonces pienso en la perra, en la rabia y en la muerte. Y luego en Sofía, en ese exacto orden.)

Romina Reyes. Una autora que si sigue escribiendo así, promete regalarnos muchas horas de agradable lectura. No es una joven promesa. Es una realidad.


+Sobre la autora:

Romina Reyes Ayala (Santiago, 1988). Es periodista de la Universidad de Chile y autora del libro de relatos Reinos(2014), por el cual el 2013 obtuvo el primer lugar en Mejores Obras Literarias Inéditas del Consejo Nacional del Libro y la Lectura. Ha trabajado en The Clinic Online, Las Últimas Noticias y está a cargo de la columna Letras y Palabras de Revista Caras.

lunes, 20 de julio de 2015

Cazadores y presas: “Las teorías salvajes” de Pola Oloixarac

"“(…) solo el pacto con las bestias garantiza la supervivencia.”
Pola Oloixarac

“¿Quién es esta que avanza sobre mí como el alba, bella como la luna, demandante como el sol, imponente como ejércitos lanzados a la batalla?”
(Cantar de los Cantares 6, 10)

El peligro al releer algunos libros es el de aproximarse a lo que puede ser una nefasta sensación de desencanto. Desencanto y decepción que nos hagan cuestionar los motivos por los que nos gustó una obra. En el caso de Las teorías salvajes, supe que tenía que leerlo otra vez ni bien lo terminé a mediados del verano pasado.  Lo había leído con prisa, sintiéndome atrapado por la diversidad de historias que tomaban parte en el libro, pero a la vez frustrado por no entender todas las referencias  a cuestiones filosóficas que se hacían en el libro. Esa sensación de frustración me llevó con el tiempo a dudar si mi gusto por el libro fue de verdad o sólo una pose. Así que llevado por aquella duda volví a releer la primera novela de Pola Oloixarac. ¿El resultado? Las teorías salvajes sigue siendo en mi opinión un coctel peligroso de historias que se puede volver adictivo para el lector. Un libro lleno de humor y crítica. Que podré leer muchas veces más con la sensación de seguir encontrando cosas interesantes en cada nueva lectura, cual arqueólogo en búsqueda del entendimiento del pasado, pero también del presente.

Las teorías salvajes empieza con la historia de los niños de una comunidad de Papúa-Nueva Guinea y su proceso de transición hacia la adultez. El método terrible con el que se van deshaciendo de sus temores y pasan de presas a cazadores. No es una historia gratuita. Encierra una idea que es transversal a todos los personajes del libro: Todos quieren dejar de estar tan indefensos y vulnerables, para pasar a cubrirse de una piel que les dé la fuerza suficiente para sobrevivir a las amenazas de las cuáles son víctimas. En la mayoría de casos esta amenaza se sintetiza en la ignorancia de no comprender lo que está sucediendo a su alrededor. Ello los lleva a desarrollar una de las pocas armas que ha acompañado al hombre durante toda su existencia: la razón como elemento indispensable al desarrollar una teoría. Una teoría que vuelva al hombre un ser invencible.

“Un hombre con una teoría es alguien que tiene algo por gritar; pero un espíritu con una teoría no es mucho más que un trozo de pan a medio masticar, navegando la boca de su médium, resistiendo junto a esos dientes, listo para que lo fagociten, deshagan, escupan.”

Son muchos los personajes que transitan por las páginas del libro de Oloixarac. Una estudiante de filosofía obsesionada con un profesor de filosofía de su facultad. Militantes de izquierda de los años 70. Un blogger asqueado del contexto que rodea su existencia. Un hacker. Un investigador extraviado en el África. Personajes disímiles unidos por un  perfil común como se describe en algún momento:
“Encaja perfecto en el perfil. Es inteligente, pero fracasado socialmente; alienado de sus padres, tiene pocos amigos. Típico caso de reclutamiento soviético.”o cuando se menciona“Para Kamtchosky era como encontrarse en medio de un tablero de ajedrez y advertir que no se es ninguna de las piezas.”

Para sobrevivir en un mundo que los desprecia y que los hace sentir como entes extraños e inútiles (“Los dos se miraban de lejos, pero pensaban de sí mismo que eran demasiado horrendos incluso para resultar deseables a otra persona horrenda para ellos.”), es vital pasar de víctimas a victimarios (“(…) su mente contaminada de las obsesiones propias de una autoestima irremontable había comprendido que el régimen de acceso a la empatía contemporánea se encuentra vinculado al uso inteligente, glamoroso, de la crueldad.”). Ello los lleva a unirse en algún momento a varios de ellos y crear nexos para generar una fuerza avasalladora capaz de combatir todo aquello que los atormenta.

Sí, la Historia ha demostrado que el hombre ha progresado en su proceso de civilización  y entendimiento de los fenómenos que lo rodean. Pero si bien su bestialidad dejó de ser tan explícita, ésta pasó a manifestarse de maneras más sofisticadas. (“Que el número de integrantes de todas las formaciones fueran potencias de dos excitó sin duda el apetito formal de Johan Van Vilet, que vio en los sintagmas macedonios un hito de la técnica transformatorias de los hombres en bestias, perfeccionado más tarde por el tipo de pacto multitudinario del Estado en la república (donde el pacto de conquista es el secreto del soberano).”). El hombre pasando a tomar el lugar de aquello que lo asusta y lo hace sentir inferior. La obtención de poder. Poder para sobrevivir y gobernar sobre los otros.


Poder que se manifiesta en las aristocracias que se forman en algunas artes sin importar al final de qué lado esté uno, mientras tenga la capacidad de ejercerlo (“(…) en este país la única diferencia entre la izquierda y la derecha es para qué lado se pone la pija en el pantalón, nada más.”). El más claro ejemplo: la literatura.(“Construir aristocracias es una tecnología para tolerar la cercanía de los demás; es otra forma de atender las necesidades de un yo necesitado de contacto, pero con certificado de aceptación y protocolos de conducta para despreciar al resto la mano.”).  Es de destacar la forma como Pola, describe los ambientes tanto físicos como humanos que rodean a las colleras que se forman en las facultades académicas, y cómo dentro de ellas, donde se supone que la razón se ha impuesto frente a cualquier prejuicio banal y superficial, siguen sobreviviendo taras ancestrales como la envidia, la pose y la hipocresía.

“Se trata de una recepción de una embajada latinoamericana, en homenaje a un literato yucatense de visita en la ciudad; la promesa de bebestibles repartidos gratuitamente en un clima de decoro había atraído a la crema de la intellgentsia local.”

“La exigencia de la unidad mental del yo puede trocarse súbitamente en la sensación de estar rodeado de enemigos.”

Punto aparte merecen un aspecto del ser humano que ha manifestado cambio exteriores  de forma en los últimos años, mas no de fondo: el sexo. El ámbito sexual sigue siendo uno donde se manifiesta nuestro lado más sensible y primitivo la mayoría de veces;donde el hombre por más racionalidad que haya alcanzado, sigue teniendo las mismas armas para hacerlo, y es igual a los demás en cierto modo. Además, brinda inferencias de otros aspectos del comportamiento humano (“El espíritu de intercambio de la promiscuidad propone una nueva versión del mito fundacional de la democracia: hacer el ejercicio de suponernos iguales debe, por definición, trascender las barreras de la actividad privada, las meras contingencias íntimas. Sólo ahora, despolitizada de zanahorias tecnológicas, completamente fría y pura, la revolución sexual retoma el sentido verdadero  de las  revolutiones  de Copérnico – el instinto conservador de la vanidad como triunfo estético y moral de la democracia.”)

La presencia de adolescentes, gordos y jóvenes con síndrome de Down funcionan como la contraparte de los que anhelan la mayoría de estos “cazadores” del libro. La contraparte supuestamente  débil. Los denominados losers. Aquellos que el mundo rechaza, pero que en el fondo necesita. Las situaciones que viven están lleno de jocosidad, sí, pero también sirven de plataforma para que Pola lance los dardos necesarios para apuntalar una idea.

“En general, los modelos exitosos que caracterizan al adolescente medio presentan un patrón superficialmente benéfico; correlativa y simultáneamente, su terreno empírico se manifiesta pantanoso, desmoralizador y vulgar.”

“Les encantaba que fuera el único lugar que daba trabajo a las personas mayores, a las viejas que no tenían nada que hacer con sus vidas; McDonald´s, incluso con el payaso ridículo y pederasta de Ronald, era el único lugar verdaderamente democrático que conocían”.

“El relato de la víctima convertido en fábula, el clima siniestro que rodea las nociones de jerarquía y autoridad –nociones que resulta tan evidente rechazar- encierra una fresca operación: ser víctimas nos releva de todo juicio moral o ético sobre nuestros propios actos.”

Las teorías salvajes es un libro ambicioso en su concepción. Trata de abarcar una larga serie de temas, y es por ello que por momentos se siente que la autora pierde el control de sus historias. Pero para alivio de los lectores esto sucede sólo en contadas ocasiones y no ensucian el correcto desarrollo de todo el libro. No, no es un libro fácil de leer. Pero en el desafío está el gusto. Hay mucho que se puede rescatar de su lectura. No es un libro que carezca de algo que decir cómo podría aducir un lector principiante  como pretexto de su no comprensión del libro. Más bien, tiene mucho  que expresar y es ello la razón por la que el lector se siente como un investigador profesional hurgando en la crueldad de la sociedad en la que nos ha tocado vivir. No sé si llegue a entender algún día el libro en toda su dimensión. Pero no importa. Seguiré intentando mientras descubro si hay más mensajes debajo de la superficie.

“Avenidas de fuego; en las puertas exteriores, asfixia. Pintaría los trazos de lava bajando por la tierra negra, lava venida del cielo que oculta bajo la misma mancha de miedo a los lobos y las doncellas, una explosión de sangre liberada –alaridos y nubes destrozarían los rastros, el eco de pólvora loca y visiones mudas, y el ritmo que sacude el mundo me tragaría viva.”


+ Sobre la autora:

Nació en Buenos Aires, en 1977. Estudió Filosofía en la Universidad de Buenos Aires y es la autora de la novela Las teorías salvajes, traducida a seis idiomas. En 2010 fue elegida entre los mejores narradores en español por la revista Granta y recibió la beca de Letras del Fondo Nacional de las Artes. Escribió el libreto de la ópera Hércules en el Mato Grosso, representada en el Centro de Experimentación del Teatro Colón en 2014 y en Nueva York en 2015. Ha recibido becas del International Writers Program en Iowa, Banff, Yaddo, Amsterdam Writer in Residence y Dora Maar, entre otras. Colabora con artículos para The New York Times, entre otros, y edita la revista bilingüe digital Buenos Aires Review.

jueves, 16 de julio de 2015

Reconstruyendo al padre: "Bajo la sombra" de Jack Martínez

Solo se pueden olvidar a los vivos que uno quiso, a los muertos jamás.
Jack Martínez

En  los últimos meses ha habido una sana coincidencia en cuanto a la temática de los libros publicados por escritores peruanos. Ésta ha girado alrededor de la relación (tormentosa en la mayoría de casos) entre “padre e hijo”.  Pero hay un libro que si bien aborda el tema, lo hace desde el enfoque de la orfandad. De la ausencia de esa figura paterna y cómo ésta determina la conducta a lo largo de la vida de uno. Ese libro es “Bajo la sombra”, la primera novela de Jack Martínez, quien en noventa páginas es capaz de esbozar una historia atrapante y contundente en su propósito de enganchar al lector y dejarle un mensaje que le rondará la mente varios días después de terminar su lectura.

Joaquín, el protagonista, es un pintor de ataúdes. El último encargado de honrar a los muertos a través de la pintura. Pequeñas piezas de arte que convivirán bajo tierra con los muertos. Un empleo peculiar que lo enfrenta día a día con el sufrimiento de  sus clientes. Y sus problemas también. Porque a través de ellos es posible inferir algunas hipótesis sobre cómo fue la vida de aquellos a los que pinta. Lamentablemente, el único muerto al que le hubiese gustado conocer es su padre. Un padre que nunca estuvo presente para él cuando requirió su ayuda.

La orfandad del padre fue siempre física.  Pero hubo una que fue emocional, y por ello, más trágica aún: la de su madre. Una mujer que nunca llegó a tomarle cariño del todo. Que luego de la pérdida de su marido, se abandonó a una macabra veneración de su figura. Una adoración y obsesión que hizo que el hijo tomara el lugar de un estorbo. Como algo que está ahí, sobrando y fastidiando. Condenado a convivir con la figura de aquel hombre, que ausente, se volvía más perfecto en la imaginación de aquella mujer.Le pedí que se quede allá, a vivir en ese mundo que tal vez mi padre logró crear para ella, pero no para mí, se menciona. Esa falta de afecto inicial mueve a Joaquín a buscarlo, y es de ello que trata la mayor parte del texto.

“He sido un insecto y tal vez lo siga siendo”. Digo esto porque en mis primeros recuerdos mi madre ya me trataba como a un ser inferior y despreciable. Yo hablaba, preguntaba, trataba de entender por qué tanto odio, pero ella nunca contestó.

En esa búsqueda, van apareciendo varias figuras que intentan cubrir los déficits sentimentales de aquellas figuras paternas. Figuras como Carola, Rocío, e incluso Waldo, un criminal. Una búsqueda que lo lleva incluso a descender a actividades delictivas, tratando de encontrar formas de sobrevivir y salir bien librado de aquellos primeros años signados por la tragedia de vivir en un hogar resquebrajado. Y es ahí donde la presencia de Sebastián es determinante.

Si alguna vez tuve un referente, ese fue Sebastián. Antes de conocer sus debilidades y sus mentiras, quería parecerme a él.

La aparición de Sebastián irrumpe en Joaquín como una luz que se inmiscuye en esa sombra en la que está transcurriendo su vida. Hasta ese momento, había caído en el vandalismo y complicidad, renegando de cualquier otra motivación ya que lo importante en primer lugar, era seguir respirando el aire de este mundo un día más. Pero  la presencia de Sebastián, un pintor marginal de la ciudad lo desestabiliza. Es alguien que sin conocerlo, lo señala como su elegido para legarle una herencia. Una herencia que va más allá de la simple ayuda económica. Una herencia que le muestra un aspecto de la vida a la que Joaquín no le había prestado atención: el arte. El poder desahogar toda su frustración a través de la pintura. Donde es capaz de expresar todo aquello que le carcome el alma y trasmitir algo de forma más valiosa, para él y para otros. No asumiéndolo como un camino seguro al éxito, sino como una necesidad vital.

Sebastián fue su padre mientras  estuvo presente. Un padre cuando Joaquín más lo necesitaba. Y es en esos pasajes donde la novela alcanza sus mejores momentos.

Hay otros aspectos que pueden rescatarse de la lectura de este libro como la crítica certera contra aquellos que asumen el arte (en general) como un medio para lucrar con el sufrimiento del otro. También está el cómo la escritura se puede asumir como un oficio donde se puede intentar salir de una sensación asfixiante de fracaso (Tras ese fracaso, lo único que pude hacer al leer, el cuaderno de notas fue escribir estas páginas, contando mi vida, la real, la que duele). Y claro, cómo no mencionar los diarios del padre. Una clara alusión a cómo las palabras pueden acercarnos a alguien, a pesar que tal vez nunca lo conozcamos físicamente. Cómo la literatura tiene esa extraña magia de hacernos sentir que alguien nos comprende y nos muestra algo de nosotros a la que de otra forma no podríamos acceder.No quería abrirlo porque deseaba mantener esa esperanza con vida: la ilusión de encontrar algún pedazo de mi padre a través de sus propias líneas. La idea de conocer una parte de él que, de algún modo, me hablase.

Buen debut de Jack Martínez en la narrativa peruana. La semilla de muchos libros que ya llegarán.


Jack Martínez Arias: (Lima, Perú - 1983) estudió Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Desde el año 2004 se desempeñó como periodista cultural, publicando columnas, artículos y entrevistas en diversos diarios peruanos. Es miembro del comité editorial de El Hablador



+Entrevista en "La Linterna":



viernes, 3 de julio de 2015

Notas rápidas sobre tres textos de "Apuntes autistas" de Alberto Fuguet

Cómo transformarse en un cineasta chido

Fuguet escribe un texto que va más allá de la figura de Cuarón, el cine mexicano o el cine en general. Es una toma de postura sobre como concebir el arte como medio de expresión. Un vehículo a través del cual uno puede llegar a desahogar toda la carga de emociones que uno posee. Pero también como uno a través del cual uno quiere lograr trascender. No ser ignorado y pasar desapercibido. ¿De qué le sirve a uno apostar por una obra que no le va a importar a nadie? Si no se logra un impacto en la mente de alguien más, simplemente no se ha logrado nada que valga la pena. Y para que esto última suceda debe haber talento y esfuerzo detrás. Para Fuguet estos dos elementos (éxito y talento) no son excluyentes. Se debe agotar todos los esfuerzos por combinar la respetabilidad artística con el éxito comercial. Si conocemos a los grandes autores canónicos es porque de alguna u otra forma su obra trascendió y llegó a nuestras manos.

No menos importante es su comentario sobre la ya agotadora postura de un “compromiso moral” mal entendido en el arte latinoamericano, por el cual se cree que todo debe llevar a una defensa de temas sociales de manera macro, minimizando los temas vinculados a esferas personales. Obras del primer tipo son de una calidad dudosa por los falsos elementos con los que se construyen. En cambio una apuesta sobre los temas con los que uno realmente se siente cómodo termina siendo mucho más efectiva, dado que permite un número de lecturas importantes hallando muchos más elementos enriquecedores para un público cada vez más heterogéneo y numeroso, logrando perdurar en el tiempo

Una al año, cada otoño, por el resto de tu vida

¿Cómo identificar a un autor que nos marcó? A alguien al que somos capaz de perdonar cualquier desliz mientras tengamos la convicción que sólo es un traspié, que todavía le queda algo importante que decir. La figura mítica de Woody Allen, un ídolo de Fuguet le permite a éste, hacer un análisis desde la perspectiva de alguien que sabe que esa figura es alguien que puede hallarse a un universo de distancia física tal vez, pero cuya obra es más cercana a uno que cualquier compañía que pueda establecer con algún ser (familiar o amigo) cercano. Alguien con el que se está eternamente agradecido. Con el que se es capaz de establecer una relación de cercanía. Un territorio de comodidad único. Donde volver a su obra es regresar a un periodo de la existencia de uno. Marcas imborrables que perdurarán hasta el último segundo de agonía. Y esos, son los autores, de cine o literarios, a los que uno nunca debe negar.

Lecciones de vida


¿Es la fama artística mala? No. Ese es el tipo de fama que lo hace inmortal. Que batalla contra los límites físicos y permite vencer fronteras infranqueables para nuestro cuerpo. Obras que producen adeptos y no dejarán que el olvido devore el nombre de sus autores. Autores que lo marcan a uno. Que forman parte de nuestra experiencia vital. Que no son sólo nombres en la tapa de un libro. Son gente a la que dotamos de un aura de divinidad muy particular. Cada uno de ellos representa una imagen a la que le debemos adoración, sí, pero más que nada gratitud. Que nos enseñan más sobre nosotros mismos que mil años de terapia. Que permiten confiar en nuestros instintos al momento de emprender un proyecto similar.  Autores que nos han dado, las mejores lecciones de vida.

martes, 23 de junio de 2015

Cicatrices de la infancia: "La primaria" de María José Caro León-Velarde

La infancia es radiación pura que se niega a desaparecer
Rodrigo Fresán

Quisiera comenzar por afirmar algo. Soy un convencido de que los buenos libros no deben estar restringidos a ser percibidos como exclusivos de cierta edad. No debe prohibirse a lectores adultos y jóvenes como nosotros, aquellas historias que en apariencia, por estar dirigidas a niños, no deberíamos leer. Eso es ridículo. La primaria  es un libro que golpea. Golpea con cada escena. Frases con la intensidad de un logrado poema. Imágenes brutales que potencian historias en las que podemos reconocer a los niños que fuimos. A María José Caro, le bastan seis cuentos para abordar de buena forma el tema de la infancia. Al leer estos relatos recordé la emotividad que rodea la primera época de nuestras vidas. Y la frustración de no tener en aquellos años los recursos para plasmar nuestros sentimientos. Este libro, es un intento de hacerlo. Y el resultado es emocionante.

A mitad de la noche

Al leer este relato sentí como si se me hubiese dado un microscopio. Un microscopio con el cual podía observar con gran detalle a los tres integrantes de una familia herida por la ausencia de una figura paterna. A Macarena, una niña de seis años que, como todos los niños, quiere ser alguien más. Dejar atrás las limitaciones de su corta edad y ser como su hermano. A Sergio, quien guarda dentro de sí el desencadenante de una tormenta. Y a la madre de los dos, agobiada por el camino que ha tomado su vida (Se sentía culpable y , la mayor parte del tiempo, no encontraba la forma de manejarlo. Lloraba y otras veces no gritaba sin razón. Su angustia era tan grande que se le pelaban las manos, se abrían llagas que permitían ver otras capas de piel, como buscando llegar al centro de dolor). Una familia unida por el miedo de que el terremoto llegue y destruya las ilusiones de cada uno. (Nuestra ilusión se rompió como se quiebra un collar de perlas).Donde los problemas cubren sus cabezas cual nubes oscuras cargadas de sufrimiento. Niños pequeños viviendo a la sombra de alguien más. Padres que agradecen el silencio, viéndolo como un signo de paz y sosiego en medio de una guerra que comienza y acaba todos los días. Todos unidos por un solo objetivo: sobrevivir un día más.

Charcos

No tenía amigas en el colegio. Las niñas me observaban desde lejos y cuchicheaban acerca de mí como si conocieran hasta mi ADN. Me sentía una hormiga examinada a través de una lupa, de la cual crees saber todo, pero, por verla desde lejos, no tienes más que una imagen agrandada y difusa. Cito el comienzo de este cuento porque percibo que desde un inicio dispara uno de los principales temas del mismo: el desamparo. Uno de los mayores castigos que se le puede dar un niño es el condenarlo a la soledad. Pero no una soledad cualquiera. Una soledad donde uno se siente como un bicho del que todos se burlan. Como un Gregorio Samsa luego de despertar convertido en un asqueroso insecto. En esta historia, la protagonista  sólo ruega por un poco de afecto. Salir del destierro emocional al que ha sido condenada, a cualquier precio, incluso si eso implica combatir con la naturaleza. Pero la desgracia se ensaña con ella. Y el lector sólo puede compadecerse, impotente de no poder hacer nada a pesar que nos repitamos que sólo es ficción.

Zarcos

La presencia de una mujer ajena a la estructura familiar que uno ha asimilado durante los últimos tiempos, es la principal causa del derrumbe del mundo de la protagonista, Macarena. Ella había estado acostumbrada a tener los cumpleaños de la mayoría de niños con padres  divorciados. A tener un padre que compensa materialmente su culpa afectiva. Hasta que un día algo empieza a perturbar el status quo: la irrupción de Rocío, la nueva pareja de él. Una presencia que como las aceitunas en la comida, empieza a contaminarlo todo. A extenderse como un virus malicioso. A corroer las bases sobre las que se había erigido un castillo de tranquilidad, para causar lágrimas. Lágrimas calientes, estrellándose contra el interior de mis ojos, como cuando los cohetes reingresan a nuestro planeta casi incinerándose, menciona Macarena en un momento. Y es una imagen tan brutal como esa, la que demuestra la aflicción encerrada en esta breve narración.

Rebote

En este relato, Macarena cede parte del protagonismo a Pierina su amiga, obsesionada con el hermano de la primera. A Macarena, obviamente le parece algo extraño porque no percibe en él ahora cualidad alguna. Pero está dispuesta a ayudarla por una simple razón: ahora es parte de un grupo. Un grupo donde no es protagonista ni parte vital, pero del que es miembro al fin y al cabo. Es así que deciden planear un acercamiento. Lanzarse a perseguir la obsesión infantil y los inicios de las ilusiones amorosas. Y como todo lanzamiento, hay la probabilidad de tener éxito como también de caer en un pozo de fracaso. Un fracaso que marca y destruye. Una destrucción breve, pero que mientras dura, parece eterna. Y no hay quien no se reconozca en esa sensación.

Pasajeros

El primer acercamiento de Macarena con la muerte. De ello va este cuento. Sobre como la muerte es capaz de separarnos de alguien, pero puede hacer cobrar vida, fugazmente, a los vínculos que nos unen con los que todavía están vivos. Tal vez sea la ausencia de alguien la que magnifica la necesidad de acercarse a aquellos con los que formamos alguna vez lazos que creíamos irrompibles. Nos recuerda que no podemos sobrevivir solos. Existe el peligro de ahogarnos en un océano de desesperación, a menos que haya un brazo extendido al que nos podamos aferrar. Para apreciar la vida, es necesario convivir con la muerte. Como dice la protagonista: La vida y al muerte son viajes de un pasajero, pero cuando estás vivo el vidrio es imperceptible; a menos que seas un piloto de caza y siempre tengas uno delante.

Fiesta

Los cumpleaños son la celebración de un año más de vida. O de uno menos. Depende de cómo se vea. Conforme estos se van acumulando, se van quemando etapas de crecimiento. En este último cuento, Macarena está a puertas de dejar una parte de su vida y entrar a otra. Y es en ese limbo donde se siente vulnerable. Quiere desvanecerse y desaparecer por momentos. Sólo parece entenderse con aquellos que también tienen miedo de seguir creciendo. Que se refugian en la oscuridad de las sombras. Eso: refugiarse.


Así como nosotros buscamos refugio en buenos libros como éste.

+Sobre la autora:

(Lima, 1985) Zurda. Coleccionista de libros. Master en comunicología por la Universidad Complutense de Madrid. Autora de "La primaria" (Alfaguara Juvenil, 2012). También he participado en la antología Palo y Astilla: padres e hijos en el cuento peruano (Alfaguara 2009) y he sido colaboradora y miembro del comité editorial de la revista literaria "Un vicio absurdo"






+Entrevistas:



lunes, 15 de junio de 2015

Fracaso y desamparo: “Insensatez” de Horacio Castellanos Moya

Los lectores siempre estamos tomando riesgos. Cogemos y leemos libros como quien está a punto de empezar una carrera. Empezamos a leer esperando que suene ese disparo que nos indique que la obra merece que nos sumerjamos en ella sin más espera. Algunas veces tarda tanto que llegamos molestos. Otras veces ni siquiera llega y abandonamos el libro como quien siente que ha sido estafado. Pocas son las veces que el disparo llega rápido y empezamos la carrera con gusto. “Insensatez” es uno de esos casos.

Yo no estoy completo de la mente. Con esta frase sencilla en apariencia pero con un mensaje poderoso, comienza la novela de Castellanos Moya. Desde ahí ya se nos va anunciando (lo que se comprobará a lo largo de la trama) la sensación de vacío y ausencia que rodea a los principales personajes. Más allá de posibles  acercamientos a diversos temas como la violencia o la impunidad, lo que termina imperando en esta obra es ese fracaso que va rodeando al protagonista que se siente incompleto y desamparado. Extranjero en cualquier circunstancia. Algo tan universal, que rompe con cualquier intento de minimizar el sentido de esta novela a  una motivación extraliteraria (como el de insertarse en una problemática social tanto sólo para ganar lectores).

El narrador de esta novela es un hombre paranoico y perturbado, un ateo vicioso al que irónicamente la Iglesia Católica le ha encargado la revisión y documentación de los testimonios de las víctimas de la más cruda violencia en un tercermundista país centroamericano. Sin saber la envergadura del trabajo que ha aceptado, este comienza con sus labores interesándose en un primer momento por detalles como la construcción sintáctica de las frases (disparando contra aquellos que no son capaces de sensibilizarse por la magnitud de tragedia y sólo la usan como plataforma para fines egoístas) y la poesía que parece encontrarse contenida en ellas, mientras empieza a buscar distracciones que no lo derriben emocionalmente, como el calor de una mujer o el placer del alcohol en los bares que rodean su centro de trabajo. Unas peleas con  los funcionarios locales complementan una primera parte donde ya empieza a germinarse lo que será el núcleo de esta novela: la entrada a una pesadilla de la que parece que nunca despertará .

Esta pesadilla a la que me refiero no es más que la locura que empieza a desestabilizar al protagonista. Desestabilización que se deriva de la imposibilidad de comprender en su totalidad el horror mencionado en los testimonios de los indígenas que estudia el protagonista. Durante el relato, Castellanos Moya se da maña para hacernos comprender en todo momento, que por más que se aproxime, cualquier sufrimiento que padezca el protagonista será mínimo ante la gravedad del que se encuentra en las manifestaciones de las víctimas que estudia.  Somos testigos del fracaso del narrador al momento de continuar de forma constante la tarea que se la ha encargado (las constantes pausas no son gratuitas), su fracaso al momento de establecer una relación tanto sentimental como sexual (con una magnífica escena en la que la atmósfera de tristeza descrita suena tan verosímil que hay el peligro de que el lector también sea víctima de esta), el fracaso al enfrentar a los enemigos que cree que están  a su acecho, entre otros que se van develando.  Y ello conjugado con el impacto que va teniendo su trabajo en el espíritu del protagonista. Es capaz de imaginar las escenas terroríficas, ya sea como víctima o victimario y captar ciertas sensaciones , pero no por completo.  Siempre hay algo que lo aleja de la comprensión total.

Su condición de foráneo, como ya mencioné, persistirá como manifestación de la imposibilidad de encontrar un vínculo duradero con algo. Esa constante expulsión de todos los lugares en los que se encuentra, ya sea de forma voluntaria o no, expresa su imposibilidad de estabilizarse emocional o físicamente, siendo la peor la emocional. Porque como se menciona en cierto momento, el infierno es la mente y no la carne. Ello lo lleva a comprender que su infierno termina siendo personal. Que sus angustias emanan temores individuales. Y que el dolor es una facultad del hombre que no puede ser compartida por otro en su integridad. Nadie es capaz de asumir el sufrimiento de otro. Y es cuando se llega a ese punto que la más terrible de las soledades comienza a arrasar con uno.

Entre líneas, Castellanos Moya se da tiempo para lanzar sus dardos a ese tipo de libros que intentan representar “fielmente” lo que fue el horror causado por la guerra. A través de un protagonista que revisa documentos, parece indicarse que los demonios que rodean a un novelista que se inmiscuye en estos tipos de temática siempre serán los propios. Las palabras tienen un gran poder, pero parecen sucumbir ante el intento de representar de forma universal las consecuencias de una guerra. Es mejor enfocarse en ciertos aspectos para comprender la génesis del problema.

En “Insensatez”,  a pesar de que el conflicto armado ya tuvo un final para la Historia, el horror no se ha acabado. Persiste y evoluciona en formas más sofisticadas y psicológicas, lo cual termina siendo más peligroso.  Un horror que ataca a la mente antes que al cuerpo. Y es ese el que causa más daño porque persiste en las sociedades y se repite cada cierto tiempo.

Este libro  ha sido una grata sorpresa entre mis últimas lecturas. Ojalá usted  decida arriesgarse con esta obra también,



+Sobre el autor:

Horacio Castellanos Moya nació en Tegucigalpa, Honduras, en 1957. Criado en El Salvador, ha vivido en Ciudad de México y otras ciudades hispanoamericanas. De 2004 a 2006 residió en Frankfurt, como escritor invitado por la Feria Internacional del Libro. También ha sido escritor invitado en la Universidad de Tokio y actualmente imparte clases en la Universidad de Iowa. Es autor de diez novelas, traducidas a diversos idiomas, y la versión en lengua inglesa de Insensatez mereció el XXVIII Northern California Book Award 2009. En El sueño del retorno, Castellanos Moya retoma ciertos personajes y episodios aparecidos en algunas de sus novelas anteriores, tejiendo así su particular universo literario, en el que refleja de manera magistral la complejidad del ser humano ante el poder y la violencia, describiendo como pocos el humor, la obsesión y la angustia.

miércoles, 3 de junio de 2015

Conviviendo con la aflicción: “La luz difícil” de Tomás González

"Un mundo sin aflicción, pensé, estaría tan incompleto y sería tan poco armonioso, tan feo, como una escultura o un árbol que no tuviera sombra”
Tomás González

Es común escuchar la frase Los hijos deben enterrar a sus padres, no los padres a sus hijos, y echando un vistazo a la literatura sobre relaciones  paternales, la mayor parte de su enfoque y perspectiva, parte de estos últimos en su abrumadora mayoría. Los padres por lo general fungen como la primera figura autoritaria y la mantienen en mayor o menor medida, a lo largo de toda ella. Muchos han escrito sobre los traumas que esto ha significado tratando de lidiar con dichos demonios en sus libros. Otras veces, sobre cómo estos han sido vitales alentando la carrera literaria de sus hijos o simplemente los ayudaron en momentos vitales. Su pérdida también es fuente de muy logradas novelas marcando el inicio de una nueva etapa para los autores, por lo general en su etapa de madurez. Pero es raro encontrar padres escribiendo sobre la pérdida de un hijo. ¿Cómo plasmar tamaño dolor a través de palabras?¿Cómo transmitir un proceso tan tormentoso y traumático?¿Cómo plasmar a través de la escritura una muerte de semejante magnitud? ¿Es posible hacer una novela sobre un padecimiento tan particular sin caer en extremos que puedan sonar inverosímiles?. Tomás Gonzáles asume el reto y el producto es una corta novela de extraña belleza.  Nos sumerge en un estado de melancolía y solidaridad con el protagonista, a tal grado que por momentos uno parece comprender las emociones por la que éste está pasando. 

David, un pintor de edad ya muy avanzada,  decide pasar los últimos años de su existencia en un pueblito colombiano, condicionado por un retiro “obligado”. Sus días se ven absorbidos en acciones rutinarias, ayudado por una mujer del pueblo. Es así que se pone a escribir sobre un hecho que marcaría un antes y un después  innegable en su vida: La decisión de morir de su hijo Jacobo. Un accidente de tránsito lo dejó parapléjico a éste último, sumiendo sus días en una constante agonía, pues el dolor físico era tan grande que por momentos la muerte era una condena más apetecible que el padecimiento al que su físico deplorable lo había sometido. Por más tratamientos con los que se intentó aliviar dichas dosis de dolor, nada tuvo una efectividad destacable. Por ello, la voluntad de morir en una ciudad de Estados Unidos viajando con su hermano. Y David, nos cuenta cómo fue esa espera, ¿Se arrepentiría a último momento? ¿Qué pasaría por su mente en sus últimas horas de vida? ¿Su hermano lo convencería de no hacerlo?¿Cómo lo está tomando su madre?¿ Cómo comportarse cuando tu hijo ha decidido morir y uno no puede más que esperar?

La ciudad de New York sirve de atmósfera para la narración de la historia de David y su familia. Durante las cercas de 24 horas que dura la espera de la llamada que les diga si Jacobo murió o se arrepintió a último momento, se nos va contando parte de la historia de David, aquella que es importante.Sus anhelos como inmigrante en los Estados Unidos; su vida con Sara, el único amor que puede validar en su biografía; sus amigos; su pasión por retratar aquellas imágenes en las que se funden bellas formas que la realidad le otorga y su imaginación. Flashbacks  de distintas épocas alternándose con su presente en el país latinoamericano y las horas de tensa espera en la ciudad que nunca descansa. Todo encadenado de tal forma que uno no se pierde entre tantas escenas, sino que va siendo testigo como la suma de todos ellos sirve para el propósito de González. Pequeños puntos que separados no nos dicen nada, pero que en conjunto tiene el valor de una pintura de notable belleza.

No se vaya a pensar que este libro sirve de plataforma para  que González ensaye una posición sobre la eutanasia. El autor tiene el suficiente tino como para darle al lector el suficiente espacio para su8 propia reflexión. Lo que prima en las pocos más de 130 páginas de este libro, es un retrato, lo más verosímil posible, sobre la pérdida de un ser, la extinción de una vida.  La ausencia de alguien que ha sido determinante durante la existencia de uno y cómo se sobrevive a ello, si es que se es capaz de hacerlo. ¿Alguien debe ocupar su lugar? ¿Qué actitudes debe asumir uno?¿Qué canales se usan para desahogar la tormenta que se forma y dejar ir esa sensación de desesperación en la que uno parece ahogarse por ratos? ¿Cómo plantarle cara a la muerte?

Cómo ya he dicho en anteriores posts, hay infinidad de temas sobre los cuales escribir. Hay muchos mundos que no se han explorado aún. Tomás González lo ha hecho sobre el mundo de la aflicción demostrando que la violencia colombiana no es el único tema sobre al cual los autores de dicho país pueden avocarse ( y del que muchos autores locales pueden aprender algo)

 Se consigue en  Librería Communitas. Vale la pena el monto y el tiempo invertido.


+Frases y fragmentos:

“Nunca he sido capaz de diferenciar demasiado entre el amor y deseo, así que puedo decir que nos tuvimos mucho amor toda la vida.”

“Han pasado ya tantos años desde entonces que incluso la pena en mi corazón se ha ido secando, como la humedad en una fruta, y es poco frecuente que el recuerdo de lo ocurrido de repente me agite otra vez, como si hubiera sucedido ayer, y me haga tragar fuerte, para controlar cualquier sollozo. Pero aún ocurre, y la congoja amenaza entonces como doblarme. Pero pasa también que a veces pienso en mi hijo, y los sentimientos son tan cálidos que se me ocurre pensar que la vida es eterna, quieta y eterna, y el dolor, una ilusión.”

“El infortunio es siempre como el viento: natural, imprevisible, fácil.”

 “Me gusta cómo lo que el hombre abandona se deteriora y empieza a ser otra vez inhumano y bello.”
“Cruel es el lugar común de que la esperanza es lo último que se pierde.”

“Cuando pienso en eso y siento la ausencia de Sara y el frío de esta, la inevitable soledad de la vejez humana debo recostarme un rato, apagar el alma unos minutos como soplando una vela y dormir.”

Que tu armazón, como en el caracol, se tan fuerte que pueda permitir la ternura, decía un poeta, y eso le iba a todos ellos.”

“El tiempo es materia rara. Teníamos por delante pocas horas, ya menos de once, que iban a estar más cargadas de pena que todo lo que les hubiera podido ocurrir a mis cangrejos herradura en sus millones de años de existencia. Y al mismo tiempo eran horas muertas y vacías.”

“La aflicción no es inmóvil; es fluida, inestable, y sus llamas, más azules que anaranjadas y rojas, y a veces de un verde pálido espantoso, lo torturan a uno por un costado en el interior del cuerpo, a veces por el otro costado, a veces por todo el interior y con mucha fuerza, hasta que te ves gritando en silencio como en la pintura de Munch en la que una persona da un alarido sobre un puente.”

“El tiempo es materia elástica que depende de la alegría o la aflicción.”

“La gran soledad es como un lienzo aparentemente vacío, engañosamente vacío.”

“En otras palabras, hay dos maneras de estar en la ciudad: o manteniendo bien la compostura, o esquizoide de remate y hablando solo o con fantasmas por puentes y avenidas.”

“Y ahora que vuelvo a hacerlo después de tantos años me asombra otra vez los dúctiles que son las palabras; lo mucho que por sí solas, o casi por sí solas, expresan lo ambiguo, lo transmutable, lo poco firme de las cosas. Son iguales al mundo: inestables como casa en llamas, como zarza ardiendo.”

+Sobre el autor:

Tomás González nació en Medellín (Colombia) en 1950. Estudió Filosofía en la Universidad Nacional de Colombia y trabajó como barman en la discoteca El Goce Pagano, que publicó su primera novela a ?nales de 1983. Ese mismo año partió hacia Estados Unidos. Vivió tres años en Miami y dieciséis en Nueva York, ciudad en la que trabajó como traductor y escribió gran parte de su obra. Volvió a Colombia en 2002, y actualmente vive en Cachipay, a dos horas de Bogotá. Es autor de las novelas Primero estaba el mar (1983), Para antes del olvido (1987, ganadora del V Premio de Novela Plaza &Janés), La historia de Horacio (2000), Los caballitos del diablo (2003), Abraham entre bandidos (2010), La luz difícil (2011) y Temporal (2012); de los libros de cuentos El rey del Honka-Monka (1995) y El lejano amor de los extraños (2013), y de un poemario, Manglares (1997/2006). Libros suyos se han traducido al inglés, al alemán, al francés, al portugués, al holandés y al coreano.


+Primeras líneas de la novela:

"Esa noche pasé mucho tiempo despierto. A mi
lado, Sara tampoco dormía. Miraba yo sus hombros morenos,
su espalda aún esbelta a sus cincuenta y nueve
años, y encontraba consuelo en su belleza. A ratos nos
tomábamos de la mano. En el apartamento nadie dormía,
nadie hablaba; de vez en cuando alguno tosía o
iba a orinar y volvía a acostarse. Nuestros amigos Debrah
y James habían venido a acompañarnos y se habían
acomodado en un colchón en la sala. Venus, la novia
de Jacobo, se había acostado en el cuarto de él. Mis hijos
Jacobo y Pablo habían salido dos días antes en una
van de Rent-a-Car con rumbo a Chicago, desde donde
habían tomado un avión para Portland. En algún momento
me pareció oír el débil rumor de la guitarra de Arturo,
el tercero de mis hijos, en su cuarto. En la calle
sonaban los gritos nocturnos del Lower East Side, las botellas
quebradas de siempre. A las tres de la mañana, o
algo así, pasaron, cavernosas, dos o tres motocicletas de
los Hell’s Angels, que tenían su sede a dos cuadras de nuestro
apartamento. Dormí casi cuatro horas seguidas, sin
soñar, hasta que a las siete me despertó la punzada de
angustia en el vientre por la muerte de mi hijo Jacobo,
que habíamos programado para las siete de la noche,
hora de Portland, diez de la noche en Nueva York."

+Entrevista:


+Edición especial de Buensalvaje Colombia sobre este autor:

https://revistabuensalvaje.files.wordpress.com/2014/11/buensalvaje_co_1.pdf