Hay un motivo personal por el
cual la lectura de este libro me causó un gran impacto, más que cualquiera de las cualidades literarias que posee (que las tiene y en creces, como de seguro se
comentarán de mejor manera en otras reseñas): el hecho de recordar a mi abuelo. Cuando tenía entre tres y cinco años de edad,
el encargado de llevarme y traerme del nido era mi abuelo materno. El nido
quedaba a cuatro cuadras de mi casa, más o menos unos quince minutos a pie.
Quince minutos que se extendían a treinta o sesenta si por ahí me llevaba al
parque. ¿De qué podía hablarle un
pensionista de más de 70 años a un niño de esa edad, embobado con la
televisión, sin aburrirlo o hastiarlo? Pues, no sé cual sea la respuesta de
ustedes. La de mi abuelo fue hablarme de política. De comunismo y socialismo.
Durante toda mi infancia nombres como los del Che Guevara, Fidel, Cuba, Unión Soviética, Nikita Kruschev, fueron
una constante en las conversaciones que sosteníamos. Cómo un puñado de
caribeños opusieron resistencia a los gringos por más de 30 años. El Che y sus
viajes. La utopía socialista. La educación y medicina cubana. De todo ello,
mientras consumía mis galletas Champs de animalitos y mi Inca Kola. Ahora no lo
juzgo ni para bien ni para mal. Fue una etapa divertida. Una etapa que he
revivido (añadiendo y quitando detalles seguramente, pero manteniendo la
esencia emocional) gracias a la historia de Iván Morante, el protagonista de Nuevos juguetes de la Guerra Fría. Y eso
es algo por los que la literatura es tan genial. Cómo un puñado de palabras
escritas por un desconocido son capaces de hincar las más sensibles fibras
emocionales de uno y causar una avalancha de sentimientos, removiendo la
tranquilidad del presente. Capaces de hacer reir, llorar, sudar y estremecer,
siendo seguro que no lo dejará a uno indiferente, todo lo contrario a cierta
literatura que no exuda nada de vitalidad. Si busca una novela que sea capaz de
robarle horas a su sueño o sus deberes académicos o laborales sin hacerlo sentir culpable, esta lo es."Leer es cubrirse la cara, pensé. Leer es cubrirse la cara. Y escribir es mostrarla." Alejandro Zambra
"Ser joven no significa sólo tener pocos años, sino sentir más de la cuenta, sentir tanto que crees que vas a explotar."Alberto Fuguet
"Para impresionar a las chicas de los 70 tuve que leer a Freud, Althusser, Gramsci, Neruda y Carpentier antes de llegar a los 18. Para seducir a las chicas de los 70 me hice especialista en Borges, Tolstoi, Nietzsche y Mircea Elíade sin haber cumplido los 21. Menos mal que ninguna me hizo caso porque entonces hoy sería un ignorante". Fernando Iwasaki
domingo, 24 de mayo de 2015
El juego de la memoria: “Nuevos juguetes de la Guerra Fría” de Juan Manuel Robles
Hay un motivo personal por el
cual la lectura de este libro me causó un gran impacto, más que cualquiera de las cualidades literarias que posee (que las tiene y en creces, como de seguro se
comentarán de mejor manera en otras reseñas): el hecho de recordar a mi abuelo. Cuando tenía entre tres y cinco años de edad,
el encargado de llevarme y traerme del nido era mi abuelo materno. El nido
quedaba a cuatro cuadras de mi casa, más o menos unos quince minutos a pie.
Quince minutos que se extendían a treinta o sesenta si por ahí me llevaba al
parque. ¿De qué podía hablarle un
pensionista de más de 70 años a un niño de esa edad, embobado con la
televisión, sin aburrirlo o hastiarlo? Pues, no sé cual sea la respuesta de
ustedes. La de mi abuelo fue hablarme de política. De comunismo y socialismo.
Durante toda mi infancia nombres como los del Che Guevara, Fidel, Cuba, Unión Soviética, Nikita Kruschev, fueron
una constante en las conversaciones que sosteníamos. Cómo un puñado de
caribeños opusieron resistencia a los gringos por más de 30 años. El Che y sus
viajes. La utopía socialista. La educación y medicina cubana. De todo ello,
mientras consumía mis galletas Champs de animalitos y mi Inca Kola. Ahora no lo
juzgo ni para bien ni para mal. Fue una etapa divertida. Una etapa que he
revivido (añadiendo y quitando detalles seguramente, pero manteniendo la
esencia emocional) gracias a la historia de Iván Morante, el protagonista de Nuevos juguetes de la Guerra Fría. Y eso
es algo por los que la literatura es tan genial. Cómo un puñado de palabras
escritas por un desconocido son capaces de hincar las más sensibles fibras
emocionales de uno y causar una avalancha de sentimientos, removiendo la
tranquilidad del presente. Capaces de hacer reir, llorar, sudar y estremecer,
siendo seguro que no lo dejará a uno indiferente, todo lo contrario a cierta
literatura que no exuda nada de vitalidad. Si busca una novela que sea capaz de
robarle horas a su sueño o sus deberes académicos o laborales sin hacerlo sentir culpable, esta lo es.domingo, 17 de mayo de 2015
Nido de cobras: "Agosto" de Rubem Fonseca
El crimen inicial parece dar pie a otros, llegando a destapar toda una olla de grillos de alto y mediano rango. Senadores, diputados, periodistas, militares, policías. Todo el mundo tiene rabo de paja. Cobras por doquier. Nadie parece salvarse. Sólo Matos. Todo en la trama se va llenando de un aire de desesperanza que termina por extinguir cualquier fe de que las cosas vayan a aclararse. Debajo de cualquier intención por querer reformar las cosas se esconde un afán por adquirir poder. Poder, poder, poder. No se puede confiar en nadie. La corrupción alcanza todos los niveles de la sociedad. Y es ahí donde se puede tender un paralelo con obras como Conversación en la Catedral, como para recordar que no somos los únicos en padecer de esa lacra. Hemos tenido ardua competencia a nivel latinoamerican y Fonseca de encarga de mostrárnoslo.
Rubem Fonseca (Juiz de Fora, Minas Gerais, 11 de mayo de 1925) es un escritor y guionista de cine brasileño. Estudió Derecho y se especializó en Derecho Penal. A pesar de su amplio reconocimiento como escritor, no fue hasta los 38 años de edad que decidió dedicarse de lleno a la literatura. Antes de ser escritor de tiempo completo, ejerció varias actividades, entre ellas la de abogado litigante. En 2003, ganó el Premio Camões, el más prestigiado galardón literario para la lengua portuguesa, una especie de Nobel para escritores lusos, en 2004 recibió el Premio Konex Mercosur a las Letras, y en 2012 el Premio Iberoamericano de Narrativa "Manuel Rojas".
+Homenaje en Buensalvaje:
Aquí
viernes, 1 de mayo de 2015
Estrellas solitarias: “El palacio de la felicidad” de Dante Trujillo
Los personajes de los seis relatos
que conforman El palacio de la felicidad
son como rompecabezas. Rompecabezas a los que les faltan piezas. Muchas piezas. Seres
solitarios, y totalmente desamparados en algunos casos. Cuya existencia parece
absorbida por la rutina, ahogada en la intrascendencia y cuya luz parece
diluirse página a página volviéndolos tan opacos como el cielo invernal de
Miraflores. Con un lenguaje que busca ser directo y sencillo, reproduciendo de
manera fiel el hablar cotidiano de la urbe limeña, un bosquejo sobre la
forma de pensar de una clase burguesa venida a menos con sus temores y
estúpidos prejuicios y una lucha constante con los fantasmas del pasado, Dante
Trujillo presenta un primer libro en los que se reconoce la honestidad de
escribir sobre temas con los que se siente conectado. Y el haber trazado a
estos seres, en cuyas características y acciones muchos lectores nos
reconoceremos. Ha escrito para diversas publicaciones nacionales. Dirige la editorial Solar y la revista Buensalvaje.El palacio de la felicidad es su primer libro.
domingo, 12 de abril de 2015
Llenando el lugar de la ausencia: “Facsímil” de Alejandro Zambra
viernes, 10 de abril de 2015
De Estambul con amor (y algo de obsesión):“El museo de la inocencia” de Orhan Pamuk
OrhanPamuk, Me llamo Rojo
¿Cómo llega un joven limeño
de 19 años, estudiante de Economía y Administración, a la literatura de un
premio Nobel de Literatura turco? Pues,a veces la buena literatura tiene
caminos extraños que nos conducen a ella. Un día, creo que por uno de esos
errores que se terminan lamentando después, apareció entre las opciones de
búsqueda de libros de mi cuenta de la biblioteca de la Universidad de Piura, “Me llamo rojo”. El título para ser
honesto me sonaba a un libro sobre marxismo y al ver que era la obra de un
Nobel turco, sentí curiosidad y pedí que me lo trajeran desde la misma sede de
Piura. A los tres días llegó, y aunque me incomodó que estuviera en una rústica
edición de bolsillo, me quedé enganchado sin duda alguna con las primeras
líneas:Orhan Pamuk, Premio Nobel de Literatura 2006, nació en Estambul, Turquía, en 1952. Cursó estudios de arquitectura y periodismo, y ha pasado largas temporadas en Estados Unidos, en las universidades de Iowa y Columbia. Es autor de ocho novelas: Cevdet Bey e hijos (1982; Mondadori 2013, Debolsillo 2014), La casa del silencio (1983; Debolsillo 2006), El castillo blanco (1985; Mondadori 2007, Debolsillo 2008), El libro negro (1990; Debolsillo 2008), La vida nueva (1995; Debolsillo 2009), Me llamo Rojo (1998; Debolsillo 2009), Nieve (2002; Debolsillo 2011) y El Museo de la Inocencia (2008; Mondadori 2009, Debolsillo 2011), así como de los libros de prosa Estambul. Ciudad y recuerdos (2005; Mondadori 2006, Debolsillo 2007), La maleta de mi padre (2006; Mondadori 2007), Otros colores (1999; Mondadori 2008) y El novelista ingenuo y el sentimental(2010; Mondadori 2011, Debolsillo 2013). Su éxito mundial se desencadenó a partir de los elogios que John Updike dedicó a la novela El castillo blanco. Desde entonces ha obtenido numerosos reconocimientos internacionales: el Premio al Mejor Libro Extranjero en Francia, el Premio Grinzane Cavour en Italia y el Premio Internacional IMPAC de Irlanda, los tres por Me llamo Rojo. En 2005 recibió el Premio de la Paz de los libreros alemanes. Con la publicación de Nieve, novela por la que en 2005 fue galardonado con el Prix Médicis Étranger y que aborda el tema de la confrontación entre la cultura occidental y la oriental, Orhan Pamuk pasó a ser objetivo predilecto de los ataques de la prensa nacionalista turca. La obtención del Nobel de Literatura consolidó definitivamente su proyección internacional, y sus libros ya se han traducido a más de sesenta idiomas.
