"These days there’s so much paper to fill, or digital paper to fill, that whoever writes the first few things gets cut and pasted. Whoever gets their opinion in first has all that power". Thom Yorke

"Leer es cubrirse la cara, pensé. Leer es cubrirse la cara. Y escribir es mostrarla." Alejandro Zambra

"Ser joven no significa sólo tener pocos años, sino sentir más de la cuenta, sentir tanto que crees que vas a explotar."Alberto Fuguet

"Para impresionar a las chicas de los 70 tuve que leer a Freud, Althusser, Gramsci, Neruda y Carpentier antes de llegar a los 18. Para seducir a las chicas de los 70 me hice especialista en Borges, Tolstoi, Nietzsche y Mircea Elíade sin haber cumplido los 21. Menos mal que ninguna me hizo caso porque entonces hoy sería un ignorante". Fernando Iwasaki


domingo, 24 de mayo de 2015

El juego de la memoria: “Nuevos juguetes de la Guerra Fría” de Juan Manuel Robles

“El pasado se le figuró a Mallarino como una criatura acuosa de contornos imprecisos, una suerte de ameba engañosa y deshonesta que no se puede investigar pues, al volver a buscarla en el microscopio, nos encontramos con que ya no está, y sospechamos que se ha ido, y comprendemos enseguida que ha cambiado de forma y resulta imposible reconocerla.”

“El pasado de un niño es de plastilina, señor Mallarino, los adultos pueden hacer con él lo que les venga en gana.”
(Las reputaciones, Juan Gabriel Vásquez)

“Recordar, releer: transformar el recuerdo: sutil alquimia que nos concede el don de reinventar nuestros pasados.”
(Papeles falsos, Valeria Luiselli)

“No estoy seguro de que lo que me sucedió ayer sea verdad”
(Bob Dylan)

Hay un motivo personal por el cual la lectura de este libro me causó un gran impacto, más que cualquiera de las cualidades literarias que posee (que las tiene y en creces, como de seguro se comentarán de mejor manera en otras reseñas): el hecho de recordar a mi abuelo.  Cuando tenía entre tres y cinco años de edad, el encargado de llevarme y traerme del nido era mi abuelo materno. El nido quedaba a cuatro cuadras de mi casa, más o menos unos quince minutos a pie. Quince minutos que se extendían a treinta o sesenta si por ahí me llevaba al parque.  ¿De qué podía hablarle un pensionista de más de 70 años a un niño de esa edad, embobado con la televisión, sin aburrirlo o hastiarlo? Pues, no sé cual sea la respuesta de ustedes. La de mi abuelo fue hablarme de política. De comunismo y socialismo. Durante toda mi infancia nombres como los del Che Guevara, Fidel, Cuba, Unión Soviética, Nikita Kruschev, fueron una constante en las conversaciones que sosteníamos. Cómo un puñado de caribeños opusieron resistencia a los gringos por más de 30 años. El Che y sus viajes. La utopía socialista. La educación y medicina cubana. De todo ello, mientras consumía mis galletas Champs de animalitos y mi Inca Kola. Ahora no lo juzgo ni para bien ni para mal. Fue una etapa divertida. Una etapa que he revivido (añadiendo y quitando detalles seguramente, pero manteniendo la esencia emocional) gracias a la historia de Iván Morante, el protagonista de Nuevos juguetes de la Guerra Fría. Y eso es algo por los que la literatura es tan genial. Cómo un puñado de palabras escritas por un desconocido son capaces de hincar las más sensibles fibras emocionales de uno y causar una avalancha de sentimientos, removiendo la tranquilidad del presente. Capaces de hacer reir, llorar, sudar y estremecer, siendo seguro que no lo dejará a uno indiferente, todo lo contrario a cierta literatura que no exuda nada de vitalidad. Si busca una novela que sea capaz de robarle horas a su sueño  o sus deberes académicos o laborales sin hacerlo sentir culpable, esta lo es.

En Nuevos juguetes de la Guerra Fría se narra la historia de Iván Morante, un escritor peruano que radica y trabaja en New York, en un restaurante que funge de refugio para latinoamericanos que buscan sobrevivir.  A él le gusta recordar el pasado. Adquiere juguetes de colección, guarda singulares prendas de su época de niñez y hasta recibe mensajes que el Iván del pasado  creó para enviárselos al Iván del presente. Hasta ahí todo parecería (casi) normal si no fuera porque el pasado de Morante no es un pasado cualquiera.

Hijo de dos idealistas socialistas de los años setenta, Iván estudió la primaria en la embajada cubana de La Paz, Bolivia. Allí había ido a parar su familia por el trabajo de reportero que había conseguido su padre en el país del Altiplano. No fue una educación  típica. El salón de clases lo dirigía una maestra cubana y estaba conformada por los hijos de los funcionarios que laboraban allí. Allí aprendían a valorar a los héroes de la gesta revolucionaria de la nación insular mientras en sus tiempos libres jugaban con las figuras de acción de sus dibujos animados preferidos, como He-Man o GI. Joe, sin importar que estos provengan del “Imperio”. Convivían con ambos mundos, occidental y oriental, mientras poco a poco se enfrentaban a la pérdida de la inocencia. Así lo recordaba Iván al contar su peculiar historia, que siempre lograba cautivar a quien la escuchaba. Hasta que un día surgió la duda sobre la veracidad de esta. Un peculiar personaje toca la puerta de su presente para sembrar la interrogante: ¿De verdad fue así como ocurrieron las cosas? ¿Qué es lo que yace en el subsuelo de la memoria tratando de querer salir a la superficie?

Y es que sucede que su pasado, esconde muchos más secretos de los que él piensa. No bastará que se ponga a recordar para resolverlo. Y es ahí donde el lector empezará a percibir cómo el libro empieza a tornarse en un atrapante thriller.

Como ya se ha mencionado, la novela comienza como una de aprendizaje. Durante gran parte de la novela, Iván se muestra frente al lector como una máquina de recordar. Pero una máquina imperfecta. En su historia es posible darnos cuenta de los sesgos a los que todos nosotros somos vulnerables, tendiendo siempre a la exageración emocional de los hechos del pasado. Los recuerdos son activos que poseemos, siempre en constante mutación. Lo que nos identifica y nos hace distinto a los demás. Y a pesar de ello nada fiables. Hay en el libro un genuino interés por explorar todos los misterios que rodean a la memoria, cuestionando todo lo que creemos saber. Es posible percibir la curiosidad del autor por desmantelar las capas con las que se va ocultando lo esencial de nuestro pasado. Aquello que nos va forjando y convirtiendo en lo que somos.

El contexto en el que se presenta esto no surge como fruto de la casualidad. Si bien el tema principal es ahondar en un problema individual, que es la historia de Iván, esta se relaciona con la Historia en mayúscula, siendo los puentes de estas dos buenos temas de reflexión. La convulsa década de los 80’s, llena de contrastes como el idealismo por cambiar a las sociedades y las críticas situaciones políticas y económica,la apertura internacional y la defensa de lo nacional, la consolidación de la hegemonía norteamericana mientras el socialismo soviético empieza a caerse a pedazos. Pero sobre todo, una época llena de símbolos. Un aspecto vital para entender los procesos sociales que atravesó esta parte del orbe. Es a través de las imágenes que es más fácil colocar o imponer una idea, un mensaje, una doctrina. De forma sutil se puede lograr mucho mayor efectividad que un mensaje directo y brusco. Las mayoría de personas casi no se dan cuenta que ha sido engatusados por una maquinaria propagandística hasta que ya es muy tarde. O peor, nunca se da cuenta. Se piensa que no hay nada detrás moviendo los hilos. ¿Es posible conocer todo lo que yace escondido a nuestro alrededor? ¿Cómo querer lograrlo si ni siquiera somos capaces de conocer los secretos de las personas con la que nos hemos criado y forjado como lo son nuestros padres?

Y ese el último tema que quisiera tocar en este texto: el de la familia. La relación de Iván con su padre se parece a la de mucho de nosotros mucho más de lo que podría percibirse en un primer momento. ¿Cuántas veces no ha pasado que las voces de tu padre o tu madre han disminuido su volumen mientras  te acercabas a su cuarto? ¿Qué se escondía en esas conversaciones dentro de su habitación? ¿Qué nos ocultan de su pasado? ¿Es mejor no saberlo? Idealizamos a nuestros padres en nuestra infancia, renegamos de ellos en nuestra adolescencia y entramos a una tregua durante la adultez. Una tregua de observación y análisis, de reflexión. Nos detenemos a pensar cuanto de sus errores terminamos cometiendo de nuevo, qué  rasgos de nuestra identidad son productos de su herencia y cuanto de sus pecados terminamos pagando.

Esta es una novela conmovedora y con una madurez destacable, en la que se valora la intención de  contarnos una historia individual pero que toca temas universales, algo importante en tiempos en los que muchos autores crean ladrillos que no logran conectar con la emotividad del lector o manosean temas a los que mejor les irían abordándose desde las ciencias sociales. Hay que recordar que leer es una inversión y dedicación de tiempo, el recurso más preciado que tiene el hombre. Y el sentir que no se ha malgastado es algo que en estos tiempos debe agradecerse.


Gran, gran novela. Ojalá tenga la cantidad de lectores que se merece.


+Frases y fragmentos:

-Siempre me gustó recordar. Soy aficionado a hacerlo desde que tengo uso de razón o, mejor, desde que tengo memoria; convierto objetos físicos en añoranza en cuestión de días, los adscribo a algún casillero del pasado, a algún de tránsito o felicidad, a una playa que nunca volvimos a visitar, a un hotel que ya no existe, una ciudad lejana, una isla, o lo vinculo a la presencia de alguien que estuvo de visita –la voz-, con la música inicial de unos dibujos animados que solo duraron dos temporadas.”
Mis recuerdos son apenas el insumo bruto de algo que ya no me concierne. Así pasa a veces: la historia expropia lo que creíste tu vida íntima.

-Ten cuidado, gil. ¿Sabes qué pasa cuando cuentas demasiado una historia?
-¿Se la roban?
-Peor, pierde sabor y se estira, como chicle.

-Los objetos físicos desencadenan cosas, remueven el mundo interior como un virus, y eso pasa aunque los encontremos muchos años después, o, debería decir, pasa sobre todo  si los encontramos años después y esos objetos no han tenido ocasión de opacarse en nuestra mente, de fundirse en sus múltiples versiones, de mimetizarse en el decorado y volverse naturaleza muerta.

-Supongo que las fotos son eso, un montaje al rescate de la memoria.

-O simplemente ocurre que cuando uno aprende a leer, el mundo se ensancha y, con él, la memoria de los recovecos, la capacidad de nombrarlos.

-Pero quizás no sea así, quizás los recuerdos son incompletos no porque les falte un detalle, un color o un nombre, sino porque les falta un sentido, una coherencia, y con los años el sentido de la vida, el que adquiera o el que me sea concedido por las catástrofes que están por venir, por las veces en que tendré ocasión de demostrarme a mí mismo quién soy de verdad, de qué estoy hecho, ese sentido agregará el detalle que faltaba, el sonido que no recuerdo, el rostro que perdió forma como plástico derretido, y hará que encaje perfectamente lo que parecía absurdo.

-(…) quizás la memoria en exceso, el intento de almacenar más de la cuenta, solo puede llevar a cierta forma de colapso.

-Tal vez de algún modo, estábamos dañados, pero al mismo tiempo ese daño le daba espesor a nuestros caracteres.

-Algo de rutinario hay en la felicidad; aun quienes la viven viajando por diversos destinos encuentran la forma de estandarizar los momentos, de comprimirlos en cápsulas análogas, en vagones compatibles, y es por eso que, de algún modo, la felicidad genera una memoria continua y vaga, muy intensa de primer impacto pero débil en el acopio de detalles, como si el torbellino imposibilitara la recolección, como si hubiéramos cruzado en tren bala por el paisaje más bello del mundo. Parece vivirse en cámara lenta, la felicidad; parecer ser el grado cero del estrés.

-Si la memoria tiene un revés, si la presencia perenne de todo lo andado tiene un negativo, es la existencia nueva de un ser en blanco. La energía pura de lo incierto.

-Hay una arrogancia elemental del observador del presente en relación con el narrador del pasado, como si este último fuera un hermano menor un poco idiota e ingenuo, que no entiende nada, que no puede ver lo que está en sus narices, a un milímetro de distancia en la línea larga de la historia.

-Se asume que hay en nuestra mente una habitación cerrada donde está todo aquello  de lo que no tenemos conciencia: deseos, impulsos, y episodios antiguos, todo eso está atrapado allí pero no ha muerto, son pedazos de realidad que afectan nuestra forma de ser y que se manifiestan insidiosamente, con síntomas diversos.

 -Lo que quiero decirte con esto es: si te pones a escarbar en el pasado, no vas a encontrar imágenes neutras, vas a encontrar unidades de sentido, intenciones, postales que van hacia alguna parte. Siempre.

-El pasado es la ilusión resultante de un movimiento en el espacio. El movimiento deja un rastro, un cambio físico microscópico en el cerebro. Esa es la memoria en su forma más primitiva y es también la forma más neutral de recordar. Recordar en espacios, habitaciones y pasadizos es la manifestación exagerada de esa tendencia, su caricatura o parodia, si quieres.

-El recuerdo es una idea del pasado que te ayuda a predecir el futuro en el presente, para sobrevivir.

-La memoria es moverte por las habitaciones vacías de una casa distante, asomarte a los cuartos en los que pasaron cosas –a veces cosas terribles-, pero es también la sensación de estar quieto mirando por la ventana, observando un mundo que no solo es el que habitas (un lugar inabarcable lleno de objetos borrosos), un mundo externo que, sin embargo, confirma de alguna manera tu conciencia íntima de la existencia, la hace más real, la perenniza por efecto inverso, como una placa en negativo o como las mascarillas de yeso que les ponían a los recién fallecidos para tener una constancia de su paso por el mundo.

-La fe, voy entendiéndolo, convierte el laberinto en un único túnel largo, en una peregrinación recta que elimina todo dilema o bifurcación -¿aquella puerta o la otra?-, y produce recuerdos de baja calidad.

-Pero las ciudades, justamente, están hechas para encontrar las vías de retorno. Para vivir y revivir trayectorias precisas. Para volver y  recrear, viajar en el tiempo con las coordenadas exactas. Para que los recuerdos se parezcan y a la vez se diferencien bien.

-¿Será que es hora de escribir? ¿Hacer memoria y teclear sin preocuparme porque los recuerdos vayan a ablandarse? Escribir para rescatar esencias en estado gaseoso (como quien encuentra fórmulas químicas) y ejecutarlas de nuevo, en vez de aspirar a congelar los hechos.

+Comienzo de la novela:

-Mi nombre es Iván Morante y un día se conocerá mi historia. Este no es un deseo propio; al contrario, es algo que ocurrirá sin mi consentimiento ni razón, pasará en algún momento que mi pasado terminará de escribirse y será una suerte de parábola dócil que ayude a explicar o entender ciertas cosas, ciertas vibraciones de la historia, ciertas insignias que nos dieron protección y fe. Me queda claro que no seré yo quien la escriba; esa historia o, en todo caso, lo que yo escriba no tendrá mayor efecto en la circulación de ese pedazo de mi existencia, en el acto de instalar la fábula en los imaginarios que corresponda. (…) Yo sólo estuve en un lugar y en el instante justos, en las coordenada precisas, y caminé en esos márgenes y actué según los usos -¿husos?- que me tocaron entonces, y la coincidencia fue suficiente para que me estén reservados esos rectángulos vacíos, esas viñetas por estrenar

+El autor:

Nació en Lima el 4 de noviembre de 1978. Tiene un MFA en Escritura Creativa en Español de la Universidad de Nueva York. Ha publicado Lima Freak. Vidas insólitas en una ciudad perturbada (Planeta, 2007). Ha sido redactor de la revista Somos, del diario El Comercio, y editor de la revista Cosas. Sus reportajes y relatos han aparecido en las revistas Etiqueta Negra, Letras Libres, Buen Salvaje y Gatopardo, así como en diversas antologías latinoamericanas. Ha sido becado por la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano para asistir a talleres de Ryszard Kapuscinski y Tomás Eloy Martínez, y en el 2008 fue finnalista del Premio Cemex - FNPI. Actualmente vive en Lima y se desempeña como docente universitario.


domingo, 17 de mayo de 2015

Nido de cobras: "Agosto" de Rubem Fonseca

Hace más o menos tres semanas me fui caminar por la tarde al Centro por la ruta de siempre: Estación Central- Camaná-Jirón de la Unión. A ver si así hacía algo de tiempo antes de ir a exponer un trabajo en San Marcos. Parecía que iba a ser un trayecto rápido cuando en una de esas librerías de viejo que están en Camaná, entre Quilca y la Plaza de Francia, tuve que hacer una parada necesaria. Había un ejemplar bien conservado de Agosto de Rubem Fonseca.

La primera vez que leí algo sobre este autor, fue en el segundo número de la revista Buensalvaje. Un hombre ya mayor, calvo y con un nombre cuya “m” le quitaba cualquier sospecha de ser de lengua hispana, tenía la portada de la reciente revista. La nota lo mostraba como un autor casi de culto, siempre voceado al Nobel y ajeno a cualquier afán de notoriedad mediática. Algo así como Thomas Pynchon o Salinger. Que había venido en el 2010 a San Marcos, siempre parco pero no por ello esquivo a responder las curiosidades de jóvenes aspirantes a escritores. Su expresión dura iba de la mano con la intención de su prosa: alejarse de ese Brasil festivo, siempre alegre, que tratan de vendernos las agencias de turismo como única realidad de nuestro gigantesco vecino. Curioso, empecé a buscar algunos libros en las librerías más conocidas sin mucho ánimo, debo confesar, pero lo alto de sus precios me desalentó.


Durante los siguientes años, cada vez que leía alguna entrevista a algún autor latinoamericano siempre se colaba su nombre entre los autores de referencia mencionados por ellos. Se fue gestando un interés ahora ya genuino. Volví a leer la entrevista en Buensalvaje. Así que fui esperando la oportunidad de leer algo suyo, que finalmente se dio la tarde de aquel lunes, en que por veinte soles, adquirí el ejemplar mencionado, luego de revisar que no faltaran páginas y tener la osadía de pedir algo de rebaja.

Agosto, podría decirse que es un thriller político. O policial.  Tiene todos los elementos del género. Hay un crimen inicial en una habitación de hotel a inicios del octavo mes de 1954, que parece envolver a altos funcionarios ligados al gobierno de Gétulio Vargas, el caudillo brasilero, que ostentaban la banda presidencial por cuarta vez del gigante sudamericano. El detective de la historia (comisario para esta novela), Alberto Matos, es el encargado de investigar a los culpables, mientras lidia con dos mujeres involucradas con hombres de la mafia, con un sistema podrido que alcanza a sus contactos más cercanos y un terrible dolor de estómago que lo está carcomiendo por dentro. Es fríamente lógico y racional. No parece haber en él ninguna vacilación moral al momento de tomar una decisión.



El crimen inicial parece dar pie a otros, llegando a destapar toda una olla de grillos de alto y mediano rango. Senadores, diputados, periodistas, militares, policías. Todo el mundo tiene rabo de paja. Cobras por doquier. Nadie parece salvarse. Sólo Matos. Todo en la trama se va llenando de un aire de desesperanza que termina por extinguir cualquier fe de que las cosas vayan a aclararse. Debajo de cualquier intención por querer reformar las cosas se esconde un afán por adquirir poder. Poder, poder, poder.  No se puede confiar en nadie. La corrupción alcanza todos los niveles de la sociedad. Y es ahí donde se puede tender un paralelo con obras como Conversación en la Catedral, como para recordar que no somos los únicos en padecer de esa lacra. Hemos tenido ardua competencia a nivel latinoamerican y Fonseca de encarga de mostrárnoslo.

La acción va avanzando a través de las diferentes historias paralelas que se van trazando. Rubem Fonseca privilegia el desarrollo de la trama y los diálogos sobre reflexiones que puedan entorpecerla. Las reflexiones al fin y al cabo, las termina haciendo el lector que no puede evitar seguir avanzando en la lectura por más cansado que esté, luego de una jornada laboral o de estudios, para descubrir qué otro secreto no ha podido descubrir aún Matos, identificarse con sus problemas amorosos y más que nada indignarse con lo que pasa y sentirse impotente porque sabe que como en nuestro país, la esperanza de cambio es una utopía. 

He visto que en Librería Communitas hay algunos ejemplares de Agosto editados por RBA. Y si no le alcanza y le ha interesado esta obra del nonagenario escritor carioca,  ya habrá la forma de facilitarle la obra (escríbame por interno). Pero denle una chance. Que como dice Francisco Ángeles en una reseña que hizo para Buensalvaje  hay que hacer que la demanda por buenos libros se adelante a la oferta y exigir que obras de calidad lleguen a aquellos interesados en leer algo bueno de verdad. 


+Sobre el autor:

Rubem Fonseca (Juiz de Fora, Minas Gerais, 11 de mayo de 1925) es un escritor y guionista de cine brasileño. Estudió Derecho y se especializó en Derecho Penal. A pesar de su amplio reconocimiento como escritor, no fue hasta los 38 años de edad que decidió dedicarse de lleno a la literatura. Antes de ser escritor de tiempo completo, ejerció varias actividades, entre ellas la de abogado litigante. En 2003, ganó el Premio Camões, el más prestigiado galardón literario para la lengua portuguesa, una especie de Nobel para escritores lusos, en 2004 recibió el Premio Konex Mercosur a las Letras, y en 2012 el Premio Iberoamericano de Narrativa "Manuel Rojas".



+Homenaje en Buensalvaje:
Aquí



viernes, 1 de mayo de 2015

Estrellas solitarias: “El palacio de la felicidad” de Dante Trujillo

Los personajes de los seis relatos que conforman El palacio de la felicidad son como rompecabezas. Rompecabezas a los que les faltan piezas. Muchas piezas. Seres solitarios, y totalmente desamparados en algunos casos. Cuya existencia parece absorbida por la rutina, ahogada en la intrascendencia y cuya luz parece diluirse página a página volviéndolos tan opacos como el cielo invernal de Miraflores. Con un lenguaje que busca ser directo y sencillo, reproduciendo de manera fiel el hablar cotidiano de la urbe limeña, un bosquejo sobre la forma de pensar de una clase burguesa venida a menos con sus temores y estúpidos prejuicios y una lucha constante con los fantasmas del pasado, Dante Trujillo presenta un primer libro en los que se reconoce la honestidad de escribir sobre temas con los que se siente conectado. Y el haber trazado a estos seres, en cuyas características y acciones muchos lectores nos reconoceremos.



Club de invierno

Hay una frase en este cuento que, pienso, sintetiza las emociones que produce el leerlo: No había luna, pero sí unas tantas estrellas, brillantes, muy separadas entre sí, solitarias. Porque los personajes de este cuento, como aquellos astros, pertenecen a un mismo universo y sin embargo su vínculo más cercano no es más que la mera existencia en él. Los problemas de comunicación entre ciertos grupos de nuestra sociedad salen a relucir en los gritos del viejo que llora al lado de la piscina en una parte de esta historia. Los contrastes entre lectores y no lectores (aceptando a los primeros como un grupo  cada vez más minoritario y al cual los otros miran como si fuese un conjunto de bichos raros) y entre los viejos y jóvenes, se reflejan en detalles que muchas veces son forzados a pasar desapercibidos como las reacciones frente a un execrable acto de discriminación (el racismo no tan tácito que se da maña para seguir viviendo en nuestro inconsciente , mirando al otro como un ser inferior para calmar las exigencias del estúpido ego de muchos) o la forma de expresarnos a través del lenguaje (los diálogos en diminutivo denotando la idiosincrasia de nuestra urbe). Resulta imposible escapar de los males de nuestra ciudad y/o nuestro país así nos refugiemos en una casa de campo o en la lectura de una novela, pues estos se esfuerzan en acompañarnos como si tuviesen un pacto con nuestra sombra, parece decirnos Trujillo. Y todo ello coronado con un final, que evoca la frialdad (percibo que no es un detalle menor el tándem padre-hija) de ese otro gran relato que es Caballos de medianoche  de Guillermo Niño de Guzmán.

Emilia Cisneros

Un misterioso sobre llega a la oficina con el nombre de Emilia Cisneros como destinataria. Nadie tiene idea de cómo llegó o quien lo trajo. Y en su interior un mensaje críptico y enigmático. Como si el pasado se corporizara y tocara la puerta de uno. Un evento misterioso que no es más que el inicio de la caída de una inmensa bola de nieve que va cobrando fuerza de a pocos en un inicio, hasta acelerarse de manera imparable. Una bola de nieve que contiene en su interior la triste realidad de la vida de Emilia y que va aplastando en su camino las ficciones y refugios que ha ido creando para protegerse (y recién Emilia se dio cuenta de que lo venía escuchando desde hacía días, un sonido ronco, rumoroso y perpetuo que no había notado hasta entonces.)  La aparición de seres quebrados o al borde de la locura, la infidelidad y el desvanecimiento del amor  son algunas de las herramientas que usará Trujillo para romper el cristal de la rutina en este relato en el que uno termina con más preguntas que respuestas, lo cual se agradece.

Acariciar al tigre

Hay dos frases que rondan este cuento: “Si se quiere comprender lo invisible, hay que penetrar tanto como se pueda en lo visible” y “El gato es la oportunidad de acariciar al tigre”, que parecen encapsular el mensaje de esta historia. El escape de la tediosa y confusa realidad a través de la locura y el de dotar de una imagen más soportable a lo grotesco y terrible de algunas situaciones o seres.
Dos seres irrumpen en una pequeña librería miraflorina. Benavides y Obijuán. Dos seres que parecen venidos de otra galaxia. Dotados de un particular encanto que sólo la protagonista de este cuento parece notar. Seres que despiertan sentimientos en ella que parecían haber sido empujados al sitio más recóndito de su espíritu. Y todo sucediendo en una librería pululada por un público tan heterogéneo, donde el lector de este libro tal vez pueda jugar a identificarse con algún bizarro personaje. Situaciones excéntricas y retorcidas se conjugan en una trama llena de contrastes, localizada en el distrito de Miraflores que parece perder a lo largo de las páginas, la partida frente a la asfixiante neblina de su cielo.

Esa gente siempre tiene frío

Del pasado perdido a ese asqueroso infierno hallado a diario. Otra vez el tema del pasado y el racismo  se mezclan en un cuento donde el mayor terror es uno que sucede en el  día a día: el acoso. La persecución obsesiva. Un comportamiento enfermizo. Enfrentar la irracionalidad con poco más que la acumulación de impotencia. Seres cuya suciedad externa no alcanza a superar la interior.  La voz de una mujer que nos va narrando sus miedos y tristezas, además de representar la frustración de una clase venida a menos pero por la que no se siente pena alguna. Hombres y mujeres sobreviviendo en una ciudad cada vez más salvaje. Animales en medio de esta jungla de concreto. Lo más impactante: subir al transporte público luego de terminar el cuento (o incluso si lo leemos mientras viajamos) y mirar con sospecha a cada uno de los que nos rodean. ¿Cómo estar seguro de que lo que ocultan sus rostros no es la maldad en su estado más puro?

Strangers in the night

Deseo, sexo, oscuridad, pasión, frío, noche. Son algunas palabras que pasaron por mi cabeza durante la lectura de la historia más breve de este libro, del que no menciono mucho para no malograr la experiencia de leerlo.

El palacio de la felicidad

Y el último cuento y más largo, con la extensión de una nouvelle. Un abogado ve interrumpida su rutina por la llegada de una mujer. No una mujer cualquiera, sino la mujer del hermano desaparecido muchos años atrás. Y con ello, los conflictos de décadas atrás, explotando en el presente del protagonista. ¿Hasta qué punto podemos llevar adelante una farsa para saber que no habrá vuelta atrás? Las calles, parques y casas de Miraflores se unen en esta historia para fungir de laberinto. Un laberinto en el que el protagonista se adentra sin intenciones de volver al punto de partida y perderse en los encantos la ficción que está creando.

La imposición de máscaras para ser otro. El amor fraternal luchando contra la pasión por una mujer. La disolución de un matrimonio. La recolección de objetos como insumo para la memoria. Las familias que se fueron y no volvieron. Los reales efectos de la guerra interna en muchos limeños, sin exageraciones. Un enigmático lugar como un oasis de otro mundo. Todo de eso hay y mucho más en este relato que como en los anteriores exuda literatura de la más pura.



Ya llegarán más historias. Aquí estaremos esperando.



+Sobre el autor:
Dante Trujillo nació en Lima en 1973. Estudió Literatura y ha seguido cursos de especialización en La Habana y Madrid. Hoy cursa una maestría en Literatura comparada y crítica cultural. Ha sido publicista y corrector de estilo, y estuvo al frente de la librería Minotauro. Fue editor de proyectos en el Área de Publicaciones y Multimedios del diario El Comercio.

Ha escrito para diversas publicaciones nacionales. Dirige la editorial Solar y la revista Buensalvaje.El palacio de la felicidad es su primer libro.

+Presentación del libro:



domingo, 12 de abril de 2015

Llenando el lugar de la ausencia: “Facsímil” de Alejandro Zambra

Entre las muchas cosas en las que pensaba mientras leía Facsímil  de Alejandro Zambra, destacaban los recuerdos del periodo comprendido entre el tercer y cuarto trimestre del 2009. Era la época de los exámenes de admisión a la universidad para los que estábamos en último año de la secundaria. La mayoría de mi salón iba a postular a la Católica y a la de Lima, por lo que a mí, al postular a San Marcos, me tocaría postular antes que ellos. Porque se había corrido la voz que yo iba a postular a esa universidad pública para la cual ya habían pasado los años más gloriosos pero que aún podía vanagloriarse de poseer uno de los exámenes más difíciles del país, así que sentía que la luz de los reflectores estaría posada sobre mí por lo menos unas semanas. Y si no entraba iba a ser una tragedia. Eso es lo fregado de este sistema en el que te obligan a definir gran parte de tu vida en quinto año de secundaria. Así lo percibía. Siempre había sacado buenas notas y sentía que era de lo único que podía presumir en una promoción conformada por ciento veinte alumnos y si no “la hacía” iba a ser muy vergonzoso. “Uribe no entró a la universidad”, era la frase que quería evitar que se pronunciara. Y en secreto, a las dos semanas iba a postular a una beca para estudiar economía en la de Piura. Pero el objetivo principal era entrar a San Marcos frente a los ojos de mis compañeros y mis profesores.


Para prepararme no contaba más que con un prospecto de admisión o manual con temas de exámenes pasados, que leí durante las tres semanas antes del examen. El proceso de mecanización tenía que ser rápido y efectivo. Las dos últimas semanas no pensaba en otra cosa que en ese lunes siguiente al examen de admisión. Y llegó aquel domingo. Me acompañó mi padre, aun somnoliento por tener que levantarme tan temprano. Nos bajamos en una avenida Venezuela llena de ambulantes, bulla y basura regada por la pista. Con un lápiz, un tajador, un borrador y una cantidad regular de caramelos de limón en mis bolsillos dimos la vuelta por Amezaga para entrar a San Marcos y recién empecé a sentir un miedo significativo. Cientos y cientos de chicos descendían de buses vestidos con polos de sus academias preuniversitarias.  Cientos y cientos de chicos de dieciséis años como yo, pero también de quince, diecisiete, dieciocho, diecinueve y así hasta rozando los treinta incluso que iban a la batalla por un vacante. La competencia en su máxima expresión. A nadie le importa saber la historia que te llevó a estar en ese lugar.Entré buscando el salón donde me tocaba, me senté y durante la hora y media de espera para el examen recién comenzó a acelerarse  la formación de aquel sudor frío como una materialización de mi temor. Una semana después pasaría lo mismo en un sótano de la Universidad de Piura. Y aunque hay un universo de distancia entre las realidades de ambas casas de estudio, había sensaciones que se repetían

Y es que existen pocos momentos hay de tan profunda soledad que puedan superar al de un examen de admisión. Todos los rostros a tu alrededor son de chicos y chicas que quieren la vacante que tu también quieres. Rostros que por lo general denotan angustia y miedo.
Miedo de decepcionar a:

a) Tu padre.
b) Tu madre
c) Tus tíos, abuelos y/o hermanos
d) Tu enamorada que te puede dejar
e) La chica que te gusta con la que ya no tendrás alguna oportunidad
f) Tus amigos
g) Todos los anteriores

Porque en ese momento además, se interceptan tu pasado, tu presente y tu hipotético futuro. Mientras vas buceando en el lago pantanoso de tu memoria tratando de rescatar los conceptos de razonamiento verbal y matemático que paporreteaste en el colegio o la academia se aparecen escenas de tu pasado como :

a) Tus padres llorando por no tener dinero para pagar una cuenta
b) Las enfermedades que te quitaron a los abuelos que te criaron
c) La chica que te terminó el año previo.
d) Tu profesor diciéndole a tu clase que nadie de ahí tendrá éxito
e) Otro
f) Todas la anteriores

Escenas de tu presente como:

a) Tus compañeros de clase sin grandes aspiraciones
b) El barrio de clase media venido a menos donde has vivido toda tu vida
c) El cáncer que puede estar incubándose en tu interior en ese mismo momento
d) Tu madre abrazándote antes de partir a dar el examen
e) Otro
f) Todas la anteriores

Y escenas del futuro que podrían ocurrir si no entras como: 

a) La vergüenza de entrara al salón durante las semanas siguiente.
b) Otros exámenes de admisión en los cuales tampoco lograrás ingresar.
c) Terminar estudiando por descarte una carrera que no te gusta en una universidad que no te gusta y trabajando en algo que no te gusta
d) Una relación amorosa insípida y apática que te causará una vejez frustrante
e) Tu muerte sin pena ni gloria
f) Todas las anteriores y más.

Uno comienza a sentirse perturbado por las culpas que carga su existencia y el vacío de varios aspectos de su vida. Vacíos que uno va tratando de llenar como quien macilla una pared cuya pintura se descascara continuamente.

Y esa hoja de papel en la que  armado con un lápiz vas construyendo y perfilando tu historia que sigue ahí esperando que se llene durante las siguientes tres horas de examen.

Facsímil es capaz de evocar todo lo que he escrito y muchísimo más. Es un libro escrito como si fuese un examen de admisión a la universidad, inclasificable, que bebe de la poesía, la novela y el relato en un experimento que nos puede hacer llorar, gritar y reír, mientras reflexionamos sobre nosotros, los que nos rodean o nos rodearon y el país donde nos ha tocado vivir y/o sobrevivir.

Para los que no han tenido la grata experiencia de leer a Zambra, encontrarán ecos de sus anteriores novelas. Y para los recién van a entrar, descubrirán a los demonios con los que siempre lucha el chileno: los pecados de los padres, las relaciones líquidas de pareja, la angustia de los hijos, la dictadura de Pinochet, el pasado y el presente de Chile, el vacío de la ausencia, la infancia y sus cicatrices. Pero a ellos les suma otros como el sistema educativo tanto de la educación básica como la superior, el rol de los profesores, el matrimonio, el divorcio, la enfermedad, las normas, el rompimiento de las normas, Dios, el ateísmo…

Y la familia. Acá está lo que creo yo, termina absorbiendo y potenciando todo lo demás. La apertura del individuo a los demás a través de la interacción inicial con su familia, esté como esté conformada esta. 

En las páginas de Facsímil  uno recuerda la magia de la literatura. Ese arte donde los lectores hacen cobrar vida a los libros, convirtiendo las palabras impresas en un cúmulo de sentimientos que permiten entendernos un poco más. Porque aquí como en Rayuela, los lectores empiezan a jugar tomando un rol menos pasivo y como la vida, son las elecciones que tomamos, las alternativas que marcamos, las que definirán como construimos y disfrutamos este artefacto literario.

Corra y vaya a leer (o releer) a Alejandro Zambra. Lo más probable es que una vez que comience, ya no deje de hacerlo.



+Algunos párrafos y/o frases: 

- 3.- Educar
 a) enseñar
 b) mostrar
 c) entrenar
 d) domesticar
 e) programar

-14.-Prometo:
 a) silencio
 b) completo
 c) prometo
 d) silencio
 e) completo

- 19.-Culpa:
 a) pecado
 b) desliz
 c) caída
 d) tropiezo
 e) tuya

- 35.3 Cuando niño estabas enamorado del silencio. Luego quisiste que las palabras te inundaran y te hundieran. Pero sabías nadar, no tuvieron que enseñarte. A nosotros, piensas, como a los perros, nos echaron al agua y aprendimos a nadar altiro.

-37. _________ las mil reformas que le han hecho, la Constitución de 1980 es una mierda.
a) Con
b) Debido a
c) A pesar de 
d) Gracias a 
e) No obstante

-41. Los estudiantes van a la universidad a ___________, no a _________.
a) dormir/ morir
b) tomar/pensar
c) estudiar/protestar
d) llorar/leer
e) comprar/vitrinear

-Ahora soy un texto que lees y no quieres que exista.

-Hay momentos en que nos odiamos a nosotros mismos, y si tenemos enfrente a alguien que, en casi todos los aspectos, es igual a nosotros, se hace inevitable orientar el odio en esa dirección.

-Chile es una inmensa sala de espera, y vamos a morir esperando el número.

-En ese consiste la vida: en borrar y ser borrado.



+Sobre el autor:
Alejandro Zambra nació en Santiago de Chile en 1975. Es autor de Bahía Inútil (1998), Mudanza (2003), Bonsái(2006), La vida privada de los árboles (2007), No leer(2010), Formas de volver a casa (2011) y Mis documentos (2013). Sus novelas han sido traducidas a más de diez idiomas y algunos de sus relatos han aparecido en revistas como Quimera, Letras Libres, Piauí, The New Yorker, The Paris Review, McSweeney’sy Zoetrope. Estudió literatura en la Universidad de Chile. Actualmente es profesor en la Universidad Diego Portales.

+Booktrailer:

viernes, 10 de abril de 2015

De Estambul con amor (y algo de obsesión):“El museo de la inocencia” de Orhan Pamuk

“Dime, ¿el amor nos hace tontos o es que sólo los tontos se enamoran?”
OrhanPamuk, Me llamo Rojo



¿Cómo llega un joven limeño de 19 años, estudiante de Economía y Administración, a la literatura de un premio Nobel de Literatura turco? Pues,a veces la buena literatura tiene caminos extraños que nos conducen a ella. Un día, creo que por uno de esos errores que se terminan lamentando después, apareció entre las opciones de búsqueda de libros de mi cuenta de la biblioteca de la Universidad de Piura, “Me llamo rojo”. El título para ser honesto me sonaba a un libro sobre marxismo y al ver que era la obra de un Nobel turco, sentí curiosidad y pedí que me lo trajeran desde la misma sede de Piura. A los tres días llegó, y aunque me incomodó que estuviera en una rústica edición de bolsillo, me quedé enganchado sin duda alguna con las primeras líneas:

“Ahora estoy muerto, soy un cadáver en el fondo de un pozo. Hace mucho que exhalé mi último suspiro y que mi corazón se detuvo pero, exceptuando el miserable de mi asesino, nadie sabe lo que me ha ocurrido.”

Con un comienzo así, la novela prometía. Y vaya que cumplió. Como dice su contraportada, era un “puzzle filosófico y fantástico en el que se cruzan el arte, la religión, el amor, el sexo y el poder”. En la siguiente feria del libro, mis papás me dijeron que sólo me iban a comprar un libro. Sin duda, escogí la Nieve, un thriller político en medio del mundo islámico y que comenzaba así:

“El silencio de la nieve, pensaba el hombre que estaba sentado inmediatamente detrás del conductor del autobús. Si hubiera sido el principio de un poema, habría llamado a lo que sentía en su interior el silencio de la nieve.”

Luego de ello disfruté durante una Semana Santa de hace uno o dos años, La vida nueva, un libro que también (¡Vaya sorpresa!) tenía un comienzo genial:

Un día leí un libro y toda mi vida cambió.

Y pasó sin duda un largo periodo en los que me distancié sin duda de la obra de Pamuk. Hasta diciembre pasado, que recorriendo algunas librerías, di con una edición de Mondadori de El museo de la inocencia, la novela que en varias reseñas había leído que tenía el amor y la obsesión como ejes centrales de su trama. Y aunque su precio excedía lo que había presupuestado para la adquisición de libros durante la época de fin de año, fue al leer las primeras líneas que percibí la magia de la literatura de Pamuk llamándome:

Fue el momento más feliz de mi vida y no lo sabía. De haberlo sabido, ¿habría podido proteger dicha felicidad? ¿Habría sucedido todo de otra manera? Sí, de haber comprendido que aquel era el momento más feliz de mi vida, nunca lo habría dejado escapar.

Primó la curiosidad por saber las razones de esta confesión y adquirí el ejemplar al día siguiente (luego de convencerme aún más al encontrar una magnífica reseña del crítico literario José Miguel Oviedo en el portal de Letras Libres  que se puede encontrar googleando). Otra vez la literatura le ganó la pulsada a mis intenciones de ahorrar.

¿Alguien posee la verdad absoluta sobre el amor? ¿Es posible llegar a un consenso sobre su definición? Sin duda alguna, el amor es uno de los temas más complejos para el entendimiento humano y por ello, uno de los que llama más nuestra atención. Hace poco terminé de leer El amor en los tiempos del cólera de Gabriel García Márquez, una hermosa novela sobre un amor entre fines del siglo XIX y comienzos del XX que esperó más de medio siglo para concretizarse y tomar forma. En ella la perseverancia y paciencia son cualidades determinantes para que el amor tenga esperanza de sobrevivir a los obstáculos que se van presentando. En la novela de Pamuk también. Pero su encanto tiene otros matices.

Estambul, Turquía. La ciudad-puente entre Asia y Europa. Entre el mundo islámico y el occidental. Una ciudad llena de contradicciones  y que en plena década de los setenta se encuentra buscando una identidad, capaz de unir todas sus contradicciones internas. Una ciudad donde habitan Kemal y Fusun. Kemal es un burgués de treinta años, rico en una tierra de pobres y cuya vida no ha sufrido mayor tropiezo.

Un don como el de nacer en una familia rica en un país pobre era algo que Dios concedía muy raras veces a quienes habitaban en este rincón del mundo.

Él está a punto de comprometerse con una de las jóvenes más admiradas y deseadas del “mundillo” de la clase alta, cuando irrumpe en su vida una pariente lejana, joven y pobre, pero sumamente bella,  como una tormenta furiosa que no va a expirar hasta el último de sus días.Se vuelven amantes, y durante el mes que trascurre entre dicho encuentro (o segundo encuentro en sus vidas como recordará después, evocando una escena de su infancia) y la fiesta de compromiso con su novia oficial,  se entregarán al placer del sexo en un cuarto-santuario que Kemal tiene a su disposición en un viejo edificio donde se da cuenta que nunca antes ha experimentado tanto gozo como el que obtiene al lado de Fusun.  Pero se va dando cuenta que la locura con la que se entregan, esconde algo más allá que la simple excitación física.

¿Qué era lo que me unía a ella, aparte del ilimitado e infantil goce sexual? ¿Por qué podía hacer el amor con ella de una manera tan sincera? ¿Eran nuestro placer sexual y ese deseo perpetuamente repetido los que hacían nacer el amor, u otras cosas que nacían paralelamente el deseo y se alimentaban de él?

Va creándose una dependencia por el cuerpo de Fusun y todo lo que provenga de él. Sus historias, sus deseos, sus temores, sus preocupaciones, sus palabras, sus miradas, sus palabras. Todo lo que la rodea comienza a ser glorificado por Kemal, que siente que la vida lo ha bendecido como a ningún otro hombre en el mundo. Pero como esto es una novela, no todo puede ser dicha y felicidad, por lo que la tragedia tiene que pasar a rendirle cuentas.

En realidad nadie sabe que está viviendo el momento más feliz de su vida mientras lo vive. Puede que haya quienes piensen o digan sinceramente ( y a menudo) en ciertos momentos de entusiasmo que están viviendo “ahora” ese instante dorado de sus vidas, pero, a pesar de todo, con parte de su alma creen que más adelante vivirán momentos más hermosos y más felices. Porque, especialmente en la juventud, de la misma forma que nadie puede seguir viviendo si piensa en que a partir de ese momento todo va a ir a peor, si uno es tan dichoso como para imaginarme que vive el momento más feliz de su vida, es lo bastante optimista como para pensar que el futuro también será hermoso.

Y es en la fiesta de compromiso cuando todo se desmorona. Kemal invita a su amante Fusun. Ella deslumbra a cuanto invitado ha asistido a la ceremonia. Los celos invaden a Kemal. Kemal se comporta de la forma más estúpida posible por momentos. Fusun baila con otros.  Conversa con otros. Estos otros le cuentan que Kemal se ha estado follando a su novia en la oficina durante el mes anterior. Fusun se siente engañada. Fusun no da un buen examen de admisión a la universidad al día siguiente. Fusun desaparece. Y Kemal ya no se siente el hombre más afortunado del mundo. El giro de 180°.

Y es aquí cuando la novela se convierte en una espera. Kemal siente su vida incompleta y resquebrajada. Cosa que se puede notar en algunas frases como las siguientes:

El auténtico dolor de amor se instala en el punto más esencial de nuestro ser, nos atrapa bien fuerte por nuestro punto más débil y, uniéndose íntimamente a los demás dolores, se disemina por nuestro cuerpo y por nuestra vida de manera imparable.

Sentía como si me clavaran un destornillador o un hierro al rojo y lo retorcieran. Era como si se acumularan líquidos altamente ácidos en todo mi vientre partiendo del estómago, como si me pegaran a los órganos internos pequeñas y cáusticas estrellas del mar. El dolor que se hacía más virulento al extenderse, me afectaba a la frente, a la nuca, a la espalda, a los testículos, por todas partes, y me oprimía como si pretendiera asfixiarme.

Si no está el amor, ¿importa lo demás?, se pregunta Kemal en muchos momentos de la novela. Pues para un hombre que tiene dinero, buena salud y la vida aparentemente resuelta en ese sentido, ¿acaso no es lo sentimental lo único que puede acaparar su atención como problema a resolver?

Aunque le gustaba que en las revistas, en la televisión y en las canciones se mencionara constantemente el amor, no encontraba correcto que nos e dejara de hablar continuamente de dicho sentimiento y pensaba que exageraban para atraer la atención de aquellos que no se habían enamorado nunca. :

¿Qué le va a importar que el mundo a su alrededor se esté viniendo abajo? Simplemente, ya no hay mundo si no está ella presente.

Mientras en las calles de Estambul los comunistas y los nacionalistas se disparaban mutuamente, se atracaban bancos, se ponían bombas y se ametrallaban cafés, nosotros nos olvidábamos del mundo entero a causa de un misterioso dolor, y eso le daba a Sibel una sensación de profundidad.

La política (…)un desastre natural parecido a los terremotos y a las inundaciones contra el cual los ciudadanos de a pie no podíamos hacer otra cosa que mantenernos los más alejados posibles.

Entonces, ¿cómo aliviar dicho dolor? ¿Hay forma de conseguir aunque sea un paliativo? ¿Se puede curar la enfermedad del amor? Irrumpe entonces el mecanismo de la memoria. Y todo aquello que sirva para hacerlo menos imperfecta y conjugarla con la imaginación tendrá cabida. Como por ejemplo, los objetos físicos que rodearon la figura de la amada Fusun. Objetos que servirán como elementos de un futuro museo y de una novela. Lo físico y lo abstracto codificado en literatura, para que el amor que hubo, perdure.

Necesitaba las cosas que me recordaban a Füsun para amortiguar mi dolor, pero al mismo tiempo, como al amortiguarse el dolor me recordaban mi enfermedad, también quería huir de ellas y de aquella casa y pensaba, optimista, que me encontraba mejor.

¿Acaso no es el objetivo de la novela y el museo narrar con toda sinceridad nuestros recuerdos para convertir nuestra felicidad en la de otros?

Intuía que si podía contar mi historia se aliviaría mi dolor.

Tras cada obsesionada con recopilar objetos y apilarlos en un rincón subyace un corazón roto, un problema profundo , una herida espiritual difícil de explicar.

Los museos de verdad son los sitios en los que el Tiempo se transforma en Espacio.

Frases creadas con hermosura para recrear la temblorosa frontera entre el amor, la locura y la obsesión.  La escritura para evocar sensaciones como el miedo.

En los dedos que Füsun pasaba por mi espalda había algo parecido al miedo a la muerte que siente la niña miope e inocente que se mete en el mar mientras está aprendiendo a nadar y en el momento en que cree que se está ahogando se abraza con todas sus fuerzas a su padre, que corre a socorrerla.

La entrega.

Si le damos a alguien algo que nos importa mucho, lo más valioso que tenemos, solo como muestra de amor, lo hacemos, sin esperar nada a cambio.

El dolor.

Sin embargo, ya por aquellos días comencé a intuir que se iban abriendo en mi alma una serie de grietas y heridas que dejan a algunos hombres sumidos en una soledad irremediable, profunda y oscurísima hasta el fin de sus vidas.

(…) en cuanto señalemos el momento más feliz hará mucho que habrá quedado en el pasado, que no volverá nunca más y que, precisamente por eso, nos producirá dolor.

Tenía la sensación de que poseía una armadura invisible que desde los veinte años me protegía de todo tipo de problemas y desdichas. Parte de esa sensación me hacía intuir que, si le prestaba demasiada atención a las desgracias de los demás, también me harían desgraciado y que podrían perforar mi armadura.

El sentido de seguir respirando y luchando por vivir (y sobrevivir) en este caótico mundo.

A veces pienso que si el tabaco gusta tanto no es por la fuerza de la nicotina, sino porque en este mundo vacío y sin sentido te da con facilidad la impresión de estar haciendo algo que tiene un significado.

Durante nuestros besos, cada vez más largos, se iban acumulando en la enorme caverna de nuestras bocas unidas un líquido templado dulce como la miel que a veces fluía por las comisuras de nuestros labios hasta la punta de la barbilla, ante nuestros ojos se aparecía un país celestial y onírico que solo podía imaginarse con un optimismo infantil y contemplábamos como si fuera el Paraíso aquella tierra multicolor que parecíamos ver a través de un calidoscopio en el interior de nuestras mentes.

Y muchas cosas más que quisiera decir, pero creo que el principal motivo de este texto es invitarlos a leer esta hermosa novela de Orhan Pamuk. Que no los aterrorice su volumen, puesto que la división en más de ochenta capítulos breves, junto con lo caautivadora de la historia de amor entre Kemal y Fusun hacen que al terminar la última página, se termine pidiendo más .Porque a pesar que le haya dado énfasis al comienzo de sus novelas, durante la lectura el lector palpará el mundo imaginario de este arquitecto turco, que desencadena con un final en la cual uno ha llegado a tal grado de conexión con los personajes que es capaz de comprenderlos y hasta tener compasión por ellos, y también por nosotros que tendremos que esperar al siguiente libro para volver a ser hechizados.La  Academia Sueca, que no se equivocó con este escritor turco.

Antes de terminar, algunas frases más que no quería dejar de copiarles:

Tanto el amor como la columna periodística deben satisfacernos ahora, pero la belleza y la fuerza de ambos se miden por su capacidad de no írsenos de la cabeza.

El amor es el arte de que cada oveja vaya con su pareja.

 Los que cada, como yo, tienen la vida patas arriba por culpa del amor, creen que la solución de todos los demás problemas será posible con el fin del mal de amor, y sin quererlo profundizan en la herida del corazón.

Es el amor, es el amor, la razón de todo en el mundo.

Mientras leía el aburrido guion pensé que la pasión por el arte, como el amor, es una enfermedad que nos ciega la mente, nos hace olvidar lo que sabemos y nos oculta la verdad.

La felicidad consiste solo en estar cerca de la persona amada.


+Sobre el autor: 


Orhan Pamuk, Premio Nobel de Literatura 2006, nació en Estambul, Turquía, en 1952. Cursó estudios de arquitectura y periodismo, y ha pasado largas temporadas en Estados Unidos, en las universidades de Iowa y Columbia. Es autor de ocho novelas: Cevdet Bey e hijos (1982; Mondadori 2013, Debolsillo 2014), La casa del silencio (1983; Debolsillo 2006), El castillo blanco (1985; Mondadori 2007, Debolsillo 2008), El libro negro (1990; Debolsillo 2008), La vida nueva (1995; Debolsillo 2009), Me llamo Rojo (1998; Debolsillo 2009), Nieve (2002; Debolsillo 2011) y El Museo de la Inocencia (2008; Mondadori 2009, Debolsillo 2011), así como de los libros de prosa Estambul. Ciudad y recuerdos (2005; Mondadori 2006, Debolsillo 2007), La maleta de mi padre (2006; Mondadori 2007), Otros colores (1999; Mondadori 2008) y El novelista ingenuo y el sentimental(2010; Mondadori 2011, Debolsillo 2013). Su éxito mundial se desencadenó a partir de los elogios que John Updike dedicó a la novela El castillo blanco. Desde entonces ha obtenido numerosos reconocimientos internacionales: el Premio al Mejor Libro Extranjero en Francia, el Premio Grinzane Cavour en Italia y el Premio Internacional IMPAC de Irlanda, los tres por Me llamo Rojo. En 2005 recibió el Premio de la Paz de los libreros alemanes. Con la publicación de Nieve, novela por la que en 2005 fue galardonado con el Prix Médicis Étranger y que aborda el tema de la confrontación entre la cultura occidental y la oriental, Orhan Pamuk pasó a ser objetivo predilecto de los ataques de la prensa nacionalista turca. La obtención del Nobel de Literatura consolidó definitivamente su proyección internacional, y sus libros ya se han traducido a más de sesenta idiomas.




+Links:




jueves, 2 de abril de 2015

Espinas clavadas en el corazón: “Hombres sin mujeres” de Haruki Murakami

Todavía llevo hoy esa espina clavada en el corazón.
Haruki Murakami



En el estudio de los fenómenos económicos, se usa la idea de una curva envolvente. Esta sirve de enlace para unir distintas curvas menores y dispersas, heterogéneas en su forma y valor, a través de puntos de contacto. A través de dichos puntos, la curva envolvente puede remitirnos la figura de un sistema circulatorio, que recoge y otorga vida a su vez a cada una de estas curvas y las hermana a través de la pertenencia a un microsistema. En el más reciente libro de relatos de Haruki Murakami sucede algo parecido. Hombres sin mujeres, es un conjunto de siete relatos hermanados por un sentimiento de pérdida y soledad. Lleno de escenas de encuentros y desencuentros entre hombres y mujeres, con una atmósfera lúgubre donde el amor puede ser a veces una tabla de salvación o una piedra amarrada a uno, que lo conduce a un abismo de desgracia. Los mecanismos a través de los que interactúan hombres y mujeres son incomprensibles para los personajes de este libro y nosotros lectores asistimos a cada uno de ellos con la sensación de que dichas tragedias trascienden las páginas del libro que tenemos en nuestras manos y se manifiestan en nuestra realidad.  Cada historia es digna de disfrutarse como quien observa maravillado una flor, pero cuidando siempre de que las espinas con las que nos topemos no terminen por desangrarnos del todo en el camino.

Drive my car

Un maduro actor  tiene problemas con la visión. Un punto ciego en su campo visual. Es por ello, que al no poder manejar su carro, y al no gustarle andar en taxis o en el metro, requiere del servicio de un chofer. La chica que lo ayuda es una joven veinteañera, aparentemente parca y retraída. Él, viudo desde hace algún tiempo, traba una especie de fraternidad con esa alma también sufrida, que lo lleva y trae del teatro donde está actuando. Ambos empiezan a interesarse en el pasado del otro. Ella le cuenta la razón de su aparente indiferencia con el mundo. Él, la razón de sus penas. Penas causadas en gran parte por las infidelidades de su esposa, con la que estuvo veinte años casado. Ella se fue, pero él se queda a padecer ese precio a pagar por el amor de una mujer (De todas formas, se dijo, los muertos seguramente no pensaban ni sentían nada. Eso era, desde su punto de vista, lo bueno de morir.)Esa incapacidad de entender su comportamiento. (¿Acaso no nos es imposible comprender al cien por ciento lo que piensan las mujeres?) Es por ello, que busca a uno de los amantes de su fallecida esposa. Traban una especie de amistad, hermanados por ese lazo extraño de haber amado o intentado amar a la misma mujer (Eran incapaces  de paliar el dolor de la pérdida, cada uno desde su posición. Por eso congeniaban).  Conversaciones mezcladas con el alcohol en las que ahondan en el problema de no haber comprendido a aquella mujer mientras reprimen buena parte de lo que quieren decirse. Están actuando y siendo vulnerables al mismo tiempo. Al parecer es la única forma que tienen para no caer en la angustia. ¿Conoció el amor el maduro actor? (Pero cuanto mayor es la felicidad, mayor es la angustia que se siente. (…) existía la posibilidad de perderla. Sólo de pensarlo, se me encogía el corazón.).¿Fue eso amor o es que el punto ciego era más que una discapacidad física?

Yesterday

Los protagonistas de este cuento son dos muchachos que trabajando juntos se hacen amigos a pesar de ser muy diferentes entre sí. Uno está en la universidad mientras que el otro lleva dos años intentando ingresar a ésta. El primero, además tiene una serie de complejos a los que se le suma el haber terminado una relación que le ha dejado un sabor agridulce. El otro tiene una serie de hábitos extraños como el cantar de forma extraña la canción del título del cuento en un dialecto provinciano del japonés. Es este el que presenta una relación amorosa que se inició en la infancia y en la que le cuesta seguir participando como cree que debería, siendo la negación del sexo una de las razones más determinantes del lento alejamiento de él y ella (Todos damos un rodeo sin fin.) Llega al punto incluso de pedirle a su amigo que salga con ella, porque cree que de dicha manera no le hará tanto daño. Nadie parece estar seguro de lo que realmente quiere. (Buscar algo cuando uno no sabe qué está buscando es muy complicado.)   Lo único que parece cierto es la atmósfera de tristeza que encierra los difíciles años de la juventud. (¿no te parece que, cuando eres joven, en cierta medida es necesario vivir periodos  tristes y difíciles cómo ese? O sea, como parte del proceso de madurez.).  La incomprensión de este periodo genera además, dudas acerca del sentido de la vida y sobre las reales posibilidades de llegar a un punto de sosiego continuo.  ((…) pero no puedo negar que me preocupa, que no  creo que sea bueno que la vida resulte tan natural, agradable y sin contratiempos). Pasarán los años y el pasado, seguirá ahí, inamovible, tan doloroso al recordarlo cómo cuando pasó.(En ocasiones la música tiene el poder de reavivar los recuerdos con tal intensidad que a uno hasta le duele el corazón.) Pero aun así, habrá lugar para una pequeña dosis de esperanza. (Porque nadie sabe con qué soñaremos mañana.)

Un órgano independiente

Existe una clase de personas que, debido a una excesiva despreocupación, a sus pocos desvelos, se ven obligadas a llevar una vida sorprendentemente artificiosa. El doctor Tokai pertenecía a esa clase de personas. Cirujano de relativo éxito, educado y de modales destacados por decir lo menos, había llevado a lo largo de su vida un accionar tranquilo que le había reportado una serie de satisfacciones que lo habían llevado a pensar que su vida había tenido un transcurrir “natural y honesto”.  Nunca se había inmiscuido en una relación amorosa que le supusiera un compromiso formal y único. Intuía que si lo hacía, era inevitable que terminara arrasado por el sufrimiento. (Cuando alguien te gusta demasiado, lo pasas mal. Sufres. Como no creo que mi corazón sea capaz de soportar tal peso, me esfuerzo todo lo posible para que no me guste.)Su afán e interés en un aspecto de las mujeres que vaya más allá de lo sexual se había traducido en una enumeración de fugaces relaciones sin ataduras. (Lo que buscaba era una relación en el plano intelectual con las mujeres. (…) Ninguna técnica quirúrgica podía mejorar la capacidad intelectual.) Hasta que a la edad de los 52 años, llega la tormenta. Se enamora. Se desestabiliza, un terremoto rompe con la quietud de su existencia. Empieza a cuestionarse el sentido de la misma. (Últimamente pienso a menudo en qué demonios soy.) El amor por una sola mujer empieza a alejarlo de las demás aventuras que tiene en paralelo. Se va volviendo un ser dependiente de la duración de esta relación. Porque esta va más allá de los encuentros sexuales que puedan sostener. (Cuando su corazón se mueve, tira del mío. Como dos barcas atadas por una cuerda. Que no se puede cortar, pues no existe ningún cuchillo capaz de cortarla.). El narrador da cuenta de ello, tratando de comprender la problemática de un ser que recién conoce el amor en su madurez. (Pero, con los años, el lastre del pasado, lo abruma a uno. No hay segundas oportunidades.). Pero, ¿qué tan peligroso es no retroceder, ahogarse en ese mar embravecido que es el enamorarse de una mujer?  El final trágico reflexiona en torno a dicha pregunta. La sensación de pérdida podrá absorber al lector, que sin embargo no olvidará fragmentos de esta historia como éste:(…) para mí era un ser especial. Podía afirmar incluso que es un ser sintético. Todas las cualidades que posee se concentran y compactan en un solo núcleo. Y lo que hay en el núcleo es lo que me atrae tan poderosamente. Como un potente imán. Es algo que sobrepasa la razón.

Sherezade

Un hombre desterrado al mundo de la soledad (Yo mismo soy una isla desierta.) Su único vínculo con la realidad externa: una enigmática mujer que le cuenta historias luego del sexo, al punto que este por momentos se siente como un mero puente para llegar a las narraciones. (Se dijo que los gestos de una mujer posiblemente sean más interesante cuando se viste que cuando se desnuda.)Una mujer de treinta y cinco años, sin ninguna cualidad física resaltante. Tal vez una ama de casa. Tal vez la esposa de alguien. No sabemos. Sólo que es capaz de hechizar y mantener cautivo al protagonista con la fuerza avasalladora de sus relatos. (Despertaba el interés del oyente, lo mantenía astutamente en ascuas, le obligaba a pensar, a especular, y luego le daba justo lo que deseaba.). Los relatos de su pasado, que se van relacionando con la vida de su fiel oyente. Con sus sensaciones de vacío. Seres que esperan ver una luz que los guie para no perderse en la pesadumbre de una existencia que por momentos resulta una carga difícil de sobrellevar. Y otra vez el desamor, que por momentos llega a intoxicar y causar más daño que satisfacciones. Obsesiones con las que no es fácil lidiar. (Y no es que fuera algo semejante a una enfermedad, sino que probablemente fuera una enfermedad de verdad.) ¿ O será verdad que el tiempo es capaz de borrar las heridas causadas por el amor? (A veces, cuando observamos las cosas al cabo de un tiempo desde una perspectiva un poco diferente, algo que creíamos absurdamente esplendoroso y absoluto, algo por lo que renunciaríamos a todo para conseguirlo, se vuelve sorprendentemente desvaído.)Al final, sólo termina prevaleciendo el temor por perder la magia y el encanto que la intimidad con una mujer es capaz de brindar. (Perder esos momentos especiales que invalidaban la realidad, aun estando integrados en ella: eso le ofrecían las mujeres).

Kino

El protagonista es el dueño de un pequeño y casi insignificante bar cuya vida había transcurrido sin pena ni gloria (No había conseguido hacer feliz a nadie, y menos a sí mismo.) hasta que su mujer lo engaña con un compañero del trabajo de toda su vida. De manera increíble, este suceso lo alentó a voltear la página casi al instante y aceptar un trabajo sosegado, que le diera independencia, sirviera de guarida (A veces siento como si me hubiese vuelto casi transparente.) y la posibilidad de mostrar interés por eventos minúsculos que en cualquier otro sitio pasarían desapercibidos como la visita de un extraño hombre que lee en silencio mientras toma un whisky. También la de una mujer con un pasado que le ha dejado una serie de cicatrices que Kino va descubriendo en la intimidad. Poco a poco, la atmósfera sombría del jazz que sirve de música de fondo se va mezclando en el interior de Kino, que empieza a ver lo triste que ha llegado a ser su vida. Un encuentro con su ex mujer (Pero es que entre nosotros existió como un botón mal abrochado.), la rara y metafórica aparición de serpientes (Las serpientes han acaparado ese espacio, en el cual intentan ocultar el frío latido de sus corazones.), la pequeña habitación de un hotel que sirve como refugio: no son más que el camino para entender que el dolor es inevitable. Que no se puede escapar de él por más que se trate.(Lo único que a duras penas podía hacer era procurarse un lugar al que amarrar su corazón, que había perdido todo el peso y hondura, para que no diese tumbos de un lado a otro.) Y que para algunos, la felicidad es una utopía que sirve como negación a los padecimientos con lo que uno se enfrenta a diario. (De hecho, ni siquiera había logrado hacerse una idea precisa de qué era realmente la felicidad.)

Samsa enamorado

 Este relato funciona como una metáfora de la evolución de la Humanidad a través de un giro de 180° a la historia del mítico personaje kafkiano de La Metamorfosis. Aquí, un ser se despierta con la única seguridad de que responde al nombre de GregorSamsa. Empieza a descubrirse como un hombre en un proceso dificultoso en el que en primer lugar debe sobrevivir. Primero está el funcionamiento de su cuerpo y la satisfacción de las necesidades que este requiere. (Pero entonces, como para colmar el vacío dejado, un intenso dolor comenzó a atormentarlo-era como si una siniestra roca oscura hubiese emergido al bajar la marea.) Luego, está el descubrimiento del pudor y el anhelo de protección frente a adversidades inherentes a su naturaleza frágil. (Samsa se percató de que necesitaba vestirse con algo.)Samsa está empezando a sortearlo, cuando irrumpe una mujer en su casa. Una cerrajera, que acaso sirva como una metáfora del rol de las mujeres como dueñas de las llaves del destino de los hombres. Gregor empieza a sentir en su interior un fuego que va incrementándose mientras más interactúa con esta mujer. (No sé cómo explicarlo, pero creo que no tiene nada que ver con mis sentimientos. Debe ser un problema del corazón.) Y va dejando de ser sólo un cuerpo que sufre, sino que hay algo que lo trasciende. Que lo eleva a sensaciones que en su anterior vida no podía percibir. Y es que sin importar que el mundo se esté destruyendo afuera, en muchos casos, basta la presencia de una persona a la que se ama para saber que no todo está perdido, es la idea que parece acentuarse en las líneas de esta historia. Pues lo único que quiere Gregor y muchos de nosotros a veces, es tan solo ir develando poco a poco los misterios del mundo con ellas.

Hombres sin mujeres

Un buen día, de repente, te conviertes en un hombre sin mujer. Ese día sobreviene de repente, sin mediar el menor indicio o aviso, sin corazonadas ni presentimientos, sin llamar a la puerta y sin carraspeos. El timbre empieza a sonar de madrugada. El protagonista se despierta y contesta. Una chica acaba de suicidarse. Una chica con la que se relacionó tiempo atrás y que en algún momento del tiempo paso a formar parte de su memoria mas no ya de su realidad cercana e inmediata.Y la atmósfera de muerte empieza a recorrer la mente de este narrador que nos va llevando de la mano a conocer a los fantasmas de su pasado. En un viaje silencioso (Un silencio como si cada uno nos asomásemos a un extremo de un hondo agujero abierto en el medio de una carretera.) y lleno de melancolía (Ojalá existiese en el mundo una máquina que midiese fácilmente y con precisión la tristeza.). Somos lectores,  a los que se les brinda esta historia de sus errores y gozos con el posible objetivo de que al comprenderlo seamos capaces de aliviar el dolor y la soledad que siente este hombre. Un hombre que se ha quedado sin una mujer. Sin una parte de su pasado.  Pues sólo los hombres sin mujeres saben cuán doloroso es, cuánto se sufre por ser un hombre sin mujer y una vez convertido en un hombre sin mujer, el color de la soledad va tiñendo hasta lo más hondo de tu cuerpo.



+Sobre el autor:

Haruki Murakami (Kioto, 1949) estudió literatura en la Universidad de Waseda y regentó durante varios años un club de jazz. Es, en la actualidad, el autor japonés más prestigioso y reconocido en todo el mundo, merecedor de premios como el Noma, el Tanizaki, el Yomiuri, el Franz Kafka o el Jerusalem Prize. En España, ha recibido el Premio Arcebispo Juan de San Clemente, concedido por estudiantes gallegos, así como la Orden de las Artes y las Letras del Gobierno español y el Premi Internacional Catalunya 2011. Tusquets Editores ha publicado catorce de sus obras: diez novelas —entre ellas la aclamada Tokio blues. Norwegian Wood, 1Q84 y Los años de peregrinación del chico sin color—, las personalísimas obras De qué hablo cuando hablo de correr y Underground, y dos volúmenes de relatos: Sauce ciego, mujer dormida y Después del terremoto.




+Un cuento del libro: