"These days there’s so much paper to fill, or digital paper to fill, that whoever writes the first few things gets cut and pasted. Whoever gets their opinion in first has all that power". Thom Yorke

"Leer es cubrirse la cara, pensé. Leer es cubrirse la cara. Y escribir es mostrarla." Alejandro Zambra

"Ser joven no significa sólo tener pocos años, sino sentir más de la cuenta, sentir tanto que crees que vas a explotar."Alberto Fuguet

"Para impresionar a las chicas de los 70 tuve que leer a Freud, Althusser, Gramsci, Neruda y Carpentier antes de llegar a los 18. Para seducir a las chicas de los 70 me hice especialista en Borges, Tolstoi, Nietzsche y Mircea Elíade sin haber cumplido los 21. Menos mal que ninguna me hizo caso porque entonces hoy sería un ignorante". Fernando Iwasaki


domingo, 13 de enero de 2019

Reseña: “Magnetizado” de Carlos Busqued

Anagrama, 2018.S/.69.152 pp.

“La persona que tiene un costado oscuro… no necesariamente tiene que ser un malvado en su vida. El concepto de que yo, para adorar a Satán, tengo que ser un hijo de puta es un concepto cristiano. Es como decir que la juventud se va a la mierda porque escucha rocanrol. Se va a la mierda pero por otras mil cosas, no por el rocanrol.” La sobreabundancia de información de nuestros tiempos y la visibilidad de las redes sociales ha tenido como uno de sus principales y más nefastos efectos, la de extender la creencia de que todos podemos ser especialistas en miles de materias tan solo manejando y repitiendo datos  y conclusiones sin fuentes confiables. Uno de estos temas predilectos, dada su presencia constante en los noticieros y series de televisión es el del crimen, desde el realizado por motivos pasionales hasta el motivado por tendencias perversas y repugnantes. Siempre hay una lógica detrás, pero ¿y si no hubiera? ¿Si no hay un motor detrás del acto de quitarle la vida a un ser humano o este se encuentra  tan soterrado al punto de ser  imposible explicarlo?

Carlos Busqued (Presidencia Roque Saénz Peña, 1970) conversó durante un año  con Rafael Melogno, quien  asesinó a cuatro taxistas en la ciudad de Buenos Aires en 1982 cuando tenia tan solo diecinueve años. Noventa y cuatro horas de grabaciones de voz, recortes de prensa, entrevistas a jueces y médicos psiquiatras, informes forenses y otros recursos más, no sirven para resolver el misterio de la espiral de violencia de Melogno, pero sí para narrar una historia, que es lo que hace Busqued de buena manera. “Yo tengo una historia”, le confiesa el personaje al escritor. Con lagunas y hechos, distorsiones y hechos objetivos. ¿Cómo se edita eso?

“Estar loco, en Arlt, es cruzar el límite, es escapar de la vida cotidiana”, decía Piglia en “Crítica y ficción. Melogno cruza el límite, asesina y Busqued arma un rompecabezas narrativo en el cual uno nunca termina de entender si volvió a cruzar el límite de vuelta, o este nunca existió para él. Pero sí nos aproxima, nos acerca a la necesidad de sangre,  de tragedia,  que si bien fue temporal puede volver a emerger en cualquier momento, de alguien que tanto puede ser una consecuencia de una sociedad cada vez más degradada cuyo influjo se condensa  a través del desprecio de la madre de Melogno, como uno más de nosotros, potenciales asesinos todos, que pasó a la acción y por ende ya es diferente volviéndose una historia atípica que sin embargo, sobrevivirá a millones de relatos anodinos. La persona que vivirá presa por haberle dado libertad al monstruo que yace en él.

“Magnetizado” es un texto sobre las fronteras entre lo que se considera normal y lo perturbador, sobre el instinto de conservación, sobre cómo se sobrevive a un asesinato cuando eres el victimario, pero más que nada, es un libro sobre abandonarse al instinto y perderse. Dejarse ir. Sumirse en la oscuridad. Busqued no busca moralizar ni exotizar el policial,  sino mostrarnos que no estamos tan lejos de Melogno. Eso es lo que de verdad aterra. Asomarse al abismo con el miedo de encontrarnos reflejados en él. De lo mejor que nos dejó el 2018.



(Texto publicado originalmente en el portal web "Punto y Coma")

lunes, 24 de septiembre de 2018

[Entrevista] Juan Manuel Robles: "Los excesos tecnológicos nos terminarán confundiendo"


En “No somos cazafantasmas” (Seix Barral, 2018),libro de cuentos que se presentó en la más reciente Feria Internacional del Libro de Lima y próximo  a aparecer en Colombia y España, el escritor peruano  Juan Manuel Robles aborda en relatos como “Constelación nostalgia”, “Valentina en las nubes”, “Elefantes blanco” y el que presta su nombre al libro,  los trastornos y las distorsiones originadas por los cada vez más prolíficos avances tecnológicos ,mostrando las nuevas dinámicas que surgen al interactuar con nuestros más íntimos miedos, el anhelo obsesivo por lograr una felicidad continua y perpetua, y los intereses económicos de las industrias por monetizar nuestra nostalgia sin límites ético la mayoría de veces. Sobre ello conversamos en la presente entrevista en la que la palabra paranoia sobrevoló la mayoría de las respuestas.

¿Ha cambiado demasiado nuestra sensibilidad en esta época de innovación tan acelerada o es solo una percepción por la mayor exposición sobre cómo nos afectan estos cambios?

En realidad la sensibilidad, no ha cambiado. Si hubiera cambiado, no habría mayor problema porque significa que nos hemos adaptado. Lamentablemente, no es así aún por lo que existe un desfase mientras aparecen nuevas maneras de concebir temas como la socialización y las relaciones interpersonales. A mí me gusta observarlo y analizarlo desde mi contexto que es el Tercer Mundo, lo cual considero que es importante decirlo debido a nuestra situación de receptores de tecnología que otros producen. 

Casa de América
Considero que la sensibilidad por la que preguntas  podríamos relacionarla a la relectura de la primera parte de “Cien años de soledad”, con el personaje de Melquíades mostrando una serie de productos a Buendía que le interroga  si con ello se puede obtener oro, viéndose ahí una imaginación y necesidades particulares en las que la tecnología nos puede ayudar o confundir.  Esa interacción es súper interesante. Me gusta imaginar un mundo en el que algunos excesos tecnológicos pueden terminar confundiéndonos, nublando nuestra vista y haciéndole creer que esta es mucho más sofisticada. Nos hace pensar de qué está hecho el ser humano. Uno puede creer que el ser humano está hecho de perfecciones y que la tecnología las completa de manera espléndida, pero en realidad te das cuenta de que parte de nuestra virtud son las imperfecciones y llegas a temas como la memoria o el olvido demasiados perfectos. No comprendemos que las distracciones de la memoria son parte de nuestra organicidad y que la obsesión por el almacenamiento no mejora ese mecanismo, sino que de alguna manera lo desmiente y lo confronta.

El tema económico es importante en tus crónicas y cuentos pues no todos pueden tener acceso a los cambios tecnológicos de forma inmediata, volviéndose un mecanismo para obtener un mayor prestigio social. ¿Llegaremos a un punto de hartazgo de estar subyugados a la obtención de lo más novedoso?

La tecnología en cierto momento se vuelve democrática. Hay una parte de ella que llega y cala a un nivel no tan esperado, como en algunas comunidades nativas de Ecuador, por ejemplo, que utilizan cantos para anunciarse cosas y lo hacen vía mensajes de voz por Whatsapp. A pesar de que no existan los recursos muchas veces, se busca igual que la tecnología esté presente.

La literatura de ciencia ficción si bien es criticada muchas veces de tener cierto aire clasista al imaginar que todos accedemos a la tecnología de manera similar, hay varias maneras de contrarrestar dicha afirmación. Los fenómenos de las redes y la posverdad  por ejemplo, son globales e inciden de manera directa en países como el nuestro, copiados al modo latinoamericano, generando una narrativa alterna y haciendo posible que las élites sigan controlando el estado de ánimo y los signos de la época, algo fuerte pero cierto al final.

En tus cuentos uno percibe que lo más peligroso que la pérdida de la memoria es su adulteración. Y si la narrativa oficial de una sociedad estaba antes bajo el poder del Estado, hoy parece bajo el control de una hidra económica sin una sola cabeza visible que edulcora el pasado.

Uno de los principales efectos de la posverdad es la presencia de relatos alternativos y en un futuro, también la de realidades alternativas. Eso sí me queda claro. Alguien que ahora tenga veinte años, tendrá versiones de la Historia cuando envejezca, que serán falsas y que otro no tiene. ¿Por qué? Por cierta dirección que toma ahora la información. Está el caso del “efecto Mandela”, por ejemplo, en el que muchas personas pensaban que había muerto en la cárcel y defendían esa posición con mucha energía. Y lo que describe este efecto es que una colectividad pueda recordar un hecho distinta a otra, teniendo una memoria en conjunto completamente distinta al resto, lo cual no es tan difícil teniendo los medios de comunicación adecuados y la posibilidad del contagio de información.

A lo que yo juego un poco en mis cuentos es a exponer la idea de la felicidad como un móvil para imponer una idea. Cómo el hecho de tener cientos de miles de imágenes te permite editar el pasado del modo que quieras, incluso con un algoritmo que te permita “eliminar” hechos traumáticos o tristes de tu vida, o hacer cómputos de tus experiencias diarias, como una especie de curaduría de tus recuerdos. Y está la contraparte que también muestro de usar esta edición para amenazar a alguien y realizar crímenes con archivos específicos de tu pasado.

En “Valentina en las nubes” y “Elefantes blancos” hay un miedo generalizado al futuro, de enfrentar lo que va a venir, lo cual muchas veces se termina convirtiendo en un insumo capitalizable para la Industria. ¿Qué tan presente lo ves en tu generación?

La nostalgia es la constelación de recuerdos de los momentos en los que soñábamos en lo que todo era posible, pero con los años esa constelación pasa a ser el instante de felicidad en sí. Es el engolosinamiento de la memoria. Como nos pasa con los ochenta por ejemplo. Así que más una época, es una idealización que ocurre posteriormente que la industria ayuda a promover a través de la música y que ocurre en las listas de Spotify, cuando uno las arma y luego esta plataforma te ofrece otra “ideal para ti” o Sublime que vuelve a sacar nuevas ediciones de su producto cada cierto tiempo. Y ello lleva a preguntarse mas bien qué es lo que se está yendo en la competencia desleal de memorias y por qué algunas de estas se vuelven más férreas y acaparan más espacios en uno. La virtualidad a futuro generará más distorsiones debido a la modificación de la experiencia física además.

En “Botón de emergencia” me llamó la atención que se muestre cómo alguien puede lograr el poder político defendiendo causas que siendo válidas no son las más trascendentes. ¿Es una especie de desazón y anhedonia de la población que responde de manera emotiva a las propuestas que se les ofrecen?

Lo que lo retiene en la burocracia a muchas personas es el atractivo del poder, lo cual también se presenta en el caso tecnológico.  Y en el cuento lo que abordaba era esa especie de rutina mecánica de llamar a elecciones. Muestro sobre todo el afán por lograr ungir a alguien como el ser perfecto, aquel que atrae todas las simpatías, lo que uno ve en Instagram siempre de manera obsesiva. Hacer esa historia fue un divertimento sobre el tema del destino, sin tratar de proponer una solución a esta realidad dentro del marco de la ficción.

En el cuento que presta su título al libro tocas el tema de la expropiación de los recuerdos, pero si uno ve la realidad uno aún no ve una paranoia generalizada por esta situación, como si estuviésemos sedados en general. ¿Cómo lo percibes?

Es por el tema de la felicidad sobre el que hablábamos antes. Yo por ejemplo no tengo activada ninguna de las opciones de recuerdos de Facebook y a veces me preguntan las razones, a lo que respondo que el único curador de mi memoria soy yo. Y a mucha gente le encanta que Facebook haga esto, así sea una máquina que procesa una serie de hechos tuyos de manera automatizada. Pero surge la interrogante de cómo controlas miles y miles de fotos que lleva a la gente a preferir dejárselo encargado a alguien más, además del hecho de que las redes sociales te llevan a estar al día con tus afectos.

De todas maneras sí creo que surgirán olas de paranoias colectivas, primero en lugares más centrales y desarrolladas y que aparecerán empresas que te administren tu contenido digital, con términos mucho más claros que Facebook.

¿Cómo fue el proceso de documentación científica para la realización de estos cuentos?

Todo empezó cuando estaba escribiendo la novela anterior y me interesó el tema de la memoria llegando primero a textos de psicología y luego a aquellos más específicos vinculados a la neurociencia, los cuales me puse a leer con mucha curiosidad, fuente de la disciplina y el rigor la mayoría de las veces, al punto que me metí a un curso del doctorado de este tema. Suelo leer papers sobre este tema, lo cual  muchas veces resulta gracioso al notar cómo se muestran descubrimientos que en cualquier otro contexto serían terribles, como si fuera lo más normal del mundo (risas). Así pude descubrir que muchas de las cosas que nos hacen humanos tienen una mediación física, y también poder descartar otras ramas pseudocientíficas como el neuromarketing. El borrado de memoria que aparece en mis cuentos, por ejemplo, es un fenómeno que se pueden explicar desde lo físico, con estudios que empezaron en los años cincuenta y sesenta con babosas de mar, y que con el trascurrir de las décadas hicieron  posible llegar a importantes conclusiones sobre las conexiones de los recuerdos y que la mejor forma de volver robusta una memoria es usándola así se generen distorsiones de manera colateral.

En tu crónica para Radio Ambulante abordabas a un personaje crucial que se adelantó a su época al trazar un mapa de las calles de Lima, por lo que en dicha línea me gustaría consultarte por aquellos autores que han cartografiado el futuro y te gustaría recomendar.

En Latinoamérica me gusta mucho lo que ha hecho Liliana Colanzi en su libro “Nuestro mundo muerto”, con distopías estupendas, el argentino Martín Castagnet y el colombiano Christian Romero. Y en Estados Unidos, Adam  Johnson con su libro “Fortune Smiles”, que tiene un par de cuentos maravillosos.

(Texto publicado en el portal web "Punto y Coma")

lunes, 17 de septiembre de 2018

Reseña: “Memorias de una osa polar” de Yoko Tawada



Anagrama, 2018. 296 pp. S/. 79

“Mi voluntad de vivir residía básicamente en las garras y en mi lengua”, confiesa una osa polar en la primera página de su diario reduciendo sus ganas de vivir a defenderse y tratar de comunicarse con quienes le rodean cada vez que puede. Si ya para muchos es cada vez más difícil adaptarse en un mundo cada vez más competitivo, ¿se imaginan hacerlo siendo una especie en extinción? Yoko Tawada (Tokio, 1960) esboza una fábula en tres actos en las que se pregunta cuáles son aquellos rasgos de nuestra humanidad que solían ser inherentes y fuimos olvidando o defenestrando, siendo la vulnerabilidad y el miedo los rasgos que aún nos hermanan en los escenarios menos favorables.

“Estudios sobre la nieve” sería una mejor traducción del título en alemán de esta novela, y aclararía mucho mejor la trama de esta novela, en la que abuela, madre e hijo osezno van narrándonos su devenir en el mundo de los humanos, en el que transitan de manera incierta alejados de la nieve del Polo Norte, su hábitat ancestral y cuya imagen aun así se encuentra enraizada en lo más profundo de su consciencia. Tawada usa los recursos de la fábula con un planteamiento el en que no se termina de definir de forma clara  la situación de los osos polares, a veces encerrados como cualquier animal doméstico, trabajando en un zoo sin hablar la lengua de los humanos y en otras interactuando con el público alrededor suyo como cualquier adulto común y corriente. Aún así logra, sobre todo en la primera y tercera parte darle fluidez a su propuesta, que goza de muy buenos momentos y lúcidas observaciones sobre distintos campos sociales, como el sector editorial o el ámbito académico:

Las reuniones son como los conejos: La mayoría de las veces solo sirven para concluir que hay que celebrar otra reunión. Se multiplican rápidamente. Y si no se hace nada para remediarlo, se vuelven tan numerosas que no somos capaces de satisfacer la demanda, por más que cada uno sacrifique a diario la mayor parte de su tiempo con más reuniones. “(pág. 21)

O la necesidad vital por comunicarse:

En mis oídos comenzó a crecer moho, porque ya nadie hablaba conmigo.” (pág., 46)

Y si bien por ratos  la narración deja al descubierto el afán de la autora por moralizar y denunciar mucho de los males que fueron intensificándose en el siglo XX, con un tono progresista que amenaza con romper el hechizo de la ficción, el libro se salva  por el manejo destacado de las voces por parte de Tawada, recurso en el que se apoya para mostrar los sentimientos de los oseznos al reflejarse en humanos que al igual que ellos, no se sienten parte de un mundo en el que no cumplen con los requisitos de “normalidad” que se busca por parte de ellos. Y no lo hace en un tono exclusivamente melancólico. Resulta hilarante por ratos lo ridículo que son muchas de las actitudes de nuestra especie y el narcisismo provocado por nuestra evolución, exhibido por ejemplo en la desesperación de muchos por extender su legado más allá de la muerte: “Me decepcionó comprobar cuántas autobiografías voluminosas existían ya. Llenaban por completo los diez pisos de aquella estantería. Al parecer, la autobiografía es el género que escribe cualquiera que sea capaz de sostener una pluma” (pág. 59); el afán de subyugar a su prójimo: “Los seres humanos me intentaban vender su generosidad demasiado a menudo, con el único fin de manipularme mejor.” (pág. 69); o nuestra tendencia a la autodestrucción: “El Homo Sapiens no está hecho para el combate, debería emular a las liebres y los ciervos y aprender las virtudes y el arte de la huida. Pero el combate y la guerra le encanta. ¿Quién ha podido crear una criatura tanto tonta? Hay personas que afirman ser la imagen de Dios. Eso sería una ofensa para Dios.” (pág. 79)

Y así uno podría seguir mostrando extractos de este libro que sin ser deslumbrante, tiene momentos de una belleza literaria que hacen que valga la pena su lectura. Para leer con un lápiz en la mano.

(Texto publicado originalmente en el portal web "Punto y Coma")


domingo, 19 de agosto de 2018

Reseña: “Ámok” de Giacomo Roncagliolo


Pesopluma, 2018. 226 pp. S/.39

A veces es mejor hacer una pausa para leer ciertos libros. Quise comenzar esta nueva novela en medio del fragor de la pasada feria, entre entrevistas, presentaciones y conversaciones con amigos y amigas, pero no pude. No conectaba ni enganchaba. Y es que esta primera novela de Giacomo Roncagliolo (Lima, 1989) tiene un arranque desordenado, poco claro. Había que tenerle paciencia. Y si escribo esto es porque el segundo intento funcionó.

Era difícil encontrar, al menos dentro de lo que he venido leyendo en los últimos años en narrativa peruana, una historia que tenga la atmósfera de las películas de carretera de clase B, sin localización definida y en las que no se encuentra una ansiosa necesidad de moralizar. Roncagliolo nos presenta a X, un protagonista cuyas deficiencias para recordar su pasado de manera fiable lo hacen alguien atractivo para ser un ámok  con el que se identifica a una nueva especie de forajidos responsables de crímenes en una sociedad sin rumbo, perdida como el protagonista, quien llevado por una inercia bien esbozada se deja llevar por los mandatos de las personas que forman parte de su nuevo círculo, motivado por su afán de pertenecer a un colectivo luego de abandonar a Nía,  antigua pareja y cable a tierra.

Ese abandono a las circunstancias por parte de X y la búsqueda por adaptarse mientras se mantiene a raya al monstruo que habita en su interior, es uno de los principales logros de Roncagliolo en esta novela, en las que hay una sensación de los personajes principales por tener metas, propósitos, individuales o colectivos,  que les permitan adherirse a algo, ya sea un amor, un deseo, un sueño, una mujer, un reconocimiento, más que cuando intenta dotar a X de una densidad solemne, de pasado trágico con una santa figura maternal que desvirtúa la interrogante universal que recorre toda la novela: ¿es posible comenzar nuevo? Buscando esa imposible respuesta es cuando “Ámok” presenta sus mejores páginas.  Eliminar el pasado y desaparecer pero pasando a ser pieza esencial de un grupo mientras se está a la expectativa de vivir aventuras, crear nuevas relaciones en base a códigos extraños que sirven de enlace con personas a los que uno les será necesario en determinando momento, y mantener la capacidad de disfrutar realidades alternas mediante el sueño.  Sobre todo este último puente, borroso, apenas definido, determinante en el tramo final de la novela, es el que mejor expresa esa ambigüedad y vacilación constante de no saber qué es lo real, cuál es la dimensión común con las demás personas y la certeza con la que uno se suele conducir por la vida para no caer en el delirio, uno de los miedos de X.

Como la mayoría de primeras novelas, en “Ámok” hay frases manidas, una aglomeración de distintos temas que no terminan por integrarse o escenas que no funcionan, pero hay una apuesta. Y no se trata solo de saludar una buena intención, sino que los riesgos son suplidos en muchas de las páginas del libro, cuyo ritmo vertiginoso y alucinatorio en muchos tramos son dignos de destacar. Sí, habrá que leer los libros que Roncagliolo entregue después, pero comencemos por este.



(Texto publicado originalmente en el portal web "Punto y Coma")

jueves, 9 de agosto de 2018

[Entrevista] Carlos Torres Rotondo : “La crítica directa al sistema, en general, estuvo ausente”

Planeta acaba de publicar hace unas semanas una nueva edición de "Demoler: el rock en el perú 1965-1975" de Carlos Torres Rotondo, crónica en la que se intenta rescatar aquellos años en los que la juventud peruana de ese entonces, produjo la que para muchos fue música más original e innovadora de América Latina. En Punto y Coma pudimos conversar con él brevemente al respecto. 

¿Si el rock en el Perú entre 1965 y 1975 era de altísima calidad por qué no tuvo un impacto en los demás países de la región de manera masiva? 

Por supuesto tuvo impacto en el continente. En los países del Caribe y en algunos otros como Paraguay, Ecuador o Bolivia no tanto; pero en Brasil, México y Argentina se crearon escenas tan grandes como la nuestra. Los grupos mexicanos no alcanzaron un nivel musical tan alto como el nuestro, hay que decirlo. En Chile y Uruguay no hay tantos representantes a nivel cuantitativo, pero sí a nivel cualitativo. 

¿Qué tan correlacionado estuvo el rock en esa época con el apasionamiento político de dicha época? 

Los músicos no fueron progresistas a nivel político y no hubo ningún acercamiento con la Nueva Izquierda. Hubo, sí, un rechazo a la dictadura velasquista que se vio expresado a nivel de letras en canciones específicas. La crítica directa al sistema, en general, estuvo ausente. 

¿Cuál es la perspectiva melómana hoy en día de la significancia del rock de esa época? 

Los entendidos lo valoran como una de las mejores expresiones culturales de la época; los aficionados al reggaetón desconocen su existencia. 

¿Cuáles son los elementos de la escena de dicha época que perduran como tradición hasta nuestros días? 

Las condiciones de producción, distribución y consumo han cambiado. Sí se han reciclado elementos musicales de la época y los nuevos músicos han acabado por conocer la existencia de esta tradición y saben que forman parte de una continuidad. 

¿Cómo ha sido la experiencia de revisitar Demoler para esta edición? 

El nuevo Demoler es un nuevo libro con el mismo índice que la edición anterior. He entrevistado al cuádruple de personajes y he vuelto a hablar con los que participaron en la primera. Hay una nueva estrategia narrativa: ellos hablan de manera directa y confrontan sus distintos puntos de vista con una mediación mía mucho menor. 

Finalmente, ¿Por qué no tuvimos “la banda” como Soda Stereo en Argentina o “Los prisioneros” en Chile? ¿Cuál pudo ser? 

No tuvimos un gran frontman, un gran vocalista y un gran compositor de canciones pegajosas. Pudo ser Pedro Suárez Vértiz, pero como suele suceder en el Perú, pudo ser.

(Entrevista publicada en el portal web "Punto y Coma")

jueves, 2 de agosto de 2018

[Entrevista] Arelis Uribe: “El arte siempre surge de una inquietud personal”


Al escribir desde la disconformidad con muchas cosas, uno corre el peligro de quedarse estancado solo  en sus buenas intenciones. Arelis Uribe, joven periodista chilena, enfrentó ese riesgo con “Quiltras” (Los libros de la Mujer Rota, 2016) , entregándonos unos relatos en los que el valor literario se percibe de buena manera haciendo posible que no sean pocos los lectores y lectoras quienes se hayan identificado con dichas historias. Como demostración están las sucesivas ediciones que ha tenido el libro, que se hizo acreedor además del Premio a la Mejor Obra Publicada en 2017, categoría cuento. Arelis ya había resultado finalista del concurso de cuentos de la revista Paula y  ganado el concurso Santiago en 100 palabras con el cuento “Lionel”. La intención era conversar sobre dicho libro, pero la entrevista se terminó extendiendo lo cual siempre es un imprevisto que se agradece.

Yo no hablo inglés / vivo en un barrio que no es burgués, es el epígrafe de Supernova que acompaña a “Quiltras”, lo cual indica que desde el inicio ya hay una toma de posición frente a la problemática de la marca de clase. ¿ Cómo se hace literatura a partir de dicho fenómeno sin caer en el tono sociológico?

Alguien me dijo que era a través de la estética y yo también creo que es así, porque al final mis cuentos recogen vivencias que responden a los mismos tópicos de siempre, pero con la singularidad de que estas ocurren en el contexto social del que yo provengo que es el de la clase media baja chilena. Las cosas que le pasan a todo el mundo pero en un contexto específico. Y se puede oler, se puede palpar, se puede reconocer dicha realidad por la ambientación que está en los cuentos.  Son chicas que cuando  salen de su casa no se suben a una limusina, sino que caminan solas de noche, andan en transporte público o viven en casa pequeñas o cuyos padres  tienen un fenotipo de gente trabajadora. Y es a través de dichos detalles que es posible identificar la procedencia social de los personajes.

En el discurso de lanzamiento de “Quiltras” afirmaste que estudiar arte es un lujo burgués. Lo que me lleva a interrogarte por cómo un campo que debería oponerse al sistema burgués, termina siendo un capricho de este.

Ahora con el tiempo me he dado cuenta de que probablemente cualquier persona puede estudiar arte. El tema es que hay artes que son caras y las que no lo son tanto. Por ejemplo el teatro es un arte caro en general (a excepción del de estilo brechtiano). En  la otra orilla estaría la literatura, en la que solo se necesita un lápiz y conectarte con tus emociones. Entonces creo que hay arte de resistencia, arte en todos los sectores sociales, lo cual hace que ya no me reconozca mucho en dicha frase.  En lo que sí me reafirmo es que generalmente, los privilegios y facilidades para poder acceder a cualquier cosa,  los tienen la gente adinerada. Asi que sigo pensando lo mismo pero de una forma un poco diferente.

Algunos lectores califican que “Quiltras” es también un libro sobre la adolescencia. ¿ Cómo fue el proceso de trasladar los desbordes emocionales  de dicha etapa a los cuentos?

Empecé a experimentar con la ficción porque venía escribiendo muchas columnas de opinión y haciendo trabajo periodístico  y un día decidí que quería indagar en otros formatos, por lo que me puse a escribir cuentos. Y lo que hice en ellos, fue escribir reportajes de ficción o reportajes de mentira, por lo que las acciones que ocurren allí son una mezcla de cosas que me pasaron a mí, a mi familia, a mis amigas y cosas que vi en otros lugares o que leí de referencia, en una especie de robo gigante mezclado.

Y eso se conecta con el tema de la adolescencia, porque para “Quiltras” me puse a recordar, a recordar en falso.  A construir una “memoria falsa”, como califica Álvaro Bisama al proceso de crear literatura, por lo que creo haber escapado al peligro de lo caricaturesco al haber mucho de biografía, mía y de otras personas, y escenarios que son reales,  en conjunto con nudos y conflictos inventados. Los accidentes principales que ocurren en los cuentos no son cosas que me hayan pasado a mí necesariamente, pero que intenté  que en el libro parecieran reales. Incluso hay un cuento con una chica lesbiana y siempre me pregunta por quien es en la vida real y yo solo me río y no respondo (risas).

Lei vi en Goodreads  los comentarios de algunos lectores que valoraban el retrato de los jóvenes actuales que viven en los bordes, al margen del centro de la movida económica. ¿Sentiste en algún momento el riesgo de que las historias sonaran a  un contexto social particular e individual y no a algo que ocurre de forma más general?

 Creo que el arte es su origen es un ejercicio solitario y surge de una inquietud personal, pues aún cuando a veces converso y discuto con otras  personas sobre ello, siempre es algo interior. Y este resentimiento de clase que yo tengo, porque en algún momento de mi vida fui muy pobre y vi a mi mamá trabajar mucho por una miseria de plata, siento que es genuino. Y si lo siento, ¿por qué va a ser poco válido? Si lo siento, es real.

Y cuando publiqué el libro y otras columnas que siempre son como muy “atrincherados”, me di cuenta que no pocas personas pensaban o se sentían muy parecido a mí y lo verbalizaban con otras palabras, lo cual pienso que es la magia de la literatura y el arte al final. Demostrarte que en eso que sientes, no estás sola, que hay otra gente que ha sentido lo mismo y lo sintió primero y ya lo escribió.

Las relaciones lésbicas se muestran en tu libro con naturalidad y no como una desviación como lo exponen otros textos. Basta leer la primera escena de “Ciudad desconocida” para darse cuenta de ello, con dichas sensaciones presentes en la infancia como algo natural hasta que llegan los adultos a interrumpir esa inocencia provocando un corte, una interrupción. Ello me lleva a preguntarte por las familias chilenas y cuan conservadoras siguen siendo como institución.

Algo que no he dicho mucho es que este libro toca mucho las relaciones íntimas: una chica con su prima y su familia, otra con su novia que conoce a la familia cuica o una con su mejor amiga del colegio. En el libro hay muchas relaciones de pares. Y lo que busqué retratar es que lo personal es político, estando muy convencida de esa consigna. Estamos muy acostumbrados a criticar siempre a alguien más, pero no a nosotros mismos.  Cada vez que veamos a Trump comportarse como un imbécil, por ejemplo, la mejor pregunta que podríamos plantearnos  de vuelta es qué tan imbéciles como Trump podemos llegar a ser.

Así que me preguntas por las familias y  yo respondo que sí, siguen siendo conservadoras. Las instituciones están construidas por la forma de sentir de las personas que las conforman en ese momento. Está todo conectado, y lo macro y lo micropolítico están concatenados y en la medida que cambie uno podrá cambiar el otro.

Hablando de micropolítica, otro espacio en el que se pueden dar estas segregaciones de las que venimos hablando son las instituciones educativas. A nuestro país llegaron las noticias de las marchas de los estudiantes, de las protestas por las desigualdades que se pueden hallar al interior de las aulas y otros ambientes. ¿Cómo lo viviste tú?

He aprendido en Chile y otros países en los que he estado que por lo general son los estudiantes quienes son puntas de lanza de los movimientos sociales. Después de la época de la dictadura, la adultez se “enchanchó” como se dice en Chile y fueron los jóvenes y las jóvenes quienes empezaron a levantar el tema. Y  en el 2011 que  se dio lo que se conoce como la “revolución estudiantil”, yo justo había salido de la universidad y me daba rabia mientras me decía que por qué no me atrasé un año, que por qué no reprobé un par de materias (risas), así que lo viví como testigo aunque involucrándome inevitablemente pues el movimiento surgió a partir de que distintas personas se dieron cuenta de que su dolor personal era también colectivo.

El sueño de seguir una carrera universitaria genera que las familias se endeuden hasta el tope, y la mitad de las familias chilenas padecen dicha situación. Se supone que la educación es un derecho y no un bien de consumo. Eso explotó, resultando imposible no identificarse con esa lucha. Incluso yo estoy con una deuda aún y sigo pagándola y parece que nunca voy a terminar de hacerlo.

Eres una declarada feminista, a pesar de que no haya una manera unívoca de definir dicho término. Este movimiento ha tenido significativos avances frente a décadas pasadas pero ¿ cómo crees que estos gestos de disconformidad social se trasladen a una efectiva acción política del Estado y otras organizaciones?

Creo que se relaciona a lo que hablábamos de lo micro y lo macroestructural y de las instituciones grandes versus las pequeñas como la familia, la amistad o incluso el amor, y cómo ello está ligado a la toma de conciencia política de una persona acerca de ciertos comportamientos. Lo que están denunciando las jóvenes hoy en Chile es que al interior de las universidades que se suponen son los espacios de mayor progresismo, ocurren abusos sexuales, violaciones, hostigamiento de los profesores y estudiantes hacia las compañeras, o discriminación por homofobia, así que nos vamos dando cuenta que no importa dónde estemos ubicados como seres humanos, parece que la violencia la vamos a reproducir igual. De todas maneras pienso que micropolítico es más fácil de “mover” y las instituciones irán cambiando, siempre y cuando este proceso sea permanente.

La llamada “marca de clase” está presente incluso al interior del movimiento feminista y este es en muchos casos aprovechado por cierta gente que lo ve solo como una industria económica. ¿ Es posible sortear ello?

Difícil.  Hay un gran concepto que ha traído el feminismo que me gusta mucho y es la denominada “interseccionalidad”. Siento que las personas somos un asterisco atravesado por distintas cosas que nos constituyen como identidad. Y esas cosas son sobre todo relaciones. Una no flota sola en el espacio y siempre está en relación a algo. Si soy mujer es porque no soy hombre, si soy bisexual es porque no soy heterosexual, si soy chola es porque no soy blanca.  Son todos esos elementos las que la constituyen a una. De lo cerca que esté al centro, que es el lugar privilegiado, o a la periferia que es la identidad de resistencia, va a depender la toma de posición que una tenga. Creo que el feminismo autobiográfico depende de todas estas variables que construyen la identidad por lo que no me parece extraño que choquen y que cada una de las heterogeneidades que existan en el movimiento, tenga su propia agenda y que estas choquen entre sí. Es lo más normal. Es la diferencia lo que nos constituye y para mí la política es el ejercicio de estar administrando las diferencias permanentemente.

Cuéntanos un poco sobre “Que explote todo”, una recopilación de columnas tuyas. ¿Cómo fue este proceso de revisarlas, de leerlas de nuevo?

¡Horrible! (risas) Veo los textos antiguos y me pregunto por qué escribía así, con qué convicción decía cosas con la que ya no estoy de acuerdo. Pero es una locura porque veníamos hablando de las diferencias, y te das cuenta cómo esta variación puede ser contigo misma incluso. Hay una frase de un famoso jugador chileno que dice “no tengo por qué estar de acuerdo con lo que pienso.” Y si la analizas, es cierta en muchos momentos. A veces pienso algo y a los pocos segundos me doy cuenta de que es un pensamiento obsoleto, pero solo me puedo dar cuenta de ello porque ya lo pensé. Uno tiene que hacer ese recorrido oscuro y terrible para poder cambiar y ese es el ímpetu del libro. Es una bomba contra todo con lo que estoy disconforme pero también en parte contra mí misma.

Como dices, uno a veces se encuentra en permanente cambio, incluso en lo que respecta a las creencias. Pero siempre termina habiendo algo a lo que es posible aferrarse, algo que permita salvarnos por así decirlo. En lo que respecta a lo literario, ¿cuáles han sido aquellas lecturas que siempre han estado presentes, que han sido determinantes?

Me han formado mucho los periodistas y cronistas. Yo soy periodista y las primeras experiencias que tuve en la literatura vinieron de dicho campo como las crónicas y las entrevistas. Figuras como Alberto Salcedo Ramos, Daniel Titinger, Gabriela Wiener, Ivonne Toro, Juan Pablo Meneses o Gabriela García,  que me permitieron entrar al alma de las personas, narrándolas con una habilidad magistral, fueron muy especiales para mí.

Y de lo literario me gustó mucho leer a Bolaño, Lemebel,  Amelie Nothomb, Alma Guillermopietro, Julián Herbert, Julio Ramón Ribeyro, Claudia Apablaza y mucha otra gente. Y después me puse a leer a mis contemporáneos para escribir y ver que se venía haciendo, como a Rodrigo Olavarría o Romina Reyes, encontrando mucha belleza en lo que  hacían  y que no era algo imposible de hacer. Y ahora último me he encontrado con escritoras feministas que me parecen estupendas como Rebeca Solnit,  Virginie Despentes. En Chile me gusta lo que hace Javiera Tapia que es contemporánea mía. Así que es mi camino de lecturas es ese, recorriendo lo periodístico, lo canónico, lo contemporáneo y lo feminista.

Por último,  recomiéndanos un libro y un disco que te haya impresionado recientemente.

Me gusta mucho lo que hizo Fernanda Melchor en “Temporada de huracanes”, un libro de párrafos largos y que suenan fuerte, con una oralidad mexicana intensa y feroz. Me encanta esa sensación que transmite. Y en cuanto a discos, el último que me tocó el corazón fue “Loza” de Niña Tormenta, especialmente una canción llamada “Lo que dejo”.


(Entrevista publicada en el portal web "Punto y Coma")




sábado, 28 de julio de 2018

[Entrevista] Marcos Giralt Torrente: ““Cada vez hay más formas de concebir el matrimonio””


Marcos Giralt Torrente (Madrid, 1968) debutó en 1995 con la colección de cuentos Entiéndame, a la que siguieron, entre otros libros, las novelas París (Premio Herralde de Novela) y Los seres felices. En 2010 publicó la novela autobiográfica Tiempo de vida, uno de los libros más influyentes de los últimos años, y en 2011 ganó el Premio Internacional de Narrativa Breve Rivera del Duero con los relatos reunidos en El final del amor. Pudimos conversar con él brevemente durante su paso por la Feria Internacional de Libro de Lima.

Foto: Anagrama Editorial
En “El final del amor” hay una frase que me gustó mucho: “La locura es llevar tantos tiempos juntos, habiéndonos destrozado la vida”. Dicho libro de cuentos apareció poco después de “Tiempo de vida”, hermanados por la presencia de la familia, ya sea disfuncional, en crisis o inmersa en la búsqueda de sobrevivir a la disolución del amor. ¿Cómo se relacionó la escritura de ambos libros? ¿Fue en paralelo?

-          “El final del amor” fue una desintoxicación, por decirlo de alguna manera, del “yoísmo” de “Tiempo de vida”. A pesar de que en toda mi narrativa siempre está  la figura de un narrador en primera persona, en este ultimo libro era la primera vez que ese “yo” coincidía conmigo. Así que después de la intensidad, del reto de la escritura, por lo novedoso de escribir desde esa primera persona real, necesitaba volver a la ficción, lo cual salió de una manera muy natural, muy rápida, lo que dice mucho del nivel de intoxicación que tenía antes (risas). Y sobre lo otro, sí, todas mis ficciones orbitan alrededor de la familia, de hecho ahora mi siguiente libro que saldrá por Anagrama, “Mudar de piel”, gira en torno a ese tema

 “Creo que mi padre no soportaba a mi madre, pero también que siguió enamorado de ella durante muchos años” es otra frase que sale en el libro de cuentos, lo que me lleva a consultarte sobre la institución del matrimonio como símbolo social y cómo ha variado en España durante los últimos años.

-No tengo cifras acerca de ello, pero lo que sí es un hecho es que cada vez hay más formas de concebir el matrimonio más allá del heterosexual y bendecido por la iglesia. Ahora mismo hay familias más plurales y amplias en todo el mundo, y en ese sentido me siento orgulloso que España haya sido pionera en el reconocimiento del matrimonio homosexual. Las variedades de las familias hoy son infinitas lo cual no quiere decir que antes no lo fueran también, sino que antes era  más soterrado y clandestino. Y eso es parte de la realidad sobre la que yo escribo, contra una visión estereotipada y maniquea que hace pensar que todos los matrimonios han de ser felices o desgraciados absolutos, sino que hay matices. Puedes estar muy enamorado de una persona y no soportar vivir a su lado, siendo ese tipo de paradojas son las que encienden mi necesidad de escribir o mi indagación sobre la realidad, que es al final como concibo la  literatura, como una investigación acerca de la realidad.

Han pasado ocho años de la publicación de “Tiempo de vida” ¿ Qué representa dicho libro en tu obra, ahora?

-          Soy un escritor lento, concienzudo. Me demoro mucho entre libro y libro, por lo que no me gustaría destacar uno por encima de otro ya que todos son como piezas únicas (risas). Pero “Tiempo de vida” es un libro que me ha dado muchas felicidades, pues ha sido uno de los más reconocidos, premiado en España e Italia, y el más vendido, lo cual tampoco hay que ocultarlo (risas). No lo he releído. Para mí fue un reto necesario el hacerlo, no tanto por una necesidad autoimpuesta de tipo terapéutico, sino convencido de que era una buena historia y así lo sigo creyendo.  Mi libro fue tomado con mucha generosidad por escritores que han tomado el testigo, reconociendo esta influencia, lo cual siempre agradezco..

¿Cómo ves la labor del crítico hoy en día, tú que la has ejercido por muchos años, en un panorama donde agobiados por la instantaneidad los libros aparecen y desaparecen de los estantes con una velocidad impresionante?

-           Desgraciadamente, antes que llegásemos a esta crisis donde  parece que no hay pausa ni tiempo para hacer nada duradero, viviendo por la dictadura de lo novedoso, multiplicado por las redes sociales y en el que se ve afectado los periódicos y hasta la literatura, pues en mi país, España, no había un espacio real para la crítica. Había crítica universitaria muy metida en su mundo y desconectada de la literatura que se venía escribiendo, y luego  estaba el reseñismo de los periódicos, pero no había ese lugar intermedio como sí hay en Estados Unidos, con esas grandes reseñas. que le permitían a uno entrar a fondo con un libro. De manera que veo este estado de las cosas  con mucha preocupación, pero siendo consciente que se remonta a más tiempo. Hemos perdido el tiempo de reflexión en la sociedad contemporánea y el futuro no augura cosas muy buenas. El pensamiento crítico es necesario y necesita apoyarse en la lectura y ciertos escenarios culturales que cada vez son más deficitarios,  donde prima lo espectacular o novedoso, de lo verdaderamente engarzado con una tradición y hecho con sentido.

Libro recomendado por el autor: “Apegos feroces” de Vivian Gornick

(Texto publicado en el portal web "Punto y Coma")