"These days there’s so much paper to fill, or digital paper to fill, that whoever writes the first few things gets cut and pasted. Whoever gets their opinion in first has all that power". Thom Yorke

"Leer es cubrirse la cara, pensé. Leer es cubrirse la cara. Y escribir es mostrarla." Alejandro Zambra

"Ser joven no significa sólo tener pocos años, sino sentir más de la cuenta, sentir tanto que crees que vas a explotar."Alberto Fuguet

"Para impresionar a las chicas de los 70 tuve que leer a Freud, Althusser, Gramsci, Neruda y Carpentier antes de llegar a los 18. Para seducir a las chicas de los 70 me hice especialista en Borges, Tolstoi, Nietzsche y Mircea Elíade sin haber cumplido los 21. Menos mal que ninguna me hizo caso porque entonces hoy sería un ignorante". Fernando Iwasaki


martes, 27 de mayo de 2014

La identidad en juego: "De noche andamos en círculos" de Daniel Alarcón



La experiencia de leer esta última novela de Daniel Alarcón es parecida a la de haber activado una bomba. Una tensión creciente en cada página diseñada con elegante precisión e ingenio, para que seamos incapaces de no sucumbir ante las consecuencias trágicas de una historia íntima pero de gran alcance.

La historia comienza presentándonos a Nelson, un joven actor cuya vida está en picada en diversos aspectos:Su padre ha muerto recientemente, convive a diario con la presencia agobiante de un hermano radicado en los Estados Unidos y lo que eso significa para un veinteañero latinoamericano de clase media, una madre refugiada en un mundo lleno de nostalgia ahora que se inserta en su rol de viuda y una relación amorosa agonizante con una muchacha de nombre enigmático.


Por otro lado, Henry Nuñez fundador de Diciembre, un grupo teatral cuyas horas de gloria expiraron ya años atrás. Un hombre que ha llegado a la madurez de su vida, con una sensación de frustración permanente, no pudiendo manejar con claridad ningún aspecto de su vida más que su día a día frente al volante de un taxi en el caótico tráfico de la ciudad. Su obra legendaria "El presidente idiota" está a punto de ser repuesta en una gira por el interior del país junto a su otrora compañero de fieras batallas.Pero necesitan a un actor más:Nelson. Así estas dos historias, la de Henry y Nelson se entretejerán en camino del que nadie saldrá indemne.


El recorrido por pueblos señalados por la cicatriz que les dejó la violencia de las últimas décadas,el infierno de las cárceles y la añoranza de justicia de los inocentes que purgan culpas ajenas en ellas,una obra mutante, las relaciones fallidas de los protagonistas y su incapacidad para resolverlas y una maldición que parece no acabar, sólo reinventarse, son la atmósfera perfecta para una trama donde la identidad es llevada al límite del cuestionamiento, los roles van cambiando de forma inesperada y una espiral trágica se va cerniendo sobre todos los personajes como una burbuja aprisionante de donde ya nadie podrá salir. El final es una explosión de dolor y asombro que cada uno percibirá de forma distinta.


De Daniel Alarcón es digno de elogiar su pulso para no desentonar por las más de 300 páginas de esta maravillosa novela, su construcción de personajes inolvidables (incluso los secundarios, como Mónica, la madre del protagonista), su imaginación y capacidad para recrear nuestro país en un universo que parece pertenecer sólo a él pero en el que cualquier lector peruano podrá identificarse y una lectura diferente sobre la secuelas fatales que pueden estallar a partir de las decisiones que tomemos.Una de las plumas más representativas de la literatura actual.


Magnífica novela.


Bonus Track: "Los provincianos" (Editorial Solar) 2013


Del autor:

+Radio Ciudad Perdida (Su gran debut en el territorio de la novela)

+Ciudad de payasos (Para los aficionados a la novela gráfica)

+Guerra a la luz de las velas (Uno de los mejores cuentarios de la década pasada)






Otras reseñas:

-The New York Times

-The Washington Post

-Chicago Tribune

-Hermano Cerdo.com

-Ticket de cambio

-El Cultural

-Revista arcadia


El precio: S/.49 bien invertidos en cualquier librería del país.

Pd. Aquí una generosidad del autor en la presentación del libro en Lima.


sábado, 26 de abril de 2014

El transporte público en Lima Metropolitana: Una mirada a los transportistas, el sistema laboral y el rol que juegan en la problemática actual




Creo que mi ciudad ya no tiene consuelo
entre otras cosas porque me ha perdido
Mario Benedetti


Ese caos de movimiento, 
de donde la muerte llega al galope 

de todas partes a la vez
Charles Baudelaire

Cuando se nos pregunta cuál es uno de los mayores problemas que podemos encontrar en Lima hoy en día, una de las respuestas que brindamos, de forma automática casi, es el transporte público. Ya sea por la peligrosidad asociada a un viaje de un punto a otro de la ciudad, la incomodidad que sentimos mientras nos trasladamos al destino deseado, el servicio descortés y vulgar que recibimos, la suciedad de las unidades, el tiempo valioso que perdemos de forma inútil, entre otras cosas, siempre tendremos más de una respuesta de carácter negativo. Sentimos que nuestra queja tiene validez y que alguien debe corregir el problema que nos afecta. La alcaldesa, el presidente, los congresistas, los choferes o los cobradores. Siempre es alguien más quien tiene que hacer algo para solucionar esta situación caótica que padecemos a diario. No es lo común analizar reflexivamente el porqué se da esta situación. Incluso miramos a los transportistas como seres humanos incorregibles que no quieren hacer algo por mejorar el transporte y que deambulan como trogloditas en sus carros buscando atiborrarlos con pasajeros, quedándonos en la corteza del contexto, no buscando las causas últimas como dicta la razón al momento de perseguir soluciones. Según un estudio que llamó nuestra atención, pasamos aproximadamente entre tres y seis años de nuestra existencia usando el transporte público, por lo tanto es parte de nuestras vidas y no podemos ser indiferentes ante ello. Es nuestro deber como parte activa de la sociedad trazarnos como objetivo el evaluar qué sucede realmente detrás de este servicio y proponer una solución integral.

Un poco de historia…

No basta con centrarnos en cifras y estadísticas, sino que debemos ahondar en varios aspectos que vayan más allá de las deficiencias técnicas correspondientes. Remontándonos en la historia, durante el siglo XX Lima tuvo un crecimiento demográfico exponencial de forma desordenada que terminó por desbordar cualquier plan delimitado que se pudiese haber propuesto. No se tomaron factores como la inmigración a gran escala desde pueblos del interior del país en las décadas del 60, 70 y 80 que dieron origen a los llamados “conos” que se encontraban en la periferia de la ciudad formal , si entendemos a esta como la conformada por los distritos tradicionales. Estos pobladores si bien asentaron sus precarias viviendas en los sectores más alejados de la ciudad, se trasladaban hacia el centro de la ciudad y alrededores para cumplir sus faenas laborales, lo cual incrementó su necesidad de transportarse en trayectos largos que en muchos casos, atravesaban Lima de un punto a otro. Esto desbordó la oferta brindada sin otorgarse una solución efectiva que cubriera esta demanda por parte de las autoridades. Los tranvías desaparecieron al igual que los llamados grandes buses (Ikarus) posteriormente. La inacción del Estado al no poder encontrar una solución efectiva hizo que durante la época de Alberto Fujimori, se liberalizara el mercado del transporte público para que el sector privado cubriera el exceso de demanda por su cuenta mas esto no se realizó como se hubiese querido y si bien es cierto, empezaron a circular vehículos de uso masivo en rutas que no se habían tomado en cuenta, las nuevas facilidades sirvieron como plataforma a una informalidad en la creación de nuevas empresas que se aprovecharon de los vacíos legales que la normativa brindaba. Muchas empresas se hicieron de la concesión de nuevas rutas, pero no tenían una flota de vehículos propios, así que mantenían tratos con los dueños de los vehículos y así se desligaban de las responsabilidades vinculadas con los choferes y cobradores que hacían uso de estos medios de transporte.

Esto fue la génesis de las llamadas “empresas cascarón”.Por ejemplo, si ocurre un accidente de tránsito con heridos y muertos, no se puede inculpar directamente a la empresa a la que se le había concesionado la ruta en cuestión porque no era propietaria de los vehículos y tampoco cubría los daños que se daban, no existiendo vínculo contractual claro entre los operarios y los accionistas de la empresa principal. Eventos como el anterior son indicios de la distorsión que se da en todo este sector, lo cual termina afectando a los mismos operarios que terminan siendo víctimas del sistema al cual pertenecen. Un sistema bajo el cual no gozan de los beneficios laborales que deberían percibir de acuerdo a estándares legales y éticos. Realizan sus actividades diarias bajo la premisa que deben generar los mayores ingresos posibles sin importar la mayor parte del tiempo los medios que se utilicen para lograrlo. Muchos no lo saben, pero los choferes y cobradores en su mayoría no reciben un sueldo fijo mensual, sino que perciben una comisión nimia de los ingresos monetarios que reciben por el cobro de los pasajes. Eso hace que privilegien el fin sobre los medios para lograrlo, siendo esa la explicación que muchos no encontraban sobre el porqué realizan maniobras temerarias en las autopistas, sobrepasen el límite permitido de personas que deben ir en un vehículo, no paguen las multas con las que se le sanciona, entre muchos otros hechos similares que encontramos deplorables. Su concepción se vuelve utilitarista al igual que el de los agentes a los que rinden cuentas como los propietarios de los vehículos y los accionistas de las empresas dueñas de la ruta que son los que menos riesgos toman y terminan llevándose la mayor parte de las ganancias. Un problema de deshumanización del servicio en todo el proceso y que termina perjudicando a todos. Pero si es un problema que data de años atrás cabe preguntarse ¿Qué acciones han tomado las autoridades desde aquella deficiente reforma de los noventa?



Buscando responsables

Como dijimos inicialmente, la mayoría de nosotros asociamos la culpa del caos en que se encuentra sumido el transporte público a los transportistas, pero también a las autoridades, las cuales sentimos no realizan de forma correcta las funciones para las cuales se las eligió como nuestros representantes. Los sentimos como abúlicos e indiferentes a esta situación y que solo realizan acciones persiguiendo un afán demagógico o populista para captar votos de vez en cuando. El Estado es un agente importante a través del Ministerio de Transportes y Comunicaciones, y la Policía Nacional, que representan al Poder Ejecutivo; el Congreso, que emite leyes referentes al sector; y el Poder Judicial, que dictamina las sanciones y multas correspondientes por la trasgresión o incumplimiento de estas últimas. Pero la cara más visible y activa es la de la Municipalidad Metropolitana de Lima que es la que los transportistas refieren automáticamente cuando se les interroga como la autoridad más próxima a ellos, es la que vela por el ordenamiento del sector en la ciudad de manera más directa. En las últimas décadas, este organismo ha dedicado mayores esfuerzos a otros campos de su competencia en detrimento de lo que se pudo hacer en transporte. Ello porque enfrentarse a los gremios de transportistas genera riesgos políticos que las autoridades no quieren asumir y a lo más, se ha recurrido a dar ordenanzas y normas que atacan cuestiones no tan esenciales y de forma no de fondo. Incluso muchas propuestas a pesar de tener el consenso de la mayoría queda en letra muerta por la falta de control eficaz de sucumplimiento o porque los funcionarios que deben supervisarlas se dejan tentar por actos de corrupción que entorpecen y ponen trabas. Las municipalidades distritales tampoco quieren asumir su responsabilidad lo cual termina perjudicando una acción que una esfuerzos en pos de un mismo fin. Entonces surge naturalmente el cuestionamiento de qué se puede hacer si las autoridades no han logrado en los últimos años que mejore de forma significativa este desorden imperante y los transportistas se encuentran enquistados en una informalidad de la cual aparentemente no quieren salir.pa del caos en que se encuentra sumido el transporte público a los transportistas, pero también a las autoridades, las cuales sentimos no realizan de forma correcta


¿Hay luz al final del túnel?


¿Todo está perdido entonces? Creemos que no, que el escenario de desesperanza que parece inundarnos al momento de proponer soluciones se debe porque en realidad no se han brindado todas las alternativas posibles. A lo largo de estos años se ha persistido en enfrentar el problema de la manera más técnica e impersonal posible quedándonos en un enfoque analítico, creyendo que con grandes megaproyectos como el Metropolitano o el tren eléctrico son las únicas vías posibles o que mayores sanciones disuadirán el comportamiento agresivo de choferes y cobradores. Y esto no puede seguir visualizándose así porque se trata de un problema de personas, lo cual implica que debemos salir del paradigma moderno y superficial y ahondar en el lado humano. Comprender que los transportistas sobreviven bajo un régimen indigno y denigrante en el cual se mueven a diario. Su perspectiva sobre el servicio que brindan debe cambiar, pero primero el clima laboral en el que transitan. Los accionistas y dueños de las rutas y de las flotas deben comprender que no pueden seguir “sacándole la vuelta” a las normas y que no tratan simplemente con buses y micros, sino con personas con las cuales tienen un compromiso. Deben saber que a largo plazo el sistema informal que impera hoy en día es una bomba de tiempo insostenible y que si persisten es sus actitudes retrógradas afectan el bienestar no solo de los trabajadores que tienen a su cargo sino el bienestar de la sociedad en general. La formalidad debe terminar siendo la principal vía alternativa de solución ya que es la que genera mayores beneficios no solo cuantitativos sino cualitativos y que tiene efectos más duraderos, a pesar que tenga escollos en un comienzo. Y cuando nos referimos a escollos podríamos mencionar acciones como la desaparición de combis y vehículos obsoletos que no solamente son incómodos sino que ponen en riesgo la vida de las personas. Sabemos que esto puede causar perjuicios económicos a corto plazo, pero es necesario. Además llevaría a que las pequeñas empresas que pululan al margen de la ley puedan unirse y formar empresas más grandes y sólidas que brinden todos los beneficios a sus empleados. Las autoridades deben reorganizar el sistema laboral existente y esperamos que la Gran Reforma del Transporte que está emprendiendo la Municipalidad Metropolitana de Lima y que es una de sus banderas de su Plan de Gobierno se lleve a cabo, sin causar un efecto negativo en la situación de los choferes y cobradores. Estas mejoras no surtirían efecto si los transportistas no ponen de su parte, por lo que se debe capacitarlos y hacerles ver que sus acciones tienen implicancias en otras personas. Que no es un servicio cualquiera el que brindan y que son responsables de muchas vidas durante las labores que realizan. Y para que todo no quede en simples palabras, se puede brindar incentivos en un primer momento como la disminución de impuestos a aquellas empresas que cumplan con otorgar un régimen de trabajo acorde con estándares normativos, facilidades de crédito para renovar sus flota, leyes que se apliquen de forma gradual y secuencial para no presentar la formalización de forma terrorífica, entre otras.


¡No nos lavemos las manos!


Pero como dijimos en la introducción de este artículo, no se trata de que el rol por mejorar la situación recaiga solo en las autoridades y transportistas sino debemos cuestionarnos ¿Y nosotros que podemos hacer? Mucho es la respuesta. A veces de forma inconsciente favorecemos que este sistema con grado de formalidad muy bajo persista con acciones que pueden parecer intrascendentes de forma aislada pero que en su conjunto sondeterminantes. Acciones como incumplir las normas que se dan para los peatones como respetar los paraderos establecidos, aceptar el ponernos en riesgo por una cuestión de facilidad al momento de transportarnos, menospreciar a los operarios del transporte de forma despectiva y denigrante insultándolos, no alzando nuestra voz de protesta ante un mal servicio. En esto último es importante recalcar que la indiferencia que mostramos ha hecho que se acumulen años de deficiencia en el sector. Terminamos por acostumbrarnos a lo rutina y el mal servicio tomándolo como ya dado y sintiendo que no podemos hacer nada. Debemos ser agentes de cambio. También debemos llamar al apoyo del estado para que se fomente una cultura urbana más fuerte y exigente. Una cultura que permita elevar el nivel de educación de las personas y así poder fomentar el buen uso de estas herramientas brindadas por el sistema de transporte. Además, esto aseguraría que el nivel de servicio esperado por los consumidores y los futuros consumidores se eleve y así las empresas se vean obligadas a ofertar un servicio de mejor calidad, como colocar vehículos en mejores estados, estandarizar la flota y volverla propia. Sin embargo no debemos olvidar que necesitamos entender que las reformas que las autoridades puedan aplicar no tendrán ningún eco si no colaboramos y ponemos de nuestra parte también, concientizándonos que es una tarea de todos. Una perspectiva más humana e integral debe ser la enmarque este conjunto de soluciones.


Libros y documentos que podrías revisar sobre el tema:
- Bielich, C. (2009) La guerra del centavo. Una mirada actual al transporte público en Lima Metropolitana. CIES e IEP, Lima
- Defensoría del Pueblo (2008) Informe Defensorial 137. El transporte urbano en Lima Metropolitana: Un desafío en defensa de la vida. Defensoría del Pueblo, Lima
- Lima Cómo Vamos (2012) Encuesta Lima Cómo Vamos 2012. Informe de percepción sobre calidad de vida. Lima Cómo Vamos, Lima
- Vega Centeno, P., Dextre, J. y Alegre, M. (2011) Reestructuración y cambio metropolitano. Pontificia Universidad Católica del Perú y Pontificia Universidad Católica de Chile, Lima.
- UITP (2003) Por una mejor movilidad urbana en los países en desarrollo: Problemas, Soluciones y Realizaciones ejemplares. Dic 2003.


Autores: Sebastian Uribe, Luis Injoque y Rodrigo Díaz



Otras explicaciones sobre el tema





Finalmente, te dejamos este número al cual puedes llamar

























domingo, 1 de diciembre de 2013

"Contarlo todo" de Jeremías Gamboa:Evadiendo la tentación del fracaso y sobrevivir para contarlo



Hace ya cerca de tres meses leí en una rápida inspección de bitácoras literarias el nombre de Jeremías Gamboa. Y no fue en cualquier medio de resonancia casi espectral como las que pululan por Internet, sino nada más y nada menos que en la sección cultural del diario "El País" de España. en una sección de Nuevos Narradores Latinoamericanos  que de inmediato llamó mi curiosidad. El título de la nota era "Vocación sin freno" y se narraba las peripecias que había tenido el escritor para escribir y lanzar una nueva novela, que estaba siendo respaldada nada menos que por Mario Vargas Llosa y Carmen Balcells,su agente y referente imprescindible si hablamos de los maestros del Boom. Sorprendido, empecé a googlear toda la información posible sobre el susodicho, con reseñas y notas que elogiaban su primer libro de cuentos lanzado por Alfaguara en el 2007, inubicable en cualquier librería de la capital, pero del que se podía leer un cuento online. De inmediato lo imprimí y leí camino a mi casa en bus. Una lectura gratificante. Empezaron mis exámenes finales y me distancié del tema. Ya eran comienzos de octubre, cuando comenzaron los preparativos para la feria "Contra" de editoriales independientes organizada por la Municipalidad de Lima. En su agenda, figuraba una charla llamada "La tentación del fracaso o cómo enfrentar resistencias y miedos a escribir". Debo decir que por dichos días yo andaba, por así decirlo, bloqueado con algunas historias que tenía en mi mente pero que no tenía idea sobre el cómo plasmarlas como yo quería en cuentos de buena factura. Así que ni corto ni perezoso, decidí ausentarme del trabajo y una clase que tenía ese día para ir a la charla. Por la mañana, con una esperanza casi extinta recorrí Quilca y alrededores en busca de dicho cuentario inhallable, con respuestas negativas por doquier que me hicieron caminar cerca de dos horas. Cuando ya la resignación me había ganado, en el stand que menos imaginaba lo conseguí. Casi ni pregunté el  precio que me pidió, accediendo a pagar casi sin notarlo, pues era un ejemplar nuevo y sellado. Tomé un micro y fui a la charla en el Centro Cultural de España. Esperamos los asistentes unos cinco minutos hasta que llegó. Con un morral un poco gastado, cabello largo y un aire de despreocupación que contradecía mis vagas ideas de lo que era un escritor. La charla fue estupenda y ajena a todo lo aburrido que podría sonar para cualquiera la idea de un taller literario, pues de lo que más se habló fue de como afrontar la vocación por ella. Los nombres de Ribeyro, Vargas Llosa, Naipaul, Roth, Kureishi y King, flotaron en el auditorio de forma admirable. No les narraré todo lo demás que se dijo, pues eso da para otro post, pero sí que en ese momento mis temores para escribir cuentos se estaban disipando. Al acabar la charla, me acerqué con mi ejemplar en la mano para que lo autografíe esperando una respuesta de indiferencia, mas Jeremías reaccionó asombrado por la sorpresa de que lo haya hallado y lo firmó con una de las mejores frases de aliento que alguien me ha transmitido. Entre esa tarde y la del siguiente día devoré placenteramente todos los cuentos del libro que me dejaron casi en estado de shock. La tarde del sábado ( la primera charla había sido un viernes), asistí a la segunda y última charla, con la convicción de que estaba frente a un escritor fuera de lo común y renové mis esperanzas en mi fe literaria.


"Contarlo todo" es un libro que esperé de forma impaciente y casi demencial. Sabía que se lanzaba en España el día de mi cumpleaños, y que durante el mes de Noviembre llegaría a Lima. Mientras tanto, le escribí por Facebook al sr. Gamboa que me respondió de forma sencilla y gentil, un texto que aun guardo. Y ha sido un mes de ansiedad que llegó a su fin el día viernes pasado,29 de Noviembre a las 2 de la madrugada, que empecé a disfrutar esta maravillosa novela y que si bien terminé hace pocas horas, en menos de tres días, sus efectos se prologarán por mucho tiempo como una caja de resonancia que no termina de vibrar.

La historia de un joven temerizo, estudiante becario de una de la más prestigiosas universidades privadas del país, residente en un distrito de clase media baja de esta ruidosa y bizarra metrópoli sudamericana,sin éxito con las mujeres, un problema de seguridad en sí mismo y sus capacidades, aficionado a las literatura y  que empieza a trabajar con personas a las que teme en un primer momento. Quitando algunos detalles,¿Donde iba a encontrar algo más parecido a lo que ha sido mi vida hasta ahora?. Me identifiqué desde la primera línea. La novela que yo hubiese querido escribir en unos años.En su aparente sencillez, desligada de situaciones macabras, demasiado trágicas o malditas, la novela de J. Gamboa demuestra una madurez única para narrarnos una buena trama sobre los temores para escribir, la amistad como sostén para sobrellevar la juventud y sus dudas, las tormentas del amor veinteañero, las penurias económicas, el racismo tácito de nuestras sociedad y una serie de eventos humorísticos y entretenidos. Hay una buena dosis de todo aquello que el lector busca en una novela. No se lea tampoco como un manual de autoayuda, rótulo que le añaden los críticos a todo aquello que no contenga historia de algún ser desquiciado o marcado por un suceso truculento. Tampoco como un tratado sobre la realidad socio-económica de nuestro tiempo, pues si quieren algo así vayan a leer un libro de Sociología. Esto es literatura y de la buena.Una estructura adecuada, estilo limpio y claro.

Las expectativas eran altas, y vaya que la novela no sólo no las decepciona sino que las satisface con creces. Un buen novelista peruano ha emergido y es motivo para aplaudir. Aplaudir y leer.

Aquí algunas reacciones sobre la novela:

«Un escritor perfectamente dueño de sus medios expresivos, que sabe concentrarse en lo esencial, que es siempre contar una historia bien contada.» Mario Vargas Llosa.

«Olvídense del malditismo, a Jeremías Gamboa le interesa la literatura que ofrece una luz al final del túnel.» Amelia Castilla, Babelia


«Si triunfa, todos sabrán qué son los mostros». Xavi Ayén, La Vanguardia.



miércoles, 6 de noviembre de 2013

Última escena a los 20 años

La última escena que recordaré de estos 20 años que se están extinguiendo será la de la chica que me gustaba hace menos de dos meses, rodeada por los brazos de un ser extraño a mi memoria visual, sonriente y protegida, sin inmutarse por aquello que la rodea: los micros atestados de gente, los ambulantes gritando a viva voz, los estudiantes que caminan de prisa como si estuvieran escapando de algo trágico y opresivo y yo que estoy a menos de dos metro.Un ser que se tornó invisible a su interés.Pero no son los celos los que me invaden.Es algo más.

Es una mezcla de cuestionamiento interno con una inconmensurable y molesta sensación de vacío. Un mecanismo que se enciende y empieza a alterar mi mente,un proceso denso desde la universidad hasta aquí, solo frente al monitor y el frío contacto con el teclado. Y resume en parte todo lo que ha ocurrido este último año. Una isla circundada por la oportunidades perdidas en su momento, que flotan al límite del ahogo sin acercarse directamente hacia mí.

La chica ya no me gusta, y si la tuviese al frente mío actuaría con una indiferencia brutal, mostrando una cortesía forzada. Pero hace dos meses, parecía el lobo de las caricaturas que se mueve epilépticamente y padece de hiperactividad a corto plazo. Trazaba planes, escenarios, palabras por decir, escritos no concretizados. Incluso salí con ella en dos oportunidades, y cumplí con el protocolo que cualquiera pensaría como "enamoramiento". Pero de la expectante ilusión inicial, terminé derivando en un aburrimiento sólo comparable con la de Mersault, en "El extranjero" de Albert Camus, libro que acabé hace unas horas y que tiene implicara directa con la motivación a escribir esto.

Y es justamente el tedio, lo que no sólo parece gobernarme a mí, sino a todos los que me rodean. Es la prisión invisible que nos envuelve a todos, como un manto asfixiante. Se dejan pasar casi sin inmutarse elecciones que nos podrían llevar a situaciones mejores.Riesgos que valen la pena, y no los que sólo conducen a caminos más peligrosos.

No me refiero a un escenario donde todos andan como robots, sino a uno, donde las cosas se han relativizado a tal punto que no se encuentra satisfacción en las empresas que llevamos a cabo, y sólo hay ráfagas imitando la felicidad,transitando como sombras en nuestras conductas.Nos rodeamos de un "optimismo" que se nos presenta como tabla de salvación pero que no comprendemos conceptualmente, y que sobrevive gracias a un efecto placebo alienante. Detesto a las personas que me venden pastillas de felicidad encapsuladas en mensajes vacíos.

La solución a todo esto, no la poseo, sino  no estaría aquí sintiendo que no gano nada al escribir esto, más que el desahogo momentáneo de esta turbulencia interna. Muchos encontrarían la respuesta correcta rezando, otros embriagándose, otros llamando a su pareja. Pero creo que si buscamos la naturaleza de estas sensaciones nos podremos acercar más a un paliativo correcto. Sin irnos al extremos de inventar "Complejos de Edipo, Electra, Narciso" y otros espejismos.

Advertir el peligro de un mar de dudas y vacilaciones que se acumulen en el desencanto por el presente es una labor impostergable, urgente en la etapa juvenil.Tampoco quiero parecer el "Grinch" de esta pseudofiesta constante que muchos viven y que no esconde una desesperante sensación de desapego por las cadenas que los mantienen fijados a un mundo homogeneizante. Sólo espero que cuando escriba en 365 días la última escena de mis 21 años, el hálito de molestia y tedio se haya disuadido.




domingo, 26 de mayo de 2013

Personajes cotidianos de la vida mundana juvenil VIII: El hiperactivo incurable

Hace tiempo que había dejado de hacer estos humildes perfiles sobre gente con la que uno se topa a diario para bien o para mal pero en vista de que es hora que alguien se pronuncie sobre este tipo de personajes a los que descubrimos a temprana edad: los hiperactivos.

Haciendo un recuento, la presencia de estos seres han pululado en mi vida desde que estaba en la primaria. Antes no existía la palabra bullying, pero si se cumplía en los colegios todo lo que esto connotaba y que se funciona como fórmula infalible en las comedias americanas por cliché que es el abuso generalizado hacia alguien en especial.En mi salón existían varios de estas víctimas pero sobretodo había uno que destacaba por su presencia que invadía la atmósfera de por sí intranquila de los niños de 6 a 10 años. Digamos que se llama  Zancudo. Zancudo iba de aquí para allá, fastidiando, haciendo bromas sin sentido, muy inocentes y por lo tanto inútiles al momento de cometer su función de dar risa. Introducía temas desfasados durante las conversaciones de los grupos establecidos (hablar de Digimon, cuando todos ya hablaban de Medabots), hablaba hasta por los codos durante la clase, quería imitar al pegalón de la clase dándoselas de popular y solo terminaba haciendo el ridículo en medio de todos, a veces hasta vilipendiado por este pegalón que era su modelo de ser. En las fiestas infantiles le caía bien a todos los padres que lo obligaban a uno a ser su amigo y a hacer trabajos de grupos con él, sin entender que detrás de esa apariencia de niño conversador se escondía un ser más espeso que un plato de quaker. En fin, era la primaria y casi todos los niños tenemos algo de hiperactivos, pero algunos más que otros. (NR: el autor de la nota alguna vez, por increíble que suene, fue catequista de niños de primaria y puede decir que las generaciones venideras se llevan de lejos a las anteriores en cuanto a no estarse quieto en un lugar sacando de sus casillas a cualquieras).

Pero en la secundaria esta aparente hiperactividad ligada a la infancia se va diluyendo porque los intereses por Pokemon, taps o los juegos de turno mutan en intereses por enamoramientos precoces, fiestas,música, tareas, entre otras cosas. Pero algunos mantienen este gen involutivo, y son como parásitos que deambulan en los pasillos de los salones, hablando a cada momento de las cosas mas incogruentes posibles. Trata de imitar sin éxito al chico que aparenta tener más popularidad en el momento, no tiene un grupo definido con el cual se puede identificar, en las fiestas siempre está tratando de sacar a bailar a las chicas más simpáticas pero termina por demostrar los pasos de baile más inverosímiles con el "cuartel de las feas". No tiene una personalidad definida por así decirlo y si algún día alguien decía por ejemplo que le gustaba Panda, él venía al día siguiente vestido con pulseras, su polo oficial respectivo y con la mayor cantidad de música del grupo en el MP3. Son afanosos al momento de enamorarse y siempre anuncian con bombos y platillos que chica les gusta, pasando esta a ser motivo de risa por parte de sus amigas. Dependiendo de su violencia, siempre termina por querer hacerse el matón y queriendose burlar de los eslabones más débiles en la pirámides sociales escolares, pero cuando los nerds, chancones y chicos con alma de autistas se unían terminaban vengándose de la manera más ingeniosa. Una vez terminado el colegio, su nombre pasa a quedar registrado en el último compartimiento de la memoria.

Pero por lo que escribo hoy, es por los hiperactivos universitarios, aquellos que son como una especie de agentes de la incomodidad que van de salón en salón repeliendo gente a su alrededor, haciendo bromas estúpidas e irritantes, tratando de hacerse pasar por buena gente , pegándose cuando uno solo quiere estudiar solo en la biblioteca, causando que grupos de amigos se dispersen cuando este se presenta ante ellos, colándose en los almuerzos en la cafetería haciendo que a veces los temas de conversación desaparezcan por arte de magia y que los actos de cortesía cobren una falsedad increíble.Muchas veces no lo hacen de forma conciente, pero sus actos son capaces de reducir el nivel de paciencia de uno a valores cercanos al cero. Son los que siempre están en los círculos de reunión a un lado, asintiendo a todo lo que se dice sin aportar una opinión propia. En las redes sociales, ni que se diga. Le pone "me gusta" a todos los comentarios, realiza comentarios que no tienen nada que ver con el contexto dado, se ríe de forma exageradamente en las conversaciones, siempre trata de chatear con la mayor cantidad de personas posibles a la vez y cuelga fotos hasta porque encontró una mosca.No entiende las indirectas y es demasiado "emotivo" por así decirlo. Si tiene cuenta en Twitter, escribe  frases del calibre de "Estoy en el baño, saludos". Y si consigue enamorada, es peor que el huracán Katrina, porque uno tiene que fajarse los estados más cursis y exageradamente ridículos del mundo, incluyendo fotos en 3D de los besos respectivos.Advertencia: Ni invitarlo a las pichangas respectivas de camaradería porque termina siendo el "leñador" de turno, arrasando con cuanta pierna se le ponga en frente.

Está bien, tal vez soy muy intolerante con ellos y solo tengan un déficit de comprensión y solo buscan llamar la atención no sabiendo la manera correcta. Sólo quería mostrar una realidad que convive con nosotros a diario en la aulas, el trabajo, el instituto...hasta en el micro (no olviden que siempre hay un NN que se pone a preguntar tontería y media cuando se sienta al costado de uno impidiéndonos estudiar o echarnos una siesta mirando a la ventana).El motivo es lanzarles un aviso de que vamos, relájense un poco y también sean comprensivos con los que no andamos a la misma velocidad que ustedes. Gracias

CUALQUIER PARECIDO CON LA REALIDAD NO ES PURA COINCIDENCIA

viernes, 17 de mayo de 2013

Un grito de horror desde el centro de la combi

Señoras y señores
sí,aquí estoy
aunque no puedan mirarme
espero que mi eco los haga encontrarme

Una voz desde lo más profundo del caos
del décimo círculo del infierno
que Dante no quiso mencionar
los restos de una identidad perdida
espero que no olvidada

No quiero mencionar el nombre
del móvil donde agonizo
por temor a que más pasajeros
quieran acompañarme en el dolor

Ya son las 7 de la noche
el día ya no sé
solo se ven las luces de los faros
señal que seguimos en el mismo mundo
¿seguimos?

Retorciéndome en la fiebre
aullando débilmente
los huesos hechos polvos
 la mente obnubilada

Un bebé exhalando su queja
una vieja ya está viendo a San Pedro
la chica de al lado llorando
y el ateo rezando

No recuerdo ni donde subí
ni hacia donde me dirijo
solo que subí con una pareja
que de tanta espera
decidieron encargar una familia a la añeja
asi que terminé de padrino
de un infante maldecido

Me despido
no porque haya llegado
al paradero deseado
solo de puro cansado

Ojala llegue a mi destino
o este venga a buscar los restos
de este desahuciado

sábado, 25 de agosto de 2012

"Hard Times":Un ensayo sobre la felicidad


Felicidad. ¿Suena conocido? Tal vez sea la palabra con más interpretaciones para los seres humanos,  y que sin embargo es la de mayor importancia en nuestras vidas. Es una de las cuestiones que siempre está presente en todas nuestras motivaciones y acciones por el simple hecho de que estamos naturalmente inclinados hacia ella y eso es una verdad universal e inequívoca en mi opinión, porque está impregnado en nuestro ser. Usamos todas nuestras facultades y habilidades para llegar a ello.
“Tiempos difíciles” es una magna obra literaria que trasciende su tiempo y que posee una asombrosa vitalidad en nuestros días, con temas de gran importancia y con una variedad de personajes con características que se encuentras presentes aun en nuestras sociedades lo que hace que puedan ser fácilmente identificadas como las describe de una manera maravillosa Charles Dickens, que cabe decir, es un perfecto representante de la literatura de su tiempo. La época victoriana no pudo haber sido mejor expuesta  y descrita por ningún otro autor. Los cánones  de la sociedad inglesa de siglo XIX como hemos notado, son de otra índole y sin embargo los problemas no han variado mucho en el trascurso de estos dos siglos.

Ahora, ¿Por qué una obra propia de una época gris y casi deprimente se tendría que  relacionar con un tema como es el de la felicidad? Aunque la pregunta puede ser obvia para muchos, tiene muchas implicancias que pueden pasar fácilmente imperceptibles en un ambiente oscuro, deprimente y con un matiz casi trágico, si no se hace un análisis objetivo desde el punto de vista filosófico, y es aquí donde quiero exponer mis argumentos a favor de la presencia del tema de la felicidad en todo momento de la vida de los seres humanos, al estar en nuestra esencia su búsqueda como algo inherente a nosotros como ya mencioné pero sin embargo muchos creen que para concretarla necesitamos seguir ciertas reglas, parámetros, y métodos específicos y eso ha sido investigado por diferentes filósofos durante toda la Historia.

Cabe preguntarse también ¿Es realmente la Felicidad aquello que les da sentido a sus vidas a los diversos protagonistas de la obra y el motivo principal de todas sus acciones? De ser cierta la afirmación anterior, ¿Por qué piensan y obran de manera tan diferente? ¿Realmente todos llegaron a alcanzarla? Las anteriores y otras preguntas, puede plantearse uno al terminar de leer la novela luego de sentir plenamente las vivencias de estas ficciones, pero esas mismas interrogantes pueden aplicarse a la vida de cada a uno de nosotros, de ahí mi interés por analizar este tópico.
“Todos queremos ser felices” es una afirmación que no puede ser negada fácilmente por cualquier persona siempre que comprendamos el “querer” como deseo y como búsqueda. Todos los hombres poseemos una inclinación natural como ya lo mencioné hacia la felicidad, que puede ser experimentada pero que no nos brinda una garantía clara de poder concretizarla. El común denominador en la obra y que nos lleva a plantearnos estas cuestiones son la serie de relaciones humanas no bien resueltas  y representadas por seres con características tan disimiles en cuanto a su ambiente socio-cultural y sobretodo el familiar. Un ejemplo de ello, es la escena en que la solitaria anciana que visitaba la casa de Bounderby interroga repentinamente a Esteban Blackpool con un “¿Sois feliz?”, aparentemente sencillo de responder pero que posee un trasfondo complejo que  lleva a Esteban a recordar sus penas y tragedias personales, resaltando la ausencia aparente  de ese matiz de felicidad en su vida real, pero que sin embargo, estaba presente en sus sueños de forma imaginaria e irreal expresando tal vez sus anhelos al principio de la narración.

Un ejemplo diferente, ocurre cuando Tom, el hijo del Sr. Grandgrind, expresa que alcanzará su “verdadera felicidad” cuando Luisa, su hermana, acceda a todos los requerimientos del Sr. Bounderby porque podría lograr sus propias metas individuales llenándolo de satisfacción y que de una forma muy extraña, piensa que también las de Luisa podrían realizarse de forma colateral y consecutiva. Es decir, sólo su proyección estratégica egoísta podrá conducirlo por el camino del éxito aun cuando el sacrificio lo tenga que realizar su hermana debido al cariño de esta. Es de esta forma que identificamos uno de los mayores problemas ligados con la felicidad y es la estrecha relación que tiene esta con los valores.
Cuando culmina la lectura de  “Tiempos difíciles” una pregunta que sobresale es como una sociedad como la inglesa, tan culta y refinada, llena de conocimientos en todos los campos científicos llegó a un estado tan crítico como la que se describe en el libro, aunque obviamente este tenga un matiz ficticio. Es decir, la primera conclusión a la que llega el lector es que hay una crisis severa de valores, expresada en personajes tan controvertidos como Bounderby, Tomas, la Sra., Sparsit y el Sr. Grandgrind en una primera etapa, mientras que nuestros llamados héroes como Ceci Jupe o Esteban Blackpool tienen que estar sometidos a las acciones de los personajes previamente llamados. Aunque esta percepción nos pueda parecer válida en un primer momento, la verdad es que existe más bien una crisis de los sujetos de esos valores. Me refiero a que el hombre de aquella sociedad es el que en verdad ocasiona esta decadencia, porque no puede responder con su voluntad a las interrogantes vitales que le plantea la existencia como lo son: ¿A dónde va? ¿Qué es lo que realmente quiere? Pero sobretodo. ¿Cuál es el sentido de su vida? Esto los lleva a perder el rumbo correcto, ya que no tienen claro cuál es el fin de su existencia, por lo que viene a ser obvio que los valores se han desdibujado y trastocado de una manera increíble y superlativa desde nuestro punto de vista. Es así que podemos concluir luego de un análisis llevado a cabo desde esa perspectiva que lo que están en crisis no son los valores, que han estado en el hombre desde sus orígenes prácticamente, sino los hombres.

La vida humana  se desenvuelve dinámicamente  y se encuentra orientada hacia la plenitud, referido hacia la riqueza humana, el contenido y a la calidad de la persona. Para llegar a todo lo anterior se debe hacer una recta realización de los valores, un proceso independiente y dinámico de cada persona. Tal vez ello explique en parte los problemas que tienen alguno de los personajes de Dickens, lo que no los hace partícipes de dotar a su existencia de contenido. Por ejemplo, los hijos del Sr. Grandgrind se encontraba imposibilitados de poder practicar las artes en todas sus formas, privándose de recibir ciertos beneficios a consecuencia de ello, ya que al tener un padre que consideraba que el ejercicio de ellas era de una completa inutilidad para la vida y solo era un pérdida de tiempo, no existían las condiciones necesarias para ello. No cabía en su pensamiento que tal vez una acción como ir al circo a ver un espectáculo cómico o humorístico podía ver aumentada su calidad humana por el valor estético adquirido. La sobreprotección se convirtió en un vicio insalvable que tuvo consecuencias nefastas en la adultez de los pequeños protagonistas, aunque Ceci no corrió el mismo destino por motivos que desarrollaré después.

Ahora para que un valor cumpla su función deben existir dos condiciones básicas para ello que son de orden teórico y de orden práctico., refiriéndose la primera al conocimiento de los valores, tanto a aquellos que intervienen en el perfeccionamiento de lo humano como a lo que la persona en circunstancia concretas y con sus capacidades puede y debe proponerse. Cuando hablamos del orden práctico nos referimos a la realización efectiva del valor en la vida de la persona. Esto que acabo de mencionar nos ayudará a comprender aun más el porqué de la crisis que se desata en la narración.
¿Subjetivismo? Aunque tengamos un concepto romántico y casi idealista de este vocablo, cuando lo use en este texto me estaré refiriendo a la verdad en el ámbito del sujeto, que prevalece antes que la realidad de las cosas: es decir la verdad de él o ella tiene mayor contundencia que la verdad.  De la  misma manera, el subjetivismo axiológico (es decir, que se relaciona con la teoría de los valores) sitúa el fundamento del valor en el sujeto que valora y no en la realidad objetiva que hace que algo sea valioso. En palabra simples, es como si uno valorara una cosa porque la aprecia mas no porque tenga un valor por sí misma. Lo cual podemos verlo en la situación laboral de las fábricas de Coketown, en donde se valoraba la mano de obra industrial por su importancia dentro del sistema de producción de la compañía y no por el esfuerzo humano que supone hacer todo ese tipo de labores.

Una vez que no se trata del valor económico o contable de un objeto, sino de los valores humanos que habrán de brindar un contenido superior a la vida, las consecuencias de este proceso subjetivo de enfocar los valores se hace más dañina y grave. Uno debe evitar tomar la figura de Bounderby como modelo a seguir, porque termina convirtiéndose uno en árbitro que decide a su antojo lo que vale o no vale, yendo como juez por la vida. Justamente existe ahí otro problema, y es que se considera el valor de algo también si tiene un efecto placentero o de agrado hacia uno mismo. Si uno incurre en este pensamiento es posible que queden suprimidos los valores más altos para la persona vinculados con la moral, lo intelectual o lo religioso. Y es aquí cuando es preciso recordar el pasaje bíblico donde Jacob se aprovecha de la necesidad fisiológica de hambre que tiene Esaú y le propone un intercambio entre los derechos de ser hijo primogénito del último por un simple plato de lentejas, a lo que Esaú accede sin pensar bien en las consecuencias a futuro de este hecho. Prefirió satisfacer sus necesidades inmediatas que pensar a largo plazo en lo que le podría traer un beneficio más trascendente. De ahí la importancia de tomar estas cosas con la importancia debida.

Es preciso, luego de decir esto, que uno acepte la objetividad del valor para no para no terminar envuelto  en las contradicciones anteriores. Sólo cuando reconocemos que el valor vale por sí mismo con independencia de nuestra interpretación o valoración, se podrá contar con un camino que conduzca a la plenitud de la vida, algo como lo que le pasó al Sr. Grandgrind al ver la situación crítica de Luisa. Cabe decir que la objetividad de los valores no debe ser necesariamente demostrada. Cuando captamos un valor somos conscientes de que vale, no por nuestra apreciación sino por él mismo. Pero ¿Será suficiente?

Para dar una respuesta a la anterior pregunta, debemos tener en cuenta, que todo aquello que no todo lo que tiene un valor en sí  es bueno u óptimo para uno. Esto puede deberse a que aquello que es bueno en sí pueda suponer un desequilibrio o porque simplemente esos valores están fueran de nuestro radio de alcance. Es decir, no basta con reconocer la objetividad de los valores sino la consideración que se le debe brindar en cuanto está relacionado con el sujeto que está llamado a realizarlos. Aunque la objetividad implica una validez universal, la realización del valor abarca una tarea propiamente individual y personal

Cuando en antes me referí al nivel del conocimiento como primera condición para que el valor cumpla su función en la vida humana debí hacer hincapié en los requisitos que necesita para ello como lo son el admitir la objetividad del valor, conocer cuáles son los valores que llevan al perfeccionamiento del ser humano y que dotan de contenido a su existencia, el averiguar cuáles de todos los valores objetivos son en verdad buenos para mí y precisar aquello que debo proponerme por estar a mi alcance. Esto se hubiese aplicado fácilmente a la figura de la oprimida Luisa, ya que si hubiese crecido en un ambiente en donde se le permita conocer y ahondar en todas las capacidades que poseía, esto la  hubiera llevado a convertir posibilidades que se le presentaron en situaciones concretas a valores reales.

Luego de tener claro lo referido  a la primera condición, podemos establecer un análisis correcto de la segunda condición que deberá darse para que el valor cumpla su propósito de conducir al ser humano a su plenitud que viene a ser la efectiva realización de los valores reales. Aunque resulta difícil precisar si la crisis del libro se debe más debido a la primera o la segunda condición , podemos notar la falla en la segunda cuando vemos que el sistema educativo desde un comienzo no le daba importancia a este tema por considerarlo inferior en la vida de las personas, es decir , lo veía como algo no tan necesario como la suma de conocimientos intelectuales  y ligados plenamente a la comprobación por el método científico  positivista declarando nula cualquier otra posibilidad. En todo caso, estas dos condiciones están íntimamente ligadas como una relación de dependencia mutua y simbiótica ya que el conocimiento de los valores es necesario para poder realizarlos viéndose más favorecida del mismo modo que se incurre en una mayor eficacia, con lo que el conocimiento sufre este efecto retroalimentador.

Bounderby tenía un problema central que  analizaré más adelante pero que vale mencionarlo luego de dicho lo anterior y es que no tiene coherencia entre lo que piensa y lo que vive, es decir no hay un vínculo entre su pensamiento y su conducta y todo debido a un enredo en un factor muy importante y trascendente: la voluntad, la cual hay que saber interpretar de un modo correcto.

Empecemos por la definición. La voluntad es la tendencia espiritual hacia un bien concebido previamente por la inteligencia (el llamado apetito racional). También es posible conceptualizarla como la facultad mediante la cual se quiere (diferenciando muy bien entre lo que se quiere y lo que se desea), se toman decisiones y se ejecutan los actos que nos conducen por la vida. La voluntad tiene por tanto mucho en relación con la libertad pues esta es la capacidad de querer, de elegir entre diversas posibilidades, de llevar  a la práctica lo que resulte conveniente. Es así como medimos la fuerza de la libertad real de cada individuo, por lo fuerte que esta pueda ser. Si no se es capaz de tomar la decisión que corresponde de realizar lo que uno se propone, la libertad se va reduciendo  a la nulidad. Esteban Blackpool, aunque tuvo una vida sufrida, siempre fue capaz de tomar las decisiones que creyó adecuada aun cuando las adversidades eran muy grandes, demostrando una gran fuerza de voluntad, afirmando su libertad. Algo que analizaré más adelante con mayor profundidad.

La realización y adquisición de valores depende directamente de la voluntad porque es simplemente imposible que una persona pueda hacer suyo un valor sin la intervención de la facultad mencionada. Esto salta a la vista cuando vemos por la televisión acciones prácticas  que son capaces de salvar vidas mediante acciones valientes y riesgosas, con acciones que uno podría decir que son netamente voluntarias como lo son la de los bomberos. Si lo queremos resumir en la de un carácter, es válido mencionar a Raquel. Ella sin ninguna presión de algún tipo decide ayudar a cuidar a la esposa de Esteban, que por lo que es descrita, es peligrosa, está sumamente enferma y ha llegado a un estado en que lo único que producía es temor y miedo en su conyugue al contrario. Pero no es el único caso, ya que la voluntad interviene también en las actitudes de apariencia pasiva en las que el hombre realiza valores profundos como el aceptar los sufrimientos, reflejada claramente en  como Esteban soporta el entorno post renuncia al sindicato de trabajadores, ya que si bien tomó una decisión debe cargar con las consecuencia que esto traería

Análogamente a los dos obstáculos señalados en referencia al conocimiento de los valores, podemos mencionar también obstrucciones que afectan la voluntad en su objetivo de hacer efectiva la realización de los valores. La voluntad en  “Tiempos difíciles” está sumamente desprestigiada. Las personas llegan a un estado crítico como el de Luisa en que no son capaces de guiarse por la vida, aceptando las decisiones que le imponen los demás, dejando de ser la dueña de sus actos,  subordinándose en el caso específico del hermano que se aprovecha del cariño- vicio que la muchacha posee por él en su condición de hermana, lo que la hace ciega ante los beneficios que estas decisiones tendrán en su vida posterior. Ella elige en contraposición a sus verdadera inclinaciones y aptitudes por el sólo hecho de hacer feliz a los demás ya que no está haciendo uso adecuado de sus facultades.

Hay que destacar que no solo este tipo de condicionamientos internos son capaces de afectar la adquisición de valores. También lo son las circunstancias externas que suele limitar la libertad cuando no se es capaz de poder sobreponerse a ello. Lo que pasa en la trama es que se cae en el error de considerar los condicionamientos externos como absolutos a la hora de realizar un acto voluntario, es decir que uno no puede escapar a ellos, es decir el ser humano de va tornando débil frente a las situaciones que enfrenta por el simple hecho muchas veces de “que todos lo hacen”, por lo tanto se corre el peligro de no ser aceptado por los demás, como lo que le ocurre en determinados momentos al inicio de la narración a Ceci Jupe, que si bien no logra doblegarse a lo largo del libro, tiene temores de no ser incluida en una sociedad que veían de mala forma su forma de pensar y expresarse, aunque si bien no cae en el extremismo de Bounderby de elaborar una cadena de mentiras cayendo en un pozo profundo de confusión interna. Cuando uno se opone a todo esto de forma determinante y enérgica aun cuando todo lo que le rodea parece adverso, podemos decir que está haciendo una buena volición del bien y que su voluntad está siendo bien guiada por la inteligencia.

Cuando hablo de volición del bien me refiero a la aprehensión del bien que la inteligencia le presenta a la voluntad, luego de la cual se emite un juicio por parte de la ultima para evaluar si este bien es conveniente o no  y tomar una decisión correcta acerca de su ejecución. Cabe decir que luego de este proceso, se debe consideras los medios y posibilidades de ese bien eligiendo los más adecuados. Finalmente en su ejecución intervendrá el mandato intelectual haciendo uso activo y pasivo de las facultades gozando o reposando luego por el bien conseguido. Como vemos es todo un conjunto de acciones lo que se agrupa alrededor del uso de nuestra voluntad.

Si bien la adversidad de las circunstancia nos pueden apartar del camino mencionado, llenándonos de limitaciones pero como ya se dijo, todo depende de cuan fuerte esté nuestra voluntad, que depende de la capacidad adquirida y desarrollado para acceder a situaciones difíciles en un futuro. En otras palabras, la grandeza o mezquindad de una persona se pone de manifiesto en los momentos y situaciones más difíciles, ya que la persona lleva dentro y demuestra lo que realmente es. Pero también es muy válido tomar estos contextos como oportunidades de realizar valores de especial connotación mejorando notablemente la calidad personal.

Luego de lo analizado en torno a la crisis de valores que supuestamente se pudo pensar acerca del contexto en el cual se desarrolla la narración, nos hemos podido dar cuenta que el origen de todo aquel embrollo se origina en las personas, por una parte en la inteligencia, cuyas funciones de abstracción o aprehensión de los conocimiento de los bienes se ve afectada por el subjetivismo no contando con un conocimiento realista de los valores. Por otra, también por las consecuencias nefastas para la voluntad que debilita por los obstáculos en antes ya expuestos.

Si bien, a veces estas crisis pueden parecer insuperables, lo que se debe hacer es simplemente formar la inteligencia, lo cual nos conduce a aprender a pensar con objetividad sobre el fin de la persona humana y sobre los medios para alcanzarlo, y fortalecer la voluntad, ejercitándola  en la realización misma de aquellos valores que dotan a la existencia de contenido y conducen al hombre hacia su plenitud, es decir, a su felicidad.

En torno a lo antes dicho, es posible identificar dos corrientes propiamente dichas en cuanto a la relación que se posee a nuevas posturas o ideas si se llega al extremismo, es decir, cuando se es “muy abierto” o” muy cerrado”, lo cual nos lleva a hablar del relativismo, propio de aquella persona que carece de convicciones  y que no parece tener compromisos viviendo superficialmente conformándose con pasar la vida de cualquier manera; y el dogmatismo, que corresponde a aquella persona fanática que se empeña en defender unas ideas que no se entienden del todo, apasionados en imponer sus percepciones de la realidad aun cuando carezcan de fundamentos válidos. Justamente es este último en el que se incurre más en la obra de  Dickens.

Nadie gusta de ser calificado o identificado como dogmático, ya que es un vocablo que tiene una  mala connotación, con un carácter peyorativo comúnmente empleado con intención acusatoria. Cuando le decimos a alguien que está actuando de forma dogmática, implícitamente le estamos sugiriendo que rectifique su actitud, porque está resultando desacertada. El que lo recibe desarrolla una resistencia a aceptar esto, como hemos sido testigos al momento de leer los tres Libros de “Tiempos Difíciles”

Pensemos nomás en la escuela de Coketown, cuando se tiene  que el maestro impone su visión particular brindada por el sistema educativo impuesto sobre la realidad de las cosas sin poder tolerar cualquier otra percepción tomando la suya como superior y la  única válida y correcta para enseñar. Los niños a tan temprana edad no tienen una voluntad tan fuerte como para negarse y exteriorizar su desacuerdo con ello, con lo que terminan siendo víctimas  del “establishment” impuesto.

Tomando como referencia lo desarrollado en el libro podemos señalar que un dogmático se hace merecedor de éste término cuando quiere dar la impresión de que todas sus afirmaciones tienen carácter de dogma, aun cuando se refiera a cuestiones opinable e incluso de poca importancia. Generalmente son personas que poseen un temperamento fuertemente emotivo, apasionado, arrebatado y que no reflexiona en gran medida. Lo que hoy en día podíamos describir como alguien autoritario y poco tolerante a las opiniones diferentes y discrepantes de las demás personas. Solamente está tranquilo cuando los demás comparten su visión de la vida ¿Pero cómo concibe un dogmatico la verdad de la realidad de las cosas?

¿Qué es el dogmatismo en todo caso desde el punto de vista filosófico? Para entenderlo, previamente debemos conocer previamente lo que nos dice la filosofía realista acerca de la verdad. La verdad consiste en la adecuación de la inteligencia con la realidad de manera que uno está en la verdad cuando conoce las cosas como son., reconociendo tres principios básicos y evidentes que son: la capacidad de la inteligencia humana es limitada es decir no puede abarcar el conocimiento de todo lo que el hombre quiere; que la realidad es sumamente compleja y entreverada; y finalmente que la verdad se encuentra en las cosas antes que en el pensamiento. Habrá que evaluarlo en ese orden para poder llegar a comprenderlo del todo.

Bounderby, Grandgrind, el maestro de  escuela y muchos personajes más, regidos por el sistema educativo predominante en la sociedad de la época, sobrevaloran en todo momento la capacidad de la inteligencia humana, considerando que se puede llegar de una manera muy fácil y evidente al conocimiento de la realidad, dando una extrema y exagerada seguridad subjetiva de estar siempre en la verdad, excluyendo la posibilidad de que esta caiga en un error o equivocación. Es decir “Tiempos difíciles “se desarrolla en un ambiente netamente dogmatico en los que no comparten esta visión se ven excluidos y rechazados. Hay una confianza ciega en la posibilidad de conocer las cosas sin error, que no necesariamente está ligada con la inteligencia, sino a la de otra persona, aunque el caso termina siendo el mismo ya que se tiene una total certeza de que lo que la otra persona afirma o piensa es lo correcto y debe ser tomado como lo absoluto y lo verdadero. En otras palabras, lo que los seguidores de los pensadores de la ciudad creían o se veían  obligados a creer y tomar como dogma, algo representado en la mamá de Luisa que creía ciegamente en el ideal de su esposo y en las acciones tomadas por él aun cuando no era capaz de comprenderlo.

En segundo lugar, si cuando conocemos la realidad esta se reduce o se simplifica su contenido, se pensará en efecto que es muy sencillo conocerlo todo con certeza, lógica y sin incurrir en ningún tipo de error. Es más, quien proceda de esta manera totalmente superficial, no sentirá la necesidad de fundamentar sus afirmaciones. Una  vez que se elimina la complejidad y riqueza de la realidad, el conocimiento de esa realidad empobrecida le resulta evidente a la razón y no requiere que se afirme con argumentos bien fundamentados y válidos.
En tercer lugar, si llegamos a considerar que la verdad de las cosas se encuentra en la mente humana antes que en la realidad, entonces prescindiremos de esta última porque el hombre considerará que la razón le basta para conocer la realidad. Algo de esto podemos encontrar en algunas posturas del siglo pasado y en otras del Medioevo, las llamadas corrientes de pensamiento racionalista, por la predominancia de la razón en las cosas y en el proceso del conocimiento en el cual se sobrevalora el uso de la razón otorgándole un lugar que es debido por su naturaleza. Un hombre o mujer racionalista se siente completamente seguro de la verdad, aunque los hechos y la realidad concreta sugieran otra cosa o postura.

Con todos esos elementos podemos decir finalmente que el dogmatismo es el convencimiento pleno de que la inteligencia humana puede conocer siempre la verdad con facilidad y plena certeza, sin sentir la necesidad de fundamentarla con argumentos ni confrontándola con la realidad que lo rodea. Esto deriva en una acción de aferrarse, muy viciosa, a la supuesta verdad de la que se tiene conocimiento. Es válido aclara que el término dogmático no se refiere a los dogmas religiosos definidos por la Iglesia y que exigen de sus fieles una adhesión de forma irrevocable. Tampoco se debe dejar por eso de tomar como válidas las demostraciones científicas muy bien demostradas sin caer en la sobrevaloración. Teniendo claro esto, se puede ir a un análisis de las consecuencias de la práctica de esta corriente para quien lo hace y para quienes lo rodean., basándonos en las tres causas que originan esta postura.

Siendo la primera causa la sobrevaloración de la inteligencia es evidente la critica que debemos hacer, y es que si elevamos en demasía esta capacidad estamos encaminados a seguir un camino de exagerada seguridad subjetiva de ser dueños siempre de la verdad, sin tener en cuenta como ya se menciono que el error está a “la vuelta de la esquina”. Las consecuencias terminan siendo catastróficas y severamente dañinas para el hombre.

Por ejemplo  la autosuficiencia es un mal derivado de ellos  ya que el exceso de confianza en la capacidad intelectual de uno mismo o en la de otra persona nos llega a obnubilar la mente. El autosuficiente deshecha a las demás personas al momento de elaborar sus puntos de vista, ya que tiene la idea de que no tienen nada válido que aportar a su teoría de las cosas. Existe un desprecio porque se piensa que uno mismo se basta. De ahí que haya un cerrado egocentrismo, ensimismándose en su propio mundo, constituido de criterios infalibles que la persona ha concebido. Aquel que posee tal seguridad subjetiva se vuelve inflexible y rígido, con un pensamiento estático y podo adepto al cambio, nunca dispuesto a ceder. Existe una única línea de pensamiento y esa es la suya.

Pensemos en los maestros de escuela de Coketown, una vez más. Se sitúan en un único esquema de enseñanza y un solo sistema pedagógico de transmitir conocimientos. No hay espacio para las sugerencias, y se sienten amenazados ante cualquier otra postura que se tenga, actuando de la manera más cerrada que es la negación de ellas, impidiendo la rectificación cuando se dé el caso del error. Esto genera conflictos internos en las personas que ven que tienen una postura diferente y no pueden defenderse, como Ceci Jupe, cuya formación totalmente diferente a la urbana, la hace presa de este autoritarismo escolar en el cual no tienen los sentimientos y la imaginación, llevándola a una frustración inicial.

La supuesta seguridad del dogmático se refleja de forma ordinaria en afirmaciones de lo más tajantes, declaraciones rotundas ya que según su percepción no hay forma de que estas sean puestas en duda y negadas, es decir, no cabe la idea de que pueda salir otra persona que contradiga su idea invalidando la suya. Existe una polarización en torno a ello, de forma unilateral, por lo que los calificativos que se brindan suelen caer en la falsedad.

Ahora, podemos encontrar que sabiéndose poseedor de la verdad, el dogmatico tiene  la tendencia de opinar de todo, aun cuando nadie le haya pedido su opinión o no esté inmiscuido en el campo del cual se hace partícipe. Él siempre se sentirá seguro de tener la última palabra, ya que “tiene la autorización  para dictaminar el criterio ante cualquier cuestión”. Esto lo podemos ver reflejado no solo en la obra sino a diario, con personalidades que si bien son expertas en la política por ejemplo, pero que se dejan llevar por su egocentrismo y terminan emitiendo opiniones sobre temas del cual no tienen un conocimiento certero cayendo en graves errores.

Como todo, asumir esta postura tiene un costo, sobretodo en la relación con las demás personas, ya que cuando se está convencido de que solo él o ella tiene la razón, se pretende imponer su línea de pensamiento a los demás, haciendo uso de la supuesta autoridad con la que ha sido investido generalmente sin argumentos convincentes. (El clásico “esto es así porque soy tu padre” aplicado en el hogar de los Grandgrind”). Es obvio que cuando se trata de imponer las ideas, no se da cabida al diálogo y al libre intercambio de pensamientos. Cuando uno dialoga, uno escucha y comunica ideas siendo flexible y tolerante con los demás.

Pero hemos hablado a nivel individual y en un contexto reducido. En la sociedad la práctica extendida del dogmatismo puede infligir serios daños en la forma de relacionarse y buscar la unidad. Es imposible el trabajo en grupo si no se está abierto al diálogo, sin tomar la combinación de cualidades de las diferentes personas que conforman la comunidad. Esto nos conduce a un campo de desconfianza mutua, en el cual se ve conspiraciones en todo momento y no se tiene la certeza de que la otra persona esté actuando de una forma adecuada al ideal ya formulado.

Habiendo expuesto las consecuencias dañinas de la sobrevaloración de la inteligencia, podemos referirnos también a los problemas que acarrea la reducción o simplificación de la realidad, que viene a ser  lo que coloquialmente conocemos como la otra “cara de la moneda”. Lo que sucede es que al tener plena confianza en la razón, se llega a pensar que el conocimiento de la verdad se lleva a cabo con suma facilidad. Se emiten juicios parciales que se dan de forma incompleta y sin matices resultando falsos porque no corresponden a la realidad. La contundencia con la que son expresadas estas afirmaciones se basan justamente en la falta de matices, es decir de la falta de tolerancia a las críticas de todo tipo que discrepen con la postura ya tomada.

Ahora, cuando se simplifica la realidad, por ende también se simplifican los problemas que suelen aparecer y que le dan ese toque de complejidad a la existencia del hombre. El dogmatico considera que los problemas tienen poca entidad y se pretende resolverlos con soluciones insuficientes cayendo en la superficialidad del diagnóstico y en la solución del problema. Algo que le ocurre a Esteban Blackpool cuando le pide un consejo a su jefe, el Sr. Bounderby sobre la crítica situación marital por la que estaba atravesando y a lo que este último solo responde brindando soluciones que no aportaban en nada a la solución del problema, sin hacer un análisis objetivo de la situación ni a los sentimiento de Esteban. Pero lo más grave es que si uno se acostumbra a ello, se puede incurrir en el fanatismo desmedido llevando a defender con vehemencia una idea, sin llegar a comprenderla en su real medida. Hay una ausencia de reflexión en lo antes dicho suponiendo una exageración de las cosas, siendo la precipitación la característica más destacable de ello.

Como se muestra en el ejemplo antes dado sobre Esteban y Bounderby, cuando la tendencia hacia la simplificación se proyecta hacia los problemas de las demás personas son ellos los que padecen las consecuencias porque simplemente no se les ha brindado las soluciones más eficaces para una óptima resolución. Es que en el conocimiento de otros seres humanos, la persona dogmática proyecta su reduccionismo y superficialidad mediante el uso de clasificaciones simplistas, basándose en pocos datos para catalogar a alguien, como si se tratara de ponerle un rótulo que lo identifique de una manera particular frente a los demás no dándole cabida a su libertad. Luego de ello procede a juzgarlo sin establecer el análisis concreto.
¿Pero qué pasa si alguien de estas cualidades dogmaticas llega a tener un poder visible frente a los demás? Pues simplemente al carecer de las condiciones necesarias para dirigir a los demás, creará un ambiente incómodo en su entorno  y en el que la cooperación vaya siendo nula cada vez más. Es más, si su tendencia va por el camino del idealismo se fijará propósitos para las demás partes, como exigir en una fábrica una productividad imposible de conseguir en un contexto donde no se respeta los derechos laborales de los trabajadores.

Como consecuencia final que padece el dogmático simplista en su relación con las demás personas, mencionaré la llegada a un estado en que se ha perdido la autoridad moral frente  a los demás, en el que el daño más severo viene a ser la pérdida de confianza en su persona por parte de las personas que lo rodean y con las que tiene cualquier tipo de vínculo. Por lo que es muy importante evitar esto en pos de lograr la integración.

Evaluemos por último la problemática de la actitud racionalista, caracterizada como ya se dijo por prescindir de la realidad para basarse plena y exclusivamente en la razón. Cuando alguien elabora sus ideas al margen de la realidad, encerrándose en un tipo de capullo, se convierte en un hombre cerrado y estático en extremo sin posibilidad de modificación o cambio, algo así como los tradicionalistas viciosos de siglos pasados que hicieron más mal que bien luego de actuar de la forma más intolerante posible. Pero si hay un factor clave en todo ellos, es la pérdida gradual de la capacidad de admirarse y de sentir curiosidad por descubrir nuevas cosas, impidiendo el crecimiento humano y el poder desarrollar todas sus habilidades o talentos, lo cual es básico en todos los campos científicos y artísticos, empezando por la Filosofía.

Aunque parezca inconcebible que exista en nuestros día una mujer tan sumisa como Luisa, es posible encontrar ciertos patrones característicos en el presente como la falta de ilusión por la vida, un pesimismo que impide encontrar la llamada “luz al final de túnel” a la hora de enfrentarse a un problema y el tomar como cierto aquello que se encuentra escrito en los libros desechando la idea de investigar la realidad por sí mismos. En todo momento se siente un vacío debido a lo antes mencionado derivando en cuadros de depresión.

Otro ejemplo que podemos extraer del libro referido a la actitud racionalista es la indiferencia que siente Bounderby por sus trabajadores, por sus sindicatos y su situación en general, ya que solo ve los beneficios o perjuicios que las actitudes de ellos puedan implicar al desarrollo de la fábrica, mas no se tiene una visión global ni profundamente analítica al respecto, tomando solo la parte económica que esto puede acarrear y es acá cuando también se realiza una crítica de manera sublime a las nuevas tendencias económicas ligadas a un capitalismo netamente salvaje que prescinde de las relaciones humanas y solo enfocadas en el crecimiento de la producción a cualquier  precio y en el que la mano de obra es visto como cualquier otro insumo. La autonomía termina predominando eliminando cualquier tipo de relación que alguien hubiese querido tener con Bounderby, cortando la comunicación, actuando de manera fría y muy calculadora.

La discriminación está presente de manera cruda en los diálogos y actitudes de los personajes, si bien por un tema socioeconómico y no por ello menos agravante, pero presente al fin y al cabo. Se atropellan los derechos de las personas por ser simplemente no perteneciente al mismo círculo íntimo de los emisores de tales ideas. Incluso se usa para hacerse pasar como víctima del destino y de las circunstancias externas, nunca asumiendo responsabilidades por los errores cometidos.

Los legalistas son aquellos dogmáticos que incurren el problema antes mencionado y al igual que el discriminador actúa de forma muy cerrada y con un rigor exasperante tomando todo en base a normas, viéndolas como fin y no como medios para poder establecer actos de justicia. Es decir, no toma en cuenta en ningún momento las circunstancias y las personas a las que se evalúa por lo que los juicios emitidos son más bien obstrucciones a la evaluación de un caso desde un punto de vista correctivo.

La felicidad siempre encontrará en el dogmatismo un obstáculo férreo para poder manifestarse en su plenitud siempre y cuando no concibamos la felicidad como lo establecen  ciertos modelos erróneos a lo largo de la historia y que aun se encuentran vigentes no solo en “Tiempos difíciles” sino en sociedades más “avanzadas” como las nuestras. Entre estas podemos encontrar modelos como el nihilismo, el “Carpe Diem”, el pragmatismo, el simple bienestar, el dinero y el poder.
Empecemos por el nihilismo, una doctrina filosófica que sugiere la negación de uno o más de los supuestos sentidos de la vida. De manera frecuente, el nihilismo se presenta en la forma de nihilismo existencial, el cual sostiene que la vida carece de significado objetivo, propósito, o valor intrínseco. Cuando uno  concibe esta forma de pensar como válida se puede caer en la desesperación ya que supuestamente no hay nada, en proceso de “escape de la realidad”; en el fatalismo, dejándose guiar por otros y otras; el absurdo, la vivencia sin ningún sentido; el cinismo, fingiendo interés por una persona pero desde una manera egoísta y pesimista, donde todo se llega a ver de forma negativa. Luisa podría encajar perfectamente en varias de las características dichas, ya que su existencia es casi trágica y sin sentido aparente durante gran parte de la narración.

El Carpe Diem es en cambio una visión casi simplista de lo que es la felicidad con frases tan trilladas como “Vive la vida y no dejes que la vida te viva”, dejando libre el curso de las fuerzas internas del hombre tomando como hegemonía el cuerpo, en donde el futuro no interesa mucho. Aunque puede parecer un modelo válido para un mundo como el actual o como la salida más fácil a los problemas lo que en verdad ocasiona es una confusión entre felicidad y placer, lo que acarrea problemas con los valores como los que ya se mencionó al comienzo del texto. Algo parecido a lo que le pasó a Esaú en el pasaje bíblico.

Los errores del pragmatismo se originan desde su concepción y en el origen de esta postura confusa para muchos, en el que prima el sujeto y los intereses de este. La utilidad viene a ser el fin del hombre para un pragmático, lo que puede eliminar valores como la solidaridad o la compasión, ya que sólo existe el beneficio propio atentando contra el bienestar del prójimo en muchos casos sobre todo por la presencia de prejuicios.

Bienestar. Aunque el vocablo nos parezca correcto, la postura que lleva su nombre más bien no lo es tanto ya que propone concebir la felicidad como ausencia del dolor. Es decir, uno es feliz cuando no sufre, tomando ello como un obstáculo y no como un medio para lograr el objetivo, lo cual es erróneo porque el sacrificio en momentos determinados de nuestras acciones nos brindan beneficios y satisfacciones, y es que aunque se pueda padecer ciertos sufrimientos debido a ello, las metas logradas en base a ellos son lo más importante.

El modelo de tomar el dinero como el fin de nuestra existencia es algo que se encuentra muy impregnado en el hombre moderno que en muchos momentos se convierte en el llamado “homus economicus” que mencionaba la teoría científica de la administración propuesta por Taylor a inicios del siglo pasado en la cual describe al hombre como un ser movido solo por intereses monetarios, que está en una búsqueda constante de recompensas de índole económica. Algo como lo visto en las fábricas de Coketown y en los dueños de ésta que estaban evaluando de que manera podía mejorar la productividad para generar más ingresos de tipo contable. Se incurre en el materialismo de la persona que definitivamente no es por ningún asomo la verdadera felicidad.

Por último, tenemos como modelo erróneo el poder. Aquel que tenga actitud despótica y que vulnera la justicia tendrá en todo momento una ambición desmedida de tener poder en sus manos. El poder se vuelve un vicio y se pierde la posibilidad de servir a los demás para pasar a ser un medio del cual la persona que lo ejerce se sirve sólo a sí mismo. Si nos damos cuenta, Dickens presenta a los personajes más viles de la narración, con un poder visible sobre otras personas. Desde el maestro de escuela que tiene a su cargo un salón lleno de niños ávidos de conocimiento, Grandgrind que tiene un cargo legislativo y de representación ciudadana y Bounderby que es la cabeza de una organización. Incluso en las organizaciones informales, siempre hay una jerarquía en la cual algunos individuos han llegado a ser dirigentes de sindicatos. El poder corrompe los valores de las personas cuando se tiene un concepto erróneo de él. El poder no llega ser malo por sí mismo, sino por la forma en cómo se utiliza.

Visto los diversos problemas de la concepción de la felicidad, podemos mencionar un tema que está presente en la obra, el cual se ha desarrollado con mayor intensidad durante el siglo pasado desde el punto de vista filosófico y psicológico: la libertad interior de la persona como una fortaleza impregnada en nuestra esencia y que está presente en todo momento de nuestra vida.

Para entender que es la libertad interior debemos comenzar por descifrar que es la libertad en sí para no caer en una confusión y en círculos viciosos que no nos llevan a ninguna conclusión concreta ni válida. Los últimos siglos han sido testigos por ejemplo, de un poderoso anhelo de libertad. Tal vez llevados por la vehemencia de sus actos y sus pensamientos, los  modernistas le han brindado un matiz de ambigüedad a la libertad conduciendo a errores motivo de terribles y desastrosas alienaciones siendo estas las causas de las pérdidas de millones de vidas Aun así continúa manifestándose en los diversos campos en los que se desarrolla el ser humano desde lo social hacia lo psicológico pasando por lo económico y lo político. Lo más probable es que a pesar de todo, la libertad siga siendo percibida como ausente por muchos como vemos hoy y  como vemos en la obra, siendo una pregunta razonable ¿Por qué?

La libertad nace y se manifiesta cuando una persona es dueña de sus actos y el principio de sus actos y por el cual elige el desarrollo de su vida. Aunque es una proposición sencilla, el hombre tiene a lo largo de su vida obstáculos para poder hacerla verdadera, siendo condicionada por un sinfín de factores internos y externos. Por ello es que el llamado respeto a las libertades es tan importante para los hombres. Y es que el hombre no ha sido concebido para desenvolverse a lo largo de su existencia como un simple esclavo sino para “dominar” su entorno, sin caer en el vicio que puede originar esta palabra, pero es que es justamente ahí donde reside su grandeza.

El ser humano manifiesta sus ansias de libertad porque aspira fundamentalmente a la felicidad, lo que mencioné como tendencia natural al inicio de mi exposición, porque se comprende que no existe felicidad sin amor. Y es que simplemente no puede amor sin libertad y viceversa. El amor no puede provenir de la coacción o de la simple necesidad de una satisfacción, sino que el verdadero amor proviene de aquellas personas que disponen libremente de ellas mismas para entregarse el uno al otro. Por lo que según lo antes afirmado, era inconcebible que surja amor en un matrimonio como el de Luisa y Bounderby, que era una farsa ya que no existió en ningún momento esa dicha brindada por el amor, y por ende les hubiera sido imposible acceder a la verdadera felicidad.

Una interrogante que muchos se hacen y que es la que genera mayor discrepancia al momento de debatir un tema como la libertad es si esta es una reivindicación de la autonomía o un simple reconocimiento de la dependencia. Cuando uno se plantea esta cuestión termina interpretando la voluntad, las restricciones impuestas y otros temas relacionados con esta materia desde un punto de vista particular y simplista que solo ocasiona mayor discusión y confusión.
Libertinaje: Actitud irrespetuosa de la ley, la ética o la moral de quien abusa de su propia libertad con menoscabo de la de los demás. La definición anterior es la que nos muestra cualquier diccionario, pero se debe comprender de una manera óptima en su real dimensión. Y es que si bien  las personas se quejan de que muchas veces su libertad se ve restringida y cortada de manera abrupta, no se escuchan la misma cantidad de  voces de protesta cuando se incurre en un abuso de la misma queriendo aumentar nuestro poder de transformar la realidad de una manera desproporcional en todos los aspectos de nuestra existencia. Se piensa que se encontrará la libertad intentando sobrepasar nuestros límites. Es en esta circunstancia cuando nos adentramos en una faceta suicida. Es necesario descubrir dentro de nosotros mismos por lo tanto, la llamada libertada verdadera

Esteban Blackpool. Un personaje que a muchas personas, luego de leer  “Tiempos difíciles”, puede caerles mal por el simple hecho de no tomar las decisiones que nosotros consideraríamos correctas, por sus actos que iban contra lo que uno hubiese sugerido que haga o evitara. Incluso tomaba decisiones que él mismo sabía que le traerían problemas severos, como oponerse a sus compañeros de trabajo, el no delatarlos aun cuando le habían dado la espalda, incluso el de no separarse automáticamente de su esposa, enferma y dañina. No es fácil comprender a simple vista el porqué de esas decisiones, pero uno tiene que ponerse “en sus zapatos” para entenderlo de una mejor manera. Y es que aunque parezca que Esteban es una persona privada de todas sus libertades, la verdad es que hacer mejor uso de ellas desde mi punto de vista. El abanderado de la libertad interior usada de forma correcta.

Uno de los autores que mejor abarca y analiza el tema de la libertad interior es sin duda Viktor Frankl, un psicólogo sobreviviente a esa etapa oscura y humillante que fue el Holocausto nazi. Él menciona por ejemplo que cuando pensamos que el hombre es un ser completa e inevitablemente determinado por su entorno y las circunstancias que lo rodean, nos hallamos con casos atípicos según ese parámetro. Y es que el hombre aun en el entorno más adverso y agreste  no pierde nunca su capacidad de elección. El hombre es capaz de conservar un reducto de libertad espiritual, de independencia mental, incluso en estados de indigencia física y tensión psíquica.

Quizá Esteban se puede ver privado de trabajo, de amigos, incluso de la posibilidad de ver a su querida Raquel pero nunca le será arrebatada la última de las libertades humanas que es la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino para decidir su propio camino. Esteban nunca perdió la libertad de elegir que siempre estuvo ligada a sus valores y a una visión realista de la realidad. Y es que cuando hablamos de ese tipo de libertad es que hablamos de libertad interior.

La libertad interior como ya dije es aquella que nadie nos puede arrebatar, la que confiere a la existencia un sentido y una intención. Blackpool es víctima de un sinnúmero de sufrimientos y padecimientox, pero no se deja doblegar frente a ellos ni los toma con una actitud pesimista, teniendo la vida aun un sentido para él, que se manifiesta hasta el último momento de su agonía. Incluso es destacable que nunca llega a renunciar a sus valores para tomar el camino fácil de salida a sus problemas.

El talante con el que Esteban acepta el destino que le toca vivir aun con todo el sufrimiento incluido en este dota a su vida de un sentido más profundo en marcado contraste con la vida del joven Tomás Grandgrind que parece no conocer el fin de su existencia, el camino por el que lo llevaran sus acciones egoístas y enfocadas en el bienestar material. La dignidad moral que acompaña a Esteban desde un comienzo lo enriquece constantemente, y es que es el personaje que logra más cosas valiosas a lo largo de la obra como el amor de Raquel, el cariño de Ceci Jupe, y la admiración de Grandgrind padre y de Luisa. Es decir, el uso de su libertad interior lo condujo a obtener cosas más valiosas que Bounderby o Tomás que si bien tenía un campo más abierto de elección e incluso con factores externos mucho más favorable, terminan cayendo en unas serie de decisiones erradas y hacen un mal uso de la libertad interior.

Y es que si bien Esteban se refugia en su libertad interior para sacar el mayor provecho posible a su destino, Bounderby escoge crear un mundo de mentiras y falsedades con la errónea idea de que ese era el camino señalado para poder lograr el éxito y la felicidad en la vida. Su sentido de vida consistía en demostrar la superioridad de su persona a toda costa logrando sus objetivos de lograr tener el poder, el dinero y a la mujer que tanto había deseado, pero nada de eso le da una satisfacción verdadera ni lo conduce  a ser feliz.

Cabe decir que no todos los hombres o mujeres logran vencer como hemos visto los sufrimientos que el destino les muestra. Su libertad interior no está lo suficientemente fortalecida, como para poder comprender que en el sufrimiento se muestra una oportunidad única para trascender de una manera importante y diferente a las comúnmente concebidas y usadas por el hombre a lo largo de la historia. Sino cómo se explica que Esteban Blackpool, un simple obrero deje una huella agradable e imborrable en las personas que lo conocieron, mientras que otros que tuvieron una mayor cantidad de recursos para poder lograr mejores beneficios ni siquiera logran culminar su existencia en paz consigo mismos, como la Sra. Sparsit. Son personas que se dejan vencer interiormente por la ausencia de metas futuras y que copan ese vacío con frustraciones o en un pasado remoto que no volverá.

Ceci Jupe, desde el momento que decide conservar el encargo que le dio su padre, escoge mantener vivo y presente el cariño que ambos se profesaban. El objeto que guarda tiene un sentido valiosísimo para ello, es por eso que ni Grandgrind ni Bounderby llegan a comprender la trascendencia de esa acción en apariencia simple y sencilla. Y es que la verdad ,cosas como aquella nos demuestran que en realidad no importa tanto que no esperemos nada de la vida, sino lo que la vida espera de nosotros. Nosotros siempre seremos libres de elegir y poder realizar acciones que nos conduzcan a la felicidad como meta.

Pero, ¿Hay manera de lograr evitar el dolor que otros nos causan? Pues en mi humilde opinión no, porque no somos capaces de controlar las acciones de los demás más si podemos esforzarnos por consentir. No me refiero a permanecer pasivo, porque muchas veces nos veremos en la obligación de salir al paso de aquella persona que nos hace sufrir para ayudarle a darse cuenta de su comportamiento y se pueda corregir, pero otras veces nuestra reacción debe ser con firmeza contra situaciones injustas y protegernos de  ciertos comportamientos destructivos. Pero siempre quedará cierta parte de sufrimiento proveniente de nuestro alrededor y que no seremos capaces de corregir o evitar, sino que debemos tomarlo con una actitud de esperanza y perdón

Y es que si bien no resulta sencillo cumplir con lo antes mencionado, hay que saber perdonar a los que sean causantes de nuestro sufrimiento para ir por el camino correcto de la felicidad. Esta actitud no es espontánea ni se logra fácilmente pero con un trabajo constante se puede lograr obtenerla ya que es el medio más adecuado para lograr la paz y la libertad interior.
Es un error pensar que Esteban, cuando perdona, está avalando el mal causado por aquellos que lo perjudicaron, ay que no el objetivo del perdón admitir las injusticias. Perdonar significa no condenar a  la persona ni tomar la justicia por sus propias manos, sino es una vía para evitar el rencor y las rencillas, aceptando las contrariedades como factores que no podemos controlar a nuestro antojo.

En conclusión, un buen uso de la libertad interior pudo haber evitado un sinnúmero de hechos trágicos en “Tiempos difíciles” y personajes como el de Luisa no se hubieran visto en la necesidad de perder oportunidades de ser feliz si hubiera hecho un examen de los beneficios que sus decisiones hubieran podido producir, como el no casarse con Bounderby para complacer a su vil hermano o el poder amar libremente y sin tanto sufrimiento al único joven que se interesó realmente por ella, Santiago.
La felicidad dependerá siempre de las decisiones que escojamos durante todo el trayecto de nuestra vida, y es que somos nosotros los únicos que sabemos en qué medida queremos ser felices y disfrutar de ellos, dotando de sentido a nuestra existencia , pero para ello hay que añadir un último término relacionado con todo lo anterior: La autenticidad.

La palabra autenticidad hace referencia al carácter original y genuino de una cosa. Lo auténtico es lo que coincide consigo mismo y que en efecto, se manifiesta como es, reflejando en sus apariencias lo que es en realidad. En otros términos, cuando decimos que algo es autentico no nos referimos a aquello que se parece o se aproxima al original sino al original en sí. Aunque suene como un trabalenguas, la idea es que no debemos confundir la autenticidad de algo con el parecido o ligera similitud que se pueda tener con ello.

¿De qué forma podríamos aplicar lo antes expuesto al caso del hombre? ¿Es fácil? Definitivamente una tarea fácil no lo es, sino más bien una labor compleja y tediosa, pero posible de lograr. La dinámica de la existencia humana es muy cambiante porque el hombre no es algo totalmente definido ni acabado ya que se encuentra en un camino constante hacia una meta, porque es libre como ya lo dije, y porque del uso que le dé a su libertad depende su autenticidad.

No deber haber falsedad ni artificios en aquel que se defina como auténtico. El desenvolvimiento si es que se está a gusto con uno mismo debe darse de manera natural y sencilla. Autentico es aquel que conoce y acepta no sólo sus derecho sino también sus responsabilidades y obligaciones adaptado a su propia situación identificándose con ella. El hombre auténtico es aquel que no parece ni finge ser otra cosa.

Todo lo antes mencionado son los rasgos predominantes del hombre auténtico y se han derivado del fundamento de la autenticidad, es decir, de ese ser en sí mismo. Tomaremos luego de este marco expuesto que la identificación consigo mismo es la base en la que se fundamenta la autenticidad.

“Todo lo que es, es idéntico a sí mismo” es uno de los primeros principios que enuncia la filosofía. Es un principio que tiene validez universal, con lo que quiero decir que se puede aplicar a todas las realidades, incluyendo obviamente, la humana. Aunque parezca contradictorio si lo vemos de esta forma, plantear el tema de la identificación del hombre consigo mismo puesto que como todo lo real, es necesario que se sienta identificado con lo que es. Esto tomando como referencia el punto de vista ontológico, pero desde una perspectiva existencial y psicológico, las cosas son de otra manera. En estos planos necesariamente el hombre no se halla identificado con lo que es. Generalmente nos adentramos en este campo, cuando le decimos a alguien que se comporte tal como es , siendo sí mismo. En cada persona conviven dos realidades: el “yo subjetivo” y el “yo objetivo” , cuya convivencia dentro de uno produce la dualidad referida, y mientras más lejano esté uno del otro mayor será la división interna que uno padezca, lo que muchos llaman “doble vida”, padeciendo un desequilibrio existencial, teniendo efectos patológicos, neurosis o depresiones severas ¿Suena conocido?

El “yo subjetivo” se refiere básicamente a la conciencia que se tiene de uno mismo, también llamado el “yo psicológico”, mientras que el “yo objetivo” es el modelo o meta para el primero, independiente de la conciencia que se puede establecer de uno mismo. En términos más generales, este último “yo” es toda la realidad personal, todo lo que se es en la actualidad, lo que lo constituye a uno como persona humana, en espíritu y cuerpo, las características propias, las capacidades y limitaciones, las situación de uno en el mundo, las cualidades y defectos y las circunstancias.

También forma parte de lo que uno es en el presente, todo aquello que de una u otra forma influye sobre la persona (tanto el pasado como el proyecto de vida), lo mismo que viene a ser inseparable del ser, porque se deriva justamente de él como el caso del deber-ser. Pertenece el pasado al “yo objetivo” en cuanto pesa sobre el ser presente, lo que se ha hecho y lo que se ha dejado de hacer, contando los logros y los fracasos, las buenas y malas acciones que se ha realizado, los aciertos y los errores, por ejemplo Bounderby siempre llevará a cuestas su pasado no tan trágico como él hubiese querido, sino influenciado por la gran ayuda que significó la presencia de sus padres en etapas decisivas de su vida, aun cuando tal vez hubiese querido sobresalir en circunstancia más difíciles, pero que termino cayendo en un abismo de mentiras, tejiendo una red tan grande de éstas para sentirse al final perdido y ensimismado en ellas.
Cuando se habla de la presencia del proyecto de vida, se piensa en el futuro y cuáles son las consecuencias de ese futuro que se anhela en el presente. El proyecto de vida se basa en los propósitos que uno se traza y quiere alcanzar, los valores que uno desea realizar y en consecuencia el fin último del que se quiere dotar a la vida. Todo conjugado tendrá efectos notorios en el presente, como el desempeño en ciertas acciones que se deben realizar en la actualidad para poder desarrollar estas metas.

Tercero, al ser el deber-ser derivado del ser, del ser del hombre proceden unas obligaciones objetivas, es decir independientes de que el sujeto sea consciente de ellas o no, de que las quiera o las acepte. Se derivan de lo que llamamos la naturaleza humana, común todos los hombres. Obligación de respetar por ejemplo los derechos y las libertades de las demás personas por más que no estemos de acuerdo en ciertas cuestiones.

Lo que uno debe ser en el futuro no está determinado por la naturaleza humana solamente, sino también por las circunstancias concretas que se presentan, por la situación personal, irrepetible y única. Este deber-ser individual pertenece al ámbito del “yo objetivo”. Para entenderlo mejor, todo lo que el hombre debe ser en el futuro es lo equivalente a lo que conocemos comúnmente con la palabra vocación. La realización de esta será el cauce para alcanzar la plenitud de todo lo que el ser humano aspira. Cabe decir que el proyecto de vida de estar en concordancia con el deber-ser porque si no van de la mano, se cierra el camino para la autenticidad.
Con todo lo dicho se debe comprender mejor que la meta correspondiente al “yo subjetivo” de identificarse con el “yo objetivo” es compleja y no resulta para nada fácil, siendo las posibilidades de no identificación múltiples. Sin embargo esto no debe dar pie a rendirse, porque las dificultades no son sinónimos de imposibilidades y el valor de la autenticidad resulta incuestionable.

El proceso de identificación. Cuando se habla de identificarse con algo uno se refiere a estar en la realidad  de aquello con lo que la persona se identifica, la identificación con uno mismo será más intensa en la medida en la que el “yo subjetivo” esté más en la realidad que el “yo objetivo”. Para esto, son básicas dos operaciones humanas que son el conocerse y el aceptarse, y para las cuales se requieren dos actitudes más respectivamente que son el afrontar la realidad  el ser profundamente sincero. Esto es el contenido del proceso que uno debe seguir si quiere identificarse con uno mismo y ser auténtico.

Empecemos por el conocerse. La tarea de conocerse corresponde más que todo a la inteligencia, siendo el término de este conocimiento la verdad en todo momento, la verdad sobre uno mismo, sobre el “yo objetivo”: saber quien uno es y sabe que se debe ser. La verdad del conocimiento consiste en que la inteligencia se adecúe a la realidad conocida. En la medida en que el conocimiento, es verdadero, uno está en el objeto conocido, es decir, en aquella realidad  verdadera que da origen a la verdad de nuestro conocimiento.

Este modo de estar en la realidad es ya una forma de identificarse de una u otra forma con ella. Cuando lo conocido viene a ser la propia realidad personal, mi yo objetivo, se alcanza un grado de identificación consigo mismo de forma proporcional  a la objetividad y profundidad de dicho conocimiento. El “yo subjetivo” se hace presente, mediante el conocimiento, ante el “yo objetivo”: está en la realidad de sí mismo, de lo que realmente es.

Hay que decir que en todo proceso de conocimiento intelectual el sujeto cognoscente recibe la verdad de lo conocido según la capacidad que se posee, y por tanto reduce el contenido de lo conocido a esa capacidad, apareciendo la primera limitación para la identificación, que no puede ser total.

En segundo lugar, cuando la realidad que se pretende conocer es el propio “yo objetivo”, es muy probable que se introduzcan en el proceso del conocimiento factores subjetivos que lo desvirtúen. Por ejemplo, lo que en un inicio le pasa a Ceci Jupe en la escuela, ya que se ve presionada a actuar diferente a lo que es. Esto la pudo llevar a infravalorarse a sí misma, sintiendo que está fracasando. Por lo que se dice que si el subjetivismo no se supera, constituye un obstáculo importante para la identificación consigo mismo, por la falta de objetividad en el conocimiento propio.

En tercer lugar hay que reconocer que ese estar en la realidad a la cual me refiero, que se consigue mediante el conocimiento, es relativo. El sujeto al momento de conocer no logra estar del todo en la realidad, en cuanto más bien es la cosa conocida la que pasa a estar presente en el sujeto que la conoce. Conocer es poseer lo conocido, haciéndolo propio, trayéndolo hasta uno mismo, por lo que sólo relativamente puede afirmarse que el cognoscente está en la realidad. Como vemos, la operación de conocerse resulta insuficiente para la identificación pero no por ello, carece de importancia, ya que es vital en el proceso de la autenticidad.

La otra operación que se requería era la de aceptarse, correspondiendo esta tarea netamente a  la voluntad, porque la aceptación forma parte del acto propio de esta facultad, que es el querer. Aceptarse, en este caso, significa admitir tolos que uno es, sin rechazar ningún aspecto constitutivo de la propia existencia, dando la conformidad a la visión objetiva de uno mismo, que la inteligencia nos proporciona. En síntesis, querer lo que somos y lo que debemos ser: lo que ya hemos nombrado como el “yo objetivo”.

Las actitudes finalmente de afrontar la realidad y ser profundamente sinceros, son vitales para estas operaciones porque suponen actos de valentía y de profunda honestidad consigo mismo y con los demás. Será imposible lograr ser auténtico si se incumple con los requisitos antes mencionados por una simple razón de incoherencia en la práctica. Cuando no se cumplen, por ejemplo, uno cae en errores como el no querer enterarse de las propias obligaciones transfiriendo las responsabilidades a otros, el adoptar una actitud pasiva ante los compromisos adquiridos, el dejarse llevar por una mecanizada “ley del gusto” y  el sentimentalismo y el caer en la verborrea y en la manipulación de la verdad con fines plenamente utilitarios. Es decir, prácticamente, no terminar pareciéndonos a Bounderby puede ser un mensaje claro si se quiere ejemplificar de un modo concreto toda este marco teórico.

 Finalmente, luego de evaluar aspectos como los valores, la libertad interior, la autenticidad, el dogmatismo, entre otros, podemos darnos cuentas que el llegar a la felicidad no es en todo caso un camino fácil y sencillo que se logra de la noche a la mañana en un abrir y cerrar de ojos, sino un proceso que demanda mucho esfuerzo y sacrificio, y es lo que finalmente nos deja de enseñanza un libro como “Tiempos difíciles”, que si bien se presenta en un contexto raro en nuestros días, nos permite darnos cuenta de lo afortunado que somos de tener más oportunidades en nuestras manos para poder lograr la anhelada felicidad., Muchas veces, uno ante cualquier problema se siente resignado a padecer sufrimiento y se deja llevar sin tomar decisiones que puedan cambiar el rumbo, en una actitud totalmente derrotista y negativa, lo cual como ya he dicho es sumamente dañino para nuestra existencia y nuestra trascendencia.

La felicidad debemos lograrla teniendo una vida buena en todos momento, implicando un bienestar físico claro, pero también de otros aspectos superiores, porque se puede tergiversar las cosas cayendo en vicios y en una deformación de la realidad y de nuestros objetivos. Dickens nos deja esa enseñanza, que la esencia de personajes como Bounderby, Ceci, Esteban o Luisa siempre van a existir, pero solamente está en nosotros el saber elegir el camino que debemos seguir y trazar a lo largo de nuestra vida de la manera más correcta posible, ya que como dije al inicio, es nuestra tendencia natural.