"These days there’s so much paper to fill, or digital paper to fill, that whoever writes the first few things gets cut and pasted. Whoever gets their opinion in first has all that power". Thom Yorke

"Leer es cubrirse la cara, pensé. Leer es cubrirse la cara. Y escribir es mostrarla." Alejandro Zambra

"Ser joven no significa sólo tener pocos años, sino sentir más de la cuenta, sentir tanto que crees que vas a explotar."Alberto Fuguet

"Para impresionar a las chicas de los 70 tuve que leer a Freud, Althusser, Gramsci, Neruda y Carpentier antes de llegar a los 18. Para seducir a las chicas de los 70 me hice especialista en Borges, Tolstoi, Nietzsche y Mircea Elíade sin haber cumplido los 21. Menos mal que ninguna me hizo caso porque entonces hoy sería un ignorante". Fernando Iwasaki


sábado, 26 de julio de 2014

Navegando entre la niebla: "La ciudad más triste" de Jerónimo Pimentel


Podemos concebir un  un espacio sin tiempo, pero no un tiempo sin espacio

Julio Ramón Ribeyro

Lima era la ciudad más triste y extraña que se pueda ver

Herman Melville


Mis amigos se van de viaje por estos días. Buscan abandonar como sea esta ciudad que perciben asfixiante y en la que si persisten, creen que los terminará por ahogar en un océano de aburrimiento. Caminando por el malecón de Miraflores, cubierto por una especie de neblina que se adhiere a nosotros como un pesado manto, reparo en que nunca he salido de Lima más que en los paseos esporádicos del colegio o una semana que pasé en Pisco. Como dice Ribeyro en una de sus "Prosas apátridas" Lima estaría para mí, más allá de mi gusto, como "una conquista de la experiencia, tan dentro de mí, que me hace capaz de afirmar que me pertenece". No puedo por lo tanto decir si me gusta o no, o si la amo u odio. Simplemente que mi vida no puede entenderse sin Lima. Y no puedo imaginar una vida viviendo lejos de ella.

Empieza a cae una tenue llovizna. Llovizna que nunca llega a cobrar la fuerza suficiente como para alejar a las parejas que se abrazan tratando de formar un solo cuerpo capaz de combatir la inclemente sensación de frío que causa la intensa humedad del litoral, ubicados en diferentes puntos del parque Salazar. Sigo caminando por Larco para esperar el micro que me llevará a casa: viejo, sucio, atestado de gente, en resumen, un símbolo andante de nuestros tiempos. Luego de varios minutos logro conseguir un asiento al lado de la ventana desde donde soy capaz de ver una protesta a lo lejos, actos de magia en las esquinas, combis compitiendo por pasajeros mientras eluden la muerte con la que conviven a diario como sombra, niños limpiando las lunas de los carros sin que nadie se los pida., viejas casuchas cubiertas de una capa de mohín que les da un aspecto lúgubre. En poco más de veinte años no he sentido cambio alguno. Es sólo el caos mutando y reinventándose.

Sube una anciana y a pesar que me encuentro en una de las últimas filas, tengo que cederle el asiento porque nadie lo hace adelante. Ahora sólo quedan en mi vista los demás pasajeros. Estudiantes de institutos hablando mal de algún profesor, escolares perdidos en el sonido que escapa de sus audífonos, una chica simpática alejada del mundo real gracias a la pantalla de su celular, tres trabajadores de construcción durmiendo y un anciano cabizbajo mirando una receta con el logo del seguro social. Así recorremos esta ciudad, como insignificantes alimentos de una ballena de tristeza que termina por engullirnos sin que reparemos en ello.



Portada de La ciudad más triste
Una ballena como la que adorna la maravillosa cubierta de “La ciudad más triste” de Jerónimo Pimentel, libro que cargo en mi mochila desde hace tiempo como un artículo de primera necesidad.


El año pasado, fui a la Feria del Libro el último día que es el único en que de  verdad hay rebajas significativas. Como típico universitario no contaba con un presupuesto oneroso, pero sí me di maña para cumplir con una lista previa de obras que buscaba adquirir entre novelas y ensayos de economía. En esas estaba, cuando pasando por el stand de Santillana, vi un libro que resaltaba entre los de su lado por la cubierta. Era La ciudad más triste, que estaba con descuento. Un libro que nunca terminaba por animarme a comprar a pesar de los buenos comentarios que salieron en algunos diarios. Incluso recordé que fui a un conversatorio que tuvo el autor con Renato Cisneros en la Feria del Libro del 2012, al que asistí por la presencia de este último, del que había leído entusiasmado “Busco Novia” y “Nunca confíes en mí” al terminar el colegio. Calculé que me alcanzaba para comprarlo, pero tenía que medirme en mis gastos los siguientes días. Por supuesto que no medí nada al final, pero ese día cargaba la novela atrás en mi mochila, caminando por la avenida Salaverry, inundada por una lluvia que  al parecer, quería hacerse eterna ese agosto.


La leí camino al cementerio para visitar la tumba de mi abuelo, unos días después. Es un viaje de unas dos horas de ida y regreso hasta Lurín, si se toma el micro marrón conocido como el “San Bartolo”. Como nunca, no me quedé dormido. No me despegaba del texto, a pesar de que por partes aceleraba su lectura por la impaciencia de saber que pasaría en la otra escena. ¿Es una novela de aventuras? ¿Una solapada crítica social? ¿Debí haber leído Moby Dick antes para entenderla mejor? ¿Hace tiempo que no me hacía tantos cuestionamientos sobre un libro, no? Llegué a mi casa, corrí a mi cuarto y no salí hasta acabarla.

Hace unos meses volví a coger el libro de mi biblioteca. Reposaba entre Punto de fuga de Jeremías Gamboa y La vida privada de los árboles de Alejandro Zambra, libros que me había prometido volver a leer una vez que acumulara más lecturas. Lo tomé y ahora sí, más relajado y capaz de brindarle más tiempo me dispuse a leerlo de nuevo. Para esto ya había disfrutado de su última publicación Al norte de los ríos del futuro, un poemario denso pero genial, alabado por la crítica en general. Y fue en esta segunda lectura que la he disfrutado más, considerándola como uno de mis libros favoritos.


Herman Melville (autor de obras como “Moby Dick” y “Bartleby, el escribiente” por si alguien que está leyendo esto se la pasó distraído en las clases de Literatura del colegio o la universidad) llega a Lima buscando una historia por allá, en el año 1843. Una ciudad donde el único gobernante seguro es el desorden. Ni bien desembarca encuentra en su camino huérfanos, mendigos y lisiados. Seres marginados. Extranjeros en su propio territorio. Pero no sólo a ellos, también rufianes tentando suerte en estas tierras de América del Sur, hombres en busca de la ansiada revolución, ladrones expiando culpas en una precaria prisión, indios que conviven con la desconfianza a todo lo foráneo, españoles que dan vueltas por un pasado glorioso que se niegan a abandonar, inventores señalados por la desgracia, judíos celebrando rituales bizarros, entre otros personajes de una variopinta caravana que vive en la misma ciudad.


Un terremoto se ensaña con la ciudad. Una ballena aparece varada en la costa. Una turba de bribones da  un golpe de estado. Salvajismo por doquier, una lucha constante por la supervivencia, la tragedia extendiéndose como una plaga incontrolable. Y Melville escribiéndole de todo ello a Nathaniel Hawthorne a través de sus epístolas. Epístolas que también tienen como contenido sus sueños, ansiedades, miedos, temores y reflexiones de una urbe que cada día se le hace más extraña pero atrayente.

Jerónimo Pimentel se da maña para escribirnos de todo ello y que nos parezca de lo más verosímil. Compuesta de un “Exordio”, veintitrés capítulos y un epílogo, la novela en sus 152 páginas es una muestra de inteligencia y un arduo trabajo de investigación, pero sobretodo de imaginación. Uno de verdad termina por creer que está hurgando en la mente del escritor norteamericano del siglo XIX. Hay líneas, y párrafos enteros en ocasiones, en donde la vena poética de Pimentel sale a la superficie pero de una forma que no hace mella en la construcción narrativa sino que la enriquece y da realce. No recuerdo haber leído una novela con características similares y he ahí lo valioso, sobretodo abordando un tema diferente a los patrones más consumidos hoy en día.

La obra del autor es una exploración del presente y sus problemas, pero con la comodidad y ventaja de ubicarse en diferentes perspectivas. Desde el pasado, como en La ciudad más triste, y el futuro en su último poemario, Pimentel analiza los males de la actualidad como la sensación de vacío existencial, el cuestionamiento a creencias absolutistas y el problema de relacionarnos o comunicarnos de modo significante, por mencionar sólo algunos temas. Y esto es lo que le da más potencia. Usa el pasado como plataforma para hablar de una Lima que mantiene los mismos problemas que parecen nunca acabar y criticar los defectos de una sociedad en estado de constante agonía, con una prosa que encanta a pesar de ese aire nostálgico que circula por todo el texto pero que la dota de una extraña belleza.

Durante el último Festival de la Palabra, organizado por el Centro Cultural de la PUCP, tuvo una charla con Rodrigo Hasbún, autor boliviano del que también he escrito antes en este blog. Y lo busqué para ver si podía escribir una dedicatoria en mi ejemplar de su novela,y accedió a ello y a conversar un toque sobre mi experiencia como lector diciéndome algo muy cierto: "Escribir una novela es como lanzar una botella al océano,con la incertidumbre de no saber si alguien la va a recoger". Yo recogí el mensaje y espero que si alguien busca leer una buena obra de un autor peruano, también lo haga.

+Algunas frases:

-"El misterio del mundo es un océano escondido en tu boca"

-"Es la fetidez la que hermana a los puertos del mundo"

-"Como si la bocanada que da el espermaceti al respirar atrajera también una luz que permite divisar, por un instante y si se mira arriba lo suficiente, el espiráculo del cetáceo: agujero solar, canal de eyección respiratoria, su posibilidad es también la fe, el oxígeno al que se aferran sus habitantes, por lo demás, entregados con fervor a la cruz católica"

-"Perú, país acostumbrado al fuego de la destrucción como leña de su historia." 

-"Una ciudad sin cielo es la que todos miran arriba".

-"Observando el mundo desde la ballena nos apropiamos de la mirada de Dios"

-"Lima posee el secreto de civilizaciones futuras: solo parecen estar vivos quienes odian".

-"El criollo es valiente de boca y cobarde por dentro; así como es religioso en el éxtasis y trágico en la pena"

-"Digerir un mundo para entender sus reglas"

-"Si existiera algo parecido a una fe cetácea, mi único rol posible en ese credo sería el de Diablo. Eso es lo que soy, contesté, un arcángel caído"

-"En una ciudad solo se puede ser dos cosas:cazado o presa"

-"Lo que callaban los hombres era una especie de idioma y solo con el semblante expresaban sus conceptos: muchos, con suspiros, escribían un libro entero de congojas"

-"...la presencia de una Fama de bronce en la pileta central, diosa querida y odiada, homenaje al rumor y a la maledicencia, rasgo que distingue a los habitantes de Lima, cuna de caudillos que se desean inmortales y de vecinos que son el cordero que se ofrenda de vez en cuando en honor a ellos"

-"Ocurre que nada en esta ciudad es lo que paree. Parece la capital peruana pero no lo es: no hay lugar más ajeno al Perú que Lima; parece costeña pero no se dirige al mar, pues para eso creó al Callao; debiera ser andina pero la mención de tal idea repugna a sus habitantes, que viven orgullosos su falso europeísmo. Plegada sobre sí, Lima se rehúsa a llamar a las cosas por su nombre y en ese artificio ha encontrado la clave de su posteridad."

-"No es la escasez sino la abundancia de temas lo que parece incapacitar a los autores modernos"

-"...y seguimos remando contra los embates de las olas que, aún pequeñas, retumbaban como el minutero amplificado de un Dios que, de pronto, empieza a observar su reloj demasiadas veces, con demasiada tristeza"





+Sobre el autor:

Jerónimo Pimentel nació en Lima en 1978. Estudió Periodismo en la Pontificia Universidad Católica del Perú, profesión que ha ejercido en diversos medios como el diario El Comercio y la revista Caretas. Ha publicado los siguientes poemarios: Marineros y boxeadores (Santo Oficio, 2003), Frágiles trofeos (AUB, 2007) y La muerte de un burgués (AUB, 2010). También, el libro de prosas La forma de los hombres que vendrán por Matías P. Delgado (Underwood, 2009). La ciudad más triste es su primera novela.


+Otras reseñas:

-Javier Ágreda

-Gabriel Ruiz Ortega

-Renato Cisneros

+Entrevista:

-La República

+Primeras páginas:

-Aquí

+Videos:









PD: La dedicatoria que el autor tuvo la gentileza de escribir en mi ejemplar:




jueves, 17 de julio de 2014

Eternos forasteros: "Austin, Texas 1979" de Francisco Ángeles

El jueves de la semana pasada no había partido mundialista alguno y el cielo pintado de un sucio gris invitaba a recorrer las calles del Centro Histórico sin rumbo fijo. El placer de no tener nada programado después de mucho tiempo, o tal vez el simple deseo de compensar una mañana frustrada por una cita que nunca ocurrió. Ya estaba saliendo de la Plaza Mayor por el jirón Junín cuando echando una mirada a mi lado izquierdo di cuenta de la fachada de la Estación de Desamparados, ahora hogar de La Casa de la Literatura, que llamaba como otras veces mi atención.La imagen de Ribeyro, rodeada por esa atmósfera única de frío y vulnerabilidad, invitaba a dar una vuelta por la exposición fotográfica de uno de nuestros escritores "indispensables" ahora, pero del que siempre escucho que es más homenajeado hoy, que cuando estaba en capacidad de recibir los elogios en vida. Entre citas de sus diarios y prosas, di cuenta de este breve texto de una publicación de JRR de la que hasta el momento no había escuchado:


"El gran error de la naturaleza humana es adaptarse. La verdadera felicidad estaría constituida por un perpetuo estado de iniciación de sucesivo descubrimiento, de entusiasmo constante. Y aquella sensación sólo la produce las cosas nuevas que nos ofrecen resistencia o que aun no hemos asimilado.El matrimonio destruye el amor, la posesión mata el deseo, el conocimiento aniquila el placer, el hábito la novedad, la destreza la conciencia. SER EL ETERNO FORASTERO, el eterno aprendiz, el eterno postulante, he allí una fórmula para ser feliz"


Cartas a Juan Antonio
París, 28 de enero de 1954

Julio Ramón Ribeyro


Lo leí, le tomé una foto y un libro vino a mi mente. Un libro que había acabado 15 horas antes cerca ya de la madrugada: Austin, Texas 1979 de Francisco Ángeles.

En la primera línea, cuando el narrador dice que en el invierno del 2007 empezó a ir al psiquiatra, ya se nos anuncia que estamos ante un problema de falta de comprensión. Los personajes a lo largo de la novela nunca terminan por entenderse a sí mismos. ¿Qué es lo que los lleva a comportase de una manera que no los satisface?¿Es la aceptación de la derrota lo que los hace sobrevivir? La contraportada y varias reseñas hasta el momento, que por ahí he tenido oportunidad de leer, hablan de que los hombres de treinta años encontrarán en su lectura experiencias por las que ellos han transitado. ¿Pero que hay de un lector que recorre los veinte años? Pues, yo creo que más allá de un contexto concreto en el que se desarrolla la novela, lo que uno siente al entregarle su atención a un conjunto de páginas escritas se da en gran parte por la capacidad de conectarse con temas más universales que nos han tocado de una forma particular a cada uno.

22678757El libro abarca en concreto dos historias centrales que son las de un hombre treinteañero que sufre por no superar el rompimiento de un vinculo emocional de muchos años y las de un padre que recuerda que a la edad del hijo ,en 1979, sufrió por la incapacidad de tomar una decisión de la que se haya sentido satisfecho de verdad y no solo en apariencia hasta ahora. Entre dichas líneas, hay por supuesto microhistorias, que no desentonan para nada, sino que complementan los intentos del autor por redondear un tema vital en este caso que es el miedo. Ese miedo que nos desarma y nos impide realizar nuestros anhelos. El que nos hace actuar de forma racional en exceso. El que nos hace imponernos límites que antes no existían, desde aspectos como la honestidad al momento de expresar lo que pensamos o sentimos hasta el de reaccionar de forma natural. O el que finalmente nos hace encerrarnos en una burbuja para evadir un sacrificio necesario para tentar algo que consideremos más valioso de lo que actualmente poseemos.

Claro, hay también temas que se se van intercalando durante la trama, pero siempre en función al principal, como el sexo, el amor, la venganza, la imposibilidad de comunicarse, la manipulación, entre otros, que cada uno irá descubriendo por su cuenta. Cuando Fuguet en su comentario del cintillo rojo con el que viene el libro, menciona que Ángeles expone en esta obra emociones profundas que calan, conectan y conmueven, a lo que refiere, opino, es la lucha con los demonios internos de la que el lector termina siendo silencioso testigo. Una lucha por entenderse a través de la escritura que en primer lugar es para uno mismo y posteriormente para los lectores, algo que no termina siendo muy valorado por la crítica hoy en día. Creo que uno debe escribir acerca de lo que siente más cercano a sí y no imponerse temas que piense están "mejor considerados".

¿Por qué cité a Ribeyro? Porque creo que sus palabras son una la mejor expresión de que uno debe estar abierto a nuevas experiencias y sacar un aprendizaje de cada una de ellas,no con un afán de autoayuda (término que detesto) sino de comprensión."Austin, Texas 1979",no enseña a ser feliz, pues la felicidad es una sensación que se percibe de forma individual. Es sólo el dolor o la tristeza lo que termina uniéndonos de verdad:Padres e hijos,esposos, amigos o autor y lector.No les narro más acerca de la novela porque los invito a leerla , compartir sus impresiones y a ser "eternos forasteros".

+Algunas frases de la novela:

"Por el contrario, como si supiera que yo esperaba ahí sentado, clavó sus ojos en los míos y me miró desafiante. Yo bajé la mirada, como quien acepta una derrota que en el fondo me debió haber reconfortado"

"Toda amistad de ese tipo tiene una grieta, dijo Adriana, una grieta que por muy pequeña que parezca resulta sin embargo suficiente para introducir un cincel que, bien manipulado, puede terminar destruyéndolo todo"

"La sangre y la escritura
el temple suficiente para hacer un buen tajo
hay que desgarra la piel de raíz/ sin cerrar los ojos
después todo fluye"

"Quizá pensaba en esa esquiva idea de futuro que tiene la gente a partir de cierta edad, en el futuro como un espacio aparentemente cerrado, aparentemente impenetrable, al que se mira sin embargo con cierta esperanza, buscándole una grieta, un resquicio por el cual meter la mano, arañar con el dedo, atisbar un poco el interior"

"Quiero que sepas, le dije, añadió mi padre, la voz emocionada, que a veces el sistema, las normas, la costumbre, el pasado y el miedo son demasiado fuertes y nos impiden crear algo verdaderamente nuevo, o en todo caso nos cortan con violencia la posibilidad de hacer que permanezca lo que con tanto esfuerzo hemos creado. Y por eso, aunque sea duro, aunque sea tan duro que uno cree que no podrá soportarlo, a veces hay que dejarse someter."



+Sobre el autor:
Francisco Ángeles publicó su primera novela: La línea en medio del cielo (Revuelta Editores) en el año 2008. Asimismo, es co-editor de El Hablador y hace algunos años dirigió el interesante espacio de literatura Porta9. Actualmente, sigue un doctorado de Lenguas y Literaturas Románticas en la Universidad de Pensilvania, en donde también se desarrolla como profesor de Español, Literatura, Cultura e Historia.  Su blog --> http://lalineaenmediodelcielo.blogspot.com/









+Otras reseñas: 
Renato Cisneros en LA REPÚBLICA

Gianfranco Hereña en EL BUEN LIBRERO

René Llatas en SPLEEN DE LIMA

Gabriel Ruiz Ortega en LA FORTALEZA DE LA SOLEDAD (

Edwin Johel Angulo en LIMA GRIS

Enrique Sánchez Hernani en SOMOS

Fausto Barragán en EL MONTONERO

Javier Ágreda en LA REPÚBLICA

Cecilia Podestá en DIARIO 16

+Entrevistas:








Por último, les dejo esta gentileza del autor, posible durante la presentación del libro en San Marcos hace ya casi un mes.












El hombre invisible



Yo aquí recordando
el lento accionar de tus dedos
al alisarte el cabello

Siempre desde mi posición estratégica,
que es la de guarecerme
de las acusaciones que lanza
tu sublime mirada

Comprendiendo que mi papel
será siempre
la del desdichado
hombre invisible

¿Siempre?

miércoles, 9 de julio de 2014

Juego sucio: "La pena máxima" de Santiago Roncagliolo

En Óscar y las mujeres (Alfaguara,2013) Santiago Roncagliolo usa tres epígrafes en la primera página:

El arte imita a la vida ( Aristóteles.)
La vida imita al arte ( Wilde.) 
La vida imita a la televisión barata  (Woody Allen)

Este último mes en la que me he entregado por completo al Mundial, me atrevería a afirmar que para una gran porción de los habitantes de este planeta, la vida también termina imitando o pareciéndose al fútbol.

1978. El Mundial de fútbol se juega en Argentina y Perú ha clasificado con una selección que gusta por su buen juego. Y en nuestro país la población se encuentra paralizada por el primer partido en el cual nuestro rival será Escocia. Todos a la expectativa frente a las pantallas de sus televisores excepto un misterioso hombre que carga con una mochila en uno de los callejones del populoso y tradicional Barrios Altos.Un hombre cuya vida no durará más que unas pocas páginas antes de ser asesinado en plena efervescencia por uno de los partidos más gloriosos de nuestra historia. Un balazo que tiene lugar ante la indiferencia de familias enteras rendidas ante el éxtasis de un gol que viven como si ellos mismo lo hubieran anotado. El asesino ha hecho un trabajo impecable.¿En verdad lo ha hecho?

1978. Sudámerica está gobernada por dictaduras. Dictaduras militares. La Operación Cóndor se va tornando implacable. Desapariciones forzosas y sistemáticas. Espionaje y contraespionaje. Torturas y sufrimiento son el precio a pagar por mantener y expresar un ideal. Y todo el horror parece concentrarse en Chile y Argentina. ¿Perú? Los militares no fueron unos genocidas, pero igual purgan con una culpa. La culpa del silencio y la colaboración cómplice. Y en medio de todo este contexto, la figura de Felíx Chacaltana.

1978. Felíx Chacaltana es un empleado más de la elefantiásica  Administración Pública.Peor aún, es un joven asistente  veinteañero del archivo del Poder Judicial en plena época de dictadura, trabajando en un rincón olvidado del mundo.Sin gracia física o recursos monetarios envidiables, uno más entre aquel sector de la clase media limeña de fines de los setenta. Su jefe no le hace caso y lo trata como bicho raro.Mantiene una relación casi edípica con su madre posesiva. Una relación amorosa que trastabilla por su propia torpeza e ingenuidad. Y si no basta con eso, su mejor amigo, el único, desaparece sin avisar.  Pero, esto está a punto de cambiar pues debe embarcarse en una misión que cambiará su vida y la de los que lo rodean por completo. Todo ello mientra trata de salir a flote en medio de todas las tribulaciones que inundarán su existencia por completo.

El fútbol, como la Semana Santa en Abril Rojo (Premio Alfagura de Novela 2006), es el contexto perfecto para que salgan a flote nuestros demonios. Para despojarse de toda atisbo de civismo y entregarnos a una celebración en la cual nos sentimos más vivos que en la realidad misma. Donde los sentimientos son tal vez más efímeros y aun así se perciben como más intensos. Un juego al que le apostamos toda esperanza y exponemos nuestro lado más vulnerable. Pero no se equivoquen. No es una novela sobre el fútbol, sino que lo toma como base para narrar una buena historia.Y es una jugada maestra por parte del autor, conjugarlo con el horror de los asesinatos de la Operación Cóndor (con escenas que por momentos muestran similitudes con Nocturno de Chile de Roberto Bolaño) y escenas con humor e ironía que reflejan el lado humano de un aprendiz de detective que está a punto de descender a un infierno del cual no tenía la menor sospecha.

 La última novela de  Roncagliolo, más que un thriller vertiginoso al estilo de Abril Rojo, es una invitación a viajar al pasado. Una exploración de la memoria colectiva de un país, y por qué no, de un continente. Hay peligro latente en cada página mientras la muerte se va tragando las ilusiones de los personajes. La vida de ninguno de ellos está segura. No hay detectives o policías a la manera clásica. Chacaltana va a tener que entrara a un mundo fangoso para encontrar las respuestas a las preguntas que lo invaden. Fangoso, porque nadie sale limpio de ahí. Un camino donde se hallará criminales de la peor calaña. Criminales con poder. Y un secreto guardado por casi cuarenta años.Y como en toda buena novela, hay una atmósfera que es clave para entender la novela. La crítica a una sociedad desorganizada y que no respeta sus propias normas. Clasista e indiferente a todo aquello que suceda fuera de su círculo más cercano.  Donde el poder no es más que un anhelo para abusar de los demás. Y donde la inocencia es algo que no puede permitirse para sobrevivir.

Léala y saque sus propias conclusiones.

+Aquí algunas frases de la novela:

«"Este país es incapaz de organizarse para nada útil", pensó.Pero frente a un partido de fútbol, actúa con la disciplina de un ejército.»

«Lo peor no es la muerte. Es la tristeza de los que quedamos vivos.»

«El archivo del Poder Judicial era un compendio de todos los delitos, crímenes y faltas cometidos en un país, un registro vivo de todo lo que la sociedad podía hacer mejor.»

«A Chacaltana le gustaba su trabajo precisamente por eso. Por el contraste. Ahí abajo, en su sótano forrado en papel, era posible establecer un orden, organizar la vida en acciones, autores y consecuencias. En cambio, afuera, en la confusión de la ciudad, reinaba el casos más absoluto, y él se sentía fuera de lugar.»

«Chacaltana asintió, haciéndose el interesante. Trabajar en el archivo, en cualquier 
archivo, tenía una ventaja: acceso a toneladas de información inútil, de datos que la 
gente tira porque no sabe qué hacer con ellos.»

« Chacaltana pensó que, al fin y al cabo, todas las ciudades están pobladas de 
fantasmas. Personas que ya están muertas recorren las calles de Lima o Buenos Aires, 
dejando pedacitos de su recuerdo colgados de las esquinas, dejando memorias que se 
van descascarando, como las fachadas, hasta terminar de desaparecer.»

+Sobre el autor:

"Cuando tu vecino es un asesino y no haces nada, eres cómplice"Santiago Roncagliolo (Lima, 1975) escribe novelas de humor como Pudor, Memorias de una dama y Óscar y las mujeres, y de suspenso comoTan cerca de la vida y Abril rojo. Además, ha publicado crónicas periodísticas sobre dos fascinantes personajes latinoamericanos: el terrorista Abimael Guzmán (La cuarta espada) y el poeta camaleónico Enrique Amorim (El amante uruguayo). Escribe para el El País Semanal.Reside en Barcelona.

+Otras reseñas:

El Comercio

Suplemento "Babelia" del diario "El País"

+Las primera páginas del libro:

Aquí

+Videos:








martes, 8 de julio de 2014

Crónica de una muerte anunciada o cuando llora(de nuevo) un país

Debía estar rondando los nueve o diez años cuando en una de esas preguntas retóricas que te hacen algunos familiares, sólo por decir algo y acabar con el incómodo silencio de una relación que no va más allá que la de juntarse un domingo para ver un partido frente a la tv de mayor tamaño entre todas las que tenía la familia, respondí Brasil. 

¿Dónde te hubiese gustado nacer, de no haber nacido en Perú? 
-Brasil
¿Así nomás sin dudarlo o pensarlo?Mira que pudiste haber dicho Estados Unidos
-No, Brasil, porque siempre le ganan a todos en el fútbol y Perú lo único que hace es dar vergüenza.Y somos vecinos!!¿Cómo es posible que cruzando la selva, estén los mejores del mundo?

Ha pasado poco más de una década y la respuesta obviamente ha cambiado conforme fui madurando, pero siempre me causa sorpresa el cómo en un momento dado mi infancia, mi felicidad se encontraba supeditada casi por entero a la pasión del balompié. Y es que cuando no tienes los suficientes años como para entregarte a un buen número de vivencias, tomas las que te dan otros y las asumes como tuyas. Y no hay mejor asimilación de sentimientos que el fútbol, pero no el de tu país, lleno de gestas mediocres como el de sólo haber clasificado a tres mundiales y siempre luchando para no terminar último en las eliminatorias. Los diarios deportivos se pasan la vida recordándonos que alguna vez le metimos tres goles a Escocia y que empatamos a Holanda e Italia en el 78 y el 82. En este mundial, Costa Rica hizo las dos últimas cosas y eliminó a dos campeones mundiales. Chile fue tercero en un mundial. Uruguay ganó dos copas, y cuando quedó cuarto en el mundial del 74, nadie los fue a recibir al aeropuerto porque, o regresaban con la copa o era un fracaso.Y ya mejor lo dejo ahí antes de hacer más hígado. 

Este sufrido fanático brasileño conmueve las redes socialesMiente el que dice que se esperaba un resultado como el acontecido hace pocas horas. O el de que Alemania era tan poderosa como dicen ahora. El mismo narrador que celebraba hace un año cuando Brasil le metió cuatro goles a  España, diciendo que Felipao era un "genio", un estratega de aquellos, un "inteligente" seleccionador y demás adjetivos, hoy no hace más que "borrón y cuenta nueva" pidiendo un poco más que le quiten la nacionalidad al mismo técnico que hizo posible el pentacampeonato. Sí, yo le apostaba a Brasil para este partido, y antes del 12 de junio también. Con todo el contexto que rodeó la preparación no me imaginaba un seleccionado de Brasil que no acabara campeón. Y cuando compramos el televisor con mi familia y me tocó enumerar los cuatro primeros puestos para la "polla", mi problema fue elegir el segundo, tercer y cuarto puesto. El primero le pertenecía a los cariocas, incluso renegando de mi apoyo en los últimos dos mundiales a las impecables selecciones germanas. ¿Un europeo campeonando en Sudámerica? Respondía que no, dejándome llevar por un sentimentalismo que hoy percibo más inútil que nunca.

Ayer me dijeron que tenía que asistir a un compromiso impostergable a las tres de la tarde del día ocho de julio. Como estaba medio adormilado por una gripe que aun no me abandona, tiré el teléfono y volví a mi cama antes de salir rumbo a la universidad para dar el último examen final de este ciclo. Fue justo en el micro, que vi el calendario de mi celular que maldije por dentro por perderme al menos el primer tiempo de la primera semifinal. Minutos más tarde, ya con la rabia extinguiéndose me dije "Si el partido es como uno de esos soporíferos octavos de final, fácil no me arrepiento de nada". Así que hoy salí del baño, corrí enternado rumbo al paradero (en una imagen que para los demás peatones debió ser muy curiosa por cierto) y subí al primer bus que pasó. Ya sabiendo que iba a llegar tarde, saqué mis audifonos y sintonizé RPP en mi ya  obsoleto MP4. El locutor respondía a la interrogante de su compañero sobre a quien le apostaría:Brasil pues. Todos los boletos. Esbocé una sonrisa y cuando transcurrían cinco minutos y Brasil insinuaba un ataque, tuve que bajarme en la Abancay.

David Luiz, derrumbado: “Quería ver a la gente sonreír”Corrí, porque se me había más tarde lo esperado (iban 10 minutos de retraso) y ya sin audifonos buscaba algún televisor en mi camino pero nada a la vista, sólo ambulantes y lustrabotas. A 50 metros de la institución a la que tenía que ir escuché a un señor: Alemania!Alemania!. Subí las escaleras e hice cola, ya despeinado y con la corbata balanceándose bajo mi cuello, para entrar a la oficina correspondiente cuando me indicaron que esperara mejor sentado. Como no pasaba nadie, y el sonido del televisor se escuchaba sólo como un débil eco, cogí de nuevo los audifonos. Dos a cero señores.Esperen no, son tres. Gooooooooooooooooooooooooool. No puede ser, tres goles.Señores, cuatro goles. Y esto parece un parque de diversiones cuando se viene Alemania yyyyyyyyyyyyy goooooooooooooool, cinco goles. La gente anonada. Niños llorando. Tumultos.Un velorio.

Por radio, cada gol se siente como una puñalada. La imaginación hace que vivas cada uno de ellos de una forma extrema, potenciando el veneno emocional que traía cada uno. Vinieron a mi mente, las crónicas del Maracanazo,la humillación de los españoles en primera ronda, el cinco a cero de Colombia a Argentina en Buenos Aires y cómo no, el seis a cero de Argentina a Perú. Pero esto no, era diferente. Una pesadilla en 30 minutos de juego. Justo ahí, me dijeron que ya era mi turno, pero mi mente ya no era la misma.

Ya, el segundo tiempo lo vi con mi papá en su trabajo, con la corazonada de que estaba compartiendo con él una de esas  experiencias únicas que es la de ser testigos de uno de esos eventos de los que se hablarán por años. Y seguían los goles. Incluso Julio César salvó dos. Ozil mandó una besando el palo derecho del arco. Brasil encajó una en la red que ya nadie se animó a decir que fungía como el "gol de honor". Las mujeres de su oficina gritaban con cada arremetida alemana. Nadie lo creía. Aún no lo creo. Acabó el partido y las cámaras empezaron a hurgar en los lamentables rostros de la desazón. Escuché a David Luiz por la radio y después de mucho tiempo se volvió a formar un nudo en mi garganta. Ahí supe que las penas ajenas se pueden asumir como propias de vez en cuando.

Así que bueno, empecé a escribir todo esto, sin configurar un orden. Lanzando las ideas así como me venían. Para que en algunas décadas, cuando alguien me pregunte sobre qué pasó el ocho de julio del 2014, les responda con este post. Sí, yo vi caer, como en 1950, a un país en uno de esos dolores que provocan pasiones tan intensas como el fútbol.Pero espero que cuando esa pregunta llegue, Brasil vuelva a ver el fútbol como ese deporte mágico en el cual once jugadores son capaces de hacer sonreir a toda una nación, y de vez en cuando, al mundo entero

Mientras tanto, veo la repetición a ver si puedo explicarle alguna explicación.