"These days there’s so much paper to fill, or digital paper to fill, that whoever writes the first few things gets cut and pasted. Whoever gets their opinion in first has all that power". Thom Yorke

"Leer es cubrirse la cara, pensé. Leer es cubrirse la cara. Y escribir es mostrarla." Alejandro Zambra

"Ser joven no significa sólo tener pocos años, sino sentir más de la cuenta, sentir tanto que crees que vas a explotar."Alberto Fuguet

"Para impresionar a las chicas de los 70 tuve que leer a Freud, Althusser, Gramsci, Neruda y Carpentier antes de llegar a los 18. Para seducir a las chicas de los 70 me hice especialista en Borges, Tolstoi, Nietzsche y Mircea Elíade sin haber cumplido los 21. Menos mal que ninguna me hizo caso porque entonces hoy sería un ignorante". Fernando Iwasaki


lunes, 6 de noviembre de 2017

Una foto antes de empezar a envejecer


          “Yo he tenido 20 años y no permito que nadie
venga a decirme que es la edad más hermosa”
                      Paul Nizan

Yo he tenido 24 años y no permito que nadie venga a decirme que es la edad más hermosa. Tener esta edad es jodido en muchos sentidos. Cualquier edad en verdad, pero hoy solo puedo escribir sobre esta.  Recuerdo claramente cuando escribí un texto parecido al que quiero lograr ahora,  cuando tenía 20 años. Había terminado de leer “El extranjero” de Camus y acababa de ver a la chica que solía gustarme con otro chico. Actualmente, no he terminado los 5 libros que comencé hace unas semanas, leí una novela más de Camus que no me atrapó del todo y no tengo  idea sobre qué pasa por la mente de la chica que me gusta.  Entre el 2013, que fue cuando se publicó ese texto, y el día de hoy, acabé dos carreras, perdí un abuelo, tuve dos relaciones sentimentales, me enamoré una vez, perdí la consciencia alcoholizado dos veces, viajé a cuatro regiones, hice una decena de cuentos, comencé una novela, publiqué un sinfín de reseñas, entrevisté y conocí escritores, cambié de trabajo tres veces,  hice amigos, hice amigas, perdí amigos, perdí amigas,  gané enemigos, subí de peso, bajé de peso, leí a Zambra, hice el curso del Banco Central, aprendí a bailar salsa, me volví fan de Los Prisioneros, sufrí, hice sufrir,  presenté autores en un par de ferias del libro, me peleé con mi abuela, me reconcilié con mi abuela, leí a Piglia, me volví fan de Radiohead, descubrí el cine de Miyazaki, leí 350 libros según Goodreads, me hice de mil más, aprendí a conducir, me volví fan de Led Zeppelin, viajé con mi padre, me volví más cercano a mi padre, leí a Barrientos,  hice tres poemas,  me insultaron y elogiaron en redes sociales,  me volví fan de The Smiths, lloré con personas al lado, me acerqué más a mi familia, dejé de leer cómics, leí a Fuguet, y escribí, seguí escribiendo.


En estos últimos meses, cuando converso con gente mayor y cercana a mí, la respuesta sigue un patrón común. Sí, los 25 años es la edad bisagra. De anhelos frustrados, de cambios radicales, de tropiezos y sueños rotos. Cuando dejas de ser considerado tan joven como para equivocarte con facilidad y adquieres la edad suficiente para fracasar con holgura. ¿Algo positivo? Difícil hallarlo sin confundirlo con un alegato de insustancial contenido motivacional. Los miedos y las inseguridades siguen, tal vez más sosegados, pero presentes. Tiene más dinero pero menos tiempo. Este te carcome, te limita, te aprisiona, juega contigo.  Demasiadas expectativas tuyas, de los demás. Las ganas de comerse al mundo se han reducido, pero no desvanecido del todo. Te cuesta más confiar en alguien. Ya no te dejas llevar así nomás. Te planteas más escenarios, decides con detenimiento. Eres más estratégico y frío por momentos.  Desechaste muchos de tus intereses, otros se quedaron. A veces te sientes como los personajes de “Bonsái”, de “Por favor rebobinar”, de “Fotos tuyas cuando empiezas a envejecer”. O te salvas o no te salvas.  Solo hay dos escenarios. Te sientes más cerca del primero, pero el riesgo está allí. Hay que jugársela, te dices, sino, ¿dónde está la gracia? Vendrán días eternos, días fugaces. Pones la mejilla.  Te deprimirás, llorarás, reirás. La consigna es sobrevivir y registrarlo. Dotar de significado a la experiencia como el epígrafe de “Respiración artificial”. No ahogarse entre tanto ruido y espejismo alienante. Ves a tus amigos y amigas cambiar en paralelo a ti. Algunos se perderán, otros lograrán salvarse. Lo normal es que ya conozcas a los mejores a esta edad. A los que permanecerán. Tal vez viajes y te sientas solo. Y tu mecanismo de defensa seguirá siendo el humor. Reírte de todo, de todos, de ti. Desacralizar de a pocos tanta solemnidad impuesta. Combatir ciertas imposiciones, ridiculizándolas, aterrizándolas, y desvaneciendo su poder. Es tu manera de ser subversivo; insuficiente, pero la única que tienes. Es lo que hay. Mañana te despertarás con 25 años. Seguirás siendo joven, te repites, pero un poco menos que ayer. Hay que sortear los abismos. Todo esto es una mudanza. Una constante mudanza. 

[Entrevista] Mariajosé Fernández-Plenge: "Una imagen es siempre subjetiva"





Mariajosé Fernández-Plenge siguió la carrera de Comunicación y Medios Audiovisuales en Lima pero siempre quizo hacer fotografía por lo que decidió aplicar al International Center of Photography (ICP).Trabajó allí como  Teaching Assistant hasta el día de hoy, que se muda a Madrid para llevar un curso de fotografía y psicología en el EFTI.

En Nueva York ha expuesto en el International Center of Photography y hace unas semanas inauguró su primera muestra individual "This is Not a Cushion" en SoAM (Brooklyn, NY). Fue parte este año del Bushwick Open Studios (22-24 de Septiembre), donde también fue seleccionada para la muestra colectiva "Seeking Space" en Beyond Studios. Pudimos conversar sobre todo ello en la siguiente entrevista.

Revisando tu biografía, un paso importante sin duda en tu trayectoria es tu estadía en el International Center of Photography(ICP). ¿Qué tan decisiva fue esta institución en tu vocación? ¿Qué nuevas perspectivas te permitió explorar?

© Mariajosé Fernández-Plenge. Parte de la serie Small Obsessions, 2016
Muy importante.  Siempre he querido hacer fotografía pero ICP fue muy importante para llegar a donde estoy ahora, y creo que lo será a futuro. Es una comunidad de la que agradezco mucho ser parte, un grupo de fotógrafos y artistas visuales que han sido un gran apoyo en muchos sentidos.
Hice el programa de Fotografía Documental y Fotoperiodismo y en el camino me fui dando cuenta que quería hacer otro tipo de trabajo: me interesaban las ideas más que las noticias. Busqué llevar cursos de otros programas que me dieran herramientas para crear algo diferente. Mi proyecto final, Small Obsessions, terminó siendo de fotografías de objetos, en formato grande (4x5) y a color. El proyecto busca explorar la línea tan delgada que existe entre pensar que estamos obsesionados con algo y tener una obsesión que se convierte una enfermedad diagnosticada (transtorno obsesivo compulsivo, ansiedad generalizada, anorexia, entre otros). Estaba documentando pero no encajaba con el perfil del fotoperiodismo clásico que se hacía en ICP.
Antes de empezar el programa documentaba la vida diaria, muy diferente a lo que terminé haciendo a final de año. Pasé de caminar en la calle con una cámara fotografiando lo que me era instintivo, a estar en un estudio armando un set de iluminación para fotografiar un objeto que no está en movimiento. El opuesto completo.

© Mariajosé Fernández-Plenge. Parte de la serie This is Not a Cushion, 2014
Veo que hay un interés tuyo por tomar elementos de otros campos, como la psicología. ¿Cómo se complementa ello con la fotografía? ¿Cómo impacta en tu proceso creativo?

Me interesa mucho la psicología pero creo que no había tomado consciencia de ello hasta hace dos años. Cuando estuve estudiando pasé por muchos temas antes de elegir el del proyecto final. La mayoría eran periodísticos y venían de alguna noticia que había leído o visto en televisión, pero sentía que no eran auténticos con lo que me interesaba. Finalmente me tocó ser sincera conmigo misma y pensar qué me interesa, y por qué. La respuesta inmediata fue la obsesión, porque creo que yo misma puedo ser una persona muy obsesiva.

Creo que no sólo impactó mi proceso creativo, sino que lo definió. Tuve una idea, investigué sobre el tema, y luego tuve que hacer una propuesta visual que fue lo más difícil. Cuando tuve claras las primeras imágenes fue una gran experiencia conversar con cada persona que formó parte del proyecto.Me acuerdo que cuando recién llegamos a clase el primer día, una profesora nos dijo que los estudiantes del programa de fotografía documental siempre quieren contar historias de otros pero que para eso hay que hablar primero de uno mismo. Tenía razón.

Inauguraste tu primera muestra individual hace poco, llamada, “This is Not a Cushion" en SoAM (Brooklyn, NY) sobre nuestra relación compleja con la memoria. ¿Cuál es tu percepción sobre nuestra capacidad de registrar e interiorizar una experiencia en esta era de la sobreinformación? ¿Llegaremos a estar agotados de memoria y escasos de experiencias?

© Mariajosé Fernández-Plenge. Parte de la serie Small Obsessions, 2016
This is Not a Cushion es un proyecto que hice en un viaje de tres meses, antes de mudarme a Nueva York. Habla sobre la memoria y la percepción. Sobre la memoria, porque son esas imágenes las que recuerdo de ese viaje, y no ya las experiencias en sí. Y sobre la percepción a partir de un estado mental-emocional porque estaba pasando por un momento difícil y como consecuencia el grupo de fotografías que definen esos meses tienen una estética en común: cielos nublados, personajes sin rostro, objetos que hablan. Son escenas de la vida cotidiana a las que decidí apuntar el lente de la cámara en ese momento y que ahora ya no puedo ver, pues ya no siento/pienso igual que en esa época. Es una exploración de cómo a partir de un estado específico vemos el mundo de una forma u otra.
Creo que la información y las imágenes no son memoria, sino más bien en algunos casos – cada vez menos - un instrumento para ayudarnos a recordar. Alguna vez he visto una foto en la que salía sonriendo y he podido recordar que en ese momento no era feliz: sonreí para la fotografía. Una imagen es siempre subjetiva.

Dicho esto, pienso que lo más delicioso es recordar sensaciones. Si una imagen nos ayuda a volver a sentir lo que en ese momento, esa es la que debemos guardar. Cada vez se hace más difícil acercarse al recuerdo pues  hay un esfuerzo constante por mostrar que somos felices, que nos va bien, que nos veíamos bien, que tuvimos logros, y ahí es cuando, creo yo, se pierde mucho.

Este 2017 se cumplieron cien años de la irrupción de Marcel Duchamp en la historia del arte contemporáneo y sus ready-made, haciendo inevitable  pensar en tu proyecto “Small Obsessions” y la relación entre objeto, industria y la experiencia artística. ¿Cómo se mezcla ello con la obsesión? ¿Cómo fue este proceso?
© Mariajosé Fernández-Plenge. Parte de la serie This is Not a Cushion, 2014
Es curioso que me hagas esta pregunta porque Duchamp es un artista que tengo muy presente pero que no tuve como referencia consciente para Small Obsessions. El proceso fue muy diferente, empezando con fotografías de los objetos en su contexto, y poco a poco aislándolos para llegar a una estética casi clínica, sobre ese fondo completamente blanco.

Al contrario de Duchamp no pensé en convertir un objeto en una obra de arte, y mis imágenes no buscan dar un carácter irónico al objeto, sino documentarlo: estas son las pastillas que esta persona toma todas las mañanas, esta es la pinza con la que esta otra hace sangrar sus manos. La cámara de formato grande busca darle peso al objeto, escrutinizar, documentar cada detalle con un negativo más grande como herramienta.

Creo que me es difícil contestar esta pregunta porque no pensé en el arte  cuando hacía este proyecto. Tenía un seminario de edición donde la mayoría de fotógrafos llevaban alrededor de 200 imágenes que había que reducir a la selección final que contara una historia, y yo llegaba a clase con diez negativos a color de objetos.

¿Qué nuevos intereses han surgido en tu búsqueda artística? ¿Qué nuevos retos esperas afrontar?

© Mariajosé Fernández-Plenge. Parte de la serie Small Obsessions, 2016
Este año estoy trabajando con procesos alternativos. Tengo un proyecto en el que sólo voy a usar cianotipos, aún estoy aterrizando en concepto y probando diferentes formatos. Requiere mucha paciencia porque es mi primer cuerpo de  trabajo con este proceso, y también – lo más difícil – es que tengo muchas expectativas.  Es muy diferente a lo que estuve haciendo antes.

Además, estoy trabajando una serie de autoretratos en foto digital y analógica. Para mí mostrarse siempre es mostrar mucho, y cuesta. Es algo que vengo haciendo hace ya dos años, es terapéutico y a la vez doloroso, creo que un aprendizaje constante.Aunque ambas propuestas son visualmente diferentes, lo esencial no cambia: mi trabajo juega con lo que parece ser, pero en realidad no es.

martes, 24 de octubre de 2017

Reseña:El castillo de Hayao


Título original: Howl no Ugoku Shiro.2004. Studio Ghibli.119 min.

         Podría llorar de alegría, dice Sophie, la protagonista de “El castillo ambulante”, y no se podría estar más de acuerdo. Las películas de Hayao Miyazaki se contemplan y admiran. Son de una belleza que sobrecoge, al punto que durante los créditos no somos pocos los que terminamos aplaudiendo mientras miramos las letras en japonés como un intento de homenajear y, sobre todo, agradecer a la distancia, espacial y temporal, a quienes hicieron posible ello.

        Y utilizo el verbo contemplar, pero debo añadir emocionar. Porque las películas de este genio japonés lo tocan y hace vibrar a uno. Pasan a formar parte de nuestra vida al punto que somos capaces de recordar, tiempo después, dónde, cómo y con quien las miramos. En qué momento de nuestra vida estábamos la primera, segunda o séptima vez que vimos “El viaje de Chihiro” o “La princesa Mononoke”. Configuran nuestra experiencia, desarmando la incapacidad de nuestros tiempos para poder inquietarnos de verdad. Nos vuelven vulnerables como niños, asombrándonos en todo momento.

         Anotaba lo anterior mentalmente mientras disfrutaba “El castillo ambulante” por primera vez en una sala de cine. Recuerdo la primera vez que la vi: sábado por la madrugada, un DVD, el televisor y la habitación vacía. Nadie más durante dos horas. No me da vergüenza decir que lloré ese día por todo lo que provocaba la película. Y pasaron los días y meses y cuando escuchaba de manera aleatoria algún fragmento de la banda sonora, volvía a sentir la grata presión en el pecho de la primera vez. Pero, aunque parezca una verdad de Perogrullo, nada como disfrutar una película en una sala de cine. Sentado en una butaca y absorto en la proyección al frente. La sensación de que ese es un momento único e irrepetible y que todas las acciones previas te llevaron a eso, y la música de Joe Hisaishi, compañero de mil batallas de Miyazaki que pasa a ser el soundtrack con el que acompañamos a los personajes en su viaje sentimental, sí, pero que se vuelve también tu melodía. Capaz de formar sonrisas y/o lágrimas al evocar el sonido de su piano.

        Nada vuelve a ser igual luego de ser partícipes del cine de Hayao. Paisajes increíbles, monstruos alucinantes, animación de primera, frases impactantes, personajes rebosantes de humanidad, inteligentes alegorías al feminismo y la conservación ambiental, la pureza del amor y la destrucción de la guerra, la magia y el dolor de la realidad, sociedades que se debaten entre las tradiciones y la irrupción de la modernidad, la alegría de estar vivo. Cada obra de Miyazaki significa vivir una experiencia auténtica en el sentido más genuino. Una composición que te recuerda la capacidad de los mejores films de hacerte sentir que fueron hechos para uno, mientras se disuelve el trascurrir del tiempo alrededor. Solo eres tú y el acceso a un mundo único e inigualable. La llave a un castillo fantástico que es la mente de uno de los más grandes artistas de todos los tiempos. Porque a pesar de no poder definir qué es el arte, podemos afirmar con seguridad que el cine de Miyazaki lo es. Vida en su máxima expresión.

(Texto publicado originalmente en el portal web "Punto y Coma")

lunes, 23 de octubre de 2017

Reseña: “El cuento de la criada” de Margaret Atwood

Salamandra.2017.416 pp. S/.79

         Si solo es un cuento, parece menos espantoso (pág. 207), dice la voz de este libro. Y sin embargo lo es. Concebida en el simbólico 1984 y publicada un año después, es poco probable que cualquier comentario que emita sobre la novela más conocida, traducida y leída de la escritora canadiense Margaret Atwood (Ottawa, 1939) sirva para afectar de cualquier manera su estatus de grandiosa distopía. Una pregunta más válida que cuestionar o no la calidad de este libro es cómo leer dicho libro en esta época,.

          Uno de los aciertos de esta nueva edición de Salamandra (el libro no se hallaba en ninguna librería y recién este mes ha llegado a las estanterías limeñas), es el prólogo de Atwood motivado por la serie de televisión de reciente aparición, galardonada con el Emmy, pero sobre todo por, las nuevas tendencias globales y el paralelo a la década en la que se publicó. Allí nos habla sobre cómo el telón de la Guerra Fría se dejaba sentir en Alemania, con un país dividido a la fuerza y donde campeaba la desconfianza hacia el prójimo, sensación que percibió la escritora al empezar a escribir la novela, mezclando dicha impresión con sus intereses por abordar temas como la injerencia del totalitarismo en el control de los cuerpos femeninos y la planificación social llevada a un extremismo horroroso. Hasta ahí, sólo buenas intenciones. Pero la empresa de Atwood toma cuerpo, como se nota en las páginas de la novela, al preocuparse por construir una atmósfera que recoja dichos elementos atemorizantes y personajes quebrados y llenos de dudas y frustraciones. La protagonista, de la que nunca sabemos su verdadero nombre, es víctima de un régimen obsesionado entre otras cosas con la maternidad, que le arrebata su familia y su identidad. Lo único que se espera de ella es servir de depósito para la recreación de nuevos seres humanos, elemento presente en la misión de cualquier totalitarismo: estimar y crear la servidumbre sobre la cual se ejercerá el poder. Para ello, sigue distintas fases en los que se busca aplacar cualquier deseo o pasión, reprimiéndolos hasta su extinción o la demencia como secuela. Conservadurismo radical que en estas décadas ha mutado en formas que aún hoy no somos capaces de enfrentar de manera efectiva la mayoría de veces.

           Si bien son claras las alegorías bíblicas, la religión es un recurso en El cuento de la criada enfocado en su poder simbólico que sirve como portada de las ambiciones de una tiranía que las usa como medio opresor. Puede ser una facción católica, islámica o de cualquier otra índole. Lo que termina interesando es la estructura que se monta alrededor de dichos elementos para subyugar sociedades enteras bajo oscuras premisas como la negación del libre pensamiento, la anulación del goce corporal, la minimización del ser humano dentro de la comunidad, la desinformación sistemática y la reducción de la atención a detalles que sean síntomas de graves cambios, o la demonización de ciertas minorías sociales. Incluso el no dejar espacios para el humor. El cuento de la criada, sigue siendo al 2017, una novela sobre despojos. Lo que se nos quita y arrebata de manera violenta, destacando entre estos la voluntad y la capacidad de respuesta. De rebelarse y oponerse de manera efectiva. Y que esté narrada como el testimonio de una mujer vejada no es mera casualidad. Un logro de la novela es entregar una historia en la que las mujeres son retratadas de manera humana y no parametrizadas como simples “ángeles” incapaces de sentir y pensar por su cuenta. Son vitales para lo que se nos cuenta y va pasando escena a escena. Feminista en ese sentido , como bien apunta la autora.

        Es un relato que busca una interpelación en un tiempo posterior, y ese es nuestro presente angustiante, donde los temas que he mencionado no han hecho más que crecer. Si la globalización ha logrado hacer algo al respecto, es extender dichas problemáticas que Atwood representó con licencias, hace ya más de treinta años en una novela que sigue vigente más de treinta años después y merece seguir agotándose, pero sobre todo cuestionándonos.

(Texto publicado originalmente en el portal web "Punto y Coma")

[Entrevista] Pedro Morillas: “Nadie paga para ver miseria”



Originario de Trujillo, La Libertad, Pedro Morillas es un empresario de larga experiencia. Sin ir más allá, fundó importantes empresas como Cóndor Travel, reconocido operador turístico, se desempeñó como director de la Sociedad Nacional de Industrias, fue presidente de Canatur y miembro del Consejo Directivo de CONFIEP, entre otros logros. Gran parte de su vida e ideales han quedado registrado en libros como “Raíces del futuro”, “País combi” e “Impunidad S.A. “. En “Punto y Coma”, pudimos conversar sobre el más reciente, “Creando Riqueza: Innovar y disfrutar” (Planeta, 2017)

 Invertir en el sector turismo, la “industria sin chimeneas” por excelencia, durante los años 60 era un riesgo muy distinto al de ahora. Un sector nuevo y muy arriesgado.

Nadie conocía ese sector. Ni yo mismo. Simplemente había escuchado sobre ello con mucha frecuencia y había leído bastante, pero no lo sabía ni lo entendía.

¿Qué tan poco desarrollado estaba el sector turístico como industria a nivel organizacional en la nación?

En los años sesenta, el Perú recibía nada más que cuarenta y cinco mil turistas al año. Si eso lo comparas con los tres millones setecientos mil turistas que hay en este momento, te das cuenta del desarrollo explosivo que hubo. Aunque no tanto, ahora que lo pienso en realidad. Ha pasado mucho tiempo y ese es más o menos el ritmo que tiene el turismo en crecimiento a nivel mundial.

En esa época los hoteles eran solamente de dos estrellas por lo general, según leí en tu libro.

Efectivamente. En esa época solo había hoteles de dos hoteles de cinco estrellas. El Hotel Crillón y el gran Hotel Bolívar

Los que curiosamente terminaron perdieron protagonismo en contraposición a Cóndor Travel

Tienes razón. Bueno, había dos hoteles de cinco estrellas y en este momento hay más de cuarenta en todo el país. No lo había pensado, pero efectivamente desaparecieron del mapa por políticas ineficiente o sufrieron mucho con lo que tuvimos que pasar. Una de dos. Más es lo segundo ah.

Hay una parte en la página 35 donde dices que “mis títulos y mi experiencia profesional no servían nada en este país. Sentía frustración e impotencia”, cuando narras tu estadía en Inglaterra hace décadas.

Para entrar en el turismo internacional tenía que hablar un idioma internacional y nada más internacional que el inglés. Tenía que aprenderlo prácticamente desde cero porque lo que me enseñaron en el colegio era prácticamente nada. Tuve que ir a Inglaterra, y en Inglaterra la pasé muy mal porque el dinero que había llevado era mío, no de mis padres. Eso lo aclaro. Mi dinero que había conseguido trabajando 5 años se acabó prácticamente en España antes, donde estuve un año y medio. Luego fui a Londres para aprender el inglés. Yo había sido Gerente Regional de Cerveza Cristal. Había tenido una carrera meteórica ahí y de repente tenía que hacer lo que sea porque quería aprender inglés. Llamaba por teléfono buscando trabajando y cuando me entrevistaban y conversaban conmigo se daban cuenta de las limitaciones que tenía. Decían: “Ok, lo vamos a volver a llamar”. No me llamaban más y yo me desesperaba porque ya no tenía dinero. Ahí es donde llego a la conclusión que mis títulos y mi experiencia no vale nada. Una ciudad sumamente cara y difícil. Ahí es cómo vi la vida y la trayectoria de una empresa. Volví al piso y trabajé como mozo en un restaurante donde no la pasé muy bien al comienzo

Lo que me parece curioso es que han más de cuatro décadas o cinco de lo que narras y el inglés sigue siendo el idioma universal por antonomasia. El español de por sí se ha vuelto algo que también está creciendo a una velocidad importante, por el tema de las migraciones y un mercado más abierto y unificado por la lengua, incluso más que Europa en ese sentido. ¿Qué perspectivas ve en que el español pueda convertirse en el idioma del futuro?

Yo lo veo difícil porque la gente que está más adelantada en tecnología y en absolutamente cualquier conocimiento moderno, es la que habla inglés. China, por ejemplo, va a ser muy pronto el país donde se va a hablar más inglés que en Inglaterra mismo. Inglaterra tiene 60 millones. En China se estima que son un 25 % de un millón doscientos mil. Una barbaridad. Y tienen un poder de compra muy fuerte. Luego, si vas a cualquier sitio en Europa hablan inglés. El idioma español sí, es muy popular, pero a un nivel más bajo. Es un nivel que no compra mucho.

Una de las marcas esenciales de sus empresas y que usted impregnó fue la confianza, pero ¿cómo vio esa confianza en un país donde las instituciones son precarias?. Un país donde la mayoría de gente acude a INDECOPI y las marcas emblemáticas no se salvan de un debacle. Marcas que han tenido más de cuarenta años y han mentido a sus clientes toda la vida, como es el caso de Gloria o Sublime. ¿Cómo se lograba antes y cómo es ahora, la acción y momento de otorgar confianza?

Inicialmente era duro. Había que enseñar a la gente cómo atender. Sin embargo, el peruano es muy amable y tiene ganas de aprender. Es muy positivo en eso y eso no fue una traba. Posteriormente si se ha convertido en un problema para el desarrollo del Perú. No hay higiene. No hay orden. No hay disciplina. Un turista viaje principalmente para buscar una experiencia agradable y no va a ser agradable encontrar un lugar con suciedad, desorden, miseria. Nadie paga para ver miseria. Entonces, eso es una traba porque nosotros tenemos en el Perú un potencial increíble. Chile, por ejemplo, no tiene ni la mitad de las atracciones que tiene el Perú y sin embargo recibe más pasajeros que nosotros. ¿Por qué? Porque tiene paz, tranquilidad, educación. Los servicios higiénicos son pulcros. Los servicios de transporte son impecables. Tiene una línea de bandera.Esa es la razón por cual ellos crecen a otro ritmo. Cuando empezamos en el turismo, ellos tenían una tercera parte de lo que recibíamos. Si nosotros recibíamos cuarenta y cinco mil o sesenta mil ellos recibían quince o veinte mil pasajeros al año. Igual Ecuador. Es un país muy tranquilo y ordenado. Colombia está ordenándose y avanzando muy bien. Nosotros necesitamos trabajar muchísimo en ordenarnos.

Usted ha publicado el libro “País Combi” en el 2014. Han pasado tres años que no es mucho, pero ¿hubo alguna política pública que lo haya sorprendido ? 

Efectivamente, “País Combi” lo escribí como una clarinada. Como decir: “Mira, así no vamos a ser nunca primer mundo”. Si seguimos con todas estas tonteras que hacemos no vamos a ser nunca primer mundo. El origen de “País Combi” es que un extranjero aquí en el Perú publicó un libro que se llamaba “101 razones para estar orgulloso de ser peruano”. Y yo estaba un día tan molesto por el tráfico que dije: “Voy a escribir algo y va a ser 101 razones para no estar orgullosos de ser peruanos”. Conversé con amigos y me dijeron que la idea es buena, pero el título era malísimo y que nadie te lo iba a comprar (risas). Les digo que lo que quiero es que sea shock. Que la gente se viera en un espejo: “Mira, así somos”. Entonces fui cambiando y anotando lo que veía que hacemos nosotros y que en otros sitios no se hacen. Eso fue lo que produjo “País Combi”.

Luego, entre los dos libros, produje otro que se llama “Impunidad S.A”. Se escribió a raíz de una industria que yo tenía y que producía buses en Trujillo y que se convirtió en la primera empresa autobusera de toda la costa oeste de Sudamérica. Los únicos que lo superaban eran los brasileros. Sin embargo, tenían la corrupción de su parte. En esa época ya habían decidido que hegemónicamente Brasil iba a dominar la política y la economía en Latinoamérica. Entonces, su cancillería “Itamaraty” y su banco de promoción a las exportaciones les facilitaron. Fue algo así como Odebretch y toda esta corrupción que hay ahora. Ahí falsificó a los productores de buses para que demolieran a la competencia que éramos prácticamente nosotros y se quedaran con el mercado que se han quedado. Esto es importante porque lo vas a ver en el origen del libro.

¿En qué año fue su encuentro con Fujimori en Japón?

Fue en el 2005. Me dijo en algún momento: “Voy a regresar al Perú, pero nadie sabe cómo ni cuándo voy a regresar. Ni mi hija ni ella (señalando a su novia). Solo yo lo sé”. Pasaron los meses y luego leo en el periódico que había llegado a Chile. Calculó mal, pero eso es lo que me llevó a escribir sobre la corrupción y el abuso que hubo de parte de INDECOPI, SUNAT. Habló de SUNAT muy bien acá, pero allí habló muy mal.

¿Las barreras para entrar a los mercados turísticos hoy en día son iguales o el contexto es demasiado distinto respecto a cuando usted inició? Lo digo por la presencia de grandes corporaciones.

El contexto es distinto. En este momento la corrupción es más abierta. En esa época era soterrada y no era de la magnitud que es ahora. Esa corrupción la creó Brasil y sus frutos son las constructoras y muchísimas más empresas exportadoras. El problema es que en turismo es más fácil encubrirlo porque la atracción turística de centro más grande que hay en el Perú es Cusco. En Cusco hay gente que ha avanzado una barbaridad en el concepto de servicio al turista. Ahí un lustrador de zapatos te dice “¿te lustro?” en inglés, japonés y en otros idiomas. De la misma manera un mozo. Se han dado cuenta que su economía es básicamente turista y por eso han avanzado más.

Usted también habla de cómo estamos mal a nivel de país y cómo extremos como el chauvinismo o el sentimiento antipatriota, podrían ser dañinos ¿Cuál es su opinión de la “Marca Perú” ya luego de unos años de implementada? ¿Cómo ha beneficiado o ha terminado ocultando algunos males en el sector turismo?

La Marca Perú sí ha avanzado en el mercado y ha ayudado básicamente en turismo. En la industria si no veo que se exporte algún bus de acá o alguna maquinaria. Lo único que se exporta son las materias primas; lo de siempre. Pero tú no le vas a poner al cobre la “Marca Perú”. Entonces se ha limitado solamente al turismo que, dicho sea de paso, es el mayor creador de empleo en el mundo. En una industria tú necesitas invertir cincuenta mil dólares para crear un puesto de trabajo. En cambio, en turismo se necesita cinco mil dólares para crear un puesto de trabajo y tiene un efecto multiplicador de seis a uno. Es decir que, por cada puesto directo de trabajo, se generan seis indirectos. ¿Quiénes son indirectos? Las constructoras que construyen hoteles, carreteras y todo el mundo… Hasta los bancos, los dentistas, médicos. Todo el mundo se beneficia. El efecto multiplicador es muy grande. Eso ha hecho que Cusco en este momento marque una diferencia con el resto del Perú.

¿Crees que en el sector educativo contamos con profesionales adecuados para los sectores de turismo? ¿Crees que hace más egresados en carreras como administración o gestión hotelera? ¿Cree que debemos priorizar más la calidad que la cantidad?

El Perú debería contar antes que nada con un Ministerio de Turismo, no solo un viceministerio como se da en la actualidad, de manera que se posicione al país como un destino cultural único y atractivo. Incluso si esto implica absorber muchas de las funciones del Ministerio de Cultura. Se necesita optimizar la calidad del servicio turístico y es ahí donde deben mejorarse el servicio que se brinda y en el que se forman los jóvenes estudiantes de las escuelas relacionadas a este sector. Creo también, que tal como dije antes, el inglés debe ser ser un tema prioritario y vital en las escuelas y la formación a temprana edad.

Finalmente, ¿qué ha representado el turismo en su vida?

Mi familia y grandes amigos… Nada hubiera podido ser igual sin la presencia de la industria del turismo. Es como una enamorada de toda la vida (risas). Lo que me ha permitido viajar y conocer el mundo entero y viviendo experiencias únicas y sin igual

[Transcripción: Alejandro Alva]

(Texto publicado originalmente en el portal web "Punto y Coma")

Infantil / Reseña: “Mirar más allá” de Rubén Silva y Rocío Espinoza


Ilustraciones de Dipacho. 9 años a +

Ediciones SM, 2017. 86 pp. S/.30


   Mica es una niña alegre y risueña con una sensibilidad conectada de manera estrecha con la naturaleza que la rodea: los cerros, los lagos, el campo. Una forma especial de relacionarse con su padre, Guillermo, y ser felices juntos, hasta que un día desaparece. Los problemas económicos acechan y la única solución parece ser vivir en la ciudad. El futuro se torna desolador y triste describiéndose de la siguiente manera: “Mañana era para ella una palabra vacía, oscura y triste. Pero no lloraba, ya no tenía llanto, solo abrazaba fuerte su manta y cerraba los ojos.” (pág. 11)

      Gabriel, por su parte, es el segundo de tres hermanos, relegado y marginado injustamente por su madre a pesar de tener tan solo diez años. Lidiaba con ello mediante el cariño de su padre, fanático del fútbol y celebrar con las amistades, hasta que la vida de este se quiebra luego de un accidente automovilístico, dedicándose al alcohol y sacando a relucir toda su agresividad y resentimiento. Su familia tendrá que lidiar entonces, incluso su pequeña hermana menor, con este incómoda carga y obstáculo.

      Sucia y gris, la ciudad se torna en un lugar hostil para Mica. El cariño de sus tíos no compensa su nostalgia. Un día sale a pasear con su chanchita China y unos chicos abusivos empiezan a burlarse de ella, por su origen principalmente, hostigándola y persiguiéndola hasta que un niño sale a su rescate: Gabriel. Así nacerá una amistad que luego terminará siendo determinante.

     Acompañada de las ilustraciones de Dipacho, con un estilo que recuerda mucho al de los dibujos animados de Peppa Pig y que conecta bien al evocar una manera infantil de ver lo que nos rodea, “Mirar más allá” es una historia sobre el potencial de los niños para ser agentes de cambios frente a las terribles adversidades que les toca enfrentar. Violencia doméstica, racismo, bullying, incomunicación o alcoholismo parental, son algunos de los males que son abordados por Rubén Silva y Rocío Espinoza. La ludoteca en la que Micaela convive luego de perder un año escolar (curiosamente, uno de los motivos es una huelga de profesores), termina convirtiéndose en un espacio determinante para el desarrollo de su potencial.

     Hay una valoración del trabajo colectivo y social, donde la ayuda mutua es el elemento determinante y el optimismo no es un solo un discurso superficial, basándose más bien en una estructura con cimientos más poderosos y una política replicable en muchos entornos. Luego de leer este libro, serán muchos los niños que podrán identificarse con Mica, pero no tanto como los adultos que terminemos aprendiendo de ella.

(Texto publicado originalmente en el portal web "Punto y Coma" )

domingo, 10 de septiembre de 2017

[Entrevista] Alina Gadea: “Es tarea de un escritor tener visión, oído y corazón”


Una de las más gratas novedades literarias ha sido la aparición de la novela “Destierro” (Planeta, 2017) de la escritora peruana Alina Gadea , en la que aborda temas como la separación, el divorcio y la represión de mujer en muchos ámbitos sociales. Pude conversar con ella al respecto

La agresividad en tu novela es latente. Se va acumulando poco a poco, hasta explotar en situaciones de violencia tanto psicológica como física. Lo que me agradó fue que lo abordaras sin que los personajes sean tan exageradamente viles o acartonados, dándoles un trasfondo en el que no pueden escapar de sus heridas de  juventud por más que lo anhelen

A mí me interesaba mucho hacer un estudio psicológico de cada personaje. Me parece que retrotrayéndome un poco a la infancia del hombre y también al personaje de la abuela, se podía entender mejor por qué las actitudes de cada uno. Quise construir al personaje y no solamente decirlo: mostrarlo y no estereotiparlo y volverlo una cosa maniquea como “este es un villano y esta es una villana”. No es un personaje en bloque, sino un personaje humanizado. Se entiende por qué su forma de estar en la vida, su proceder. No es una cuestión de justificarlo, sino de entender de dónde sale todo eso de la niñez. Igual que el caso del hombre está el personaje de la abuela. Así también, la madre de la mujer y la madre del mismo hombre. Es como ir hacia atrás en un psicoanálisis. ¿Por qué es así él? Porque sus padres lo fueron también. Eso lo posiciona a uno en la vida en una forma en la cual uno no es culpable. También en el personaje de la mujer como narradora hay un tema de la represión. De la misma forma en el personaje del narrador quien ha sido  una persona muy reprimida.
 
Tocando el tema de represión, en tu novela representas el poder desde el lado económico y que está presente en el hogar a través de la figura del hombre-padre-esposo, en un tratamiento del machismo que en  la clase media alta que narras, se da de una manera más sutil y tal vez más peligrosa como en la escena del club, pues parece fluir de manera natural y sin que sea consciente.

En este caso y desde este registro que yo narro,  es efectivamente una clase acomodada en la que predomina el machismo, incluso desde las mujeres. Las mismas mujeres le ayudan a este personaje, idealizándolo. Ellas a su vez se cuidan las espaldas porque desean seguir perteneciendo y permaneciendo en ese status del cual no desean descender. Allá hay  un tema de doble moral, y es uno de los temas que me llaman más la atención de la sociedad de Lima. Me parece que hay como juegos encubiertos y en ese sentido también, va como una denuncia.

Y ese arribismo vinculado  al personaje buscando poder a través del dinero en una especie de venganza por la sociedad que la menospreciaba.

No creo que lo haya menospreciado. En todo caso estamos hablando de un personaje que ha sufrido cierta vejación en niñez  y que, posteriormente, ha sido formado en una escuela muy rígida y en una facción muy conservadora. Tiene una formación muy restringida y todo eso fue para construir ese personaje, y demostrar también una forma no muy valorativa a la mujer. Eso también es algo que late en mí. Es decir, esa situación a mí me pone de guardia y de alguna manera a través de esta ficción también quiero exorcizar eso porque siento que hay un cierto menoscabo hacia la mujer. Inclusive en este preciso tema de la separación, me parece que la mujer lleva en cualquier status o estrato la peor parte. 

¿Crees que se ha avanzado en la forma de conseguir el divorcio en la sociedad actual? Pienso que  en la generación de la protagonista que tendrá alrededor de cuarenta o cincuenta años,  es distinta la concepción de divorcio respecto al de las nuevas generaciones.¿La sociedad limeña avanza en ese sentido más allá de la ficción?

Yo pienso que sí, felizmente, porque en ese personaje más allá del tema personal como tú bien dices, también está en esa cuestión de salirse del molde o del tablero. Salirse de lo que la cultura o sociedad han concebido para una mujer determinada y ese rol que pueda llegar a ser sumamente pernicioso. Finalmente este texto explora ese miedo específico en la mujer y en realidad en el hombre también, porque él también tiene su parte. Está la exploración del miedo a romper el núcleo, a romper con lo establecido y enfrentarse con las soledades y los abismos que es volver a pensar con hijos a cuestas incluso y con una sociedad que de todas maneras van a estar siempre en contra. El problema está disminuyendo, pero es una lucha en la que aun estamos.

Un tema interesante en tu libro es la maternidad. La mirada al lado oscuro de los temas maternales en la que más allá de no darse una relación de cariño o de afecto, no termina existiendo alguno. ¿Crees que ya hay más libertad al hablar de estos temas y desacralizar la figura la madre? ¿Qué tantos pudores hay?

Creo que resultó un tabú. El tema de las madres me parece un tema muy importante y que yo toqué tangencialmente acá porque en realidad se trata de la separación de un núcleo familiar, pero interviene mucho por la construcción del personaje. No solamente la madre del hombre y la madre de la mujer, sino ella también que es también madre. Es un tema difícil y universal porque ha existido siempre ¡Por dios! Desde los clásicos griegos ha existido y hasta es y seguirá siendo un tema tabú porque la maternidad es lo más difícil que hay. En este texto no se trata de calificar de ni de juzgar, sino de entender por qué los seres humanos somos como somos y tiene que ver mucho con nuestras madres. También lo difícil que es ser una madre divorciada en el Perú y cargar con esa responsabilidad. Eso sería materia de otra historia.

Uno de los núcleos de la novela es la relación de pareja, pero lo que es percibo es que nunca llega a haber un enamoramiento del todo de la protagonista tanto antes de la separación como después de la misma. ¿Es casualidad o intentas mostrar un vacío en las relaciones que se están dando en la actualidad en general?

Él es un personaje muy reprimido que es lanzando al matrimonio como una obligación social y cultural. Prácticamente sin saber lo que hace y  luego consiguiendo la liberación, pasa a segundo plano ese tema de la relación de pareja. Lo que hay es como un sucedáneo realmente. Cuando se separa aparece un amor furtivo por ahí, pero es irrelevante. Eso me parece un tema fundamental en lo que es la reivindicación de la mujer que no puede ser que sea el todo esa cuestión del romanticismo como una tara que venimos arrastrando. Eso no basta para que el personaje pueda revivir y enfrentar la nueva vida y la liberación que implica esa pérdida de la unión que hubo.

En la estructura de la novela hay fragmentos, que concibo como si fueran escenas de una misma historia pero proyectadas como fotos de la misma. ¿Has tenido más influencia de la poesía que de la misma narrativa al momento de construir esto? ¿Cuál es tu relación con la poesía o la escena visual?

Me interesaban justamente que fueran como chispazos de imágenes visuales porque me parece que se conecta rápidamente con el lector. No me interesa simplemente decir, sino mostrar lo que el lector pueda estar sintiendo, oyendo lo sensorial, lo que se ve y lo que se siente en carne propia. Pienso que es tarea de un escritor tener visión, oído y corazón. No ser simplemente un texto acartonado. Yo quería que esto se sienta. Anteriormente utilicé esta estructura como fragmentos de imágenes en mi primera novela “Otra vida para Doris Kaplan”. Me gusta también ese lenguaje que notas lírico porque me pareció que, inventar un lenguaje mío que se conoce, con los demás , era el reto de esta pequeña novela más que contar una serie de acciones; la acción que transcurre en la conciencia de uno. Los procesos internos que se forjan en una persona y que son muy difíciles de explicar porque toman muchos años y contarlos en pocas páginas. Es decir, tener una densidad adecuada, pocas palabras para muchos significados y no al revés. No un texto de 300 páginas que nos diga poco, sino en 100 poder explicar alguna tajada de esa realidad que es el naufragio de una separación y el abismo al que se enfrenta uno al volver a ser libre.

Noto que hay en la narrativa latinoamericana una mayor mirada a temas más intimistas, más de familia.

Probablemente. Yo pienso que cada escritor es un mundo y que cada uno tiene una forma muy particular de percibir las cosas y plasmarlas. Hay muchas formas de contar una misma historia. Estas son historias comunes a todos nosotros. Todos venimos de una familia. Todos en algún momento nos enfrentamos a una separación. Muy pocos no lo harán, pero es algo que forma parte de la realidad y la literatura es el reflejo de la realidad. Más allá de eso, la literatura explica mejor la realidad que la vida misma. Yo tengo esa sensación de que la ficción es la mejor forma de explicar la realidad y  tal vez si hay muchos escritores que están sobre este tema intimista puede que sea una forma para ordenar este caos que nos está sucediendo a todos.

¿Qué escritores peruanas quisieras recomendar?


Me gusta mucho el escritor Augusto Higa, por su lenguaje y por esa forma que tiene de mostrar su mundo con sensaciones, y Jennifer Thorndike, una escritora muy auténtica. Me interesa cómo trabajan la interioridad, el lenguaje y lo psicológico más que textos solo conceptuales.  

(Esta entrevista se publicó en el portal web Punto y Coma)