"These days there’s so much paper to fill, or digital paper to fill, that whoever writes the first few things gets cut and pasted. Whoever gets their opinion in first has all that power". Thom Yorke

"Leer es cubrirse la cara, pensé. Leer es cubrirse la cara. Y escribir es mostrarla." Alejandro Zambra

"Ser joven no significa sólo tener pocos años, sino sentir más de la cuenta, sentir tanto que crees que vas a explotar."Alberto Fuguet

"Para impresionar a las chicas de los 70 tuve que leer a Freud, Althusser, Gramsci, Neruda y Carpentier antes de llegar a los 18. Para seducir a las chicas de los 70 me hice especialista en Borges, Tolstoi, Nietzsche y Mircea Elíade sin haber cumplido los 21. Menos mal que ninguna me hizo caso porque entonces hoy sería un ignorante". Fernando Iwasaki


martes, 13 de febrero de 2018

Reseña: “Apropiación indebida. Una novela sobre el amor” de Lena Andersson



Traducción del sueco de Martín Lexell y Elda García-Posada. Alfaguara. 2015. 208pp. S/.80

Hay historias de amor para todos los gustos. Así que el hecho de que esta novela diga en su subtítulo que va “sobre el amor” no debería parecer sorprendente de manera alguna. A menos que nos fijemos bien. Dice “sobre” y no “de”, detalle crucial para leerla, pues esta apunta más que a la esfera romántica y el drama subyacente a ella, a la destrucción progresiva y dolorosa de este sentimiento. O a la percepción que este nunca existió de la forma que se creía.

Lena Andersson (Estocolmo, 1970) disecciona el proceso del enamoramiento y sus distintas previas y posteriores, agudizando su mirada a las ramificaciones obsesivas en las que naufragará su protagonista., Ester Nilsson, ensayista de poco más de treinta años que al inicio de esta novela mantiene una relación satisfactoria en lo físico y mental, pero sin apasionamiento. Esta recibirá una llamada para brindar una conferencia sobre Hugo Rask, artista de renombre, sin sospechar que será el detonante para el nuevo rumbo que tomará su vida, y sucediendo lo previsible: se acuestan, Ester se enamora (u obsesiona) con Risk de forma total, abarcando todo lo que hará y pensará en los siguientes meses, experimentando y sucumbiendo por primera vez a una fuerza devastadora. Pero como ya mencioné, la novela va “sobre el amor”. Cualquier expectativa del lector por ver un emparejamiento ideal se diluye cuando Risk decide no involucrarse en esta incipiente relación, elevando su asimetría natural, lo que no favorecerá las expectativas que Ester se ha generado.

“Cuando se ama y el amor es correspondido, el cuerpo se siente liviano. Cuando sucede lo contrario, un kilo puede llegar a pesar tres.” (pág. 64). Los cambios físicos y mentales por los que pasará Ester no son para nada delicados. Andersson, como sus pares suecos especializados en la novela negra, es implacable con sus personajes y la avalancha de emociones que estos tendrán que soportar, además de entender el contexto social y sus efectos en las relaciones de los individuos que forman parte de sus colectivos. Sospecho que parte de este enfoque se nutre de la faceta de Andersson como analista política. En “Apropiación indebida” se entiende que el amor no se puede pensar alejado ajeno a la economización de las relaciones, sus términos y dinámicas de poder:

“El equilibrio de poder queda trastocado por la nueva indiferencia, que despierta también el miedo a parecer ridículo y simple ante la mirada del antiguo amante.” (pág. 141)

La esperanza del ser rechazado lo vuelve susceptible a ser concebido como “propiedad” del otro, al persistir en la entrega total; algo ilógico frente a la mirada de terceros. Ese es el momento donde empieza la toxicidad y la el vicio del vínculo, por la no comprensión de que “ser amado no es un derecho” (pág. 181) y se caiga en una tozuda negación constante. La obsesión se vuelve un estado enfermizo al punto de no conocer límites (potenciado en la actualidad por las nuevas tecnologías y redes virtuales).

Andersson critica la simplificación al momento de juzgar este tipo de comportamiento, sin tener complacencia alguna. Incluso cuando tiene que mostrar la desesperación y dolor del ser no correspondido de excelente manera:

Esa constante necesidad de hablar que tiene el rechazado. Esa constante necesidad de hablar. El que rechaza nunca experimenta esa necesidad.

Ella debía saber mejor que nadie que el que abandona no siente dolor, el que abandona no necesita hablar porque para él no hay nada de qué hablar. El que abandona ha terminado. Ahí radica el gran dolor. Es la persona abandona la que siente la necesiundad de hablar sin parar en un intento de hacer ver al otro su error, de demostrarle que, si aprehendiera la verdadera naturaleza de las cosas, su elección sería distinta y la amaría a ella. Las palabras no pretenden –como sostiene el que quiere hablar- aclarar las cosas, sino convencer y persuadir.

Hablar no sirve para nada. No se dan respuestas sinceras, por respeto y consideración. Abandonamos y nos abandonan y no hay nada que discutir, pues, alejada la voluntad, no se pueden pedir responsabilidades. Aquello que se hace por misericordia vale poco si el otro abriga la esperanza de que se haga por amor.” (pág. 203)

Podría destacarse además la observación de Andersson a la explotación y la industria detrás de la angustia de los seres que son rechazados: música, películas, terapias, viajes, manuales, etc. . O también la irrupción de una persona que se asume como el reemplazo de uno y la fatalidad de esa sensación de desplazamiento. Cualidades de una novela que provocó un debate cuando se publicó en Suecia, hecho más que difícil y loable en estos tiempos, volviéndolo preciso para leer en estas fechas y repensar las relaciones amorosas en términos políticos y económicos.

(Texto publicado originalmente en el portal web "Punto y Coma")

Reseña: “your name. “

Título original: Kimi no Na wa..2016. Director: Maroto Shinkai.106 min.

“Ninguna tempestad tiene la fuerza suficiente para arrancar un nombre. Aquello que cargas te acompañará siempre, hará parte hasta de tu silencio. Fíjate en ti, fíjate en cuánto de lo que te constituye es eterno e inmortal.”


José Luís Peixoto


Más allá de haber desplazado a “El viaje de Chihiro” (H. Miyazaki, 2001) como la película de animación más taquillera en Japón, la cinta de Maroto Shinkai, disponible ahora en Netflix, permite descubrir nuevas vertientes del anime a través de una propuesta que se enfoca en el romanticismo de las relaciones adolescentes, llevado al límite.

Mitsuha es una joven que desea fervorosamente escapar del pueblo de Itomori, donde vive con su abuela y hermana, para ir a la cosmopolita Tokio. Inexplicablemente, un día despierta y es la mente de un chico, Taki, la que se encuentra en el cuerpo de Mitsuha. Con el trascurrir de los días, ambos se van dando cuenta que al dormir, intercambian de cuerpos, lo que no es un fenómeno tan nuevo como explicará la abuela de Mitsuha, más adelante. La tecnología ayudará a que ambos puedan sobrellevarlo, lo que a su vez dará lugar a situaciones hilarantes antes que el paso de un cometa quiebre dicha situación, añadiendo drama y suspenso a la historia de estos dos jóvenes.

Si hay un elemento que sobresale en esta película, es la virtuosa calidad de la animación de Shinkai, llena de luces y con una llamativa obsesión por el detalle y el realismo de los elementos del paisaje, sea este urbano o rural. Es así que podemos pasar de observar una festividad milenaria como es la ceremonia de la preparación del sake de los dioses (con un mensaje subliminal que señala la repetición de los ritos pero la pérdida del significado que estos tienen) a la agitada vida de la urbe, con sus trenes sincronizados, trabajos de medio tiempo y gadgets invadiendo todas las acciones. Shinkai toma tópicos narrativos tantas veces abordados como el contraste “ciudad/campo”, el intercambio de identidades, y el descubrimiento del amor de dos jóvenes a causar del destino, y les inyecta su sello personal, con una narrativa que es eficaz al capturar la atención del espectador con los muchos conflictos que se plantean de manera inicial, confusos y llamativos a la vez.

El vuelo romántico en el que se ven envuelto los personajes, si bien por momentos puede ser ridículo para algunos, me parece que aborda de buena manera los arrebatos juveniles y el desborde emocional propio de la edad. Shinkai tropieza más bien, al añadir otros elementos que no terminan de conjugarse adecuadamente con la propuesta central, como el conflicto paternal de Mitsuha, la evocación del desastre de Fukushima en la tragedia de la historia, y al dejar de lado los conflictos internos de Taki, a pesar que este sea el que cobre mayor relevancia durante el segundo tramo de la película en la que por momentos parece moverse casi por inercia. Detalles que sin embargo no opacan los logros de “your name.” y su enfoque en la problemática de una relación distanciada, más que por la geografía, por el tiempo y la batalla por recordar un nombre y la significancia detrás de ello. Emotiva.
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(Texto publicado originalmente en el portal web "Punto y Coma")

jueves, 25 de enero de 2018

Reseña: “El cielo es azul, la tierra blanca” de Hiromi Kawakami


Alfaguara, 2017.216 pp. S/.49

El subtítulo de esta novela la anuncia como una historia de amor y al ver la nacionalidad de su autora  uno, tal vez por prejuicio, espera una sensibilidad distinta a la que estamos acostumbrados los lectores occidentales. En las primeras páginas, encontramos una propuesta que quiere evocar muchas de las características que atribuimos a las narraciones japonesas: una atmósfera melancólica, seres ensimismados y aislados con un pasado a cuestas que se revelará en las páginas finales, y un choque constante entre las antiguas tradiciones y la irrupción de la modernidad. Lamentablemente, termina siendo solo una inacabada y fallida propuesta narrativa.

Tsukiko, la protagonista, es una mujer que bordea los cuarenta años, abocada totalmente al trabajo. Un día conoce al “maestro” (denominación que, inverosímilmente, utiliza en toda la novela para referirse a él) en una taberna. Este personaje, quien treinta años antes fue  su profesor en la universidad, septuagenario y extremadamente conservador, tiene los mismos aperitivos que ella, por lo que terminan congeniando pero manteniendo una distancia que los lleva a entablar diálogos cortos y forzados durante las primeras páginas. Kawakami al querer mostrar un personaje femenino independiente, la lleva a extremos que caen en lo caricaturesco y exagerado (como responder monosilábicamente “ya” a todo lo que se le pregunta), lo cual terminará pasándole factura al momento de darle un giro a la relación que entabla con el maestro, al que se le quiere impostar un pasado  que no termina generando ni intriga ni misterio. Kawakami añade un tercer personaje, Takashi Kojima, pero este termina siendo insustancial y con un rol inútil.

La narración se ve interrumpida de manera constante por construcciones literarias no logradas, como “La mayoría de los clientes escuchaba la radio con los cinco sentidos. “ (pág. 33), “Tenía el presentimiento de que si intentaba forzar la conversación, caería por un abismo bajo mis pies. “ (pág.71), “Los recién llegados se multiplican como brotes de una planta que florece en primavera.”(pág. 96) o inverosímiles como “Entre mordisco y mordisco, oía el goteo de las lágrimas que se estrellaban contra el fregadero de acero.” (pág. 75). Los diálogos son en su gran mayoría cursis y sosos, y por ratos resulta risible que para añadir dramatismo a escenas clave, como el de la apertura sentimental de un personaje, Kawakami añada truenos y una lluvia aparatosa.

A ello, se suma una descripción demasiado obvia, y ridícula por ratos,  de los estados emocionales de Tsukiko, como cuando afirma “Aún así, nunca había considerado a las demás personas de carne y hueso. No había caído en la cuenta de cada uno de ellos tenía su propia vida, llena de altibajos como la mía” (pág. 56), o “No nos separaba la edad ni tampoco el espacio, pero entre el maestro y yo había una distancia insalvable” (pág.109) o  los del maestro, quien dice cosas como “Mi esposa no era una persona de trato fácil, pero yo tampoco. Dicen que nunca falta un roto para un descosido. Es evidente que yo no era el roto ideal para su descosido. “(pág. 63)

Es por lo antes mencionado que opino que este libro,  tal vez no sea el más adecuado para comenzar a leer a Kawakami. O solo si se está buscando una lista de los muchos platillos que se pueden disfrutar en el lejano país oriental, que es lo que más abunda en esta errática novela.

(Texto publicado originalmente en el portal web "Punto y Coma")



lunes, 20 de noviembre de 2017

Reseña: Paterson- Cine, poesía y belleza

Estados Unidos-Francia-Alemania.2016. Duración: 118 min. Dirección y guión: Jim Jarmusch

Un solitario e inocuo chofer de bus de la ciudad de Paterson, Nueva Jersey, recorre el casco urbano de la ciudad sin sobresaltos. Ocho horas diarias, de lunes a viernes, sin cargar un celular. Rutina que se completa con visitas nocturnas al bar, los paseos a su bulldog y las cortas conversaciones con su pareja durante la cena y antes y después de dormir juntos. Paterson, como se llama también nuestro protagonista, solo lleva un cuaderno vacío que llena de rato en rato en rato. ¿Cómo asoma la poesía en ese contexto? ¿Puede hacerlo?

El personaje principal, interpretado de manera magistral por un Adam Driver de carácter impertérrito, no es el típico personaje que escribe pero  que más se esfuerza en parecer angustiado y condenado a un injusto castigo de la sociedad. No. Paterson contempla la ciudad buscando interiorizar cada detalle o sensación, para transformarla en verso.  En un primer momento, podemos concebirlo como un simple adulto que ha llegado a los treinta años con las etiquetas de “conformista” y “mediocre”. Y allí radica el  paradigma que Jarmusch busca derribar escena a escena: Paterson está a gusto con ese ritmo de vida, sin estresarse o consumirse por un molde externo. Y nuestra concepción de “éxito” del hombre actual se ve trastocada.  Su búsqueda vital no pasa por alguna acumulación material o física, sin que esto necesariamente lo lleve a sucumbir a un estado de ser renegado.  Solo quiere vivir las epifanías de los poetas, las de su admirado William Carlos Williams y disfrutar los momentos con los seres que le rodean como ir al cine o sonreír frente a las volátiles ocurrencias de su novia.

El silencio, uno de los componentes vitales de la cinta, solo se ve interrumpido por breves arrebatos de exaltación que no terminan siendo duraderos. Incluso son cercanos a lo humorístico. Ello mezclado con algunos detalles simbólicos como la constante aparición de gemelos o el uso de fósforos (chispa que irrumpe de la quietud para iluminarlo todo) le dan un tono de película asiática, específicamente japonesa, donde lo más sencillo puede convertirse en algo determinante y trascendental.

Hay dos escenas que resaltan en la película que sintetizan la propuesta de Jarmusch. La primera es la del encuentro con la niña que escribe poesía, mostrando dos caras de su creación: la capacidad innata para generar arte, frente a la persecución de lograr lo mismo pero con la sensación de no poder hacerlo acechando a cada instante por no saberse capaz con certeza. Un espejo que se busca evadir siempre pero que tarde o temprano hay que enfrentar. Y la segunda escena,casi al final, es la más fascinante y espléndida que he visto en el cine en mucho tiempo, capaz de mostrar en pocos minutos la intensidad emocional que supone caer, fracasar y luego ascender de nuevo. El proceso más humano de todos sin caer en clichés o superficialidades, cual poema de William Carlos Williams. Paterson es un grandioso homenaje al cine, la poesía y la belleza que puede lograrse a partir del cruce de estas.

(Texto publicado en el portal web "Punto y Coma")


MARY CYBULSKI / WINDOW FRAME FILMS



lunes, 6 de noviembre de 2017

Una foto antes de empezar a envejecer


          “Yo he tenido 20 años y no permito que nadie
venga a decirme que es la edad más hermosa”
                      Paul Nizan

Yo he tenido 24 años y no permito que nadie venga a decirme que es la edad más hermosa. Tener esta edad es jodido en muchos sentidos. Cualquier edad en verdad, pero hoy solo puedo escribir sobre esta.  Recuerdo claramente cuando escribí un texto parecido al que quiero lograr ahora,  cuando tenía 20 años. Había terminado de leer “El extranjero” de Camus y acababa de ver a la chica que solía gustarme con otro chico. Actualmente, no he terminado los 5 libros que comencé hace unas semanas, leí una novela más de Camus que no me atrapó del todo y no tengo  idea sobre qué pasa por la mente de la chica que me gusta.  Entre el 2013, que fue cuando se publicó ese texto, y el día de hoy, acabé dos carreras, perdí un abuelo, tuve dos relaciones sentimentales, me enamoré una vez, perdí la consciencia alcoholizado dos veces, viajé a cuatro regiones, hice una decena de cuentos, comencé una novela, publiqué un sinfín de reseñas, entrevisté y conocí escritores, cambié de trabajo tres veces,  hice amigos, hice amigas, perdí amigos, perdí amigas,  gané enemigos, subí de peso, bajé de peso, leí a Zambra, hice el curso del Banco Central, aprendí a bailar salsa, me volví fan de Los Prisioneros, sufrí, hice sufrir,  presenté autores en un par de ferias del libro, me peleé con mi abuela, me reconcilié con mi abuela, leí a Piglia, me volví fan de Radiohead, descubrí el cine de Miyazaki, leí 350 libros según Goodreads, me hice de mil más, aprendí a conducir, me volví fan de Led Zeppelin, viajé con mi padre, me volví más cercano a mi padre, leí a Barrientos,  hice tres poemas,  me insultaron y elogiaron en redes sociales,  me volví fan de The Smiths, lloré con personas al lado, me acerqué más a mi familia, dejé de leer cómics, leí a Fuguet, y escribí, seguí escribiendo.


En estos últimos meses, cuando converso con gente mayor y cercana a mí, la respuesta sigue un patrón común. Sí, los 25 años es la edad bisagra. De anhelos frustrados, de cambios radicales, de tropiezos y sueños rotos. Cuando dejas de ser considerado tan joven como para equivocarte con facilidad y adquieres la edad suficiente para fracasar con holgura. ¿Algo positivo? Difícil hallarlo sin confundirlo con un alegato de insustancial contenido motivacional. Los miedos y las inseguridades siguen, tal vez más sosegados, pero presentes. Tiene más dinero pero menos tiempo. Este te carcome, te limita, te aprisiona, juega contigo.  Demasiadas expectativas tuyas, de los demás. Las ganas de comerse al mundo se han reducido, pero no desvanecido del todo. Te cuesta más confiar en alguien. Ya no te dejas llevar así nomás. Te planteas más escenarios, decides con detenimiento. Eres más estratégico y frío por momentos.  Desechaste muchos de tus intereses, otros se quedaron. A veces te sientes como los personajes de “Bonsái”, de “Por favor rebobinar”, de “Fotos tuyas cuando empiezas a envejecer”. O te salvas o no te salvas.  Solo hay dos escenarios. Te sientes más cerca del primero, pero el riesgo está allí. Hay que jugársela, te dices, sino, ¿dónde está la gracia? Vendrán días eternos, días fugaces. Pones la mejilla.  Te deprimirás, llorarás, reirás. La consigna es sobrevivir y registrarlo. Dotar de significado a la experiencia como el epígrafe de “Respiración artificial”. No ahogarse entre tanto ruido y espejismo alienante. Ves a tus amigos y amigas cambiar en paralelo a ti. Algunos se perderán, otros lograrán salvarse. Lo normal es que ya conozcas a los mejores a esta edad. A los que permanecerán. Tal vez viajes y te sientas solo. Y tu mecanismo de defensa seguirá siendo el humor. Reírte de todo, de todos, de ti. Desacralizar de a pocos tanta solemnidad impuesta. Combatir ciertas imposiciones, ridiculizándolas, aterrizándolas, y desvaneciendo su poder. Es tu manera de ser subversivo; insuficiente, pero la única que tienes. Es lo que hay. Mañana te despertarás con 25 años. Seguirás siendo joven, te repites, pero un poco menos que ayer. Hay que sortear los abismos. Todo esto es una mudanza. Una constante mudanza. 

[Entrevista] Mariajosé Fernández-Plenge: "Una imagen es siempre subjetiva"





Mariajosé Fernández-Plenge siguió la carrera de Comunicación y Medios Audiovisuales en Lima pero siempre quizo hacer fotografía por lo que decidió aplicar al International Center of Photography (ICP).Trabajó allí como  Teaching Assistant hasta el día de hoy, que se muda a Madrid para llevar un curso de fotografía y psicología en el EFTI.

En Nueva York ha expuesto en el International Center of Photography y hace unas semanas inauguró su primera muestra individual "This is Not a Cushion" en SoAM (Brooklyn, NY). Fue parte este año del Bushwick Open Studios (22-24 de Septiembre), donde también fue seleccionada para la muestra colectiva "Seeking Space" en Beyond Studios. Pudimos conversar sobre todo ello en la siguiente entrevista.

Revisando tu biografía, un paso importante sin duda en tu trayectoria es tu estadía en el International Center of Photography(ICP). ¿Qué tan decisiva fue esta institución en tu vocación? ¿Qué nuevas perspectivas te permitió explorar?

© Mariajosé Fernández-Plenge. Parte de la serie Small Obsessions, 2016
Muy importante.  Siempre he querido hacer fotografía pero ICP fue muy importante para llegar a donde estoy ahora, y creo que lo será a futuro. Es una comunidad de la que agradezco mucho ser parte, un grupo de fotógrafos y artistas visuales que han sido un gran apoyo en muchos sentidos.
Hice el programa de Fotografía Documental y Fotoperiodismo y en el camino me fui dando cuenta que quería hacer otro tipo de trabajo: me interesaban las ideas más que las noticias. Busqué llevar cursos de otros programas que me dieran herramientas para crear algo diferente. Mi proyecto final, Small Obsessions, terminó siendo de fotografías de objetos, en formato grande (4x5) y a color. El proyecto busca explorar la línea tan delgada que existe entre pensar que estamos obsesionados con algo y tener una obsesión que se convierte una enfermedad diagnosticada (transtorno obsesivo compulsivo, ansiedad generalizada, anorexia, entre otros). Estaba documentando pero no encajaba con el perfil del fotoperiodismo clásico que se hacía en ICP.
Antes de empezar el programa documentaba la vida diaria, muy diferente a lo que terminé haciendo a final de año. Pasé de caminar en la calle con una cámara fotografiando lo que me era instintivo, a estar en un estudio armando un set de iluminación para fotografiar un objeto que no está en movimiento. El opuesto completo.

© Mariajosé Fernández-Plenge. Parte de la serie This is Not a Cushion, 2014
Veo que hay un interés tuyo por tomar elementos de otros campos, como la psicología. ¿Cómo se complementa ello con la fotografía? ¿Cómo impacta en tu proceso creativo?

Me interesa mucho la psicología pero creo que no había tomado consciencia de ello hasta hace dos años. Cuando estuve estudiando pasé por muchos temas antes de elegir el del proyecto final. La mayoría eran periodísticos y venían de alguna noticia que había leído o visto en televisión, pero sentía que no eran auténticos con lo que me interesaba. Finalmente me tocó ser sincera conmigo misma y pensar qué me interesa, y por qué. La respuesta inmediata fue la obsesión, porque creo que yo misma puedo ser una persona muy obsesiva.

Creo que no sólo impactó mi proceso creativo, sino que lo definió. Tuve una idea, investigué sobre el tema, y luego tuve que hacer una propuesta visual que fue lo más difícil. Cuando tuve claras las primeras imágenes fue una gran experiencia conversar con cada persona que formó parte del proyecto.Me acuerdo que cuando recién llegamos a clase el primer día, una profesora nos dijo que los estudiantes del programa de fotografía documental siempre quieren contar historias de otros pero que para eso hay que hablar primero de uno mismo. Tenía razón.

Inauguraste tu primera muestra individual hace poco, llamada, “This is Not a Cushion" en SoAM (Brooklyn, NY) sobre nuestra relación compleja con la memoria. ¿Cuál es tu percepción sobre nuestra capacidad de registrar e interiorizar una experiencia en esta era de la sobreinformación? ¿Llegaremos a estar agotados de memoria y escasos de experiencias?

© Mariajosé Fernández-Plenge. Parte de la serie Small Obsessions, 2016
This is Not a Cushion es un proyecto que hice en un viaje de tres meses, antes de mudarme a Nueva York. Habla sobre la memoria y la percepción. Sobre la memoria, porque son esas imágenes las que recuerdo de ese viaje, y no ya las experiencias en sí. Y sobre la percepción a partir de un estado mental-emocional porque estaba pasando por un momento difícil y como consecuencia el grupo de fotografías que definen esos meses tienen una estética en común: cielos nublados, personajes sin rostro, objetos que hablan. Son escenas de la vida cotidiana a las que decidí apuntar el lente de la cámara en ese momento y que ahora ya no puedo ver, pues ya no siento/pienso igual que en esa época. Es una exploración de cómo a partir de un estado específico vemos el mundo de una forma u otra.
Creo que la información y las imágenes no son memoria, sino más bien en algunos casos – cada vez menos - un instrumento para ayudarnos a recordar. Alguna vez he visto una foto en la que salía sonriendo y he podido recordar que en ese momento no era feliz: sonreí para la fotografía. Una imagen es siempre subjetiva.

Dicho esto, pienso que lo más delicioso es recordar sensaciones. Si una imagen nos ayuda a volver a sentir lo que en ese momento, esa es la que debemos guardar. Cada vez se hace más difícil acercarse al recuerdo pues  hay un esfuerzo constante por mostrar que somos felices, que nos va bien, que nos veíamos bien, que tuvimos logros, y ahí es cuando, creo yo, se pierde mucho.

Este 2017 se cumplieron cien años de la irrupción de Marcel Duchamp en la historia del arte contemporáneo y sus ready-made, haciendo inevitable  pensar en tu proyecto “Small Obsessions” y la relación entre objeto, industria y la experiencia artística. ¿Cómo se mezcla ello con la obsesión? ¿Cómo fue este proceso?
© Mariajosé Fernández-Plenge. Parte de la serie This is Not a Cushion, 2014
Es curioso que me hagas esta pregunta porque Duchamp es un artista que tengo muy presente pero que no tuve como referencia consciente para Small Obsessions. El proceso fue muy diferente, empezando con fotografías de los objetos en su contexto, y poco a poco aislándolos para llegar a una estética casi clínica, sobre ese fondo completamente blanco.

Al contrario de Duchamp no pensé en convertir un objeto en una obra de arte, y mis imágenes no buscan dar un carácter irónico al objeto, sino documentarlo: estas son las pastillas que esta persona toma todas las mañanas, esta es la pinza con la que esta otra hace sangrar sus manos. La cámara de formato grande busca darle peso al objeto, escrutinizar, documentar cada detalle con un negativo más grande como herramienta.

Creo que me es difícil contestar esta pregunta porque no pensé en el arte  cuando hacía este proyecto. Tenía un seminario de edición donde la mayoría de fotógrafos llevaban alrededor de 200 imágenes que había que reducir a la selección final que contara una historia, y yo llegaba a clase con diez negativos a color de objetos.

¿Qué nuevos intereses han surgido en tu búsqueda artística? ¿Qué nuevos retos esperas afrontar?

© Mariajosé Fernández-Plenge. Parte de la serie Small Obsessions, 2016
Este año estoy trabajando con procesos alternativos. Tengo un proyecto en el que sólo voy a usar cianotipos, aún estoy aterrizando en concepto y probando diferentes formatos. Requiere mucha paciencia porque es mi primer cuerpo de  trabajo con este proceso, y también – lo más difícil – es que tengo muchas expectativas.  Es muy diferente a lo que estuve haciendo antes.

Además, estoy trabajando una serie de autoretratos en foto digital y analógica. Para mí mostrarse siempre es mostrar mucho, y cuesta. Es algo que vengo haciendo hace ya dos años, es terapéutico y a la vez doloroso, creo que un aprendizaje constante.Aunque ambas propuestas son visualmente diferentes, lo esencial no cambia: mi trabajo juega con lo que parece ser, pero en realidad no es.

martes, 24 de octubre de 2017

Reseña:El castillo de Hayao


Título original: Howl no Ugoku Shiro.2004. Studio Ghibli.119 min.

         Podría llorar de alegría, dice Sophie, la protagonista de “El castillo ambulante”, y no se podría estar más de acuerdo. Las películas de Hayao Miyazaki se contemplan y admiran. Son de una belleza que sobrecoge, al punto que durante los créditos no somos pocos los que terminamos aplaudiendo mientras miramos las letras en japonés como un intento de homenajear y, sobre todo, agradecer a la distancia, espacial y temporal, a quienes hicieron posible ello.

        Y utilizo el verbo contemplar, pero debo añadir emocionar. Porque las películas de este genio japonés lo tocan y hace vibrar a uno. Pasan a formar parte de nuestra vida al punto que somos capaces de recordar, tiempo después, dónde, cómo y con quien las miramos. En qué momento de nuestra vida estábamos la primera, segunda o séptima vez que vimos “El viaje de Chihiro” o “La princesa Mononoke”. Configuran nuestra experiencia, desarmando la incapacidad de nuestros tiempos para poder inquietarnos de verdad. Nos vuelven vulnerables como niños, asombrándonos en todo momento.

         Anotaba lo anterior mentalmente mientras disfrutaba “El castillo ambulante” por primera vez en una sala de cine. Recuerdo la primera vez que la vi: sábado por la madrugada, un DVD, el televisor y la habitación vacía. Nadie más durante dos horas. No me da vergüenza decir que lloré ese día por todo lo que provocaba la película. Y pasaron los días y meses y cuando escuchaba de manera aleatoria algún fragmento de la banda sonora, volvía a sentir la grata presión en el pecho de la primera vez. Pero, aunque parezca una verdad de Perogrullo, nada como disfrutar una película en una sala de cine. Sentado en una butaca y absorto en la proyección al frente. La sensación de que ese es un momento único e irrepetible y que todas las acciones previas te llevaron a eso, y la música de Joe Hisaishi, compañero de mil batallas de Miyazaki que pasa a ser el soundtrack con el que acompañamos a los personajes en su viaje sentimental, sí, pero que se vuelve también tu melodía. Capaz de formar sonrisas y/o lágrimas al evocar el sonido de su piano.

        Nada vuelve a ser igual luego de ser partícipes del cine de Hayao. Paisajes increíbles, monstruos alucinantes, animación de primera, frases impactantes, personajes rebosantes de humanidad, inteligentes alegorías al feminismo y la conservación ambiental, la pureza del amor y la destrucción de la guerra, la magia y el dolor de la realidad, sociedades que se debaten entre las tradiciones y la irrupción de la modernidad, la alegría de estar vivo. Cada obra de Miyazaki significa vivir una experiencia auténtica en el sentido más genuino. Una composición que te recuerda la capacidad de los mejores films de hacerte sentir que fueron hechos para uno, mientras se disuelve el trascurrir del tiempo alrededor. Solo eres tú y el acceso a un mundo único e inigualable. La llave a un castillo fantástico que es la mente de uno de los más grandes artistas de todos los tiempos. Porque a pesar de no poder definir qué es el arte, podemos afirmar con seguridad que el cine de Miyazaki lo es. Vida en su máxima expresión.

(Texto publicado originalmente en el portal web "Punto y Coma")