"These days there’s so much paper to fill, or digital paper to fill, that whoever writes the first few things gets cut and pasted. Whoever gets their opinion in first has all that power". Thom Yorke

"Leer es cubrirse la cara, pensé. Leer es cubrirse la cara. Y escribir es mostrarla." Alejandro Zambra

"Ser joven no significa sólo tener pocos años, sino sentir más de la cuenta, sentir tanto que crees que vas a explotar."Alberto Fuguet

"Para impresionar a las chicas de los 70 tuve que leer a Freud, Althusser, Gramsci, Neruda y Carpentier antes de llegar a los 18. Para seducir a las chicas de los 70 me hice especialista en Borges, Tolstoi, Nietzsche y Mircea Elíade sin haber cumplido los 21. Menos mal que ninguna me hizo caso porque entonces hoy sería un ignorante". Fernando Iwasaki


jueves, 19 de abril de 2018

Un día glorioso: Radiohead en Lima



“En el momento en que las palabras intentan transcribir los hechos de la manera más estricta y directa posible, despojándose de toda noción de gramática, incluso entonces no hacen sino desviarse del acontecimiento”. La cita es de “Derrumbe” de Daniel Guebel,  libro que terminé horas antes del concierto y  de las que me apropio ahora porque durante las últimas horas me la he pasado pensando cómo escribir sobre un acontecimiento como el de anoche, sin encontrar la manera ideal. ¿Es posible al fin y al cabo? Una de tus bandas favoritas (o la favorita a secas) se para sobre el principal escenario de tu ciudad y lo hace vibrar por más de dos horas,  provocando euforia, éxtasis, lágrimas, sudor, gritos. Y uno no hace más que entregarse por completo y contagiarse.  Emocionarse porque por fin están en Lima y la pasión se desborda por todos lados. Por fin.

Ahí a pocos metros, luego de un entretenido Junun y una espectacular performance audiovisual de Fying Lotus,  Thom Yorke toma la batuta a las nueve en punto. El aire se percibe distinto, aplausos desordenados, miradas de impaciencia. El que tantas veces has visto en videos en Youtube, en Lollapalooza y Glastonbury,  está a pocos metros, ahora en carne y hueso. Y suenan las que sí o sí se sabían que iban a tocar. Daydreaming inicia el despegue y es Ful Stop a  la que se le encarga la tarea de comenzar  a separarte del suelo. 15 Step acelera el procedimiento que culmina con la actitud desinhibida de los pasos de baile de Yorke en  Myxomotosis. Descontrol y pausa. Es necesario. Las cosas se tranquilizan con All I need, la calma de Pyramid Song y el despertar de algún recodo de tristeza que tuvieras guardado con No Surprises. Las acciones se detienen allá arriba, Jonny Greenwood recibe la señal y tú adivinas: van a tocar Everything in its right place, le dices  o intentas decir, exaltado,  a tus amigos. Y tu mente empieza a viajar en un túnel con mil vibraciones alrededor, absorbiéndote.

Pausa otra vez.  Los a cuerpos a reposar, cuatro canciones necesarias mientras intentas almacenar mentalmente sus rostros y ubicaciones  sobre el estrado sin necesidad de una cámara, cuando aterriza Where I end and you begin y los ánimos se empiezan a elevar de nuevo. Street Spirit desentumece las gargantas, Weird Fishes / Arpeggi anuncia que el estallido está cerca y sí, esa es 2+2=5  guiando al estadio  a un estado de trance  en el que cualquier atisbo de letargo se desvanece mientras gritas a todo pulmón Payin' attention, Payin' attention y los cuerpos se mueven frenéticamente, chocando, saltando. Algo en tu interior dice que es inevitable el descenso, but it's not,but it's not porque las revoluciones  continúan y suena Bodysnatchers.I've seen it coming I've seen it coming coreas. Ya estamos completamente exaltados.  Encore 1 y  stop.

La figura de Greenwood ha ido creciendo. O es que ya lo estás notando. Su cercanía visual ayuda, claro, pero es su destreza con cada instrumento lo que explica la devoción. Y ya la nostalgia se apodera del Nacional otra vez porque han decidido tocar Fake Plastic Trees seguido de You& Whose Army, en la que la mirada de Yorke en la pantalla se apodera de la atención, controlando visualmente absolutamente todo los espacios.  Aparecen los tambores sobre el escenario, sabes que ya va a sonar There There, la sensación de suspenso que te prepara para el  clímax total. Explosión de guitarras y todos a una sola voz exhalando We aaaare accidents, waaaitiiiing….waaaaiitiiing toooo haaaapeen. No puedes más y por eso Exit music te permite recargar energías para luego dar paso al descontrol de tu cuerpo con The National Anthem. Movimientos rítmicamente desordenados y Ice age coming, ice age coming. Idioteque. Yorke centraliza, cautiva. ¿Qué está pasando? Yorke cruza miradas con Greenwood a los pocos minutos. Su máquina está fuera de control. This sometimes happens, dice, y es tan real el equívoco, tan vivo, que asimilas que sí, está pasando esto. This is happening. Más vivo que nunca. Stop y encore 2.

Solo tres meses te separan del nacimiento de esa banda que está al frente. En 1993 Radiohead lanza el Pablo Honey e inicia la cuenta regresiva para reconfigurar la escena musical álbum a álbum, canción a canción.  Todo lo que vendrá después los va a evocar inevitablemente. O´Brien se pone la camiseta de la selección, gesto que, aunque de agradecimiento, no ves necesario. Su sola presencia ya lo es. Porque tu vida ya está inevitablemente conectada a sus sonidos y letras. Composiciones espectaculares, música que te ha transformado.  Creep  solo es una mera estación de paso porque en breves segundos, ya está llegando, ya está llegando What's that? What's that?  Esa genialidad en cuatro partes llamada Paranoid Android retumba y el estadio se viene abajo. Alzas la mano y recibes esa montaña rusa de emociones. La despedida está cerca, eres consciente de ello. Karma Police va a marcar la despedida y no va haber más por ahora. You don't remember, You don't remember Pero la experiencia ya es tuya. Radiohead ha tocado en Perú por primera vez y uno ha estado ahí. It is the twenty first century in Lima. It is the twenty first century, finally.

(Crónica publicada en el portal web Punto y Coma)


domingo, 25 de marzo de 2018

Reseña: "Interruptus" de Leonardo Aguirre

Planeta, 2018.148 pp.

Tras dos años de haber publicado ese ready-made literario llamado “Asociación Ilícita”, cuyos logros iban más allá del chismorreo que destacaron muchas lecturas superficiales, Leonardo Aguirre(Lima, 1975) irrumpe de nuevo en el medio local con “Interruptus”, dispuesto a seguir dinamitando el statu quo de la literatura peruana, entrampada en la actualidad entre dos y tres temáticas demasiado manidas (con sus respectivas loas mutuas entre autores, en un pernicioso un círculo vicioso), y así proponer una nueva vía tanto estética como temática.

Desde las primeras páginas, el lector es avisado de la ininteligibilidad  de muchos pasajes de la lectura debido al uso de un lenguaje lumpen y vulgar,  lleno de jergas y jerigonzas, en lo que supone el desafío de vincular dicho ritmo con la sordidez de lo que se cuenta, con matices de humor provocados por los llamados “errores” en los que este narrador incurre por sus excesos o limitaciones, los cuales son detectados por la otra protagonista de “Interruptus”: la editora. Es ella quien, cual autoridad máxima, interrumpe las distintas historias del escritor incluso en los momentos más álgidos e interesantes, para corregir o contar anécdotas personales o del mundillo literario.

Dichos cortes que, en una primera lectura, pueden ser interpretados como meras intervenciones cómicas, con el trascurrir de la lectura terminan representando una parodia de un problema tan actual como lo es el exceso de la “corrección política”, fenómeno tan discutido en nuestros días con bandos cada vez más reconocibles, y cuyas argumentaciones a favor o en contra están conduciendo a una pregunta tan antigua como inacabada: ¿Cómo se lee una novela? Lo que bajo otra pluma podrían haber sido unas confesiones más de una vida llena de excesos e incluso delitos con un impacto temporal e intrascendente,  son en la de Aguirre un vehículo de confrontación y ataque al conservadurismo y el afán extraliterario  de no incomodar a nadie, a ningún colectivo; a la idea de una novela edulcorada donde no cabe la posibilidad de contenido racista, misógino u homofóbico, originadas por lecturas incapaces de separar la calidad de una obra de la biografía del autor, amparadas en débiles argumentaciones, o que se encuentran más interesadas en saber si lo que se contó fue real o no.

“Interruptus” se vuelve así una novela de desvío y escape; una de manera lúdica de evadir los parámetros con los que se están leyendo las novelas hoy en día. Como ya es un sello en la literatura de Aguirre, el presente es un texto con muchas capas de lecturas y posibles interpretaciones, lo que podría no resultar tan confortable para un lector acostumbrado a las historias lineales, pero que en compensación recibe la posibilidad de reflexionar en torno a la confrontación de los discursos manifestados en las voces de los dos personajes centrales. El desafío está en sus manos, estimado lector.

(Texto publicado en el portal web "Punto y Coma")

miércoles, 21 de febrero de 2018

Reseña: “Primera persona” de Margarita García Robayo

Pesopluma, 2017. 156 pp. S/.35

Carolina Sanín acierta en su prólogo al resaltar la importancia de la pregunta “¿Estoy bien” (pág. 155) que se hace la narradora en la última página de este libro. Si hay algo que une este conjunto de siete narraciones autobiográficas de la escritora colombiana Margarita García Robayo (Cartagena, 1980) es la constante interpelación a sí misma mientras explora y hurga en sus recuerdos. ¿Estás bien si no encajas? ¿Estás bien ahora? No habrá respuesta certera pero sí molestia, nostalgia, disgusto o restos de alguna ilusión. Y claro, la posibilidad de hacer literatura con todo lo que sobrevivió.

El primer recuerdo es molesto” (pág. 21) es la afirmación inicial del primer relato y una señal de lo que cuesta deshilvanar uno a uno las recuerdo menos agradables, los que hincan y hieren.  García Robayo no escribe para quedar bien con los que la leerán.  Sabe que expresarse en un texto autobiográfico implica revivir experiencias que dolieron y traumatizaron, o que no se pudieron comprender del todo en su momento teniendo que esperar el paso de los años para atisbar algún tipo de respuesta satisfactoria, hallar la manera de ir aceptándose, incluso como “alguien con tendencia a la desdicha” (pág. 23), y así poder construir una individualidad con los “pequeños secretos de uno mismo” (pág. 57)

“Primera persona” resalta entre tantas publicaciones latinoamericanas de similar propuesta, porque no apela al morbo o a revelaciones que se refugian en lo tremendista pero no en lo significativo de ciertas experiencias. Si García Robayo decide escribir sobre sus miedos al mar y a lograr una buena madre primeriza,  o su atracción por los hombres mayores o sobre el complicadísimo vínculo que tiene con su madre, es para cuestionar el concepto que la mayoría supone de normalidad y el rechazo que sobreviene cuando no te alineas a ello desde distintas facetas como mujer: madre, adolescente, hija, amiga, novia o caribeña.


¿Cómo se responde a la represión, al rechazo? En relatos como “Educación sexual” o “Leche”, vemos cómo muchas de las paranoias individuales que sufre la narradora son consecuencias directas de factores sociales como el machismo, el chisme o convenciones sociales ultraconservadoras. Comportamientos colectivos espeluznantes que al verlos o padecerlos a diario terminan pasando desapercibidos, hasta que le tocan a uno o a alguien cercano. Ello se siente por ejemplo, cuando se lee sobre la violación de una alumna del colegio de García Robayo, en una fiesta de quince.  A los días aparecen los padres en la dirección del colegio que ha determinado la expulsión de la chica con un sobre que contiene los nombres y apellidos de los violadores. “Todo el mundo sabe lo que va a pasar”, dice Karina, una amiga. Y lo que pasa es lo usual: nada.  Ellos, los culpables, terminarán desapareciendo un tiempo, para luego volver y ocupar el lugar de sus padres, y así cumplir con la perpetuación del círculo. ¿Hay manera de escapar, de crecer? se cuestiona la narradora a sus quince años y a lo que responde de manera sombría mas no sorpresiva: “Vi como un chispazo de futuro. Un futuro que se entrevía, chato inocuo y oscuro. Quise imaginarnos distintas, transformadas en otra cosa. Ateas. Ninfómanas. Lesbianas. Adúlteras. Salvajes. Lúcidas. No lo conseguí” (pág. 153) ¿Son los únicos culpables o lo somos todos? Las heridas individuales se acumulan y forman las enfermedades de nuestras sociedades, es la idea que emana luego de atender la singular voz de García Robayo en este mapa emocional. ¿Estás bien?

(Texto publicado originalmente en el portal web "Punto y Coma")

Reseña: "Este es el mar" de Mariana Enriquez

Literatura Random House, 2016. 125 pp. S/.59

Durante la última ceremonia de entrega de los premios Grammy hubo un hecho que no pasó desapercibido para muchos: ninguna de las categorías vinculadas al rock fue premiada durante la transmisión del evento, teniendo que compartir lugar con los premios menos notorios. Lo que podría considerarse una afrenta a todo un género musical, no es más que un síntoma más de su lugar cada vez más reducido en el mercado global. Durante los últimos años, ha cedido en ventas frente al pop o el hip-hop, perdiendo su hegemonía entre los jóvenes de las nuevas generaciones. Enríquez (Buenos Aires, 1979) consciente de este contexto, nos traslada mediante la ficción a una etapa cuando el rock era aún capaz de generar pasiones y devociones, con una intensidad capaz de llevar a locura o la mismísima muerte, mediante la historia de James, destinado a convertirse en su último vestigio:


“Los tiempos se aceleran. Hay aburrimiento. James es el último. ¿La era del rock? Así le dirían ellos. Nosotras no usamos esos nombres, solamente reconocemos los cambios.” (Pág. 23)


En la presente nouvelle, hay tres nítidas personalidades sobre las que gira la trama. En primer lugar, la estrella de rock. Seres frágiles, vulnerables y expuestos constantemente a la posibilidad de extinguirse fugazmente si llegan a perder el fervor absoluto de sus fans, quienes con su entrega total dan vida a una relación rabiosa, juvenil y llena de energía. Es en el medio de esta relación que Enríquez, posiciona al ‘Enjambre’ y ‘Las Luminosas’, seres eternos que, en una clara evocación de los mitos griegos, dedican su inmortalidad a mantener vigente esta religiosidad. Helena, es la encargada de acompañar a James en su tránsito a convertirse en leyenda, tarea que además le proporcionará a ella la posibilidad de acceder a un nivel de vida que ha anhelado desde siempre. Para ello, no tendrá reparos en provocar el sacrificio de una joven o ataques en el cuerpo de James para lograr su mitificación, misión en la que tiene éxito hasta que se topa con el límite más humano posible: el deseo amoroso.

Los últimos años se han caracterizado por la digitalización, la aceleración y la disolución del sentido de la experiencia, fenómenos que provocaron cambios radicales en el mundo musical. Desde las plataformas de reproducción hasta la justificación de un estrellato. No es casualidad que un detalle importante de la fama de James, y que se destaca en muchos pasajes, es el consenso sobre su nula calidad musical. Es capaz de volver histéricas a un buen número de fanáticas con canciones horribles, piensa Helena constantemente, la Luminosa encargada de volverlo Leyenda a pesar de ese detalle en lo que obviamente es un señalamiento a la banalización progresiva de un arte al que la industria a la que responde, exige un sinfín de requisitos menos uno que debería ser el principal: la música misma. Una que sea capaz de trastocar los espíritus de sus oyentes de forma profunda. La instantaneidad es el enemigo en esta novela, al que todos quieren enfrentar, ya sea mediante la inmortalidad corporal en el mundo en el caso de los seres fantásticos, o través de la persistencia del mito en el caso de las Estrellas del rock, como Lennon, Presley, Morrison, Vicious o Cobain.

Y si hay un mito, hay una tragedia detrás. El deseo amoroso que mencioné anteriormente provoca que Helena conozca el doloroso pasado de James y la relación nefasta que tiene este con su madre debido a los eventos sórdidos de su pasado en un sector de Los Ángeles donde conviven la pobreza, el desahucio y el abandono. La humanización de un dios o un semidiós empieza por la compasión, sentimiento que en este caso, se confronta con el sentido del deber ancestral y la persistencia de una comunidad unida por la intolerancia de la que ha sido víctima y la huida constante que ello provoca. Y digo semidiós, pero podría decir monstruo, lo cual remitiría, por supuesto, al clásico Frankenstein, o el moderno Prometeo de Mary Shelley (de cuya aparición se cumplen 200 años), en el que al igual que Helena, es la imposibilidad de ser aceptado como humano lo que desencadena los cuestionamientos internos sobre su papel y función en el mundo. La figura del monstruo que nace a partir del rechazo de los demás.

Enríquez convierte la nostalgia por una era en una breve y notable ficción en el que los elementos fantásticos, al igual que en sus dos notables conjuntos de relatos anteriores, son un vehículo para narrarnos una atrapante historia que permite vislumbrar nuestras obsesiones colectivas, paranoias sociales y sobre todo, el miedo por uno de nuestros mayores enemigos: el paso del tiempo.

(Texto publicado originalmente en la revista panhispánica "Vísperas")

martes, 13 de febrero de 2018

Reseña: “Apropiación indebida. Una novela sobre el amor” de Lena Andersson



Traducción del sueco de Martín Lexell y Elda García-Posada. Alfaguara. 2015. 208pp. S/.80

Hay historias de amor para todos los gustos. Así que el hecho de que esta novela diga en su subtítulo que va “sobre el amor” no debería parecer sorprendente de manera alguna. A menos que nos fijemos bien. Dice “sobre” y no “de”, detalle crucial para leerla, pues esta apunta más que a la esfera romántica y el drama subyacente a ella, a la destrucción progresiva y dolorosa de este sentimiento. O a la percepción que este nunca existió de la forma que se creía.

Lena Andersson (Estocolmo, 1970) disecciona el proceso del enamoramiento y sus distintas previas y posteriores, agudizando su mirada a las ramificaciones obsesivas en las que naufragará su protagonista., Ester Nilsson, ensayista de poco más de treinta años que al inicio de esta novela mantiene una relación satisfactoria en lo físico y mental, pero sin apasionamiento. Esta recibirá una llamada para brindar una conferencia sobre Hugo Rask, artista de renombre, sin sospechar que será el detonante para el nuevo rumbo que tomará su vida, y sucediendo lo previsible: se acuestan, Ester se enamora (u obsesiona) con Risk de forma total, abarcando todo lo que hará y pensará en los siguientes meses, experimentando y sucumbiendo por primera vez a una fuerza devastadora. Pero como ya mencioné, la novela va “sobre el amor”. Cualquier expectativa del lector por ver un emparejamiento ideal se diluye cuando Risk decide no involucrarse en esta incipiente relación, elevando su asimetría natural, lo que no favorecerá las expectativas que Ester se ha generado.

“Cuando se ama y el amor es correspondido, el cuerpo se siente liviano. Cuando sucede lo contrario, un kilo puede llegar a pesar tres.” (pág. 64). Los cambios físicos y mentales por los que pasará Ester no son para nada delicados. Andersson, como sus pares suecos especializados en la novela negra, es implacable con sus personajes y la avalancha de emociones que estos tendrán que soportar, además de entender el contexto social y sus efectos en las relaciones de los individuos que forman parte de sus colectivos. Sospecho que parte de este enfoque se nutre de la faceta de Andersson como analista política. En “Apropiación indebida” se entiende que el amor no se puede pensar alejado ajeno a la economización de las relaciones, sus términos y dinámicas de poder:

“El equilibrio de poder queda trastocado por la nueva indiferencia, que despierta también el miedo a parecer ridículo y simple ante la mirada del antiguo amante.” (pág. 141)

La esperanza del ser rechazado lo vuelve susceptible a ser concebido como “propiedad” del otro, al persistir en la entrega total; algo ilógico frente a la mirada de terceros. Ese es el momento donde empieza la toxicidad y la el vicio del vínculo, por la no comprensión de que “ser amado no es un derecho” (pág. 181) y se caiga en una tozuda negación constante. La obsesión se vuelve un estado enfermizo al punto de no conocer límites (potenciado en la actualidad por las nuevas tecnologías y redes virtuales).

Andersson critica la simplificación al momento de juzgar este tipo de comportamiento, sin tener complacencia alguna. Incluso cuando tiene que mostrar la desesperación y dolor del ser no correspondido de excelente manera:

Esa constante necesidad de hablar que tiene el rechazado. Esa constante necesidad de hablar. El que rechaza nunca experimenta esa necesidad.

Ella debía saber mejor que nadie que el que abandona no siente dolor, el que abandona no necesita hablar porque para él no hay nada de qué hablar. El que abandona ha terminado. Ahí radica el gran dolor. Es la persona abandona la que siente la necesiundad de hablar sin parar en un intento de hacer ver al otro su error, de demostrarle que, si aprehendiera la verdadera naturaleza de las cosas, su elección sería distinta y la amaría a ella. Las palabras no pretenden –como sostiene el que quiere hablar- aclarar las cosas, sino convencer y persuadir.

Hablar no sirve para nada. No se dan respuestas sinceras, por respeto y consideración. Abandonamos y nos abandonan y no hay nada que discutir, pues, alejada la voluntad, no se pueden pedir responsabilidades. Aquello que se hace por misericordia vale poco si el otro abriga la esperanza de que se haga por amor.” (pág. 203)

Podría destacarse además la observación de Andersson a la explotación y la industria detrás de la angustia de los seres que son rechazados: música, películas, terapias, viajes, manuales, etc. . O también la irrupción de una persona que se asume como el reemplazo de uno y la fatalidad de esa sensación de desplazamiento. Cualidades de una novela que provocó un debate cuando se publicó en Suecia, hecho más que difícil y loable en estos tiempos, volviéndolo preciso para leer en estas fechas y repensar las relaciones amorosas en términos políticos y económicos.

(Texto publicado originalmente en el portal web "Punto y Coma")

Reseña: “your name. “

Título original: Kimi no Na wa..2016. Director: Maroto Shinkai.106 min.

“Ninguna tempestad tiene la fuerza suficiente para arrancar un nombre. Aquello que cargas te acompañará siempre, hará parte hasta de tu silencio. Fíjate en ti, fíjate en cuánto de lo que te constituye es eterno e inmortal.”


José Luís Peixoto


Más allá de haber desplazado a “El viaje de Chihiro” (H. Miyazaki, 2001) como la película de animación más taquillera en Japón, la cinta de Maroto Shinkai, disponible ahora en Netflix, permite descubrir nuevas vertientes del anime a través de una propuesta que se enfoca en el romanticismo de las relaciones adolescentes, llevado al límite.

Mitsuha es una joven que desea fervorosamente escapar del pueblo de Itomori, donde vive con su abuela y hermana, para ir a la cosmopolita Tokio. Inexplicablemente, un día despierta y es la mente de un chico, Taki, la que se encuentra en el cuerpo de Mitsuha. Con el trascurrir de los días, ambos se van dando cuenta que al dormir, intercambian de cuerpos, lo que no es un fenómeno tan nuevo como explicará la abuela de Mitsuha, más adelante. La tecnología ayudará a que ambos puedan sobrellevarlo, lo que a su vez dará lugar a situaciones hilarantes antes que el paso de un cometa quiebre dicha situación, añadiendo drama y suspenso a la historia de estos dos jóvenes.

Si hay un elemento que sobresale en esta película, es la virtuosa calidad de la animación de Shinkai, llena de luces y con una llamativa obsesión por el detalle y el realismo de los elementos del paisaje, sea este urbano o rural. Es así que podemos pasar de observar una festividad milenaria como es la ceremonia de la preparación del sake de los dioses (con un mensaje subliminal que señala la repetición de los ritos pero la pérdida del significado que estos tienen) a la agitada vida de la urbe, con sus trenes sincronizados, trabajos de medio tiempo y gadgets invadiendo todas las acciones. Shinkai toma tópicos narrativos tantas veces abordados como el contraste “ciudad/campo”, el intercambio de identidades, y el descubrimiento del amor de dos jóvenes a causar del destino, y les inyecta su sello personal, con una narrativa que es eficaz al capturar la atención del espectador con los muchos conflictos que se plantean de manera inicial, confusos y llamativos a la vez.

El vuelo romántico en el que se ven envuelto los personajes, si bien por momentos puede ser ridículo para algunos, me parece que aborda de buena manera los arrebatos juveniles y el desborde emocional propio de la edad. Shinkai tropieza más bien, al añadir otros elementos que no terminan de conjugarse adecuadamente con la propuesta central, como el conflicto paternal de Mitsuha, la evocación del desastre de Fukushima en la tragedia de la historia, y al dejar de lado los conflictos internos de Taki, a pesar que este sea el que cobre mayor relevancia durante el segundo tramo de la película en la que por momentos parece moverse casi por inercia. Detalles que sin embargo no opacan los logros de “your name.” y su enfoque en la problemática de una relación distanciada, más que por la geografía, por el tiempo y la batalla por recordar un nombre y la significancia detrás de ello. Emotiva.
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(Texto publicado originalmente en el portal web "Punto y Coma")

jueves, 25 de enero de 2018

Reseña: “El cielo es azul, la tierra blanca” de Hiromi Kawakami


Alfaguara, 2017.216 pp. S/.49

El subtítulo de esta novela la anuncia como una historia de amor y al ver la nacionalidad de su autora  uno, tal vez por prejuicio, espera una sensibilidad distinta a la que estamos acostumbrados los lectores occidentales. En las primeras páginas, encontramos una propuesta que quiere evocar muchas de las características que atribuimos a las narraciones japonesas: una atmósfera melancólica, seres ensimismados y aislados con un pasado a cuestas que se revelará en las páginas finales, y un choque constante entre las antiguas tradiciones y la irrupción de la modernidad. Lamentablemente, termina siendo solo una inacabada y fallida propuesta narrativa.

Tsukiko, la protagonista, es una mujer que bordea los cuarenta años, abocada totalmente al trabajo. Un día conoce al “maestro” (denominación que, inverosímilmente, utiliza en toda la novela para referirse a él) en una taberna. Este personaje, quien treinta años antes fue  su profesor en la universidad, septuagenario y extremadamente conservador, tiene los mismos aperitivos que ella, por lo que terminan congeniando pero manteniendo una distancia que los lleva a entablar diálogos cortos y forzados durante las primeras páginas. Kawakami al querer mostrar un personaje femenino independiente, la lleva a extremos que caen en lo caricaturesco y exagerado (como responder monosilábicamente “ya” a todo lo que se le pregunta), lo cual terminará pasándole factura al momento de darle un giro a la relación que entabla con el maestro, al que se le quiere impostar un pasado  que no termina generando ni intriga ni misterio. Kawakami añade un tercer personaje, Takashi Kojima, pero este termina siendo insustancial y con un rol inútil.

La narración se ve interrumpida de manera constante por construcciones literarias no logradas, como “La mayoría de los clientes escuchaba la radio con los cinco sentidos. “ (pág. 33), “Tenía el presentimiento de que si intentaba forzar la conversación, caería por un abismo bajo mis pies. “ (pág.71), “Los recién llegados se multiplican como brotes de una planta que florece en primavera.”(pág. 96) o inverosímiles como “Entre mordisco y mordisco, oía el goteo de las lágrimas que se estrellaban contra el fregadero de acero.” (pág. 75). Los diálogos son en su gran mayoría cursis y sosos, y por ratos resulta risible que para añadir dramatismo a escenas clave, como el de la apertura sentimental de un personaje, Kawakami añada truenos y una lluvia aparatosa.

A ello, se suma una descripción demasiado obvia, y ridícula por ratos,  de los estados emocionales de Tsukiko, como cuando afirma “Aún así, nunca había considerado a las demás personas de carne y hueso. No había caído en la cuenta de cada uno de ellos tenía su propia vida, llena de altibajos como la mía” (pág. 56), o “No nos separaba la edad ni tampoco el espacio, pero entre el maestro y yo había una distancia insalvable” (pág.109) o  los del maestro, quien dice cosas como “Mi esposa no era una persona de trato fácil, pero yo tampoco. Dicen que nunca falta un roto para un descosido. Es evidente que yo no era el roto ideal para su descosido. “(pág. 63)

Es por lo antes mencionado que opino que este libro,  tal vez no sea el más adecuado para comenzar a leer a Kawakami. O solo si se está buscando una lista de los muchos platillos que se pueden disfrutar en el lejano país oriental, que es lo que más abunda en esta errática novela.

(Texto publicado originalmente en el portal web "Punto y Coma")