"These days there’s so much paper to fill, or digital paper to fill, that whoever writes the first few things gets cut and pasted. Whoever gets their opinion in first has all that power". Thom Yorke

"Leer es cubrirse la cara, pensé. Leer es cubrirse la cara. Y escribir es mostrarla." Alejandro Zambra

"Ser joven no significa sólo tener pocos años, sino sentir más de la cuenta, sentir tanto que crees que vas a explotar."Alberto Fuguet

"Para impresionar a las chicas de los 70 tuve que leer a Freud, Althusser, Gramsci, Neruda y Carpentier antes de llegar a los 18. Para seducir a las chicas de los 70 me hice especialista en Borges, Tolstoi, Nietzsche y Mircea Elíade sin haber cumplido los 21. Menos mal que ninguna me hizo caso porque entonces hoy sería un ignorante". Fernando Iwasaki


lunes, 6 de noviembre de 2017

Una foto antes de empezar a envejecer


          “Yo he tenido 20 años y no permito que nadie
venga a decirme que es la edad más hermosa”
                      Paul Nizan

Yo he tenido 24 años y no permito que nadie venga a decirme que es la edad más hermosa. Tener esta edad es jodido en muchos sentidos. Cualquier edad en verdad, pero hoy solo puedo escribir sobre esta.  Recuerdo claramente cuando escribí un texto parecido al que quiero lograr ahora,  cuando tenía 20 años. Había terminado de leer “El extranjero” de Camus y acababa de ver a la chica que solía gustarme con otro chico. Actualmente, no he terminado los 5 libros que comencé hace unas semanas, leí una novela más de Camus que no me atrapó del todo y no tengo  idea sobre qué pasa por la mente de la chica que me gusta.  Entre el 2013, que fue cuando se publicó ese texto, y el día de hoy, acabé dos carreras, perdí un abuelo, tuve dos relaciones sentimentales, me enamoré una vez, perdí la consciencia alcoholizado dos veces, viajé a cuatro regiones, hice una decena de cuentos, comencé una novela, publiqué un sinfín de reseñas, entrevisté y conocí escritores, cambié de trabajo tres veces,  hice amigos, hice amigas, perdí amigos, perdí amigas,  gané enemigos, subí de peso, bajé de peso, leí a Zambra, hice el curso del Banco Central, aprendí a bailar salsa, me volví fan de Los Prisioneros, sufrí, hice sufrir,  presenté autores en un par de ferias del libro, me peleé con mi abuela, me reconcilié con mi abuela, leí a Piglia, me volví fan de Radiohead, descubrí el cine de Miyazaki, leí 350 libros según Goodreads, me hice de mil más, aprendí a conducir, me volví fan de Led Zeppelin, viajé con mi padre, me volví más cercano a mi padre, leí a Barrientos,  hice tres poemas,  me insultaron y elogiaron en redes sociales,  me volví fan de The Smiths, lloré con personas al lado, me acerqué más a mi familia, dejé de leer cómics, leí a Fuguet, y escribí, seguí escribiendo.


En estos últimos meses, cuando converso con gente mayor y cercana a mí, la respuesta sigue un patrón común. Sí, los 25 años es la edad bisagra. De anhelos frustrados, de cambios radicales, de tropiezos y sueños rotos. Cuando dejas de ser considerado tan joven como para equivocarte con facilidad y adquieres la edad suficiente para fracasar con holgura. ¿Algo positivo? Difícil hallarlo sin confundirlo con un alegato de insustancial contenido motivacional. Los miedos y las inseguridades siguen, tal vez más sosegados, pero presentes. Tiene más dinero pero menos tiempo. Este te carcome, te limita, te aprisiona, juega contigo.  Demasiadas expectativas tuyas, de los demás. Las ganas de comerse al mundo se han reducido, pero no desvanecido del todo. Te cuesta más confiar en alguien. Ya no te dejas llevar así nomás. Te planteas más escenarios, decides con detenimiento. Eres más estratégico y frío por momentos.  Desechaste muchos de tus intereses, otros se quedaron. A veces te sientes como los personajes de “Bonsái”, de “Por favor rebobinar”, de “Fotos tuyas cuando empiezas a envejecer”. O te salvas o no te salvas.  Solo hay dos escenarios. Te sientes más cerca del primero, pero el riesgo está allí. Hay que jugársela, te dices, sino, ¿dónde está la gracia? Vendrán días eternos, días fugaces. Pones la mejilla.  Te deprimirás, llorarás, reirás. La consigna es sobrevivir y registrarlo. Dotar de significado a la experiencia como el epígrafe de “Respiración artificial”. No ahogarse entre tanto ruido y espejismo alienante. Ves a tus amigos y amigas cambiar en paralelo a ti. Algunos se perderán, otros lograrán salvarse. Lo normal es que ya conozcas a los mejores a esta edad. A los que permanecerán. Tal vez viajes y te sientas solo. Y tu mecanismo de defensa seguirá siendo el humor. Reírte de todo, de todos, de ti. Desacralizar de a pocos tanta solemnidad impuesta. Combatir ciertas imposiciones, ridiculizándolas, aterrizándolas, y desvaneciendo su poder. Es tu manera de ser subversivo; insuficiente, pero la única que tienes. Es lo que hay. Mañana te despertarás con 25 años. Seguirás siendo joven, te repites, pero un poco menos que ayer. Hay que sortear los abismos. Todo esto es una mudanza. Una constante mudanza. 

[Entrevista] Mariajosé Fernández-Plenge: "Una imagen es siempre subjetiva"





Mariajosé Fernández-Plenge siguió la carrera de Comunicación y Medios Audiovisuales en Lima pero siempre quizo hacer fotografía por lo que decidió aplicar al International Center of Photography (ICP).Trabajó allí como  Teaching Assistant hasta el día de hoy, que se muda a Madrid para llevar un curso de fotografía y psicología en el EFTI.

En Nueva York ha expuesto en el International Center of Photography y hace unas semanas inauguró su primera muestra individual "This is Not a Cushion" en SoAM (Brooklyn, NY). Fue parte este año del Bushwick Open Studios (22-24 de Septiembre), donde también fue seleccionada para la muestra colectiva "Seeking Space" en Beyond Studios. Pudimos conversar sobre todo ello en la siguiente entrevista.

Revisando tu biografía, un paso importante sin duda en tu trayectoria es tu estadía en el International Center of Photography(ICP). ¿Qué tan decisiva fue esta institución en tu vocación? ¿Qué nuevas perspectivas te permitió explorar?

© Mariajosé Fernández-Plenge. Parte de la serie Small Obsessions, 2016
Muy importante.  Siempre he querido hacer fotografía pero ICP fue muy importante para llegar a donde estoy ahora, y creo que lo será a futuro. Es una comunidad de la que agradezco mucho ser parte, un grupo de fotógrafos y artistas visuales que han sido un gran apoyo en muchos sentidos.
Hice el programa de Fotografía Documental y Fotoperiodismo y en el camino me fui dando cuenta que quería hacer otro tipo de trabajo: me interesaban las ideas más que las noticias. Busqué llevar cursos de otros programas que me dieran herramientas para crear algo diferente. Mi proyecto final, Small Obsessions, terminó siendo de fotografías de objetos, en formato grande (4x5) y a color. El proyecto busca explorar la línea tan delgada que existe entre pensar que estamos obsesionados con algo y tener una obsesión que se convierte una enfermedad diagnosticada (transtorno obsesivo compulsivo, ansiedad generalizada, anorexia, entre otros). Estaba documentando pero no encajaba con el perfil del fotoperiodismo clásico que se hacía en ICP.
Antes de empezar el programa documentaba la vida diaria, muy diferente a lo que terminé haciendo a final de año. Pasé de caminar en la calle con una cámara fotografiando lo que me era instintivo, a estar en un estudio armando un set de iluminación para fotografiar un objeto que no está en movimiento. El opuesto completo.

© Mariajosé Fernández-Plenge. Parte de la serie This is Not a Cushion, 2014
Veo que hay un interés tuyo por tomar elementos de otros campos, como la psicología. ¿Cómo se complementa ello con la fotografía? ¿Cómo impacta en tu proceso creativo?

Me interesa mucho la psicología pero creo que no había tomado consciencia de ello hasta hace dos años. Cuando estuve estudiando pasé por muchos temas antes de elegir el del proyecto final. La mayoría eran periodísticos y venían de alguna noticia que había leído o visto en televisión, pero sentía que no eran auténticos con lo que me interesaba. Finalmente me tocó ser sincera conmigo misma y pensar qué me interesa, y por qué. La respuesta inmediata fue la obsesión, porque creo que yo misma puedo ser una persona muy obsesiva.

Creo que no sólo impactó mi proceso creativo, sino que lo definió. Tuve una idea, investigué sobre el tema, y luego tuve que hacer una propuesta visual que fue lo más difícil. Cuando tuve claras las primeras imágenes fue una gran experiencia conversar con cada persona que formó parte del proyecto.Me acuerdo que cuando recién llegamos a clase el primer día, una profesora nos dijo que los estudiantes del programa de fotografía documental siempre quieren contar historias de otros pero que para eso hay que hablar primero de uno mismo. Tenía razón.

Inauguraste tu primera muestra individual hace poco, llamada, “This is Not a Cushion" en SoAM (Brooklyn, NY) sobre nuestra relación compleja con la memoria. ¿Cuál es tu percepción sobre nuestra capacidad de registrar e interiorizar una experiencia en esta era de la sobreinformación? ¿Llegaremos a estar agotados de memoria y escasos de experiencias?

© Mariajosé Fernández-Plenge. Parte de la serie Small Obsessions, 2016
This is Not a Cushion es un proyecto que hice en un viaje de tres meses, antes de mudarme a Nueva York. Habla sobre la memoria y la percepción. Sobre la memoria, porque son esas imágenes las que recuerdo de ese viaje, y no ya las experiencias en sí. Y sobre la percepción a partir de un estado mental-emocional porque estaba pasando por un momento difícil y como consecuencia el grupo de fotografías que definen esos meses tienen una estética en común: cielos nublados, personajes sin rostro, objetos que hablan. Son escenas de la vida cotidiana a las que decidí apuntar el lente de la cámara en ese momento y que ahora ya no puedo ver, pues ya no siento/pienso igual que en esa época. Es una exploración de cómo a partir de un estado específico vemos el mundo de una forma u otra.
Creo que la información y las imágenes no son memoria, sino más bien en algunos casos – cada vez menos - un instrumento para ayudarnos a recordar. Alguna vez he visto una foto en la que salía sonriendo y he podido recordar que en ese momento no era feliz: sonreí para la fotografía. Una imagen es siempre subjetiva.

Dicho esto, pienso que lo más delicioso es recordar sensaciones. Si una imagen nos ayuda a volver a sentir lo que en ese momento, esa es la que debemos guardar. Cada vez se hace más difícil acercarse al recuerdo pues  hay un esfuerzo constante por mostrar que somos felices, que nos va bien, que nos veíamos bien, que tuvimos logros, y ahí es cuando, creo yo, se pierde mucho.

Este 2017 se cumplieron cien años de la irrupción de Marcel Duchamp en la historia del arte contemporáneo y sus ready-made, haciendo inevitable  pensar en tu proyecto “Small Obsessions” y la relación entre objeto, industria y la experiencia artística. ¿Cómo se mezcla ello con la obsesión? ¿Cómo fue este proceso?
© Mariajosé Fernández-Plenge. Parte de la serie This is Not a Cushion, 2014
Es curioso que me hagas esta pregunta porque Duchamp es un artista que tengo muy presente pero que no tuve como referencia consciente para Small Obsessions. El proceso fue muy diferente, empezando con fotografías de los objetos en su contexto, y poco a poco aislándolos para llegar a una estética casi clínica, sobre ese fondo completamente blanco.

Al contrario de Duchamp no pensé en convertir un objeto en una obra de arte, y mis imágenes no buscan dar un carácter irónico al objeto, sino documentarlo: estas son las pastillas que esta persona toma todas las mañanas, esta es la pinza con la que esta otra hace sangrar sus manos. La cámara de formato grande busca darle peso al objeto, escrutinizar, documentar cada detalle con un negativo más grande como herramienta.

Creo que me es difícil contestar esta pregunta porque no pensé en el arte  cuando hacía este proyecto. Tenía un seminario de edición donde la mayoría de fotógrafos llevaban alrededor de 200 imágenes que había que reducir a la selección final que contara una historia, y yo llegaba a clase con diez negativos a color de objetos.

¿Qué nuevos intereses han surgido en tu búsqueda artística? ¿Qué nuevos retos esperas afrontar?

© Mariajosé Fernández-Plenge. Parte de la serie Small Obsessions, 2016
Este año estoy trabajando con procesos alternativos. Tengo un proyecto en el que sólo voy a usar cianotipos, aún estoy aterrizando en concepto y probando diferentes formatos. Requiere mucha paciencia porque es mi primer cuerpo de  trabajo con este proceso, y también – lo más difícil – es que tengo muchas expectativas.  Es muy diferente a lo que estuve haciendo antes.

Además, estoy trabajando una serie de autoretratos en foto digital y analógica. Para mí mostrarse siempre es mostrar mucho, y cuesta. Es algo que vengo haciendo hace ya dos años, es terapéutico y a la vez doloroso, creo que un aprendizaje constante.Aunque ambas propuestas son visualmente diferentes, lo esencial no cambia: mi trabajo juega con lo que parece ser, pero en realidad no es.

martes, 24 de octubre de 2017

Reseña:El castillo de Hayao


Título original: Howl no Ugoku Shiro.2004. Studio Ghibli.119 min.

         Podría llorar de alegría, dice Sophie, la protagonista de “El castillo ambulante”, y no se podría estar más de acuerdo. Las películas de Hayao Miyazaki se contemplan y admiran. Son de una belleza que sobrecoge, al punto que durante los créditos no somos pocos los que terminamos aplaudiendo mientras miramos las letras en japonés como un intento de homenajear y, sobre todo, agradecer a la distancia, espacial y temporal, a quienes hicieron posible ello.

        Y utilizo el verbo contemplar, pero debo añadir emocionar. Porque las películas de este genio japonés lo tocan y hace vibrar a uno. Pasan a formar parte de nuestra vida al punto que somos capaces de recordar, tiempo después, dónde, cómo y con quien las miramos. En qué momento de nuestra vida estábamos la primera, segunda o séptima vez que vimos “El viaje de Chihiro” o “La princesa Mononoke”. Configuran nuestra experiencia, desarmando la incapacidad de nuestros tiempos para poder inquietarnos de verdad. Nos vuelven vulnerables como niños, asombrándonos en todo momento.

         Anotaba lo anterior mentalmente mientras disfrutaba “El castillo ambulante” por primera vez en una sala de cine. Recuerdo la primera vez que la vi: sábado por la madrugada, un DVD, el televisor y la habitación vacía. Nadie más durante dos horas. No me da vergüenza decir que lloré ese día por todo lo que provocaba la película. Y pasaron los días y meses y cuando escuchaba de manera aleatoria algún fragmento de la banda sonora, volvía a sentir la grata presión en el pecho de la primera vez. Pero, aunque parezca una verdad de Perogrullo, nada como disfrutar una película en una sala de cine. Sentado en una butaca y absorto en la proyección al frente. La sensación de que ese es un momento único e irrepetible y que todas las acciones previas te llevaron a eso, y la música de Joe Hisaishi, compañero de mil batallas de Miyazaki que pasa a ser el soundtrack con el que acompañamos a los personajes en su viaje sentimental, sí, pero que se vuelve también tu melodía. Capaz de formar sonrisas y/o lágrimas al evocar el sonido de su piano.

        Nada vuelve a ser igual luego de ser partícipes del cine de Hayao. Paisajes increíbles, monstruos alucinantes, animación de primera, frases impactantes, personajes rebosantes de humanidad, inteligentes alegorías al feminismo y la conservación ambiental, la pureza del amor y la destrucción de la guerra, la magia y el dolor de la realidad, sociedades que se debaten entre las tradiciones y la irrupción de la modernidad, la alegría de estar vivo. Cada obra de Miyazaki significa vivir una experiencia auténtica en el sentido más genuino. Una composición que te recuerda la capacidad de los mejores films de hacerte sentir que fueron hechos para uno, mientras se disuelve el trascurrir del tiempo alrededor. Solo eres tú y el acceso a un mundo único e inigualable. La llave a un castillo fantástico que es la mente de uno de los más grandes artistas de todos los tiempos. Porque a pesar de no poder definir qué es el arte, podemos afirmar con seguridad que el cine de Miyazaki lo es. Vida en su máxima expresión.

(Texto publicado originalmente en el portal web "Punto y Coma")

lunes, 23 de octubre de 2017

Reseña: “El cuento de la criada” de Margaret Atwood

Salamandra.2017.416 pp. S/.79

         Si solo es un cuento, parece menos espantoso (pág. 207), dice la voz de este libro. Y sin embargo lo es. Concebida en el simbólico 1984 y publicada un año después, es poco probable que cualquier comentario que emita sobre la novela más conocida, traducida y leída de la escritora canadiense Margaret Atwood (Ottawa, 1939) sirva para afectar de cualquier manera su estatus de grandiosa distopía. Una pregunta más válida que cuestionar o no la calidad de este libro es cómo leer dicho libro en esta época,.

          Uno de los aciertos de esta nueva edición de Salamandra (el libro no se hallaba en ninguna librería y recién este mes ha llegado a las estanterías limeñas), es el prólogo de Atwood motivado por la serie de televisión de reciente aparición, galardonada con el Emmy, pero sobre todo por, las nuevas tendencias globales y el paralelo a la década en la que se publicó. Allí nos habla sobre cómo el telón de la Guerra Fría se dejaba sentir en Alemania, con un país dividido a la fuerza y donde campeaba la desconfianza hacia el prójimo, sensación que percibió la escritora al empezar a escribir la novela, mezclando dicha impresión con sus intereses por abordar temas como la injerencia del totalitarismo en el control de los cuerpos femeninos y la planificación social llevada a un extremismo horroroso. Hasta ahí, sólo buenas intenciones. Pero la empresa de Atwood toma cuerpo, como se nota en las páginas de la novela, al preocuparse por construir una atmósfera que recoja dichos elementos atemorizantes y personajes quebrados y llenos de dudas y frustraciones. La protagonista, de la que nunca sabemos su verdadero nombre, es víctima de un régimen obsesionado entre otras cosas con la maternidad, que le arrebata su familia y su identidad. Lo único que se espera de ella es servir de depósito para la recreación de nuevos seres humanos, elemento presente en la misión de cualquier totalitarismo: estimar y crear la servidumbre sobre la cual se ejercerá el poder. Para ello, sigue distintas fases en los que se busca aplacar cualquier deseo o pasión, reprimiéndolos hasta su extinción o la demencia como secuela. Conservadurismo radical que en estas décadas ha mutado en formas que aún hoy no somos capaces de enfrentar de manera efectiva la mayoría de veces.

           Si bien son claras las alegorías bíblicas, la religión es un recurso en El cuento de la criada enfocado en su poder simbólico que sirve como portada de las ambiciones de una tiranía que las usa como medio opresor. Puede ser una facción católica, islámica o de cualquier otra índole. Lo que termina interesando es la estructura que se monta alrededor de dichos elementos para subyugar sociedades enteras bajo oscuras premisas como la negación del libre pensamiento, la anulación del goce corporal, la minimización del ser humano dentro de la comunidad, la desinformación sistemática y la reducción de la atención a detalles que sean síntomas de graves cambios, o la demonización de ciertas minorías sociales. Incluso el no dejar espacios para el humor. El cuento de la criada, sigue siendo al 2017, una novela sobre despojos. Lo que se nos quita y arrebata de manera violenta, destacando entre estos la voluntad y la capacidad de respuesta. De rebelarse y oponerse de manera efectiva. Y que esté narrada como el testimonio de una mujer vejada no es mera casualidad. Un logro de la novela es entregar una historia en la que las mujeres son retratadas de manera humana y no parametrizadas como simples “ángeles” incapaces de sentir y pensar por su cuenta. Son vitales para lo que se nos cuenta y va pasando escena a escena. Feminista en ese sentido , como bien apunta la autora.

        Es un relato que busca una interpelación en un tiempo posterior, y ese es nuestro presente angustiante, donde los temas que he mencionado no han hecho más que crecer. Si la globalización ha logrado hacer algo al respecto, es extender dichas problemáticas que Atwood representó con licencias, hace ya más de treinta años en una novela que sigue vigente más de treinta años después y merece seguir agotándose, pero sobre todo cuestionándonos.

(Texto publicado originalmente en el portal web "Punto y Coma")

[Entrevista] Pedro Morillas: “Nadie paga para ver miseria”



Originario de Trujillo, La Libertad, Pedro Morillas es un empresario de larga experiencia. Sin ir más allá, fundó importantes empresas como Cóndor Travel, reconocido operador turístico, se desempeñó como director de la Sociedad Nacional de Industrias, fue presidente de Canatur y miembro del Consejo Directivo de CONFIEP, entre otros logros. Gran parte de su vida e ideales han quedado registrado en libros como “Raíces del futuro”, “País combi” e “Impunidad S.A. “. En “Punto y Coma”, pudimos conversar sobre el más reciente, “Creando Riqueza: Innovar y disfrutar” (Planeta, 2017)

 Invertir en el sector turismo, la “industria sin chimeneas” por excelencia, durante los años 60 era un riesgo muy distinto al de ahora. Un sector nuevo y muy arriesgado.

Nadie conocía ese sector. Ni yo mismo. Simplemente había escuchado sobre ello con mucha frecuencia y había leído bastante, pero no lo sabía ni lo entendía.

¿Qué tan poco desarrollado estaba el sector turístico como industria a nivel organizacional en la nación?

En los años sesenta, el Perú recibía nada más que cuarenta y cinco mil turistas al año. Si eso lo comparas con los tres millones setecientos mil turistas que hay en este momento, te das cuenta del desarrollo explosivo que hubo. Aunque no tanto, ahora que lo pienso en realidad. Ha pasado mucho tiempo y ese es más o menos el ritmo que tiene el turismo en crecimiento a nivel mundial.

En esa época los hoteles eran solamente de dos estrellas por lo general, según leí en tu libro.

Efectivamente. En esa época solo había hoteles de dos hoteles de cinco estrellas. El Hotel Crillón y el gran Hotel Bolívar

Los que curiosamente terminaron perdieron protagonismo en contraposición a Cóndor Travel

Tienes razón. Bueno, había dos hoteles de cinco estrellas y en este momento hay más de cuarenta en todo el país. No lo había pensado, pero efectivamente desaparecieron del mapa por políticas ineficiente o sufrieron mucho con lo que tuvimos que pasar. Una de dos. Más es lo segundo ah.

Hay una parte en la página 35 donde dices que “mis títulos y mi experiencia profesional no servían nada en este país. Sentía frustración e impotencia”, cuando narras tu estadía en Inglaterra hace décadas.

Para entrar en el turismo internacional tenía que hablar un idioma internacional y nada más internacional que el inglés. Tenía que aprenderlo prácticamente desde cero porque lo que me enseñaron en el colegio era prácticamente nada. Tuve que ir a Inglaterra, y en Inglaterra la pasé muy mal porque el dinero que había llevado era mío, no de mis padres. Eso lo aclaro. Mi dinero que había conseguido trabajando 5 años se acabó prácticamente en España antes, donde estuve un año y medio. Luego fui a Londres para aprender el inglés. Yo había sido Gerente Regional de Cerveza Cristal. Había tenido una carrera meteórica ahí y de repente tenía que hacer lo que sea porque quería aprender inglés. Llamaba por teléfono buscando trabajando y cuando me entrevistaban y conversaban conmigo se daban cuenta de las limitaciones que tenía. Decían: “Ok, lo vamos a volver a llamar”. No me llamaban más y yo me desesperaba porque ya no tenía dinero. Ahí es donde llego a la conclusión que mis títulos y mi experiencia no vale nada. Una ciudad sumamente cara y difícil. Ahí es cómo vi la vida y la trayectoria de una empresa. Volví al piso y trabajé como mozo en un restaurante donde no la pasé muy bien al comienzo

Lo que me parece curioso es que han más de cuatro décadas o cinco de lo que narras y el inglés sigue siendo el idioma universal por antonomasia. El español de por sí se ha vuelto algo que también está creciendo a una velocidad importante, por el tema de las migraciones y un mercado más abierto y unificado por la lengua, incluso más que Europa en ese sentido. ¿Qué perspectivas ve en que el español pueda convertirse en el idioma del futuro?

Yo lo veo difícil porque la gente que está más adelantada en tecnología y en absolutamente cualquier conocimiento moderno, es la que habla inglés. China, por ejemplo, va a ser muy pronto el país donde se va a hablar más inglés que en Inglaterra mismo. Inglaterra tiene 60 millones. En China se estima que son un 25 % de un millón doscientos mil. Una barbaridad. Y tienen un poder de compra muy fuerte. Luego, si vas a cualquier sitio en Europa hablan inglés. El idioma español sí, es muy popular, pero a un nivel más bajo. Es un nivel que no compra mucho.

Una de las marcas esenciales de sus empresas y que usted impregnó fue la confianza, pero ¿cómo vio esa confianza en un país donde las instituciones son precarias?. Un país donde la mayoría de gente acude a INDECOPI y las marcas emblemáticas no se salvan de un debacle. Marcas que han tenido más de cuarenta años y han mentido a sus clientes toda la vida, como es el caso de Gloria o Sublime. ¿Cómo se lograba antes y cómo es ahora, la acción y momento de otorgar confianza?

Inicialmente era duro. Había que enseñar a la gente cómo atender. Sin embargo, el peruano es muy amable y tiene ganas de aprender. Es muy positivo en eso y eso no fue una traba. Posteriormente si se ha convertido en un problema para el desarrollo del Perú. No hay higiene. No hay orden. No hay disciplina. Un turista viaje principalmente para buscar una experiencia agradable y no va a ser agradable encontrar un lugar con suciedad, desorden, miseria. Nadie paga para ver miseria. Entonces, eso es una traba porque nosotros tenemos en el Perú un potencial increíble. Chile, por ejemplo, no tiene ni la mitad de las atracciones que tiene el Perú y sin embargo recibe más pasajeros que nosotros. ¿Por qué? Porque tiene paz, tranquilidad, educación. Los servicios higiénicos son pulcros. Los servicios de transporte son impecables. Tiene una línea de bandera.Esa es la razón por cual ellos crecen a otro ritmo. Cuando empezamos en el turismo, ellos tenían una tercera parte de lo que recibíamos. Si nosotros recibíamos cuarenta y cinco mil o sesenta mil ellos recibían quince o veinte mil pasajeros al año. Igual Ecuador. Es un país muy tranquilo y ordenado. Colombia está ordenándose y avanzando muy bien. Nosotros necesitamos trabajar muchísimo en ordenarnos.

Usted ha publicado el libro “País Combi” en el 2014. Han pasado tres años que no es mucho, pero ¿hubo alguna política pública que lo haya sorprendido ? 

Efectivamente, “País Combi” lo escribí como una clarinada. Como decir: “Mira, así no vamos a ser nunca primer mundo”. Si seguimos con todas estas tonteras que hacemos no vamos a ser nunca primer mundo. El origen de “País Combi” es que un extranjero aquí en el Perú publicó un libro que se llamaba “101 razones para estar orgulloso de ser peruano”. Y yo estaba un día tan molesto por el tráfico que dije: “Voy a escribir algo y va a ser 101 razones para no estar orgullosos de ser peruanos”. Conversé con amigos y me dijeron que la idea es buena, pero el título era malísimo y que nadie te lo iba a comprar (risas). Les digo que lo que quiero es que sea shock. Que la gente se viera en un espejo: “Mira, así somos”. Entonces fui cambiando y anotando lo que veía que hacemos nosotros y que en otros sitios no se hacen. Eso fue lo que produjo “País Combi”.

Luego, entre los dos libros, produje otro que se llama “Impunidad S.A”. Se escribió a raíz de una industria que yo tenía y que producía buses en Trujillo y que se convirtió en la primera empresa autobusera de toda la costa oeste de Sudamérica. Los únicos que lo superaban eran los brasileros. Sin embargo, tenían la corrupción de su parte. En esa época ya habían decidido que hegemónicamente Brasil iba a dominar la política y la economía en Latinoamérica. Entonces, su cancillería “Itamaraty” y su banco de promoción a las exportaciones les facilitaron. Fue algo así como Odebretch y toda esta corrupción que hay ahora. Ahí falsificó a los productores de buses para que demolieran a la competencia que éramos prácticamente nosotros y se quedaran con el mercado que se han quedado. Esto es importante porque lo vas a ver en el origen del libro.

¿En qué año fue su encuentro con Fujimori en Japón?

Fue en el 2005. Me dijo en algún momento: “Voy a regresar al Perú, pero nadie sabe cómo ni cuándo voy a regresar. Ni mi hija ni ella (señalando a su novia). Solo yo lo sé”. Pasaron los meses y luego leo en el periódico que había llegado a Chile. Calculó mal, pero eso es lo que me llevó a escribir sobre la corrupción y el abuso que hubo de parte de INDECOPI, SUNAT. Habló de SUNAT muy bien acá, pero allí habló muy mal.

¿Las barreras para entrar a los mercados turísticos hoy en día son iguales o el contexto es demasiado distinto respecto a cuando usted inició? Lo digo por la presencia de grandes corporaciones.

El contexto es distinto. En este momento la corrupción es más abierta. En esa época era soterrada y no era de la magnitud que es ahora. Esa corrupción la creó Brasil y sus frutos son las constructoras y muchísimas más empresas exportadoras. El problema es que en turismo es más fácil encubrirlo porque la atracción turística de centro más grande que hay en el Perú es Cusco. En Cusco hay gente que ha avanzado una barbaridad en el concepto de servicio al turista. Ahí un lustrador de zapatos te dice “¿te lustro?” en inglés, japonés y en otros idiomas. De la misma manera un mozo. Se han dado cuenta que su economía es básicamente turista y por eso han avanzado más.

Usted también habla de cómo estamos mal a nivel de país y cómo extremos como el chauvinismo o el sentimiento antipatriota, podrían ser dañinos ¿Cuál es su opinión de la “Marca Perú” ya luego de unos años de implementada? ¿Cómo ha beneficiado o ha terminado ocultando algunos males en el sector turismo?

La Marca Perú sí ha avanzado en el mercado y ha ayudado básicamente en turismo. En la industria si no veo que se exporte algún bus de acá o alguna maquinaria. Lo único que se exporta son las materias primas; lo de siempre. Pero tú no le vas a poner al cobre la “Marca Perú”. Entonces se ha limitado solamente al turismo que, dicho sea de paso, es el mayor creador de empleo en el mundo. En una industria tú necesitas invertir cincuenta mil dólares para crear un puesto de trabajo. En cambio, en turismo se necesita cinco mil dólares para crear un puesto de trabajo y tiene un efecto multiplicador de seis a uno. Es decir que, por cada puesto directo de trabajo, se generan seis indirectos. ¿Quiénes son indirectos? Las constructoras que construyen hoteles, carreteras y todo el mundo… Hasta los bancos, los dentistas, médicos. Todo el mundo se beneficia. El efecto multiplicador es muy grande. Eso ha hecho que Cusco en este momento marque una diferencia con el resto del Perú.

¿Crees que en el sector educativo contamos con profesionales adecuados para los sectores de turismo? ¿Crees que hace más egresados en carreras como administración o gestión hotelera? ¿Cree que debemos priorizar más la calidad que la cantidad?

El Perú debería contar antes que nada con un Ministerio de Turismo, no solo un viceministerio como se da en la actualidad, de manera que se posicione al país como un destino cultural único y atractivo. Incluso si esto implica absorber muchas de las funciones del Ministerio de Cultura. Se necesita optimizar la calidad del servicio turístico y es ahí donde deben mejorarse el servicio que se brinda y en el que se forman los jóvenes estudiantes de las escuelas relacionadas a este sector. Creo también, que tal como dije antes, el inglés debe ser ser un tema prioritario y vital en las escuelas y la formación a temprana edad.

Finalmente, ¿qué ha representado el turismo en su vida?

Mi familia y grandes amigos… Nada hubiera podido ser igual sin la presencia de la industria del turismo. Es como una enamorada de toda la vida (risas). Lo que me ha permitido viajar y conocer el mundo entero y viviendo experiencias únicas y sin igual

[Transcripción: Alejandro Alva]

(Texto publicado originalmente en el portal web "Punto y Coma")

Infantil / Reseña: “Mirar más allá” de Rubén Silva y Rocío Espinoza


Ilustraciones de Dipacho. 9 años a +

Ediciones SM, 2017. 86 pp. S/.30


   Mica es una niña alegre y risueña con una sensibilidad conectada de manera estrecha con la naturaleza que la rodea: los cerros, los lagos, el campo. Una forma especial de relacionarse con su padre, Guillermo, y ser felices juntos, hasta que un día desaparece. Los problemas económicos acechan y la única solución parece ser vivir en la ciudad. El futuro se torna desolador y triste describiéndose de la siguiente manera: “Mañana era para ella una palabra vacía, oscura y triste. Pero no lloraba, ya no tenía llanto, solo abrazaba fuerte su manta y cerraba los ojos.” (pág. 11)

      Gabriel, por su parte, es el segundo de tres hermanos, relegado y marginado injustamente por su madre a pesar de tener tan solo diez años. Lidiaba con ello mediante el cariño de su padre, fanático del fútbol y celebrar con las amistades, hasta que la vida de este se quiebra luego de un accidente automovilístico, dedicándose al alcohol y sacando a relucir toda su agresividad y resentimiento. Su familia tendrá que lidiar entonces, incluso su pequeña hermana menor, con este incómoda carga y obstáculo.

      Sucia y gris, la ciudad se torna en un lugar hostil para Mica. El cariño de sus tíos no compensa su nostalgia. Un día sale a pasear con su chanchita China y unos chicos abusivos empiezan a burlarse de ella, por su origen principalmente, hostigándola y persiguiéndola hasta que un niño sale a su rescate: Gabriel. Así nacerá una amistad que luego terminará siendo determinante.

     Acompañada de las ilustraciones de Dipacho, con un estilo que recuerda mucho al de los dibujos animados de Peppa Pig y que conecta bien al evocar una manera infantil de ver lo que nos rodea, “Mirar más allá” es una historia sobre el potencial de los niños para ser agentes de cambios frente a las terribles adversidades que les toca enfrentar. Violencia doméstica, racismo, bullying, incomunicación o alcoholismo parental, son algunos de los males que son abordados por Rubén Silva y Rocío Espinoza. La ludoteca en la que Micaela convive luego de perder un año escolar (curiosamente, uno de los motivos es una huelga de profesores), termina convirtiéndose en un espacio determinante para el desarrollo de su potencial.

     Hay una valoración del trabajo colectivo y social, donde la ayuda mutua es el elemento determinante y el optimismo no es un solo un discurso superficial, basándose más bien en una estructura con cimientos más poderosos y una política replicable en muchos entornos. Luego de leer este libro, serán muchos los niños que podrán identificarse con Mica, pero no tanto como los adultos que terminemos aprendiendo de ella.

(Texto publicado originalmente en el portal web "Punto y Coma" )

domingo, 10 de septiembre de 2017

[Entrevista] Alina Gadea: “Es tarea de un escritor tener visión, oído y corazón”


Una de las más gratas novedades literarias ha sido la aparición de la novela “Destierro” (Planeta, 2017) de la escritora peruana Alina Gadea , en la que aborda temas como la separación, el divorcio y la represión de mujer en muchos ámbitos sociales. Pude conversar con ella al respecto

La agresividad en tu novela es latente. Se va acumulando poco a poco, hasta explotar en situaciones de violencia tanto psicológica como física. Lo que me agradó fue que lo abordaras sin que los personajes sean tan exageradamente viles o acartonados, dándoles un trasfondo en el que no pueden escapar de sus heridas de  juventud por más que lo anhelen

A mí me interesaba mucho hacer un estudio psicológico de cada personaje. Me parece que retrotrayéndome un poco a la infancia del hombre y también al personaje de la abuela, se podía entender mejor por qué las actitudes de cada uno. Quise construir al personaje y no solamente decirlo: mostrarlo y no estereotiparlo y volverlo una cosa maniquea como “este es un villano y esta es una villana”. No es un personaje en bloque, sino un personaje humanizado. Se entiende por qué su forma de estar en la vida, su proceder. No es una cuestión de justificarlo, sino de entender de dónde sale todo eso de la niñez. Igual que el caso del hombre está el personaje de la abuela. Así también, la madre de la mujer y la madre del mismo hombre. Es como ir hacia atrás en un psicoanálisis. ¿Por qué es así él? Porque sus padres lo fueron también. Eso lo posiciona a uno en la vida en una forma en la cual uno no es culpable. También en el personaje de la mujer como narradora hay un tema de la represión. De la misma forma en el personaje del narrador quien ha sido  una persona muy reprimida.
 
Tocando el tema de represión, en tu novela representas el poder desde el lado económico y que está presente en el hogar a través de la figura del hombre-padre-esposo, en un tratamiento del machismo que en  la clase media alta que narras, se da de una manera más sutil y tal vez más peligrosa como en la escena del club, pues parece fluir de manera natural y sin que sea consciente.

En este caso y desde este registro que yo narro,  es efectivamente una clase acomodada en la que predomina el machismo, incluso desde las mujeres. Las mismas mujeres le ayudan a este personaje, idealizándolo. Ellas a su vez se cuidan las espaldas porque desean seguir perteneciendo y permaneciendo en ese status del cual no desean descender. Allá hay  un tema de doble moral, y es uno de los temas que me llaman más la atención de la sociedad de Lima. Me parece que hay como juegos encubiertos y en ese sentido también, va como una denuncia.

Y ese arribismo vinculado  al personaje buscando poder a través del dinero en una especie de venganza por la sociedad que la menospreciaba.

No creo que lo haya menospreciado. En todo caso estamos hablando de un personaje que ha sufrido cierta vejación en niñez  y que, posteriormente, ha sido formado en una escuela muy rígida y en una facción muy conservadora. Tiene una formación muy restringida y todo eso fue para construir ese personaje, y demostrar también una forma no muy valorativa a la mujer. Eso también es algo que late en mí. Es decir, esa situación a mí me pone de guardia y de alguna manera a través de esta ficción también quiero exorcizar eso porque siento que hay un cierto menoscabo hacia la mujer. Inclusive en este preciso tema de la separación, me parece que la mujer lleva en cualquier status o estrato la peor parte. 

¿Crees que se ha avanzado en la forma de conseguir el divorcio en la sociedad actual? Pienso que  en la generación de la protagonista que tendrá alrededor de cuarenta o cincuenta años,  es distinta la concepción de divorcio respecto al de las nuevas generaciones.¿La sociedad limeña avanza en ese sentido más allá de la ficción?

Yo pienso que sí, felizmente, porque en ese personaje más allá del tema personal como tú bien dices, también está en esa cuestión de salirse del molde o del tablero. Salirse de lo que la cultura o sociedad han concebido para una mujer determinada y ese rol que pueda llegar a ser sumamente pernicioso. Finalmente este texto explora ese miedo específico en la mujer y en realidad en el hombre también, porque él también tiene su parte. Está la exploración del miedo a romper el núcleo, a romper con lo establecido y enfrentarse con las soledades y los abismos que es volver a pensar con hijos a cuestas incluso y con una sociedad que de todas maneras van a estar siempre en contra. El problema está disminuyendo, pero es una lucha en la que aun estamos.

Un tema interesante en tu libro es la maternidad. La mirada al lado oscuro de los temas maternales en la que más allá de no darse una relación de cariño o de afecto, no termina existiendo alguno. ¿Crees que ya hay más libertad al hablar de estos temas y desacralizar la figura la madre? ¿Qué tantos pudores hay?

Creo que resultó un tabú. El tema de las madres me parece un tema muy importante y que yo toqué tangencialmente acá porque en realidad se trata de la separación de un núcleo familiar, pero interviene mucho por la construcción del personaje. No solamente la madre del hombre y la madre de la mujer, sino ella también que es también madre. Es un tema difícil y universal porque ha existido siempre ¡Por dios! Desde los clásicos griegos ha existido y hasta es y seguirá siendo un tema tabú porque la maternidad es lo más difícil que hay. En este texto no se trata de calificar de ni de juzgar, sino de entender por qué los seres humanos somos como somos y tiene que ver mucho con nuestras madres. También lo difícil que es ser una madre divorciada en el Perú y cargar con esa responsabilidad. Eso sería materia de otra historia.

Uno de los núcleos de la novela es la relación de pareja, pero lo que es percibo es que nunca llega a haber un enamoramiento del todo de la protagonista tanto antes de la separación como después de la misma. ¿Es casualidad o intentas mostrar un vacío en las relaciones que se están dando en la actualidad en general?

Él es un personaje muy reprimido que es lanzando al matrimonio como una obligación social y cultural. Prácticamente sin saber lo que hace y  luego consiguiendo la liberación, pasa a segundo plano ese tema de la relación de pareja. Lo que hay es como un sucedáneo realmente. Cuando se separa aparece un amor furtivo por ahí, pero es irrelevante. Eso me parece un tema fundamental en lo que es la reivindicación de la mujer que no puede ser que sea el todo esa cuestión del romanticismo como una tara que venimos arrastrando. Eso no basta para que el personaje pueda revivir y enfrentar la nueva vida y la liberación que implica esa pérdida de la unión que hubo.

En la estructura de la novela hay fragmentos, que concibo como si fueran escenas de una misma historia pero proyectadas como fotos de la misma. ¿Has tenido más influencia de la poesía que de la misma narrativa al momento de construir esto? ¿Cuál es tu relación con la poesía o la escena visual?

Me interesaban justamente que fueran como chispazos de imágenes visuales porque me parece que se conecta rápidamente con el lector. No me interesa simplemente decir, sino mostrar lo que el lector pueda estar sintiendo, oyendo lo sensorial, lo que se ve y lo que se siente en carne propia. Pienso que es tarea de un escritor tener visión, oído y corazón. No ser simplemente un texto acartonado. Yo quería que esto se sienta. Anteriormente utilicé esta estructura como fragmentos de imágenes en mi primera novela “Otra vida para Doris Kaplan”. Me gusta también ese lenguaje que notas lírico porque me pareció que, inventar un lenguaje mío que se conoce, con los demás , era el reto de esta pequeña novela más que contar una serie de acciones; la acción que transcurre en la conciencia de uno. Los procesos internos que se forjan en una persona y que son muy difíciles de explicar porque toman muchos años y contarlos en pocas páginas. Es decir, tener una densidad adecuada, pocas palabras para muchos significados y no al revés. No un texto de 300 páginas que nos diga poco, sino en 100 poder explicar alguna tajada de esa realidad que es el naufragio de una separación y el abismo al que se enfrenta uno al volver a ser libre.

Noto que hay en la narrativa latinoamericana una mayor mirada a temas más intimistas, más de familia.

Probablemente. Yo pienso que cada escritor es un mundo y que cada uno tiene una forma muy particular de percibir las cosas y plasmarlas. Hay muchas formas de contar una misma historia. Estas son historias comunes a todos nosotros. Todos venimos de una familia. Todos en algún momento nos enfrentamos a una separación. Muy pocos no lo harán, pero es algo que forma parte de la realidad y la literatura es el reflejo de la realidad. Más allá de eso, la literatura explica mejor la realidad que la vida misma. Yo tengo esa sensación de que la ficción es la mejor forma de explicar la realidad y  tal vez si hay muchos escritores que están sobre este tema intimista puede que sea una forma para ordenar este caos que nos está sucediendo a todos.

¿Qué escritores peruanas quisieras recomendar?


Me gusta mucho el escritor Augusto Higa, por su lenguaje y por esa forma que tiene de mostrar su mundo con sensaciones, y Jennifer Thorndike, una escritora muy auténtica. Me interesa cómo trabajan la interioridad, el lenguaje y lo psicológico más que textos solo conceptuales.  

(Esta entrevista se publicó en el portal web Punto y Coma)

miércoles, 30 de agosto de 2017

[Entrevista] Alejandro Neyra : “ Las bibliotecas son como ferias del libro permanentes”


¿Es posible narrar nuestra historia con humor,  desde la parodia? ¿Cuál es el límite? ¿Quiénes son los personajes anónimos detrás de las grandes historias? Esas son algunas de las preguntas que rondan las tres novelas de Alejandro Neyra, actual director de la Biblioteca Nacional del Perú, diplomático de carrera, bachiller en Derecho y en Literatura, ex lasallista y sobre todo, escritor. Ha publicado los libros “Peruanos llustres”, “Peruvians do it better” y de las novelas (que conforman una trilogía por el momento) “CIA Perú, 1985 Una novela de espías” (2012,Ganadora del IV Premio de Novela Breve de la Cámara Peruana del Libro), “CIA Perú, 1985 El espía sentimental” (2015) y “CIA Perú ,1990 El espía innoble” (2017), publicadas por Editorial Estruendomudo. Fue sobre esta novela y su reciente labor al frente de una de las instituciones más emblemáticas a nivel cultural en nuestro país que pude conversar con él.

En tu trilogía, exploras el lado B de nuestra historia más reciente. ¿Cómo fue el proceso de narrar las versiones no oficiales que circulaban entre nosotros  en conversaciones, anécdotas o incluso chistes? ¿Cómo fue el proceso de volverlas hechos literarios? ¿Fue por eso que apostaste por las novelas de espías?

Hay un hecho que siempre me ha interesado, probablemente por mi lado diplomático, que es el hecho de que exista una “gran” Historia y una “pequeña” Historia. Esta última la escriben los personajes aparentemente menores pero que en muchos casos son los que definen un tiempo, una época- Esto no es que lo aprendas en la carrera, pero en algunos casos te lo evidencian como cuando llevé la maestría en EEUU y en un curso nos hicieron leer un libro, donde se estudiaban los personajes de segundo nivel que habían sido muy importantes en una determinada Administración. La de Reagan por ejemplo,no estaba marcada necesariamente por el Secretario de Estado, sino por el jefe de operaciones de la CIA, quien atendía todo lo respectivo a la Guerra Fría.

Como diplomático siempre me gusta decir que, en el gran teatro de la política,  de los gestos y de los símbolos, quienes velamos por eso de alguna manera somos los diplomáticos que estamos tras el telón de lo que va ocurriendo. Este personaje protagonista de mi novela que es “el diplomático” (y que tiene mucho de mí) va viendo todo aquello que acontece, desde atrás, y se va dando cuenta, con un significativo grado de interés propio de las novelas de espías, qué es lo que pasa de verdad en la Historia o qué cree él que puede estar pasando. Ello conjugado con personajes que sí han sido de primer nivel como Alan, Abimael Guzmán y Vladimiro Montesinos  y toda una época que marca a mi generación, se presta para hacer esto. El género de espías, más que escogerlo, me cayó  por la investigación que venía haciendo durante la creación de libros como “Peruanos de ficción” y me dio una suerte de libertad para escribir, porque, para comenzar, no soy solemne. No podría escribir algo que no tenga como contenido el humor o la ironía, como me lo permiten las novelas de espías.

La parodia y la ironía son características esenciales de tu obra, pero hay un riesgo que asumes al abordar la época convulsa del terrorismo. ¿Cómo sabes cuándo tomarte en serio al tocar un tema sensible? ¿o crees que en la ficción no hay límites?

En teoría debería tener total libertad para escribir porque como mencionas, es ficción. Te cuento algo. Cuando publiqué la primera novela, una amiga me comentó que su hermano era  parte del grupo que atrapó a Abimael Guzmán y me mandó un correo sin haber leído la novela, sobre cómo era posible que lo pusiera en la portada. Y si bien no fue una decisión mía, sino una apuesta editorial, evidenció que si quieres enfrentar la realidad, la tienes que mirar de frente.

Yo sí creo que el humor te da una cierta distancia para entender mejor lo que está pasando en la realidad.  Recalco que no es una burla, más allá que la naturaleza del peruano tienda a tomar todo a la broma muchas veces. En este caso no es una apuesta por molestar gracias al chiste fácil, sino  el de crear  una atmósfera de humor que te permita distanciarte y hacer que tú mismo te cuestiones y digas “me estoy riendo de una cosa seria” y creo que es algo que debería venir con una  reflexión siempre. Después de una risa o una sonrisa, pensar que es algo que ocurrió en la realidad. Que alguien tan joven como tú que no vivió dicha época se motive luego de la novela a buscar más información sobre dicha época.  Por eso pongo en la sección de “Agradecimientos”, autores y libros que para mí fueron clave para entender la historia reciente del Perú.

Hay un elemento clave en tus personajes históricos: el ego. Motor para cumplir sus ambiciones y llegar al poder. Abimael, Alan y Vladimiro, protagonistas de tus novelas que  llegaron a estar en la cima del poder en cierto momento de la historia, o cerca de estarlo al menos, son claro ejemplo de ello. Y a pesar de los nocivos que fueron, siempre terminamos escogiendo gente con características similares como gobernantes y líderes. ¿Qué factores has visto al momento de ficcionalizarlos, que permiten que tengan esta feligresía alrededor?

Cada uno viene de mundos distintos, siendo el único netamente político Alan. En la última novela en la que se habla de Montesinos, podemos darnos cuenta que él siempre estuvo en busca del poder. Allí está también la bibliografía, como el libro de Luis Jochamowitz sobre Montesinos, por ejemplo. Buscaba desde joven el poder. Era alguien que buscaba cuotas de poder en todo momento, incluso desde que entra como cadete y va ascendiendo. Cuando sale del ejército por traición a la patria termina dándose cuenta que la forma más sencilla para cumplir sus ambiciones era a través del dinero de la corrupción y las malas artes en el Poder Judicial. Empieza una degradación moral del personaje, que lo lleva a hacer lo que sea con tal de estar cerca del poder. Se le abre una oportunidad que aprovecha al máximo, lamentablemente para la historia con mayúscula del Perú.

Esa búsqueda del poder que está detrás de todo, tiene diversas facetas. A Alan García desde joven lo convencieron que tenía que llegar al poder y llegó. Era una ruta casi natural para él porque formaba parte de un partido importante. Guzmán en cambio, busca llegar al poder a través de la violencia y es quizás el caso más interesante porque es alguien que comienza siendo un académico oscuro, gris, y que terminó estando a un tris del poder total. Si revisas la lista de los hombres más poderosos del Perú en los años 80, estaba Abimael Guzmán. Es algo muy curioso. Es interesante la pregunta porque no lo había visto tanto así, como que sean estos personajes de portada los que están detrás del poder constantemente, pero sí es cierto. Siempre hay gente que está detrás del poder y gran parte de esta que lo hace con malas artes.

Los casos de corrupción más recientes en el Perú, caracterizados por una desvirtuada “ética empresarial”, tienen que ver con eso. En las dos últimas décadas del siglo pasado,  el poder político era visto como la cuota máxima del poder,  pasando a ser reemplazado por el empresarial y económico en los últimos años. Todos los casos de corrupción que estamos viendo tienen que ver con una nueva filosofía del poder. Quizás en los próximos años, las novelas de “espías” ya no busquen el poder político per se, sino los vínculos entre empresas con poderes en el Estado, o las empresas mismas. Hay novelas que ya ven la parte oscura de la corrupción en las empresas y son interesantes.

Podría  haber una novela de Marko Linge sobre el caso “Lava Jato”…
Yo no creo que Malko Linge llegue al caso “Lava Jato” (risas). Yo lo veo  a Malko vivo ahora y lo pensaría como un asesor de alto nivel, pero que ya no va a asesorar al gobierno o a la CIA, sino probablemente a empresas. Como un asesor de CEOs de grandes empresas, detrás de las pistas de los escándalos de corrupción actual. Igual habría que ver qué conexiones empieza a tener. Aún no me he imaginado por completo esa versión mucho más oscura (risas)  

Ahora que mencionas a Vladimiro, me llama mucho la atención las consecuencias luego de su etapa en el poder porque creo que  configuró la sociedad peruana en ciertos aspectos al desmontar la institucionalidad de los partidos políticos , alentar el protagonismo de los diarios chicha o hacer gala de una maquinaria corrupta que llega hasta nuestros días donde todo el mundo es visto como sobornable, alejando el interés por la política de muchos ciudadanos de a pie. ¿Sigue tan poderosa su influencia?

Creo que no, porque por ejemplo, yo estoy trabajando en una organización pública en la cual confío y estoy orgulloso de representar. Y píenso que la gente que trabaja aquí no lo hace con esa ética errónea de “no importan los medios con tal de llegar al poder. Eso por un lado. Lo que sí es cierto es que hay muchas prácticas que lamentablemente en los noventa se hicieron habituales  y terminaron englobándose en la famosa frase “roba, pero hace obra”. O los “fake news” que no tienen sustento, pero se presentan como verdaderas y se han puesto de moda. Esto tiene que ver con una lógica perversa de que vale todo con tal de salir adelante y eso es algo que en muchos casos ha permeado la sociedad peruana. No para hacerla más corrupta necesariamente, pero sí para hacerla menos sensible a la corrupción generalizada.

Igual no es irreparable. Creo que de la mayoría de gente que yo veo, hay mucha que busca mejorar en su función pública y que a veces se siente impotente. Es una cuestión de educación y de cultura en general. Todavía confío en que se mejore esta situación, porque sino, no estaría aquí sentado y trabajando para el Estado.

El diplomático es visto como alguien que calla más de lo que dice, similar a los espías de tus novelas que siempre están viendo todo lo que pasa a su alrededor. En cambio es el  escritor es el que muestra todo esto en ficción, pero no como lo haría un diplomático o un espía. ¿Cómo configuras tú, Alejandro Neyra , funcionario público estas facetas de ser escritor, diplomático y ,quién sabe, espía?

Bueno espía no he sido y si es así no puedo revelarlo (risas). Es la cuota de curiosidad permanente que tengo y que creo que viene de este lado del interés de escribir y de ficcionalizar las cosas. Tener las cosas en el nivel que le corresponde. Como te decía antes, el humor te permite tomar cierta distancia. Sí soy de los que desde joven en la carrera diplomática,estás metido en un mundo en el cual puedes creer todo lo que ves o puedes tomar cierta distancia para entender qué es lo que de verdad es importante o lo que de verdad está pasando. Desde que entras te toca ver a presidentes, ver a cancilleres, trabajar en un estamento jerárquico en el cual tú eres el que está en el último nivel tratando de que todo salga bien. Que no falte el vaso de agua o que los nombres de las personas estén correctamente escritos. En esos pequeños detalles que finalmente hacen que la gran representación del poder se vea creíble.

Entonces el tema de los símbolos es importante. Es algo que siempre me ha llamado la atención. Estar en segunda fila viendo lo que sucede todo, pero con cierta distancia, es algoque también me ha ayudado. Y es algo que también siento como autoridad en este caso. Esto no significa que el cargo nos haga a una persona más inteligente o preparada. No. Yo creo que hay que asumir los cargos con responsabilidad como siempre he tratado de hacer. Con mucho trabajo, esfuerzo, dedicación, pero pensando en qué es lo que quieres como persona y para la institución igualmente. En ese sentido sí soy bastante serio, nada que ver con lo escribo. ero sin creerte que por estar en esto eres mejor que alguien ni nada. El diplomático de la novela ha tenido una evolución, desde un chiquillo bastante ingenuo que no tiene idea de lo que realmente pasa y se deslumbra con lo que ve. Poco a poco va entendiendo que hay un lado oscuro del poder y que no le gusta, y que está representado además por quien es su amigo. Aquí pone las cosas en su debido nivel. Se da cuenta que Malko no es el mejor ni tampoco el peor. Trata de entender realmente lo que está pasando. Tiene un rol más protagónico. Como uno mismo, va dándose cuenta de las cosas realmente importantes. Eso es dentro del argumento de la novela.

¿Cuáles son los principales desafíos que se vienen como director? ¿Cómo invitarías a la gente a asistir a las bibliotecas que están en su barrio? ¿Qué podemos hacer nosotros los lectores para apoyar a la Biblioteca Nacional?

El gran desafío es que, como Estado debemos ver que la Biblioteca Pública sea un espacio real que invite a la comunidad, y que sea participativo y atractivo para el ciudadano común. Es un trabajo importante. Somos la institución cultural más antigua de la república y debemos cumplir con la responsabilidad de preservar el patrimonio bibliográfico. Creo que el gran reto es establecer, por ley, una red nacional de bibliotecas. No todo depende de la Biblioteca Nacional, sino de los gobiernos regionales, municipios, instituciones educativas públicas. Se debe hacer que todas estas bibliotecas estén coordinadas. Es un desafío para varios años, que espero poder enfrentarlo. Y claro, tiene que ver mucho con lo que quiere el ciudadano. La FIL Lima reciente es una demostración importante de que la gente tiene una necesidad de cultura. Quiere leer. Paga por adquirir libros a menor precio y por escuchar exposiciones muy interesantes. Todas las que yo he asistí estuvieron abarrotadas. Han quedado chicos los espacios de la feria. Un domingo que fui no podía casi caminar. Eso te dice mucho del interés que la gente tiene por acercarse al libro y la lectura y la cultura en general.

Durante todo el año las bibliotecas públicas son espacios que ofrecen lo mismo o deberían ofrecer lo mismo en todo caso, y la comunidad y el ciudadano debería estar atento a que su biblioteca en su barrio exista. Es un trabajo conjunto con la comunidad, sensibilizar a las autoridades sobre la importancia que tienen las bibliotecas como espacios públicos. La comunidad debería darse cuenta que las bibliotecas son como ferias del libro permanentes. Todo el año,  si alguien quiere un libro, debería poder ir a la biblioteca municipal, distrital, nacional, a leer y entretenerse. El gran reto no es solo hacer la biblioteca atractiva, sino dar espacios suficientes para que todos vayan. Yo los invito a la Biblioteca Pública de Lima en el Centro Histórico. Pueden ir con la familia o con los amigos. Hay una sala infantil, salas especializadas, hay un patio  hermoso. Queremos mejorar la infraestructura de la biblioteca y para ello es necesario contar con más tecnología, necesaria para una biblioteca moderna. Lo importante es que el ciudadano se dé cuenta que esa  feria que tiene por dos semanas ,la tiene gratis en cualquier biblioteca en el Perú.

La última pregunta ¿Un libro que te haya sorprendido o un autor que hayas descubierto últimamente?
Laurent Binet. Escribió “HHhH” que es una novela muy famosa. Su último libro, “La última función del lenguaje” es muy literario, de conocedores de la intelectualidad francesa, pero me gustó muchísimo. De los que he leído últimamente, la novela de Jack Martínez, “Sustitución”, me gustó. La última novela de Raúl Tola me parece muy buena, también. De autores internacionales siempre digo uno que no es muy conocido aquí. Se trata de Michael Chabon. Es un gran escritor. No es muy fácil encontrar sus libros porque no es tan conocido, pero es uno de los mejores autores norteamericanos contemporáneos.

 [Trancripción: Alejandro Alva]

(Entrevista publicada originalmente en el portal web "Punto y Coma" )


domingo, 13 de agosto de 2017

[Entrevista] Almudena Sánchez: “Un escritor tiene que amar el lenguaje por encima de todas las cosas.”




El año pasado el escritor y crítico Alberto Olmos fue el editor del sello Caballo de Troya (cuya magnífico eslogan “Para entrar o salir de la ciudad sitiada”, ya dice mucho de lo que buscan con sus libros) como parte de su reciente política de invitar a reconocidos autores a seleccionar seis libros para ser publicados durante un año. Y fue así como leí por primera vez el nombre de Almudena Sánchez, una de sus apuestas literarias. Lamentablemente, su libro no llegaba a esta parte del mundo, mientras en paralelo me enteraba por medios como Twitter que “La acústica de los iglús” ya iba por la séptima edición en España. Y así pasaron los meses, hasta que revisando el programa de la Feria Internacional de Libro de Lima 2017, buscando el horario de algunas charlas, me topé con su nombre en una mesa sobre el cuento hispanoamericano que se daría cinco días después. Era la única que tendría.Ni corto ni perezoso, le pregunté a una amiga si el libro se hallaba en el stand de Penguin Random House, y sí, milagrosamente lo habían traído. Y ella también empezó a leerlo, confesándome que era un libro que la estaba emocionando. Y es que si hay algo que logran los relatos de esta joven escritora,es transmitir emociones. Allí están la melancolía de “La señora Smaig”, la tristeza de “Eclipse”, la obsesión de “El arte incrustado” o la extrañeza de “El nadador del Hotel Minerva”. Leer sus cuentos es una buena manera de salir de los textos comunes y repetitivos, y en el que las atmósferas lo terminan envolviendo a uno por completo. Antes de que partiera a hacer turismo por Lima y Cusco, tuve la grata oportunidad de conversar con ella.

“Hay algo de lo que nos curamos y pasarán los años y no nos curaremos nunca.” dice el epígrafe de Natalia Ginzburg al inicio de tu libro. Heridas que no terminan de cicatrizar. ¿Cómo concibes estos traumas en los personajes de tus cuentos? ¿Cómo a pesar de las circunstancias y tantos mensajes de optimismo superficial que hay en el mundo estas cosas son tan profundas que quedan como una marca tanto psicológica como física? Pienso en escenas de tus cuentos como la del padre desapareciendo en las arenas movedizas o la chica sangrando en medio de un concierto de piano


La cita que mencionas la encontré en “Las pequeñas virtudes”, uno de mis libros favoritos. Es una escritora que admiro y su frase me pareció que resumía bien el libro, y también lo que es la literatura y el arte. Son esas cosas de la que no nos curaremos porque realmente los seres humanos tenemos un vacío interior que está ahí y que hay que reconocer y aceptar porque hay muchas cosas que no tienen respuesta. Estamos en este mundo tirando para adelante, pero sin saber qué va a pasar, sin saber qué hay después, sin saber casi nada, y bueno, la vida también tiene su encanto por eso ¿no? Por el miedo a vivir y por la excitación que supone no saber qué es lo que nos va a pasar. Entonces esa cita de Natalia Ginzburg está por eso. Yo creo que mis personajes son personajes heridos que aceptan que tienen una herida y a veces lo toman con humor para sobrevivir. Yo creo que el humor es un arma que puedes utilizar para sobrevivir a distintas situaciones. Y a veces se lo toman con resignación, como “esto es lo que soy” y entonces así tengo que ser. Otras veces son personajes que huyen mucho. En el libro son personajes que escapan porque no se sienten a gusto en ningún sitio. Esa idea de no estar bien en ninguna parte e intentar buscar tu refugio o una puerta de escape.


Como escapar de la imposición de roles

Claro, también. Este libro tiene mucho de desobediencia. Los mismos personajes se dan cuenta que no encajan en un mundo no hecho para ellos.Yo he intentado hacer personajes humanos con todo lo que ello implica. Personajes que tengan momentos de tristeza, alegría, melancolía y de ternura. Yo creo que todas esas texturas configuran lo que es el ser humano y mis personajes van por ahí. He intentado acercarme lo máximo posible una textura humana.

Eso me lleva al trabajo de las imágenes. En tus relatos dedicas especial atención a las atmósferas . ¿Cómo es ese proceso? ¿Qué es lo que más valoras de ello?

Las atmósferas para mí son muy importante. Tengo un referente cinematográfico que es David Lynch, un director que básicamente se centra en la atmósfera para brindarte una sensación o un sentimiento. Los personajes están desdibujados y tú entras en un terreno extraño. A mí eso es lo que más me interesa de la literatura. De hecho, estoy tan obsesionada con las atmósferas que gustaría escribir un cuento que solo fuese atmósfera pero es muy difícil (risas). Creo que la atmósfera puede ser más que un personaje. Puede ser más potente. Este es un libro totalmente atmosférico, de sensaciones. Es un libro como para experimentar una emoción. No es para entender una historia ni entretenerse con un personaje ni seguir una trama. Es un libro de más punzadas emocionales.

En “La acústica de los iglús” las protagonistas son en su mayoría adolescentes, jóvenes con emociones desbordadas y una pasión sin un rumbo fijo, lo que a veces esto puede ser un impulso, pero también te puede atrapar y asfixiar en cierto sentido. ¿Cómo se da ese interés en particular por esta etapa?¿Qué características buscas dotarle a este tipo de personajes?

La adolescencia es una etapa que me interesa mucho. Mi adolescencia fue bastante convulsa porque cambié en muchos momentos . Se relaciona con la configuración de la identidad, porque en la adolescencia estás independizarte de todo y configurando lo que eres para enfrentarte al mundo. La infancia es un mundo difícil, pero en el que estás más protegido pues tienes a tus padres, a tu familia, un colchón bastante grande. En la adolescencia ya empiezas a separarte de todo y me parece muy interesante esa primera vez de enfrentarse al mundo: ver que vas a estar solo. Y la“La acústica a los iglús” es la soledad, el frío, la supervivencia, las lágrimas. Es un poco esa amalgama y me motivaba mucho que mis personajes experimentaran eso como adolescentes.

¿Cuál fue la experiencia que más te gustó al trabajar este primer libro? ¿Cómo fue tu relación con tu editor?

Mi experiencia de verdad ha sido muy buena. Me he sentido muy acogida y tengo que decir que doy gracias a cada uno de los lectores que ha comprado este libro. Yo puedo dar las gracias mil veces, pero no es bastante porque es una alegría diaria la que estoy recibiendo y que casi no puedo compensar. Espero que mi literatura lo haga porque realmente me siento muy afortunada (risas).

Mi relación con Alberto Olmos ha sido desde el principio, muy buena. Es un editor estupendo, igual que escritor y profesor. Es muy inteligente y sabe conectar con tu literatura, siendo muy respetuoso en todo momento. Supo darme consejos y motivarme cuando era necesario. Y también regañarme cuando era necesario. Es una tarea también psicológica y al final este libro tiene mucho de él. Se lo agradezco mucho. Creo que en la relación editor-escritor tiene que haber un vínculo para que todo salga bien. Yo creo que a Alberto Olmos esto le gustaba, le producía ilusión y creo que se ha notado.

Fuiste parte de una antología que se hizo de narradores jóvenes. ¿Con qué escritores españoles de tu generación te identificas más? ¿Qué propuestas te parecen interesantes en el panorama narrativo en España?

Estuve en la antología “Bajo treinta” que es una antología que se hizo en la Editorial Salto de Página y el antólogo fue Juan Gómez Bárcena que, por ejemplo es uno de los escritores de mi generación y ha publicado un libro “Kanada” en Sexto Piso. y es uno de los escritores a los que yo sigo. También sigo a poetas, como por ejemplo Luna Miguel o María Sánchez. Me gusta mucho cómo escribe Matías Candeira que es otro escritor de mi generación. Isabel González que es un poquito de la generación siguiente, pero es una autora que ha escrito un libro que se llama “Mil mamíferos ciegos” en la Editorial Los Bigotes.Extraordinaria. Hay un chico que se llama Daniel Monedero que ha escrito un libro que se llama “Manuel de jardinería para gente sin jardín” y también es una maravilla.

Hay fases muy poéticas en tu libro . ¿Cuál es tu relación con la poesía? ¿Tienes poemarios inéditos?

No escribo poesía pero he leído muchísima poesía y me encanta. Acá en la Feria del Libro he comprado bastante libros de poesía. He comprado libros de Blanca Varela, una edición preciosa de César Vallejo, y también estoy llevando libros de Carmen Ollé. Los libros que no utilizan los recursos del lenguaje, que son muchísimos, están bien, pero creo que al utilizar el lenguaje, manipularlo, ver hasta donde lo puedes retorcer, elevas muchísimo la narrativa y la prosa de un libro. Creo que un escritor tiene que saber buscar el adjetivo que llamé la atención, el ritmo de la prosa, lo cual tiene que ver mucho con la poesía; el ritmo y la musicalidad. Creo que cuando un escritor consigue que eso esté presente en un libro, se eleva muchísimo como dije y emociona mucho más. Los escritores también estamos para utilizar el lenguaje, no solo contar historias. Un escritor tiene que amar el lenguaje por encima de todas las cosas.

Eres colaboradora en algunas webs culturales como “Ámbito Cultural”. ¿Qué es lo que más disfrutas de ello?

Yo empecé haciendo críticas en “Ámbito Cultural”. Es una web que me encanta y que además está muy bien trabajada. Empecé haciendo crítica ahí porque quería probar mi faceta de escritora. Y siempre quieres dar una opinión de los libros que realmente te fascinan también. Aparte de escribir hay un mundo que también te encanta que es el de expresar tus opiniones sobre un libro. Al final está relacionado con la cultura que te envuelve. Tienes que leer, que nutrirte. Es algo que empecé a hacer con mucha ilusión hace 7 años. Ya no hago tantas críticas porque desde que he sacado el libro tengo más actos, más cosas y no me da tanto tiempo hacer crítica. Creo que es muy importante la labor de los críticos, que los libros tengan visibilidad, que hayan periodistas culturales. Todo eso es muy necesario. Ámbito Cultural está creciendo más. Empezó como un portal que no tenía tanta visibilidad y con el tiempo está teniendo muchos seguidores. Entonces están contentos y cuando yo puedo hacer una reseña para ellos me da mucho gusto.

Siempre es bueno abrir nuevos espacios

Sí. Ahora hay una revista que tiene mucha visibilidad y prestigio que se llama “Oculta Lit” que es una maravilla y que está impulsando mucho a los jóvenes, a los poetas…a los narradores en general. Y está muy bien porque lo hacen con mucho cariño. También hay una revista que se llama “Criticismo” en Barcelona, muy buena. Luego también hay un blog que se llama “Libro: instrucciones de uso” con un contenido buenísimo. Yo siempre me he movido por esos terrenos. He intento colaborar con ellos y apoyar. Me parece que es algo que aparte de escribir, los escritores tenemos que hacer en la vida cultural, participando. Si nos emociona un libro debemos intentar comentarlo. Siempre es un gusto ¿no?

Y hablando de recomendar ¿Algún libro, película o serie que te haya sorprendido de buena manera recientemente?

Un libro de poesía que se llama “Chocar con algo” de Erika Martínez. Es una poeta magnífica. Está publicado en pretextos y se lo recomiendo a todo el mundo. Voy a recomendar una película rara que la pusieron hace meses o casi un año en España que duro muy poco porque es de esas películas que casi no duran. Se llama “The Duke of Burgundy”. Es una película que me gusta porque es atmosférica, extraña, hay un bosque y no sabes bien lo que pasa, hay una relación extraña entre dos mujeres y una muy buena película que no duro casi nada en el cine o casi un año. También voy a recomendar otra que es “Colossal” de Nacho Vigalondo.

Por último, ¿se viene algo algún libro pronto?

Estoy trabajando en una novela. Ya voy como 40 paginas. Es una novela cuya idea me encanta y estoy trabajando para ver cómo sale. Sigue la tónica de “La acústica de los iglús” y si bien es otra cosa, siguen presentes la adolescencia y las mujeres ,Yo espero que sea una evolución.


[Transcripción: Alejandro Alva]

(Entrevista publicada originalmente en el portal web "Punto y Coma")