"These days there’s so much paper to fill, or digital paper to fill, that whoever writes the first few things gets cut and pasted. Whoever gets their opinion in first has all that power". Thom Yorke

"Leer es cubrirse la cara, pensé. Leer es cubrirse la cara. Y escribir es mostrarla." Alejandro Zambra

"Ser joven no significa sólo tener pocos años, sino sentir más de la cuenta, sentir tanto que crees que vas a explotar."Alberto Fuguet

"Para impresionar a las chicas de los 70 tuve que leer a Freud, Althusser, Gramsci, Neruda y Carpentier antes de llegar a los 18. Para seducir a las chicas de los 70 me hice especialista en Borges, Tolstoi, Nietzsche y Mircea Elíade sin haber cumplido los 21. Menos mal que ninguna me hizo caso porque entonces hoy sería un ignorante". Fernando Iwasaki


lunes, 24 de julio de 2017

[Entrevista] Jennifer Thorndike: “Ninguna situación de violencia debe ocultarse o callarse.”


La primera vez que leí a Jennifer Thorndike fue el 13 de agosto del 2013 según tengo registrado en Goodreads, mucho antes de conocerla. Recuerdo que saqué la primera edición de "[Ella]" de la biblioteca del Centro Cultural de España, saliendo de la universidad, animado por algunos comentarios que vi en la web. Cogí el libro antes de cenar y no pude soltarlo toda la noche.Ni comí porque lo leí de un tirón. Era un libro distinto dentro de la narrativa peruana contemporánea , y lo digo en el mejor de los sentidos, pues era una propuesta donde se exponía una historia claustrofóbica, con temas crudos y una protagonista ahogada por las circunstancias que le tocaron vivir. Atrapada y sin posibilidad de rehacer su vida. No es fácil desacralizar una relación maternal y menos, redoblar la apuesta como lo hizo en su siguiente novela "Esa muerte existe" (Literatura Random House, 2016). Aprovechando la necesaria reedición de esa primera novela que leí, gracias al sello DEBOLS!LLO, conversamos sobre distintos temas en la siguiente entrevista:

En tu obra encuentro un elemento que se manifiesta de manera constante: la competencia desmedida, que lleva a los personajes a actuar de forma extrema y cruel. Todos sufren una sociedad que los excluye y margina volviéndolos meros objetos prescindibles ¿Nos estamos volviendo conscientes del lado más oscuro y peligroso de este contexto?

Es muy común que la gente que no se adapta a ciertos moldes sea excluida, sobre todo, del marco social. La exposición de la intimidad en las redes ha incrementado esta competencia. Obviamente, esta ya existía desde que se inventó el neoliberalismo, pero que se ha vuelto más obsesiva porque estamos en un constante estado de vigilancia y también nos comportamos como observadores y opinadores de todo. En mis novelas estos personaje excluidos, de pronto también somos todos. ¿Por qué? Porque de alguna manera nosotros también sentimos abandono, odio, temor, tristeza, rabia, competencia, pero es nuestro lado B. Es el lado que no mostramos y que queremos negar que tenemos. 


Las dos principales relaciones tormentosas que aparecen en tus novelas se dan a nivel maternal ( en "[Ella]") y fraternal (en "Esa muerte existe" ). Si bien cada vez más se habla sobre la violencia machista, ¿qué tanto se aborda la ejercida por mujeres contra sus congéneres, tanto en la literatura como en el mundo académico?¿qué particularidades encuentras en este tipo de abuso?

A mí me parece vital hablar de las relaciones de abuso entre mujeres porque las mujeres las vivimos cada día. Y con esto no niego que es obvio que el machismo es más común y está más generalizado, pero no hay que negar que la competencia entre mujeres es feroz. O que existen madres manipuladoras que se parecen a la de mi novela o hermanas que se hacen daño porque han crecido en un ambiente tóxico que no les ha permitido crear otro tipo de vínculos. Las relaciones humanas no son perfectas. Si se habla del machismo, me parece perfecto. Pero todos deberíamos pensar que existen relaciones abusivas en donde la victimarias son mujeres. Ninguna situación de violencia debe ocultarse o callarse.

Y un tipo de violencia muy latente en tu novela es la psicológica, capaz incluso de alterar el estado fisiológico de las víctimas, como el de la hija en “Ella” , deteniendo su capacidad reproductiva y anulando su deseo sexual. ¿cómo se dio el proceso de investigación y documentación para mostrar esto de manera tan impactante?

La violencia está en todas partes. Vivimos en un constante estado de alteración, hay demasiados estímulos, un sin fin de opiniones, cientos de personas queriendo lo mismo que tú y peleando por ser mejor a cualquier precio. Y luego está la violencia que provocamos contra nosotros mismos y los demás. La violencia psicológica es dura porque puede alterar la forma cómo te comportas, cómo te sientes, si tienes ganas de levantarte de la cama o de quedarte ahí porque te sientes mal. El cuerpo reacciona, el cuerpo se resiente y se altera. Desde envejecer hasta engordar, o perder pelo o perder la menstruación como en la novela. El cuerpo es lo que somos y reacciona ante lo que sentimos.


“Si yo hubiera tenido las mismas oportunidades, hubiera llegado a ser alguien. Pero no las tuve.” (pág. 65) Esas líneas me parecen una crítica al optimismo sin sustento que se deriva del sistema económico, el cual termina siendo nocivo y dañino, por la gente que termina siendo aplastada y marginada. Una manera de desmontar la “ficción oficial” que nos quieren imponer como decía Piglia. 

A mí me interesa la economía, me interesa la lógica de la competencia voraz en la que nos hemos criado y cómo eso altera nuestras relaciones. Tenemos que ser mejores a cualquier precio. Cuando la hija habla de que no tuvo ninguna oportunidad, lo dice porque su familia la ve como una débil mental y una fracasada. Obviamente le molesta porque sabe que no lo es y es incapaz de demostrarlo. Eso es lo que nos ha enseñado el neoliberalismo: que tenemos que demostrar que somos alguien y ni siquiera demostrándolo es suficiente porque siempre se nos exige más y más. Es destructivo y mis personajes, más en "Esa muerte existe", se destruyen a otros y a sí mismos por esto.

Un cuento tuyo que me gustó mucho y se encuentra en "Antifaces", es Sobrevivientes, el cual me hizo recordar la ferocidad con la cual se ataca y calumnia en redes sociales. ¿Se está alterando nuestra forma de relacionarnos, o es que siempre fuimos así y las redes virtuales son la vía que encontramos para canalizarlo?

Creo que siempre fuimos así, pero ahora se tiene el medio para decir lo felices que estamos, lo bien que la pasamos y cuánto triunfamos aunque nuestro mundo esté en ruinas. De eso habla el cuento. Es casi una obligación autoimpuesta. Y muy tonta, por cierto.

El control que se ejerce sobre el cuerpo, mediante la tortura física o su mercantilización, como muestras de muy buena manera en En esa muerte existe, no es un tema que en lo cotidiano se discuta de la manera que debería, a pesar que está muy enquistada en nuestra sociedad a través de los cánones de belleza a los que uno es bombardeado a diario, por ejemplo, etiquetando como “deforme” a quien no se alinea. ¿Hay manera de resistir este sometimiento del que somos víctimas y victimarios? ¿Cuáles son los verdaderos “monstruos” de nuestro día a día?

Hay maneras de combatirlo, pero es difícil. Creo que primero habría que pensar, obviamente, que la belleza no debería ser una medida para las mujeres. Yo estoy en contra de esas campañas que dicen que “todas son hermosas” porque se sigue pensando que las mujeres tenemos la obligación de ser bellas. Lo que hay que intentar es estar contento con uno mismo, aprender a quererse. Por qué voy a maquillarme, por qué voy a odiar mi cuerpo, por qué me voy a sentir fea, por qué tengo que ser de una manera determinada para sentirme bien. No es fácil, lo repito, para mí nunca ha sido fácil. Una vez posteé una foto mía en Facebook en que salía medio desnuda, aunque no se veía nada. Pero para mí lo importante era el mensaje: he cumplido 30 y por fin comienzo a sentirme cómoda con mi cuerpo. Es en parte verdad, pero es una lucha diaria. El monstruo es la violencia de cualquier tipo, siempre seguirá siéndolo. La violencia genera miedo, silencio, dolor, culpa, muerte. Y parece imparable. 

Finalmente, y para cambiar un poco el tono ¿Qué nos puedes contar sobre tus aficiones, como lectora de distopías y gamer ? ¿Cómo influyen en tu narrativa y tu investigación académica?

Soy una friki total. Las distopías me gustan porque se muestra hasta dónde es capaz de llegar el ser humano con tal de sobrevivir en situaciones extremas. Eso está en mis novelas. Estar en una situación así puede llevar a maneras muy ingeniosas de continuar viviendo, pero también a las maneras más violentas y crueles. De los videojuegos yo rescato la atmósfera, la intensidad, el no tener descanso. Me gusta esa sensación de ahogo que te produce no saber qué te vas a encontrar al abrir una puerta o cuando te encuentras con alguien en quien no sabes si vas a poder confiar. Ese ritmo frenético y sin descanso es lo que quiero que tenga todo lo que escribo. Hay escenas que he tomado de videojuegos para mis novelas. En [Ella] hay una referencia al Silent Hill 4 - The Room. No he tenido la suerte de jugar tantos juegos de rol, pero lo que me fascinaba de ellos era la creatividad que había que usar para salir de situaciones inesperadas. Todo me influye, todo está ahí presente cuando escribo. Y si hay algo que me alegra es poder tomar elementos de lo pop, de lo friki y de mis lecturas académicas sobre teoría política y filosofía para escribir. El resultado es un proyecto en construcción que tiene mucho camino por recorrer. Pero me queda la satisfacción que traté y estoy tratando de hacer algo diferente.

 (Esta entrevista se publicó originalmente en el portal web "Punto y Coma")


jueves, 20 de julio de 2017

“Razones para desconfiar de sus vecinos” de Luis Noriega

Literatura Random House. 312 pp. S/.59

No es fácil generar risas en la literatura. Por lo general, cuando un narrador quiere mostrar cuotas de humor en sus novelas o cuentos, corre el peligro de terminar causando bostezos o generar una incómoda molestia. Muchos autores peruanos por ejemplo, creen que llenando  sus páginas de lisuras o jergas de hace tres o cuatro décadas, provocarán las sonrisas de sus lectores. A ellos les recomendaría, este volumen del autor colombiano Luis Noriega (Cali, 1972), ganador del Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez 2016.

“Razones para desconfiar de sus vecinos” está compuesto por once cuentos, la mayoría extensos para el promedio latinoamericano, en los  que el común denominador es el cumplimiento de un  viejo dicho popular: la ociosidad es la madre de todos los vicios. Los protagonistas de este libro, están en su mayor parte, cansados de la vida que llevan. Ninguno ha logrado sus aspiraciones iniciales o simplemente no las han tenido. Algunos dan la sensación de haberse abandonado, esperando un golpe de suerte que cambie el rumbo de sus vidas (y que los que los rodean tomen lo noten cuando pase). Es lo que sucede en el notable Salinger¸ donde un profesor apodado como el enigmático escritor estadounidense, logra el ansiado premio literario que lo haría resaltar por fin entre sus colegas y su alumnado, y sin embargo, corren las horas y el mundo sigue igual de gris y monótono para él. Se ansía la revancha, más que la gloria en sí. En El problema de Randy, segundo relato del libro, el problema del protagonista es la inacción frente a la posibilidad de cometer o no un asesinato, luego de tomar consciencia que uno de los mayores miedos del hombre actual no es la muerte corporal, sino el aburrimiento. ¿Cómo lidiar con la apatía y el desgano? Cometiendo un crimen, resuelve el protagonista, o acercándose lo más posible a ese momento como en Parte de la religión. Eso o seguir lidiando con una suegra como la que aparece en Cómo perder la fe y ver los anhelos de uno desaparecer una y otra vez.

Las doce leyes del éxito es un cuento en el que además de las divertidas escenas con las que Noriega satiriza los “mantras” de los manuales de autoayuda mediante las peripecias que le suceden a Jaime, el protagonista,  durante un viaje a Colombia, hay una más que interesante exploración de la legitimación del plagio en la que el farsante alcanza un reconocimiento desde fuera del ámbito oficial. ¿Es o no es delito pasar como falso algo que no existe originalmente? ¿No es más franco y frontal ese mundo ilegal, que el oficializado e hipócrita que se muestra en Et in Arcadia ego, relato de burla implacable al mundillo de escritores latinoamericanos?

El cuento que presta su nombre al libro, no es el mejor de los que están incluidos, pero es una síntesis de la propuesta de Noriega: combinar un lúcido humor negro con un provocador acercamiento, nada solemne, a la violencia cotidiana que puede generar el aislamiento cada vez más patente, en nuestra aldea global supuestamente más “conectada” entre sí, añadiendole a ello la frustración de no cumplir con las expectativas que se espera de uno y terminar quedándose con la sensación de estar  atrapado en una inercia infinita. Vale la pena darse un tiempo para estas historias.

+ Sobre el autor:

Escritor. Ha publicado tres novelas: Iménez, ganadora del Premio UPC de Ciencia Ficción en 1999; Donde mueren los payasos (2013) y Mediocristán es un país tranquilo (2014). Su libro más reciente, la colección de cuentos Razones para desconfiar de sus vecinos, ganó en 2016 el Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez, uno de los galardones internacionales más importantes del género.












(Se publicó una versión de este texto en el portal web "Punto y Coma")


jueves, 29 de junio de 2017

“Una calma aparente” de Christian Solano

Animal de invierno. 2017.120pp. S/.35

Que de un volumen de ocho relatos, tres sean aceptables y dos muy buenos, es algo más que meritorio en la literatura peruana reciente en la que abundan los cuentos que optan por blindarse al tocar temas “políticamente correctos”. Christian Solano (Lima, 1976) opta por investigar los fracasos de las relaciones afectivas tomando como atmósfera la clase media baja de la Lima de las últimas décadas, saliendo bien librado en la apuesta.

Comencemos por los dos cuentos muy buenos a los que me refiero, que son justo los que abren el libro. “Familia” va sobre la degradación acelerada de una relación maternal conflictiva, en la que hija nos cuenta la devastación que el alcohol ha causado a su madre y el rencor que ha ido calando en su interior hacia ella, acentuada por la desaparición su padre, el único ser capaz de brindarle algunas ráfagas de felicidad. Dicha sensación de resentimiento termina por hacerla usar su cuerpo como un arma más y que la venganza sexual la lleve a prescindir de cualquier atisbo de duda al momento de ejecutar su plan. Y si bien el final puede parecer algo tremendista, la desacralización de la figura maternal está bien llevada por Solano en esta historia.

“Love will tear us apart”, el más logrado del libro, podría denominarse el cuento de la friendzone o el deseo no correspondido capaz de aturdirlo a uno por años. La no consumación del acto sexual es una frustración que el protagonista del relato no puede quitarse de encima y lo lleva a estar atascado. Es lo que lo destroza, tal como enuncia la canción más conocida de Joy Division, siendo su orgullo lo primero que siente perder por este anhelo casi obsesivo, en el que se vislumbra los contrastes entre la clase media y alta, y el arribismo que se canaliza a través de la atracción sexual latente.

En los siguientes tres cuentos hay elementos que deben destacarse. EnParque de las Leyendas”, por ejemplo, hay una intención de ironizar sobre la dependencia ridícula a las redes sociales y el narcisismo consecuente que se produce. Una sátira que pudo ser mejor llevada de no ser por las voces poco logradas de los personajes. Mejor resulta “Paradero inicial”, en el que un chofer de cúster se debate entre la hipócrita rectitud moral que le imparten en la iglesia a la que acude con su esposa y el desprendimiento de dichos pudores sociales al relacionarse sexualmente con una joven necesitada de dinero. “Los patinadores del espacio” por su parte va sobre la pedofilia, la transformación de las relaciones parentales y el muro invisible entre las últimas dos generaciones, destacando la crudeza y la alternancia de narraciones.Primera vez” explora la visita de la collera del protagonista a un prostíbulo de mala muerte y cómo se diferencian las relaciones sentimentales que tuvo, con la excitación sexual que le produce Eva, la prostituta.


Los dos últimos cuentos debieron ser descartados. En “Período de prueba” el narrador parece más preocupado en describir el centro comercial en el que se encuentra  y apela en algunos tramos a reflexiones que no aportan a lo que se está contando, mientras que “Una calma aparente” parece querer abordar temas como la migración y  el fracaso de un vínculo afectivo, pero no termina de cuajar ninguno. Pero dos cuentos así no desmerecen todo el conjunto. Ello me permite saludar la aparición de libros como este, con una oralidad destacable que va de la mano con el buen uso de la Lima informal como escenario.

+Sobre el autor:

(Lima, 1976): Estudió Literatura en la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). Incluido en «Circo de Pulgas», Minificción Peruana (Micrópolis, 2012); «Ballenas en Hormigueros», Antología Latinoamericana de Minificción (Ojo de pez, 2014); Antología Trinacional de Minificción «Borrando Fronteras - Ergo Sum 2014» (Argentina-Chile-Perú). Finalista I Concurso de microrrelatos «Inspiraciones nocturnas» de la revista virtual Diversidad Literaria, España. Publicó «Almanaque», (Micrópolis, 2014. Lima), «Motivos de fuerza mayor» (Ediciones Sherezade, 2015. Santiago d.e Chile)

(Texto publicado en el portal web "Punto y Coma")

sábado, 24 de junio de 2017

“Escrito en el agua” de Paula Hawkins


Planeta.2017.398pp. S/.69

No es fácil escribir una novela negra capaz de engancharlo a uno por cerca de 400 páginas y, menos aún, realizar a la par y  de manera espléndida  una lectura crítica de distintos problemas de índole social vigentes, eludiendo la riesgosa posibilidad de caer en tonos didácticos o soporíferos.  Muchos escritores desprecian a los best-sellers, sin distinción alguna entre estos libros, por el solo hecho de tener una cantidad de lectores que ellos ya quisieran. Estos autores proponen y defienden, cada vez que pueden, una división entre estos dos bandos. Una frontera que los distinga, y enmascare así su exclusivo interés en ganar prestigio sin ser leídos. O bueno, el hecho de ser leídos solo por críticos, académicos o el jurado de algún premio, y por ahí aparecer en la sección cultural de un diario o portal web para luego pasar al olvido en un par de semanas y sus libros sean retirados de las librerías sin pena.

Y es que si bien, como en cualquier tipo de manifestación artística, lo libros destacables por calidad representan un pequeño porcentaje de aquellos prescindibles, existen autores como Stephen King, Gillian Flynn o Paula Hawkins que vienen escribiendo desde hace años, novelas del primer tipo, capaces de generar fieles  y devotos lectores, más allá del reducido círculo de letraheridos atentos a las novedades de las grandes y pequeñas editoriales. Escrito en el agua es uno de esos libros.

No hay lugar para la inocencia en estado puro en el libro de Paula Hawkins (Zimbabue, 1972), escritora que se hizo mundialmente conocida por La chica del tren (Planeta, 2015), thriller cuyas ventas superaron los 20 millones de ejemplares y fue adaptada recientemente al cine.  Todos los personajes tienen motivos para haber realizado un crimen, ya sea por los deseos más crueles e inhumanos que uno pueda imaginar, o por el simple deseo de venganza y justicia, causado por un contexto de inseguridad y vulnerabilidad perenne, invitando al lector a sumergirse (verbo que aparecerá de manera constante en la novela) en el texto para, más que hallar al culpable, ser testigo del horror que desde hace siglos se encuentra enquistado en la pequeña  y asfixiante comunidad ficticia de Beckford.

Jules recibe la noticia de la muerte de su hermana, la escritora Nel Abbot, por lo cual tiene que volver al pueblo donde ambas crecieron juntas, a seguir las investigaciones sobre su misterioso ahogamiento. Las autoridades trabajan en torno a la tesis del suicidio, pero  el comportamiento extraño de muchos vecinos ,que se va revelando página a página y el trabajo que Nel venía haciendo sobre las muertes de muchas mujeres en el llamado Pozo de los ahogados, hacen sospechar que hay todo una maquinaria detrás del fatal desenlace. Jules además tendrá que lidiar con Lena, su volátil sobrina huérfana y con los recuerdos del tortuoso pasado adolescente del que buscó escapar en los últimos años.

La estructura coral de la novela, alternando entre narradores en primera y tercera persona dependiendo del personaje cuya visión o contexto de los hechos se quiere contar mientras la investigación del deceso sigue fluyendo, y la inclusión de fragmentos del libro de Abbot sobre las mujeres desaparecidas del pueblo,  tiene como principal efecto involucrar al lector como detective con una múltiple mirada de los hechos, examinando la psicología de cada personaje y reflexionar más allá del curso de las acciones. Es un engranaje criminal del que todos son participes, por complicidad directa o indirecta, con motivaciones que de manera lenta pero macabra van gestando conductas fatales

Y es que la historia de Hawkins aborda el tema de los feminicidios y la sistemática reproducción de los mismos en la más completa impunidad e indiferencia, lo que evoca la excelente obra de Arthur Miller, Las brujas de salem (1952) impactante alegoría de su época. La violencia tanto física y psicológica de la que prefiere no hablarse en público, tornándose en un tema menor en la comunidad y al interior de cada hogar. Es una herencia doméstica que se repite incansablemente y que solo es posible de rechazar desde la locura de uno de los personajes.  Pero la autora va más allá y también pone sobre el tapete la rivalidad fraterna y sobre todo, la existente entre mujeres, que muchas veces no sale a la luz, y es igual o más peligrosa. Uno de los personajes dice por ejemplo: No entiendo a la gente como tú, que siempre escoge culpar a la mujer. Si hay dos personas haciendo algo mal y una de ellas es una chica, tiene que ser culpa de esta, ¿no? (pág. 339) denunciando como el sistema patriarcal es capaz de condicionar la culpabilidad basándose solo en el sexo de los involucrados y no en la objetividad de los hechos. Como muestra, está la violación sufrida por una de las protagonistas no asumida hasta muchos años después de ocurrida evidenciando también que los recuerdos son materia maleable, movible, capaz de ser modificada y transformada de manera constante. Pero lo más terrible de ellos siempre termina saliendo a la luz, siendo dicha sensación con la que nos  quedamos los lectores..

+Sobre la autora:

Paula Hawkins trabajó como periodista más de quince años antes de pasarse a la ficción. Nacida y criada en Zimbabue, Paula se mudó a Londres en 1989 y vive allí desde entonces. Su primer thriller, La chica del tren, se ha convertido en un fenómeno global, con más de veinte millones de ejemplares vendidos en todo el mundo. Se ha traducido a más de cuarenta idiomas, colocándose en el primer puesto de las listas de ventas de todo el mundo y ha sido adaptado al cine con Emily Blunt. Escrito en el agua es su segunda novela.



(Texto publicado en el portal web "Punto y Coma")


miércoles, 21 de junio de 2017

“De la pobreza no se escapa, no se escapa nunca”. Entrevista a Jack Martínez

Jack Martínez (La Oroya, 1983) acaba de publicar su segunda novela, Sustitución (Planeta, 2017) en la cual se abordan distintos tópicos como la dependencia tecnológica, la pobreza o la capacidad de la ficción para encubrir o modificar los recuerdos. Hace unos días pude conversar con él sobre dicha novela y otros temas.

Si hay algo tangencial a todos los personajes de tu novela es la sensación de carencia, tanto física como afectiva. Ese afán por completar dichos vacíos es cada vez más grave en nuestro tiempo. ¿Crees que dicha búsqueda nos está llevando a extremos cada vez más peligrosos ¿es más grave en nuestra época o lo estamos leyendo distinto?

Como lo señalas, hay varios tipos de carencia en el libro. Después podemos ampliar cada uno de ellos, pero ahora me voy a centrar en la carencia material y económica. En “Bajo la sombra”, por ejemplo, uno de los protagonistas termina en los márgenes de la ciudad pintando cajones de muertos. Y en esta nueva novela, uno de los personajes principales, el padre, narra su infancia en medio de la pobreza. En la novela hay una cita que muchos lectores me han recordado: “Nacer pobre es nacer convertido en un monstruo.” Los protagonistas tratan de escapar de esa especie de condición de ser incompleto, digamos; de no tener una vida económicamente estable y por ende tener una vida socialmente marginal. En ese sentido, si tú me preguntas si esa búsqueda está siendo cada vez más fuerte o más violenta yo diría que sí porque las ideas que nos venden, como la del emprendedurismo, por ejemplo, no son más que ficciones. Date cuenta de que el porcentaje de gente que logra “escalar” es mucho menor comparado al de la gente que se queda toda la vida buscando ese ascenso social, político o económico, y no lo logra. Y dado que la mayoría no lo logra, esa búsqueda se hace más violenta, más fuerte, más irracional y más absurda. En ese contexto, yo trato de producir una narrativa que desbarate esas ficciones, que trate de la carencia y se sitúe en el margen.

La biotecnología no es un detalle menor en la biografía del protagonista, un joven norteamericano hijo de peruano quien acaba una carrera relativamente joven en una ciencia tan llena de certezas. ¿Esta ultraespecialización es una forma de expresar el desapego sentimental, la evasión del sufrimiento y la falta de algo seguro o estable en la vida de Jesé que se extrapola a todo lo demás?

Sí. Jesé, personaje al que te refieres, es alguien que desde niño está muy obsesionado con las certezas. Es muy puntual, muy cuadriculado, quiere respuestas exactas y comprobables. No es de extrañarse que decida estudiar ciencias duras para convertirse en diseñador de prótesis, ya que sabemos que, además, su padre ha perdido una de sus piernas en la guerra. Estoy de acuerdo con lo que dices porque de alguna manera esas certezas son las que él necesita para completar la otra parte de su personalidad. Es alguien que ha sido criado en una sociedad en la que todo está planificado y en la que él tiene que lograr ciertas metas en cierto momento específico de su vida. Lo que sucede aquí, es que mientras él está alcanzando las metas que se ha propuesto, sucede un evento crucial y terrible, uno que se le escapa de las manos y termina por transformar tu vida. Entonces se desbarata todo lo planificado hasta entonces.


Si bien la empresa tecnológica que señala Laura al inicio de la novela se da por un tema de discapacidad física, puede tomarse como un guiño a lo que está sucediendo en los tiempos de las redes sociales, virtuales y comunidades artificiales. ¿Estamos llegando al límite en este sentido o estamos en el inicio de algo que se va a agravar?

No creo que el hecho de que la situación se intensifique signifique necesariamente que ésta empeore. Creo que tenemos momentos en los que el ser humano quiere evadir o transformar la realidad y lo intenta a través de diferentes formas. Las redes sociales, por ejemplo, te ofrecen la oportunidad de mostrar lo que tú quieres mostrar, así como la oportunidad de ocultar lo que deseas mantener en privado. A veces hay deslices, obviamente, pero en general, existe la sensación de que tienes un control sobre tu imagen pública. En ese sentido, la tecnología nos permite, más que antes, editar nuestra imagen para ofrecerla a la mirada del otro. Si ansío tener la atención de todo el mundo en las redes, por ejemplo, comienzo a comentar día y noche sobre cualquier tema coyuntural, aunque muchas veces no sepa muy bien de qué estoy hablando. Esos personajes, por ejemplo, están atentos a los temas de los que todo el mundo está hablando, entonces maquillan un poco sus declaraciones y entran a ese especie de río hacia el que la información está yendo. Repito, no creo que la aceleración tecnológica y el mundo virtual constituya algo negativo, sino más bien, la aceleración hacia algo que está en nuestra esencia, esa especie de combinación perfecta entre presencia virtual y el aislamiento físico que, por ejemplo, propone Houellebecq en La posibilidad de una isla.

La relación entre Jesé y Laura comienza con una  mentira, una ficción y sin embargo provoca emociones que se puede percibir como reales. La conversación entre ellos me parece análoga a lo que sería una sesión de psicoanálisis en la que dos mecanismos empiezan a funcionar en paralelo: uno externo en Jesé que es el de venderle una ficción a Laura y otro interno que es el desencadenar los recuerdos traumáticos que tiene guardados. En un libro del nobel J. M. Coetzee y Anabella  Kurtz (El buen relato: Conversaciones sobre la verdad, la ficción y la terapia psicoanalítica. Literatura Random House, 2015) ambos  discuten sobre ese tema preguntándose qué es lo más óptimo para alguien que tiene ese tipo de recuerdos. ¿Hallar una verdad consensuada u objetiva o buscar al alivio del paciente? ¿Estos mecanismos pueden llevar a la libertad o al alivio de alguien? ¿Cuál de las dos acciones crees que buscan más los personajes en esta novela? ¿Se puede huir realmente del pasado, borrarlo? ¿Qué tipo de codificación de la experiencia es la que quieres plantear en esta novela?

Bueno, voy a responder desde la experiencia de la construcción de mis personajes. Jesé, por ejemplo, quiere borrar su pasado. Mi protagonista, para enamorar a Laura, dice para sí: “yo quiero construirme un nuevo yo, y para hacerlo, tengo que borrar mi pasado e inventar una nueva vida”. Teniendo eso en mente, Jesé trata de que, en algún punto, la ficción se vuelva realidad. Obviamente, en las peripecias que pasa junto a su novia Laura, se da cuenta de que la realidad se revelará frente a él. Hasta entonces Jesé había intentado salvarse a través de su ficción, pero la verdad surge en contra de su voluntad y desarma todo el guion que había construido.

Como Coetzee propone: “Se puede a llegar, a través de la ficción, a la libertad y la verdad”

Sí, totalmente de acuerdo. Creo que él lo dice mucho mejor que yo. Pienso que existe esa posibilidad a través de la literatura, por ejemplo, y a través de nuestras propias ficciones y mentiras también. Mentimos constantemente, en mayor o menor medida. Pero las mentiras siempre serán complementarias a tu personalidad. En ese sentido, te van a construir y definir como persona. Por otro lado, a veces no hay fronteras muy claras entre la realidad y la ficción, entre la verdad y la mentira. Creo que algunas veces ambas pueden ir de la mano o convivir en un mismo espacio. La literatura es un ejemplo de lo que digo. Por eso cuando me preguntan qué tanto de ti o qué tanto de verdad hay en mis historias, pues digo que todo es verdad y mentira al mismo tiempo. Hay cosas de mí, pero también alteraciones propias de la ficción, hasta que finalmente todo se entrevera en un solo discurso.
Siguiendo en ese tema. Hay una escena en la que se narra el rol del Estado como encubridor de asesinatos que no le conviene al Estado que se sepan. ¿Cuál influyente crees que siga siendo el gobierno al momento de establecer una verdad como oficial? ¿Piensas que este poder de definir lo que se habla y lo que no,  ha perdido vigencia en estos tiempos con ese sistema neoliberal que vuelve más minúsculas las instituciones oficiales?

Al contrario. Creo que con el tiempo el Estado ha dejado de tener poder sobre los discursos oficiales, pero ahora la creación de ficciones nacionales es mucho más directa porque viene directamente desde el capital. Si se quiere inventar una ficción el día de hoy, por ejemplo, y se quiere decir en Chile que el pisco es chileno, hay todo un aparato de mercado que se colude con el Estado para poder propagar esa ficción, esa idea, hasta lograr interiorizarla en los consumidores. Eso es muy claro. Y se da también en el ámbito cultural. Es decir, quien tiene el poder económico (y por tanto mediático) va a decidir qué objeto cultural va a ser el que se promueva prioritariamente dentro del mercado. Así se construye la ficción que determinado objeto, elegido por ese poder, sea vendido en todos los periódicos y medios de comunicación como si fuera una gran obra de arte. Ese poder es innegable y está más vigente, claro y evidente que nunca.

Uno de los personajes habla de la pobreza sin exotismos ni superficialidades. Habla de una idea de carencia frente a su prójimo, de desigualdad y el resentimiento que esto puede desencadenar. Esta pobreza que parece una trampa en la que se cae y de la que no se puede salir es abordada desde tu novela sin maquillaje, con un contraste claro entre el pueblo y la ciudad artificial de Chulec, evocando el episodio de Redoble por Rancas en la que la aparición del Cerco que es una división clara y marcada. Han pasado más de 40 años y el problema sigue ahí. Ha cambiado la forma, pero el problema sigue latente. ¿Cómo ha abordado la literatura peruana más reciente estos temas? ¿Crees que los mecanismos  que se han usado son los más idóneos? ¿Qué puede hacer la literatura frente a esto desde su misma naturaleza?

Gracias por mencionar a Scorza, porque es un autor clave e injustamente silenciado. Yo sé que esto es algo con lo que no está de acuerdo mucha gente, pero para mí, “Redoble por Rancas” es la mejor novela peruana del siglo XX, ya que combina la literatura con elementos fantásticos, pero al mismo tiempo, la combina con lo andino y, como decías: sin caer en el exotismo y lo bucólico. Lo que yo trato de proponer, siguiendo un poco esa línea, es que hay una división entre los desposeídos y los privilegiados, pero ya no solo a nivel interno o local. Esa división en el Perú se muestra en la novela a través de una pequeña ciudad minera como La Oroya, donde vivían los obreros y no había ningún área verde y el rio estaba contaminado. Entonces me interesaba contrastar esa realidad con la de un lugar muy cercano, pues viajando 10 o 15 minutos, se podía llegar a Chulec, una ciudad hecha por y para ingenieros norteamericanos que llegaron junto con la empresa y donde había áreas verdes, casas bellas y limpias, el rio cristalino. Lo que me interesa es saltar de esa diferencia local andina a una diferencia también global. Es decir, mencionar lo que sucede en el Perú con lo que le va a suceder a Jesé en Estados Unidos. Porque así como el capital está esparcido en todo el mundo, la pobreza también es cosmopolita. Si tú lees el “Ojo Silva” de Roberto Bolaño, por ejemplo, te das cuenta de que él no te está hablando solo de Chile. El protagonista viaja a México, luego termina en los espacios marginales de la India. Y cuando Bolaño escribe este cuento, la India estaba en medio de ese gran resurgimiento económico y modélico para el mundo. Entonces están las dos caras de la moneda. Por un lado, puedes hablar del gran progreso económico, pero por otro lado también tienes que darte cuenta de que hay otra cara de la moneda. Y ya que hablamos de Bolaño, quien inicia su cuento diciendo: “De la violencia no se escapa”, se podría también decir lo mismo con respecto a la carencia económica que marcará de por vida a los que la sufren: “de la pobreza no se escapa, no se escapa nunca”.

Que en un país tan centralizado, uno de los personajes salte, específicamente el padre, de La Oroya a Chicago no es un elemento menor. ¿Crees que Lima es una ciudad que rechaza más al migrante del interior a comparación de una ciudad en el extranjero?
Decir que sí sería generalizar demasiado. Hay diferentes extranjeros y diferentes ciudades, pero sí podemos decir que Lima es una ciudad que segrega demasiado y estigmatiza y que al mismo tiempo discrimina mucho. Es una ciudad que a me parece muy violenta, muy agresiva. La manera como la gente maneja sus autos lo dice todo. Al mismo tiempo, como lo comenté al inicio, me gusta más narrar los márgenes.
Hay una crueldad sutil y a la vez muy agresiva en la inutilidad y obsolescencia del padre del protagonista. Este factor, crítica a un sistema de periodos cortos y existentes como en el campo laboral por ejemplo. ¿Hay forma de escapar de esta obsolescencia cada vez más marcada? ¿Se puede resistir a esto?

No, no hay forma. No hay un afuera del sistema. Y no lo digo yo. Por otro lado, hay estrategias de escamoteo, dice un pensador francés, Michel de Certeau, quien propone sacarle un poco la vuelta a lo que la sociedad nos impone. Por ejemplo, si vas al trabajo entre 8 y 10 horas, puedes sacar el teléfono de tu bolsillo y entrar a mirar tu Facebook y  Twitter y, de alguna manera, evadir un poco el control. Pero jamás puedes desligarte completamente de él.

En la página 82, Jesé se refiere al libro de Laura diciendo: “El libro que no cambiaría en lo más mínimo la vida de los inmigrantes latinos ni la de sus herederos, pero si la de Laura. Porque con esta publicación sería promovida investigadora y profesora principal del creciente Departamentos de Estudios Latinos.” Muestras cómo el interés por parte de la academia por ciertos temas sociales parte de un mero comportamiento arribista desbocado. ¿Qué tan grave es esta situación entre los académicos latinos en Estados Unidos y cuál es el mayor daño que esto puede provocarle a las ciencias sociales en general?

En primer lugar, creo que no solamente se trata de los académicos latinos en Estados Unidos, sino que es una cuestión generalizada. Es más, así como muchas veces la academia latinoamericana asume teorías occidentales, europeas o norteamericanas, y no solo en ciencias sociales, sino en otras ramas del conocimiento y tratan de adaptarlas, así también quienes ejercen esa adaptación copian esas actitudes de académicos de occidente guiados por la superación profesional que el sistema impone. Construyen conocimiento, pero en algún momento se corre el peligro de que éste no vaya a tener ningún efecto sobre el objeto de estudio. Aquí me burlo de ello porque Laura habla de todos los inmigrantes latinoamericanos que ha entrevistado, pero la vida de los que ha entrevistado no va a cambiar en absoluto y la vida de ella sí, porque va a ser ascendida. Hay un divorcio entre lo que se teoriza y lo que realmente sucede

Una de las cosas que me llama la atención del libro es que aborda de manera lograda los problemas globales y también los inherentes al Ande, en conjunto. ¿Cuáles fueron los principales referentes  literarios al momento de escribir tu novela y qué otros medios fuera del campo literario fueron vitales para la construcción de tu novela?

En cuanto a las referencias literarias, ya mencioné a Scorza. Edmundo Paz Soldán publicó el 2014 un libro que se llama “Iris”, donde aparece un mundo distópico, un planeta en el futuro en el que el capital llega para explotar minas. Lo interesante es que esta novela, de alguna manera, tiene elementos de la cosmovisión andina. Por ejemplo, los irisinos creen en un mito que es muy parecido al Inkarrí andino, donde va a llegar un momento en el que los oprimidos van a estar en la cabeza y los opresores van a perder el poder. Ese libro fue un referente, junto con “Las visiones”, relatos del mismo autor, especie de continuación del universo de Iris. Por otro lado, para la escritura de mi libro hice muchas entrevistas con científicos. Aprendí mucho de ellos. También entrevisté a ex soldados de guerra. Hay muchas instituciones para veteranos de guerra en Estados Unidos. Me puse en contacto con varios de ellos, específicamente latinoamericanos, para que me cuenten sus experiencias y para tener una idea de cuál era la percepción de ellos con respecto a la idea de nacionalidad y la de  servir a un país que no era el suyo.

En tu libro, obvias la migración de México a Estados Unidos y abordas el sufrimiento, la crueldad y a tortura que significa pasar de Centroamérica a México. ¿Cuáles son las posibles consecuencias de opacar temas como este frente a otros, sobre los cuales  es más fácil discutir pues ya tienen visiones establecidas? ¿Cómo lo ves en el tema de la narrativa?

El protagonismo de las tragedias depende de dónde están ocurriendo y lo vemos siempre con los ataques terroristas en Europa o con los problemas en Siria. La cobertura que tiene cada tragedia tiene que ver con dónde ha ocurrido. En ese sentido, cuando uno habla de los ilegales o el gran riesgo que éstos sufren al cruzar “la frontera”, inmediatamente pensamos en la frontera México – Estados Unidos. Y esas pequeñas o grandes tragedias son las que tienen el foco de atención. En ese sentido, yo quiero irme al margen, otra vez. Cuando descubrí que los centroamericanos tenían que sufrir peripecias para cruzar México, y que el trato de los policías mexicanos frente a estos inmigrantes es igual o peor al de la policía americana, me interesó narrar estas historias. Creo que debemos preguntarnos por qué el poder mediático enfatiza más unas tragedias antes que otras.

Tú que has sido crítico literario en prensa escrita y medios virtuales. ¿Cómo percibes el panorama actual  de la misma? ¿Hay lecturas cristalizadas que se reproducen y se replican como si fuera un espejo? ¿Se están abriendo nuevos espacios?

Creo que la crítica literaria sigue el mismo patrón desde hace más de cien años. Sigue habiendo críticos que tienen lecturas honestas del texto, pero son minoría. En la mayoría de los casos los críticos están guiados por intereses particulares o corporativos. En ese sentido, las redes o los blogs permiten voces disidentes. Quizás por ahí podemos rastrear algo positivo. Pero si hablamos de crítica en medios de comunicación, la dinámica sigue siendo la misma, creo yo. Exactamente la misma que en el siglo XIX: críticos unidos a los intereses de sus círculos literarios. Eso no ha variado ni un poco.
 

[Transcripción: Alejandro Alva]

[Entrevista publicada en el portal Punto y Coma ]

lunes, 29 de mayo de 2017

"Wakolda" de Lucía Puenzo

Duomo. 2013. 222 pp. / España
Tusquets. 2015.220 pp. / México

Josef Mengele. Un  nombre  capaz  de estremecer, inquietar y generar pesadillas. Basta unos pocos minutos buscando su nombre en la web para horrorizarse con los experimentos en los campos de exterminio que llevó a cabo uno de los mayores criminales nazi del siglo XX. Lo que sería materia para  una biografía histórica más, se transforma gracias a la narrativa de Lucía Puenzo (Buenos Aires, 1976) en una exploración llena de intriga, deseo y tensión, acercándonos a un terreno escabroso, más cercano que lo que las décadas de distancia con los hechos reales, pueden hacernos pensar.

Puenzo nos transporta a los días de Mengele en Argentina (un lejano rincón del mundo para los europeos), teñidos de una rutina idéntica, tediosa y gris,  mientras alberga la secreta esperanza que algo extraordinario sucederá. Es 1959, y los días del apogeo nazi han quedado atrás. El otrora jerarca alemán vive huyendo, alejado del poder que alguna vez ostentó,  aunque codeándose de vez en cuando, con algunos políticos locales a los que incluso aconseja. Hasta que conoce a Lilith. Y su obsesión enfermiza se revitaliza. No por nada ha mantenido cuadernos llenos de notas sobre sus estudios con experimentos humanos y algunos portaobjetos con muestras de sangre. Lilith es la que marca un quiebre. Una niña aria de doce años, ojos azules, portadora de un nombre que invoca la oscuridad, la trasgresión y el deseo,  y un extraño problema de crecimiento, siendo esta última característica lo que fascina al médico alemán ávido por manipularla genéticamente tanto a ella, como a su madre  descendiente germana quien, como descubrirá luego, está embarazada de gemelas.

La familia decide partir a Bariloche para administrar una hostería que heredan. Mengele los acompaña, lidiando por tener un perfil bajo, y cuya excitación por ese “espécimen monstruoso” se acelera en paralelo cada instante que pasa.  Mengele ve como su proceso de camuflaje peligra durante el viaje: al conocer a los indígenas (una raza bastarda, desde su óptica), al tomar en cuenta la ignorancia de la gente local, soportar un territorio hostil y desconocido, y el gran esfuerzo para controlar sus bajos instintos cuando la niña se pone provocadora y seductora.  Pero algo canaliza su odio y frustración, además de la presencia de Lilith: las muñecas que fabrica el padre.  La posibilidad de formar cuerpos perfectos. Manipular la materia a su antojo. Culminar de manera simbólica el proyecto nazi. Poder sobre los cuerpos, artificiales y humanos. Construir una imagen, un ideal a partir del Mal. El poder de un símbolo en apariencia tan inocente, como propaganda peligrosa y efectiva. La cúspide de la perversión.

El destino del personaje de Mengele, será la muerte apacible en una playa brasileña, muchísimos años después, sin nunca haber pagado por sus crímenes. Pero  a Puenzo lo que le interesa  es hurgar en los restos de crueldad que dejó como legado. Y el contraste de estas prácticas con la personalidad carismática que dejaba transmitir. El maquillaje que lo hacía granjearse la confianza de quien lo conociese. “Las peores catástrofes siempre empiezan así –pensó-. Sin que uno las vea venir” (pág. 29) y eso es lo que más incómoda en el lector: reconocer que nadie está libre de ser seducido por la empatía de este tipo de seres, capaces de provocar un tipo de sufrimiento extremo de manera posterior sin poder advertirlo. Daño físico y sobre todo, mental. En Wakolda, no hay lugar para una luz o hálito de esperanza. Es el relato de una perversión sistemática que no acabó con la caída de los nazis. Alteración genética, esterilizaciones masivas, cánones de belleza con los que se educa y que terminan causando perturbaciones psicológicas. Las prácticas de control sobre el cuerpo se siguen manifestando día a día, con amplias complicidades que se intentan pasar por alto, como se ejemplifica en esta novela a través la defensa hermética de la comunidad alemana de Bariloche al mantener silencio sobre la presencia de Mengele en su localidad. Un grado de culpabilidad que los termina alcanzando a todos, con una impunidad que horroriza. Comportamientos que aún se mantienen vigentes y se replican aun.  Las formas cambian y mutan, capaz de alcanzar una mayor sutileza incluso, pero el horror no. El horror sigue ahí.


+Sobre la autora:

Buenos Aires. 1976

Es escritora y directora de cine. Publicó las novelas El niño pez, 9 minutos, La maldición de Jacinta Pichimahuida, La furia de la langosta y Wakolda, además de cuentos en varias antologías. Sus libros han sido traducidos a más de 15 lenguas. XXY, su primera película, ganó el Gran Premio de la Crítica en Cannes (2007), un Goya a la MejorPelícula Extranjera y más de veinte premios internacionales. Su segunda película, El niño pez, abrió la sección Panorama del Festival de Berlín (2009) y fue parte de la selección oficial de Tribeca y La Habana. Su tercera película, Wakolda, fue parte de la Selección Oficial del Festival de Cannes y del Festival de San Sebastián (2012). Todas sus películas han sido estrenadas en Europa, América Latina, Estados Unidos y Asia. Fue elegida por la prestigiosa revista literaria inglesa GRANTA entre los 20 escritores jóvenes más importantes de la lengua española.

(Una versión de este texto aparece en el portal "el roommate" )

jueves, 25 de mayo de 2017

"El diario de la princesa" de Carrie Fisher

Ediciones B. 2017. 272 pp. S/.86

La única chica en una obra de fantasía de puros hombres. Princesa intergaláctica, líder de la Rebelión y heredera de una dinastía maldita. El sueño erótico de millones de hombres por décadas pero también la heroína inteligente, atrevida, independiente, valiente, inspiradora e irreverente, distinta para lo que se tenía acostumbrado a ver en la pantalla grande cuando apareció. Esa era Leia Organa, el personaje a quien Carrie Fisher (1956-2016) dio vida en cuatro películas. Un papel que la definiría y  del que nunca se podría librar, para bien o para mal, tal como cuenta en sus memorias y diarios recogidos en este buen libro.

¿Quién era Carrie Fisher antes de comenzar el rodaje en 1976 del Episodio IV?. Hija de dos estrellas del mundo del espectáculo, que se apagaban justo cuando ella comenzaba a dar sus primeros pasos, Fisher estuvo ligada desde sus primeros días al lado más oscuro y sórdido de Hollywood.  Su padre, el cantante Eddie Fisher, fue una presencia casi nula durante su infancia debido a su adicción a las drogas y su escandaloso amorío con Elizabeth Taylor, principal causa de su divorcio con Debbie Reynolds quien veía cómo su fama se desvanecía mientras se encargaba de criar a sus dos hijos, cada día más excéntrica y perturbada. Y aun siendo testigo de esa debacle, o tal vez por eso mismo, Carrie entró a formar parte de dicha industria a los diecisiete años con un papel en la película Shampoo,  tal vez no tan importante para la película en sí, pero suficiente para conocer de primera mano el machismo y la arrogancia de Warren Beatty, y como los equipos de filmación se sometían por completo a los deseos de actores como él. La revolución feminista era algo extraño en el cine por esos días, desentendiéndose de los cambios sociales que ya se estaban gestando (una situación que ha cambiado poco o nada según lo que se aprecia en el panorama actual). Luego de ello, decidiría partir a estudiar a Londres, alejada de tierras norteamericanas. Su vida parecía cambiar de rumbo hasta que llegó al cásting con George Lucas.

Lo más interesante de la narración del detrás de cámara de la primera cinta de Star Wars, es como Fisher se tuvo que relacionar en un grupo de predominancia masculina. Las únicas mujeres además de ella, eran las del área de maquillaje. Todas sometidas a los designios de ellos. “Cómo sin duda os habréis percatado, si tienes un pene y un empleo, ser guapo es una bonificación fantástica pero no una necesidad”(Pág. 87)  El famoso peinado de Leia, por ejemplo. Icónico para nosotros, tortuoso para Fisher, fue una de las tantas cuestiones que  tuvo que acatar sin poner peros, temerosa de quedar mal invadida por una inseguridad propia de su juventud y personalidad. Es en esos días cuando aparecerá el huracán Harrison Ford. Casado y con dos hijos, el intérprete de Han Solo, se apropiaría de las ilusiones de la joven Fisher en un amorío que siempre tuvo fecha de expiración, al menos para él. Es en las páginas donde narra este amorío  de tres meses, que Fisher muestra sin pudor su vulnerabilidad y sensación de desventaja en una relación desigual, en la que se entregó más de lo que hubiera deseado, pero del que a pesar de todo, atesora pequeñas ráfagas de genuina felicidad. Si bien los diarios de dicha época, recogidos sin alteraciones entre las páginas 120 y 188 que muestran los tormentos amorosos de una jovencísima Fisher, el sometimiento a sus emociones, su pobre percepción de ella misma, el miedo a decepcionar a los demás, su decisión de escribir como vía de escape a la realidad o su desilusión por cómo anda su vida a pesar del éxito de la película, terminan ganándose la complicidad del lector, las mejores reflexiones se dan en las páginas que les siguen.


Fisher no se contiene al hablar sobre la exposición a los medios y las implicancias de ser parte de uno de los repartos más trascendentales e importantes para la vida de millones de personas alrededor del mundo. ¿Cuál es el límite para “venderse”? ¿Cuál es el real costo de ser famoso o cuanto de ético queda al rentabilizar al máximo la fama? La última parte de El diario de la princesa en la que describe a los fanáticos que se le acercan y su adaptación a las convenciones y requerimientos de autógrafos, fotos y selfies, es la más conmovedora  y sarcástica a su vez. Gente a la que   la saga de Lucas le cambió la vida en muchos sentidos según confiesan a Fisher, quien a su vez se pregunta si cuatro décadas después es posible distinguir entre la realidad y la ficción al hablar de ella y su rol como la princesa de Alderaan. La respuesta en este conmovedor libro no es clara y tal vez sea mejor así.

+Sobre la autora:

Carrie Fisher (1956-2016) fue una actriz mítica por su papel como princesa Leia Organa en la primera trilogía de Star Wars. Pero su brillante carrera incluyó muchas otras películas, entre ellas Shampoo, The Blues Brothers y Cuando Harry encontró a Sally. Como autora, escribió cinco novelas (una de ellas adaptada al cine con Shirley MacLaine y Meryl Streep como protagonistas) y dos libros de memorias. La experiencia de Fisher con las adicciones y las enfermedades mentales, y su disposición a hablar de ello, la convirtió en una solicitada conferenciante. El diario de la princesa es su último libro publicado.












(Una versión de este texto aparece en el portal web Punto y Coma )

viernes, 19 de mayo de 2017

"Perdida" de Gillian Flynn


DEBOLS!LLO. 576 pp. S/. 59

Cuando en la contraportada de este libro se dice que es "una novela que te dejará sin aliento", no te mienten, tan solo se quedan cortos. Yo pondría: "Una  obra que jugará con tu mente durante sus 550 páginas, te desarmará y frente a la cual no sabrás cómo reaccionar en cada vuelta de tuerca. Magistral".

Estuve cerca de una semana enganchado con la lectura de esta novela. A pesar de tener varios proyectos que entregar cuando leí el libro hace unos tres años, aprovechaba cualquier momento de mi tiempo libre para perderme entre sus páginas. No importaba el ánimo con el que tomara el libro pues cuando me conectaba de nuevo con la historia de Nick y Amy, me olvidaba de todo lo que estaba aconteciendo en mi vida. Llegué al punto de dormir temprano y así  poder despertar por la madrugada y leerlo tranquilo. Si eso no es adicción, ¿qué lo es?

La premisa inicial puede sonar simple para un policial: en el quinto aniversario de su matrimonio, Nick Dunne recibe un aviso telefónico y regresa a su casa tan sólo para darse cuenta que al interior de la misma, ha ocurrido un hecho violento y Amy, su esposa, ha desaparecido. Lo que podría suponer una búsqueda del lector por saber simplemente qué es lo que ocurrió y si Amy está secuestrada, se escapó o fue asesinada, termina siendo un aspecto secundario. Un pretexto para hurgar en la formación y debacle de un matrimonio. Cómo dos personas que se unieron por lazos que inicialmente se justificaron por el gozo de la mutua compañía, la sensación de complicidad en toda acción diaria o la motivación de tener proyectos en común, terminan cayendo por un oscuro tobogán  que solo deja escapar sus gritos desesperados al no saber que les pasó y  cómo llegaron a perderse de tan tenebrosa manera. Esto es visible desde el epígrafe:

El amor es la infinita mutabilidad del mundo; las mentiras, el odio, incluso el asesinato, están entretejidos con él; es el inevitable florecimiento de sus opuestos, una rosa magnífica que huele ligeramente a sangre.
(Tony Kushner,The illusion)

El más humano de los sentimientos ligado a lo más vil de nuestro espíritu, la metamorfosis del comportamiento de acuerdo a las distintas situaciones en las que nos vemos involucrados, y las implicancias de ver desmontada la creencia de conocer plenamente a una persona con la que se supone estás profundamente ligado, de la peor forma posible. Una muestra de ello son las preguntas que se formula Nick al comienzo de trama : ¿Qué estás pensando? ¿Qué es lo que sientes? ¿Quién eres? ¿Qué nos hemos hecho el uno al otro? ¿Qué nos haremos?

Ese afán humano por querer controlar todo lo que sucede a  nuestro alrededor, no dejar escapar detalle alguno y reducir al mínimo el riesgo de verse enfrentado a un evento inesperado y sorpresivo y no saber cómo responder de forma adecuada. Ese miedo de nunca saber con total certeza cómo van a reaccionar aquellos que nos rodean así sean las personas que, pensamos, conocemos de toda la vida. Hay claro, una crítica a las nuevas formas de interactuar en la actualidad donde cada uno puede creer como correcto el ser invasivo en la vida de los demás con tal de sobrellevar la incertidumbre de no conocer a la otra persona, pero también está el otro extremo de nunca hacer un intento por ponerse a pensar el qué pasa por la mente de los demás.

También hay una crítica directa a los medios de comunicación que, cual gallinazos, buscan durante los distintos pasajes de la novela la carroña de la miseria humanas, mercantilizando la tragedia y  volviéndolo material de placer para sus consumidores que se regodean con la noticia , pensando  que a pesar de sus problemas no son las personas más miserables sobre la faz de la tierra, mientras se entretienen  a la par de manera macabra con las vejaciones a la intimidad de las celebridades de turno.

Los enredos amorosos que se van a ir sucediendo, un diario personal que irá mutando ,golpes emocionales y contundentes, desestabilización y frustración, encontrarse en el ojo de la tormenta de las acusaciones "morales" de toda una nación, ponerse una máscara para sobrevivir todo el tiempo, el ingenio macabro de una mente enferma pero a la vez genial.... hay tantos temas que hacen que Perdida no termine encasillada en la etiqueta de "thriller" o una "novela negra" común y corriente, saliendo a flote como una genial historia bien contada por una autora de primera línea. Como dice el escritor argentino Rodrigo Fresán en el epílogo, esta es una historia de amor, contada desde una óptica oscura y tenebrosa, pero una historia de amor al fin y al cabo. Con una  constante sensación punzante de terror y desconcierto, añadiría.

+Extractos de la novela:

"Reconocería su cabeza en cualquier parte. Y lo que hay en su interior. También pienso en eso: su mente. Su cerebro, con todos sus recovecos como rápidos y frenéticos ciempiés. Como un niño, me imagino abriéndole el cráneo, desenrrollando su cerebro y examinándolo cuidodadosamente, intentando apresar e inmovilizar sus ocurrencias. "¿En qué estás pensando Amy?" La pregunta que más a menudo he repetido durante nuestro matrimonio, si bien nunca en voz alta, nunca a la única persona que habría podido responderla"

"Tiene algo de perturbador, evocar un recuerdo cálido y que te deje completamente frío"

"Es una era muy difícil en la que ser persona. Simplemente una persona real, auténtica, en vez de una colección de rasgos seleccionados a partir de una interminable galería de personajes."

"La gente quiere creer que conoce a otras personas. Los padres quieren creer que conocen a sus hijos. Las esposas quieren creer que conocen a sus maridos"

"Y pensé: "El amor hace que quieras ser un hombre mejor, vale, de acuerdo. Pero a lo mejor el amor, el verdadero amor, también te autoriza para ser simplemente el hombre que eres"

"Nick se enamoró de una chica que no existe. Yo estaba fingiendo, como hago a menudo;fingiendo tener una personalidad. No puedo evitarlo, es lo que he hecho toda la vida. De la misma manera que algunas mujeres cambian de aspecto regularmente, yo cambio de personalidad.¿ Qué personaje me sienta bien, cuál se pone de moda? Creo que la mayor parte de las personas hace lo mismo, simplemente no lo reconocen o en su defecto se afianzan en un solo personaje porque son demasiado perezosas o estúpidas para hacer el cambio"

"Anuncio de tampones, anuncio de detergente, anuncio de compresas, anuncio de limpiacristales. Pensaría una que lo único que hacemos las mujeres es limpiar y sangrar"

"A los americanos les gusta lo fácil, y sentir aprecio por las embarazadas es muy fácil; son como patitos o conejitos o perros. Aun así, me desconcierta que estos ensimismados y santurrones barriles obtengan un trato tan especial. Como si fuera tan difícil abrirse de piernas y dejar que un hombre eyacule entre ellas"

"Ser hija única conlleva una responsabilidad injusta; te educas en la certeza de que en realidad no tienes permitido causar desengaños, ni siquiera permitido morir. No tienes sustitutas que puedan reemplazarte gateando por la casa; eres todo lo que hay. Eso te conduce a desesperarte por ser perfecta y también te vuelve ebria de poder. Así se crean las déspotas"

"Los amigos ven la mayoría de sus defectos mutuos. Los matrimonios ven hasta el último espantoso detalle."

"Desde que tenemos internet, Facebook, YouTube... los jurados imparciales han pasado a la historia. Ninguno llega al banquillo sin haberse formado una opinión. El ochenta, noventa por ciento de un caso queda decidido antes de haber entrado en el juzgado. De modo que, ¿por qué no utilizarlo? ¿ Controlar la historia? Pero es un riesgo. "

"El amor debería exigir que ambas partes den lo mejor de sí mismas en todo momento. El amor incondicional es un amor indisciplinado y, como ya hemos visto todos, el amor indisciplinado solo conduce al desastre."


+Sobre la autora:

Gillian Flynn, escritora estadounidense y ex crítica de televisión para Entertainment Weekly, alcanzó la fama con su novela Perdida, que consiguió un extraordinario éxito de crítica y ventas. Su primera novela, Heridas abiertas, fue finalista del premio Edgar de novela negra y galardonada con el premio Fleming Steel Dagger 2007 al mejor thriller; la segunda, La llamada del Kill Club, fue elegida libro favorito del año por los reseñistas del New Yorker, mejor lectura del verano según la revista Week-end Today, mejor libro de 2009 según Pu blishers Weekly y mejor novela según el Chicago Tribune. Las novelas de Flynn han sido publicadas en veintiocho países. Gillian Flynn vive en Chicago con su marido y su hijo.






(Una versión de este texto aparece en el portal web Punto y Coma)

domingo, 7 de mayo de 2017

"En aparente estado de ebriedad" de Jaime Bedoya


Literatura Random House. 2016. 512 pp.

En el breve, pero no por ello menos contundente, prólogo de Antonio Cisneros a la primera edición de Ay qué rico (1991), recuperado en esta edición, el desaparecido vate caracterizaba la poética de Jaime Bedoya (Lima, 1964) como “Un mundo marginal, sórdido a veces (…) Historias de la especie, fauna nuestra, viajan entre la burla y la piedad. Sarcasmo que no cede ni concede. Y sin, embargo, también algunas veces la melancolía asoma como los olores más importantes de la infancia o ese sol tristón del arenal.” Y dicha descripción atraviesa todos los textos recopilados en  este estupendo volumen, una cuantiosa muestra su producción y vigencia hasta la actualidad.


El humor es una de las principales armas que Bedoya usa a su favor para señalar y criticar de manera poco explícita pero sí más efectiva, males de nuestra sociedad a los que uno termina por ser indiferente luego de ver y oír el mismo tono sensacionalista en noticieros, diarios y redes sociales.  En muchas de las crónicas o ensayos del libro, el lector puede hallar una burla controlada que provoca la reflexión tras evadir la sensación de estar leyendo un texto con tono didáctico e indulgente. Ello se puede notar en los perfiles que no superan las tres o cuatro páginas de la sección Encuentros con hombres notables: New kids de Zarate: los mismos pero diferentes, sobre la alienación y consumismo de las últimas generaciones; en Peleador Callejero: Robert Puch ha convertido la pelea criolla en arte marcial acerca de cómo la violencia cotidiana que rodea nuestras calles puede llevar a medidas desesperadas; La entrega del Cholo, mostrando la decadencia económica y emocional de la vieja gloria del balompié peruano, Hugo Sotil, y cómo se replica en cada nueva generación de futbolistas, o Elogio de la mariconada,  un desmantelamiento de la masculinidad cavernaria.

Una mención especial merecen las columnas de la segunda sección Dennis Angulo, poeta electoral,  sobre  un poeta casmeño cuyos versos son infalibles al momento de provocar carcajadas (a pesar de las reales intenciones de Angulo) y cuyo afán de servir de lírica radiografía de la situación política y social del Perú, es tratado con oscuro sarcasmo por Bedoya quien moldea y se apropia de este personaje volviéndolo inolvidable. Mientras uno va leyendo las siguientes secciones Historias de sucesos reales y El mundo existe sin nuestra opinión, confirma que  el método  de Bedoya para inmiscuirse en las historias de los personajes e investigar los hechos que provocan o que los rodean es exhaustivo y microscópico, haciendo todo lo imposible para no dejar escapar ningún elemento importante, conociendo los hechos y biografías al detalle, hurgando las fuentes que generan las noticias y no reciclando tan solo los rumores que sobrevuelan alrededor de las mismas. Y luego de ello, proceder a descartar datos y priorizar aquello que enriquezca el texto, empleando un lenguaje distinto al que uno encuentra en los medios a diario de manera concisa e impecable. Es su posicionamiento estratégico frente a la Noticia peruana típica, llena de lugares comunes, frases trilladas y uniformidad exasperante. ¿Cómo se lidia con ello? Con inteligencia, sensibilidad y un prolijo cuidado del lenguaje, logrando piezas como Frankenpollos: Monstruosa alteración genética eufemísticamente llamada “Pollo sin plumas”  o Al jefe de Recursos Humanos de la Marca Perú sobre los excesos a los que puede llevar  una política de promoción que se aproxima al chauvinismo.

Como en toda recopilación, muchos textos se pierden frente a otros  y  me gustaría señalar en específicos los que se encuentran en la última sección  Listos para morir en los que Bedoya trata anécdotas personales,  que sin carecer de valor, no deslumbran como los de las primeras 400 páginas. Más allá de dicho reparo personal, En aparente estado de ebriedad es una obra compilatoria que conjuga entretenimiento y reflexión, desde la fina mirada literaria de lo cotidiano de Jaime Bedoya. Un antídoto frente a las repetitivas y poco logradas notas periodísticas que inundan en la actualidad, los periódicos, la televisión, la radio y las redes virtuales.



+Sobre el autor:


Estudió Literatura Hispánica en la Pontificia Universidad Católica del Perú, y llevó cursos de periodismo en París. Fue editor general del semanario Caretas. Es autor de los libros Ay qué rico (1991), Mal menor (2004), Trigo atómico (2010), Cocinas de familia (2004) y Kilómetro cero (1995), donde ha creado un género híbrido que va de la crónica periodística al ensayo más irreverente.

(Una versión de este texto aparece en el portal web "Punto y Coma")


“Instrucciones para ser feliz” de María José Navia

      
Sudaquia, 2015.  160 pp.

¿Se busca ser “feliz” o sólo evadir temporalmente una sensación perenne de desilusión y fracaso? ¿Qué sucede cuando no se calza con los “modelos de felicidad” que nos impone la sociedad? Los doce relatos conforman el libro de María José Navia (Santiago, 1982) abordan esos interrogantes con personajes que andan a la deriva, desconectados e incomunicados, en tiempos donde se suponía que las redes virtuales evitarían ello y más bien han provocado que las brechas en las relaciones se hayan hecho más profundas. Lo que Navia anuncia a través de las historias de este volumen es que al parecer, no hay señales de que esta situación vaya a cambiar en el mediano plazo.

Instrucciones para ser feliz es un título, que ayudado por la precisa portada del libro (un algodón de azúcar rosado, símbolo de lo sintético y tóxico a largo plazo), ironiza sobre los cada vez más populares y leídos manuales de autoayuda y las moralejas superficiales que nos rodean. Los relatos escarban la otra cara de esta “moda”. París por la ventana por ejemplo, muestra el contraste entre las relaciones actuales y pasadas, y cómo es que solo a través del dolor se puede encontrar un resquicio de emoción capaz de ser compartido. El sufrimiento funge de nexo entre una joven cuyo bebé ha muerto, y un anciano japonés que viaja a la capital francesa para cumplir con el anhelado sueño de su compañera sentimental de toda la vida y es lo que posibilita que dos historias tan distintas puedan encontrar un diálogo en esos no-lugares como lo son los aviones y los aeropuertos. Salir corriendo, o el relato “Wakefield” como yo lo llamaría por la notoria influencia de ese estupendo relato de Nathaniel Hawthorne, mezcla por su parte distintas historias de personas que sin importar su edad, buscan desesperadamente desvanecerse, zafar de su presente y encontrar la posibilidad de un nuevo comienzo, aunque de manera infructuosa. Es la ilusión como factor de resignación frente a la angustiante sensación de soledad, o las metas no realizadas, como en Paseo donde un aspirante a escritor nunca ve cumplido su sueño de lograr crear una ficción que provoque algo en los lectores emulando a sus autores favoritos. El anhelo de lo imposible.

Pero también hay lugar para el humor negro, como en Mantener fuera del alcance de los niños, donde Navia defiende de forma inteligente su apuesta narrativa de indagar en problemas cotidianos frente a posturas “serias y correctas”, con un cuento donde un grupo de escritores latinoamericanos de la academia estadounidense son llevados al medio de la Amazonía para ser forzados a escribir en un ambiente exóticos, en los que Lucía la protagonista se siente más perdida y desmotivada, más aun cuando buscaba escapar de sus profesores y su insistencia en tocar temas de descolonización y transculturización. El final de dicho relato no puede ser más divertido y preciso, una estupenda pausa al lector entre las tragedias de las demás historias. Me gustaría destacar  también #Mudanzas sobre lo patética que puede ser la aparente conexión a través de una red social  entre dos seres con problemas similares, y que no se replica por lo general en la vida real, y Actualizar sobre qué ocurre cuando la generación analógica intenta entender a sus hijos millenials sin éxito.

Aunque por momentos abusa de algunas sentencias  o afirmaciones que no aportan mucho a lo que está contando como “Un planeta donde mi bandera no lograba enterrarse del todo”, ello no termina por desmerecer por ningún relato. Con notorias influencias de narradores latinoamericanos como Alejandro Zambra, Rodrigo Fresán o Maximiliano Barrientos, María José Navia ha armado un buen libro de cuentos donde logra transmitir ese rechazo a los edulcorantes que se nos intenta imponer como falsa  solución a nuestros problemas y atacar así un discurso más peligroso de lo que parece. Recomendable.

+Sobre la autora:

María José Navia (Santiago, 1982). Estudió Literatura y Lingüística Hispánica en la Pontificia Universidad Católica de Chile y una maestría en Humanidades y Pensamiento Social en la Universidad de Nueva York (NYU). Es autora de la novela SANT (Incubarte Editores, 2010) y del e-book de cuentos Las Variaciones Dorothy (Suburbano Ediciones, 2013). El año 2011 su cuento “Online”, incluido en Instrucciones para ser feliz (Sudaquia Editores, 2015), ganó el Premio del Público del Concurso Cosecha Eñe.  Su cuenta en Twitter es y tiene un blog con reseñas llamado "Ticket de cambio".


(Una versión de este texto aparece en el portal web argentino "Solo Tempestad")

miércoles, 19 de abril de 2017

“De dónde venimos los cholos” de Marco Avilés

Seix Barral.2016. 290 pp. S/.45


Mis abuelos provienen de cuatro regiones distintas del Perú que en 24 años de vida nunca he visitado. Con las justas conozco a la fecha otros cinco departamentos por motivos de turismo, trabajo o juerga. Sí, soy un limeño que ha vivido de espaldas a lo que sucede en el interior del país. A lo que realmente sucede, que es vivir en dicha región y conocer in situ la problemática de cada una de ellas. No solo por las noticias o artículos en los diarios que uno lee de vez en cuando. O los reportajes de los domingos por la mañana con una visión vertical, siempre mirando por encima del hombro a quienes entrevistan, convirtiendo en espectáculo y mercancía cualquier actividad que no comprenden.  Cada uno de mis abuelos, a su manera, me habló de aquello que dejó atrás. Pero si hoy tengo interés en conocer sus lugares de origen, no es por un afán de recrear la visión mítica que me pudieron legar sin querer. Es para conocer cómo es el presente de aquellos sitios. Qué cambió y qué no. Cómo las comunidades que no decidieron migrar se desarrollaron en todos estos años. Justo lo que hace Marco Avilés (Abancay, 1978) en las crónicas de este libro.  Salir de la capital y empaparse de lo que sucede más allá de lo que estamos acostumbrados. Y no de manera superficial como cuando hacemos turismo o “trabajo de campo” por unos días. Involucrarse de verdad.


Sea en los Andes o la región amazónica, el lector limeño ensimismado en su burbuja es capaz  de percibir en las páginas del libro un mundo que siempre ha sentido como lejano. Más cercano geográficamente pero menos entendible que el de otra metrópolis americana en muchos casos (Es más rápido ir a Miami o Santiago de Chile que a Huayana o El Dorado). Y sin embargo la mirada del autor encuentra problemas transversales a la ciudad y el campo, alejándose de cualquier sacralización de lo rural como sucede muy a menudo: el consumo excesivo de alcohol a pesar de su uso como “medio de integración”, la violencia hacia la mujer en muchos aspectos o la falta de acceso a servicios básicos, la poca presencia de la autoridad y el consecuente nulo reconocimiento del Estado y su Ley en algunos casos, entre otros. Hay mitos e historias ancestrales, claro, pero Avilés no se engolosina con ello, y aborda el presente o la conexión de las anteriores con lo que ocurre hoy en día, describiendo lo que observa en cada uno de sus viajes y estadías, aproximándose lo mejor posible a lo que piensa y siente la futbolista de Churubamba en una comunidad donde el matriarcado es la estructura social más arraigada; al guardián de la reserva de Pacaya-Samiria  que tiene que lidiar con el peligro constante de la naturaleza y a la ambición del hombre; o al agricultor de Huayana poseedor de una riqueza biológica en sus tierras impresionante pero que no se traduce en un rédito monetario notable, sin esa actitud paternalista del hombre de la ciudad. Un ejemplo claro es la crónica del festival de Takanakuy donde los pobladores del pueblo de Chumbivilcas se enfrentan a golpes como una manera de lidiar con sus conflictos personales, texto donde uno percibe un afán por entender qué es lo que buscan los participantes al realizar dicho tipo de acciones y cómo esa manera de combatir entre ellos escapa de la simple etiqueta de “salvaje” con la que los etiqueta la mayoría de foráneos. O al exponer la asimetría de precios de los productos en su lugar de origen respecto a lo que termina pagando el consumidor final, evidente problema de desigualdad económica con graves consecuencias sociales.

Discriminación y cuestionamiento interno que se da día a día, de manera poco explícita pero sí significativa a través de detalles que el ojo común intenta pasar por alto. Así es cómo comienza el libro. Con anécdotas a las que estamos acostumbrados, y que por ende, hemos terminado normalizando.  Avilés parte de su historia para explorar el origen de esa indiferencia, pero no se queda en la victimización personal y la catarsis, sino que explora el no reconocimiento del cholo como alguien con los mismos derechos de uno. Se interna en el mundo de nuestros compatriotas de la sierra y el Ande, narrando cómo el modelo de jerarquización con el crecemos y nos educamos en casa, en la escuela y casi todos los ambientes sociales donde nos desarrollamos, se replica de distintas maneras y alimenta un sistema utilitarista donde aquel que no se logra adaptar o integrar, debe ser aplastado o desterrado, como ocurre en las comunidades selváticas. De dónde venimos los cholos es un excelente libro de crónicas capaces de conectar con cualquier lector,  llevándolo página a página a un revelador viaje al interior del país. Muy recomendable.


+Sobre el autor:

Periodista, editor, pinche de cocina. Nació en 1978 en la ciudad de Abancay. Fue director de las revistas Cometa y Etiqueta Negra. Ha publicado el libro Día de visita, sobre la vida íntima en la cárcel de mujeres de Lima. Sus crónicas aparecen en diversas antologías del género y en revistas de América Latina, Europa y los Estados Unidos. Trabaja en este país como promotor de salud para agricultores migrantes, y un día, con empeño, será panadero. Vive en Maine junto a su esposa, un perro sin pelo y dos gatos amarillos. Todo lo que hace se puede leer en marcoaviles.com


(Una versión de este texto aparece en el portal web "Punto y coma")