"These days there’s so much paper to fill, or digital paper to fill, that whoever writes the first few things gets cut and pasted. Whoever gets their opinion in first has all that power". Thom Yorke

"Leer es cubrirse la cara, pensé. Leer es cubrirse la cara. Y escribir es mostrarla." Alejandro Zambra

"Ser joven no significa sólo tener pocos años, sino sentir más de la cuenta, sentir tanto que crees que vas a explotar."Alberto Fuguet

"Para impresionar a las chicas de los 70 tuve que leer a Freud, Althusser, Gramsci, Neruda y Carpentier antes de llegar a los 18. Para seducir a las chicas de los 70 me hice especialista en Borges, Tolstoi, Nietzsche y Mircea Elíade sin haber cumplido los 21. Menos mal que ninguna me hizo caso porque entonces hoy sería un ignorante". Fernando Iwasaki


domingo, 14 de abril de 2013

Citas



Fue un jueves por la noche cuando apareció mi abuelo en mi trabajo. Era uno de esos días en que los pendientes se me habían acumulado de forma exponencial, daban las diez de la noche  y no había esperanza de terminar. Llamaron de recepción indicando que un señor canoso, vestido con una guayabera crema y pantalón y zapatos marrones, con una voz altanera solicitaba mi presencia sin expresar motivo. Colgué el teléfono, acabé mi sétimo café de la noche  y apagué el monitor.

Me dio un abrazo y salimos caminando sin prisa hacia la avenida Diagonal. La bruma limeña estaba en su clímax, ocultando de forma parcial a los visitantes nocturnos de los bares miraflorinos y a las miserias de aquellos que nos extendían sus manos clamando caridad. Conversamos sobre mis estudios y mi trabajo, más por su interés en el tema que por el mío, que respondía sin mucho ánimo. Preguntó si seguía saliendo con la chica que entró de practicante conmigo hacía tres años. Me quedé callado y él lo entendió. Cuando pasábamos por un edificio de la Benavides, se detuvo un instante, verificó la dirección en una vieja libreta que traía consigo y tocó el botón del 502. Como no contestaron, le pasamos la voz al guachimán de la entrada y éste, aun legañoso, no nos hizo problemas. Cuando lo interrogué sobre el porqué me dijo que él siempre cumplía con todas sus citas. No hice más preguntas.

Nos abrió la puerta la empleada, aun en pijama y con un bostezo que repetí automáticamente. Pidió perdón por quedarse dormida, señalando a su vez que la señora nos estaba esperando en su estudio. Unos tosidos guiaron a mi abuelo a la habitación correspondiente. Entró solo y en ese momento, viéndolo de espaldas, me di cuenta que traía una invitación amarillenta que sobresalía ligeramente en su bolsillo posterior .Me quedé adivinando su contenido mientras la empleada empezaba a bostezar otra vez.

Luego de una hora salimos del departamento caminando sin rumbo fijo por horas  y sin darnos cuenta, llegamos al malecón. Con la poca visibilidad existente me sentí perdido en esa oscuridad estremecedora que nos devoraba, donde solo sentíamos la presencia del otro por las palabras que intercambiábamos. Cuando estaba a punto de amanecer, me abrazó fuerte y mandó saludos para mi hermana a quien no veía hace mucho, antes de perderse de vista por completo en medio de la neblina.

Al regresar al trabajo no había nadie en recepción, subí y encontré el mismo desorden que hacía de mi oficina un caos. Encendí el monitor y encontré una alerta de correo. Era Verónica, quien no me hablaba desde hacía un año, invitándome a almorzar. Le dije que pasaba por ella a las dos.

En el mismo restaurante donde almorzamos por primera vez cuando éramos dos tímidos practicantes, me contó que su abuela había fallecido de un fulminante infarto horas antes luego de la visita de un señor que no ubicaba, y necesitaba la compañía de alguien que la apoyara. La tomé de las manos y le dije que estaría a su servicio para lo que necesitara. Acerqué su rostro al mío y le di un beso en los labios mientras sus lágrimas caían lentamente bañando nuestras mejillas. Me dio la dirección del velatorio y se fue.

Así que ahora me dirijo hacia allá, con una sonrisa extraña que me hace sentir culpable. Al mismo lugar donde despedí a mi abuelo por última vez diez años atrás. Donde tal vez ahora, reencontraría la felicidad en esas extrañas circunstancias en que la vida se comporta la mayoría de las veces.