Jack Martínez (La Oroya, 1983)
acaba de publicar su segunda novela, Sustitución (Planeta, 2017) en la cual se
abordan distintos tópicos como la dependencia tecnológica, la pobreza o la
capacidad de la ficción para encubrir o modificar los recuerdos. Hace unos días
pude conversar con él sobre dicha novela y otros temas.
Si hay algo tangencial a todos los personajes de tu novela es la
sensación de carencia, tanto física como afectiva. Ese afán por completar dichos
vacíos es cada vez más grave en nuestro tiempo. ¿Crees que dicha búsqueda nos
está llevando a extremos cada vez más peligrosos ¿es más grave en nuestra época
o lo estamos leyendo distinto?

Como lo señalas, hay varios tipos
de carencia en el libro. Después podemos ampliar cada uno de ellos, pero ahora
me voy a centrar en la carencia material y económica. En “Bajo la sombra”, por
ejemplo, uno de los protagonistas termina en los márgenes de la ciudad pintando
cajones de muertos. Y en esta nueva novela, uno de los personajes principales,
el padre, narra su infancia en medio de la pobreza. En la novela hay una cita
que muchos lectores me han recordado: “Nacer pobre es nacer convertido en un
monstruo.” Los protagonistas tratan de escapar de esa especie de condición de
ser incompleto, digamos; de no tener una vida económicamente estable y por ende
tener una vida socialmente marginal. En ese sentido, si tú me preguntas si esa
búsqueda está siendo cada vez más fuerte o más violenta yo diría que sí porque
las ideas que nos venden, como la del emprendedurismo, por ejemplo, no son más
que ficciones. Date cuenta de que el porcentaje de gente que logra “escalar” es
mucho menor comparado al de la gente que se queda toda la vida buscando ese
ascenso social, político o económico, y no lo logra. Y dado que la mayoría no
lo logra, esa búsqueda se hace más violenta, más fuerte, más irracional y más
absurda. En ese contexto, yo trato de producir una narrativa que desbarate esas
ficciones, que trate de la carencia y se sitúe en el margen.
La biotecnología no es un detalle menor en la biografía del
protagonista, un joven norteamericano hijo de peruano quien acaba una carrera
relativamente joven en una ciencia tan llena de certezas. ¿Esta
ultraespecialización es una forma de expresar el desapego sentimental, la
evasión del sufrimiento y la falta de algo seguro o estable en la vida de Jesé
que se extrapola a todo lo demás?
Sí. Jesé, personaje al que te
refieres, es alguien que desde niño está muy obsesionado con las certezas. Es
muy puntual, muy cuadriculado, quiere respuestas exactas y comprobables. No es
de extrañarse que decida estudiar ciencias duras para convertirse en diseñador
de prótesis, ya que sabemos que, además, su padre ha perdido una de sus piernas
en la guerra. Estoy de acuerdo con lo que dices porque de alguna manera esas
certezas son las que él necesita para completar la otra parte de su
personalidad. Es alguien que ha sido criado en una sociedad en la que todo está
planificado y en la que él tiene que lograr ciertas metas en cierto momento específico
de su vida. Lo que sucede aquí, es que mientras él está alcanzando las metas
que se ha propuesto, sucede un evento crucial y terrible, uno que se le escapa
de las manos y termina por transformar tu vida. Entonces se desbarata todo lo
planificado hasta entonces.
Si bien la empresa tecnológica que señala Laura al inicio de la novela
se da por un tema de discapacidad física, puede tomarse como un guiño a lo que
está sucediendo en los tiempos de las redes sociales, virtuales y comunidades
artificiales. ¿Estamos llegando al límite en este sentido o estamos en el
inicio de algo que se va a agravar?
No creo que el hecho de que la
situación se intensifique signifique necesariamente que ésta empeore. Creo que
tenemos momentos en los que el ser humano quiere evadir o transformar la
realidad y lo intenta a través de diferentes formas. Las redes sociales, por
ejemplo, te ofrecen la oportunidad de mostrar lo que tú quieres mostrar, así
como la oportunidad de ocultar lo que deseas mantener en privado. A veces hay
deslices, obviamente, pero en general, existe la sensación de que tienes un
control sobre tu imagen pública. En ese sentido, la tecnología nos permite, más
que antes, editar nuestra imagen para ofrecerla a la mirada del otro. Si ansío
tener la atención de todo el mundo en las redes, por ejemplo, comienzo a
comentar día y noche sobre cualquier tema coyuntural, aunque muchas veces no
sepa muy bien de qué estoy hablando. Esos personajes, por ejemplo, están
atentos a los temas de los que todo el mundo está hablando, entonces maquillan
un poco sus declaraciones y entran a ese especie de río hacia el que la
información está yendo. Repito, no creo que la aceleración tecnológica y el
mundo virtual constituya algo negativo, sino más bien, la aceleración hacia algo
que está en nuestra esencia, esa especie de combinación perfecta entre
presencia virtual y el aislamiento físico que, por ejemplo, propone Houellebecq
en La posibilidad de una isla.
La relación entre Jesé y Laura comienza con una mentira, una ficción y sin embargo provoca
emociones que se puede percibir como reales. La conversación entre ellos me
parece análoga a lo que sería una sesión de psicoanálisis en la que dos
mecanismos empiezan a funcionar en paralelo: uno externo en Jesé que es el de venderle
una ficción a Laura y otro interno que es el desencadenar los recuerdos
traumáticos que tiene guardados. En un libro del nobel J. M. Coetzee y Anabella
Kurtz (El buen relato: Conversaciones sobre la verdad, la ficción y la terapia
psicoanalítica. Literatura Random House, 2015) ambos discuten sobre ese tema preguntándose
qué es lo más óptimo para alguien que tiene ese tipo de recuerdos. ¿Hallar una
verdad consensuada u objetiva o buscar al alivio del paciente? ¿Estos
mecanismos pueden llevar a la libertad o al alivio de alguien? ¿Cuál de las dos
acciones crees que buscan más los personajes en esta novela? ¿Se puede huir
realmente del pasado, borrarlo? ¿Qué tipo de codificación de la experiencia es
la que quieres plantear en esta novela?
Bueno, voy a responder desde la
experiencia de la construcción de mis personajes. Jesé, por ejemplo, quiere
borrar su pasado. Mi protagonista, para enamorar a Laura, dice para sí: “yo
quiero construirme un nuevo yo, y para hacerlo, tengo que borrar mi pasado e inventar
una nueva vida”. Teniendo eso en mente, Jesé trata de que, en algún punto, la
ficción se vuelva realidad. Obviamente, en las peripecias que pasa junto a su
novia Laura, se da cuenta de que la realidad se revelará frente a él. Hasta
entonces Jesé había intentado salvarse a través de su ficción, pero la verdad surge
en contra de su voluntad y desarma todo el guion que había construido.
Como Coetzee propone: “Se puede a llegar, a través de la ficción, a la
libertad y la verdad”
Sí, totalmente de acuerdo. Creo
que él lo dice mucho mejor que yo. Pienso que existe esa posibilidad a través
de la literatura, por ejemplo, y a través de nuestras propias ficciones y
mentiras también. Mentimos constantemente, en mayor o menor medida. Pero las
mentiras siempre serán complementarias a tu personalidad. En ese sentido, te
van a construir y definir como persona. Por otro lado, a veces no hay fronteras
muy claras entre la realidad y la ficción, entre la verdad y la mentira. Creo
que algunas veces ambas pueden ir de la mano o convivir en un mismo espacio. La
literatura es un ejemplo de lo que digo. Por eso cuando me preguntan qué tanto
de ti o qué tanto de verdad hay en mis historias, pues digo que todo es verdad
y mentira al mismo tiempo. Hay cosas de mí, pero también alteraciones propias
de la ficción, hasta que finalmente todo se entrevera en un solo discurso.
Siguiendo en ese tema. Hay una escena en la que se narra el rol del
Estado como encubridor de asesinatos que no le conviene al Estado que se sepan.
¿Cuál influyente crees que siga siendo el gobierno al momento de establecer una
verdad como oficial? ¿Piensas que este poder de definir lo que se habla y lo
que no, ha perdido vigencia en estos
tiempos con ese sistema neoliberal que vuelve más minúsculas las instituciones
oficiales?
Al contrario. Creo que con el
tiempo el Estado ha dejado de tener poder sobre los discursos oficiales, pero
ahora la creación de ficciones nacionales es mucho más directa porque viene
directamente desde el capital. Si se
quiere inventar una ficción el día de hoy, por ejemplo, y se quiere decir en
Chile que el pisco es chileno, hay todo un aparato de mercado que se colude con
el Estado para poder propagar esa ficción, esa idea, hasta lograr
interiorizarla en los consumidores. Eso es muy claro. Y se da también en el
ámbito cultural. Es decir, quien tiene el poder económico (y por tanto
mediático) va a decidir qué objeto cultural va a ser el que se promueva
prioritariamente dentro del mercado. Así se construye la ficción que determinado
objeto, elegido por ese poder, sea vendido en todos los periódicos y medios de
comunicación como si fuera una gran obra de arte. Ese poder es innegable y está
más vigente, claro y evidente que nunca.
Uno de los personajes habla de la pobreza sin exotismos ni
superficialidades. Habla de una idea de carencia frente a su prójimo, de
desigualdad y el resentimiento que esto puede desencadenar. Esta pobreza que
parece una trampa en la que se cae y de la que no se puede salir es abordada
desde tu novela sin maquillaje, con un contraste claro entre el pueblo y la
ciudad artificial de Chulec, evocando el episodio de Redoble por Rancas en la que la aparición del Cerco que es una división
clara y marcada. Han pasado más de 40 años y el problema sigue ahí. Ha cambiado
la forma, pero el problema sigue latente. ¿Cómo ha abordado la literatura
peruana más reciente estos temas? ¿Crees que los mecanismos que se han usado son los más idóneos? ¿Qué
puede hacer la literatura frente a esto desde su misma naturaleza?

Gracias por mencionar a Scorza,
porque es un autor clave e injustamente silenciado. Yo sé que esto es algo con
lo que no está de acuerdo mucha gente, pero para mí, “Redoble por Rancas” es la mejor novela peruana del siglo XX, ya
que combina la literatura con elementos fantásticos, pero al mismo tiempo, la
combina con lo andino y, como decías: sin caer en el exotismo y lo bucólico. Lo
que yo trato de proponer, siguiendo un poco esa línea, es que hay una división
entre los desposeídos y los privilegiados, pero ya no solo a nivel interno o
local. Esa división en el Perú se muestra en la novela a través de una pequeña
ciudad minera como La Oroya, donde vivían los obreros y no había ningún área verde
y el rio estaba contaminado. Entonces me interesaba contrastar esa realidad con
la de un lugar muy cercano, pues viajando 10 o 15 minutos, se podía llegar a
Chulec, una ciudad hecha por y para ingenieros norteamericanos que llegaron
junto con la empresa y donde había áreas verdes, casas bellas y limpias, el rio
cristalino. Lo que me interesa es saltar de esa diferencia local andina a una
diferencia también global. Es decir, mencionar lo que sucede en el Perú con lo
que le va a suceder a Jesé en Estados Unidos. Porque así como el capital está
esparcido en todo el mundo, la pobreza también es cosmopolita. Si tú lees el “Ojo Silva” de Roberto Bolaño, por
ejemplo, te das cuenta de que él no te está hablando solo de Chile. El
protagonista viaja a México, luego termina en los espacios marginales de la
India. Y cuando Bolaño escribe este cuento, la India estaba en medio de ese
gran resurgimiento económico y modélico para el mundo. Entonces están las dos
caras de la moneda. Por un lado, puedes hablar del gran progreso económico,
pero por otro lado también tienes que darte cuenta de que hay otra cara de la
moneda. Y ya que hablamos de Bolaño, quien inicia su cuento diciendo: “De la
violencia no se escapa”, se podría también decir lo mismo con respecto a la
carencia económica que marcará de por vida a los que la sufren: “de la pobreza
no se escapa, no se escapa nunca”.
Que en un país tan centralizado, uno de los personajes salte,
específicamente el padre, de La Oroya a Chicago no es un elemento menor. ¿Crees
que Lima es una ciudad que rechaza más al migrante del interior a comparación
de una ciudad en el extranjero?
Decir que sí sería generalizar
demasiado. Hay diferentes extranjeros y diferentes ciudades, pero sí podemos
decir que Lima es una ciudad que segrega demasiado y estigmatiza y que al mismo
tiempo discrimina mucho. Es una ciudad que a me parece muy violenta, muy
agresiva. La manera como la gente maneja sus autos lo dice todo. Al mismo
tiempo, como lo comenté al inicio, me gusta más narrar los márgenes.
Hay una crueldad sutil y a la vez muy agresiva en la inutilidad y
obsolescencia del padre del protagonista. Este factor, crítica a un sistema de
periodos cortos y existentes como en el campo laboral por ejemplo. ¿Hay forma
de escapar de esta obsolescencia cada vez más marcada? ¿Se puede resistir a
esto?
No, no hay forma. No hay un
afuera del sistema. Y no lo digo yo. Por otro lado, hay estrategias de
escamoteo, dice un pensador francés, Michel de Certeau, quien propone sacarle
un poco la vuelta a lo que la sociedad nos impone. Por ejemplo, si vas al
trabajo entre 8 y 10 horas, puedes sacar el teléfono de tu bolsillo y entrar a
mirar tu Facebook y Twitter y, de alguna
manera, evadir un poco el control. Pero jamás puedes desligarte completamente
de él.
En la página 82, Jesé se refiere al libro de Laura diciendo: “El libro
que no cambiaría en lo más mínimo la vida de los inmigrantes latinos ni la de sus
herederos, pero si la de Laura. Porque con esta publicación sería promovida
investigadora y profesora principal del creciente Departamentos de Estudios Latinos.”
Muestras cómo el interés por parte de la academia por ciertos temas sociales
parte de un mero comportamiento arribista desbocado. ¿Qué tan grave es esta
situación entre los académicos latinos en Estados Unidos y cuál es el mayor
daño que esto puede provocarle a las ciencias sociales en general?
En primer lugar, creo que no
solamente se trata de los académicos latinos en Estados Unidos, sino que es una
cuestión generalizada. Es más, así como muchas veces la academia
latinoamericana asume teorías occidentales, europeas o norteamericanas, y no
solo en ciencias sociales, sino en otras ramas del conocimiento y tratan de adaptarlas,
así también quienes ejercen esa adaptación copian esas actitudes de académicos
de occidente guiados por la superación profesional que el sistema impone.
Construyen conocimiento, pero en algún momento se corre el peligro de que éste
no vaya a tener ningún efecto sobre el objeto de estudio. Aquí me burlo de ello
porque Laura habla de todos los inmigrantes latinoamericanos que ha
entrevistado, pero la vida de los que ha entrevistado no va a cambiar en
absoluto y la vida de ella sí, porque va a ser ascendida. Hay un divorcio entre
lo que se teoriza y lo que realmente sucede
Una de las cosas que me llama la atención del libro es que aborda de
manera lograda los problemas globales y también los inherentes al Ande, en
conjunto. ¿Cuáles fueron los principales referentes literarios al momento de escribir tu novela y
qué otros medios fuera del campo literario fueron vitales para la construcción
de tu novela?
En cuanto a las referencias
literarias, ya mencioné a Scorza. Edmundo Paz Soldán publicó el 2014 un libro
que se llama “Iris”, donde aparece un
mundo distópico, un planeta en el futuro en el que el capital llega para
explotar minas. Lo interesante es que esta novela, de alguna manera, tiene
elementos de la cosmovisión andina. Por ejemplo, los irisinos creen en un mito
que es muy parecido al Inkarrí andino, donde va a llegar un momento en el que
los oprimidos van a estar en la cabeza y los opresores van a perder el poder.
Ese libro fue un referente, junto con “Las
visiones”, relatos del mismo autor, especie de continuación del universo de
Iris. Por otro lado, para la escritura de mi libro hice muchas entrevistas con
científicos. Aprendí mucho de ellos. También entrevisté a ex soldados de
guerra. Hay muchas instituciones para veteranos de guerra en Estados Unidos. Me
puse en contacto con varios de ellos, específicamente latinoamericanos, para
que me cuenten sus experiencias y para tener una idea de cuál era la percepción
de ellos con respecto a la idea de nacionalidad y la de servir a un país que no era el suyo.
En tu libro, obvias la migración de México a Estados Unidos y abordas
el sufrimiento, la crueldad y a tortura que significa pasar de Centroamérica a
México. ¿Cuáles son las posibles consecuencias de opacar temas como este frente
a otros, sobre los cuales es más fácil
discutir pues ya tienen visiones establecidas? ¿Cómo lo ves en el tema de la
narrativa?
El protagonismo de las tragedias depende
de dónde están ocurriendo y lo vemos siempre con los ataques terroristas en
Europa o con los problemas en Siria. La cobertura que tiene cada tragedia tiene
que ver con dónde ha ocurrido. En ese sentido, cuando uno habla de los ilegales
o el gran riesgo que éstos sufren al cruzar “la frontera”, inmediatamente pensamos
en la frontera México – Estados Unidos. Y esas pequeñas o grandes tragedias son
las que tienen el foco de atención. En ese sentido, yo quiero irme al margen,
otra vez. Cuando descubrí que los centroamericanos tenían que sufrir peripecias
para cruzar México, y que el trato de los policías mexicanos frente a estos
inmigrantes es igual o peor al de la policía americana, me interesó narrar
estas historias. Creo que debemos preguntarnos por qué el poder mediático
enfatiza más unas tragedias antes que otras.
Tú que has sido crítico literario en prensa escrita y medios virtuales.
¿Cómo percibes el panorama actual de la misma?
¿Hay lecturas cristalizadas que se reproducen y se replican como si fuera un
espejo? ¿Se están abriendo nuevos espacios?
Creo que la crítica literaria
sigue el mismo patrón desde hace más de cien años. Sigue habiendo críticos que
tienen lecturas honestas del texto, pero son minoría. En la mayoría de los
casos los críticos están guiados por intereses particulares o corporativos. En
ese sentido, las redes o los blogs permiten voces disidentes. Quizás por ahí
podemos rastrear algo positivo. Pero si hablamos de crítica en medios de
comunicación, la dinámica sigue siendo la misma, creo yo. Exactamente la misma
que en el siglo XIX: críticos unidos a los intereses de sus círculos literarios.
Eso no ha variado ni un poco.
[Transcripción: Alejandro Alva]