"These days there’s so much paper to fill, or digital paper to fill, that whoever writes the first few things gets cut and pasted. Whoever gets their opinion in first has all that power". Thom Yorke

"Leer es cubrirse la cara, pensé. Leer es cubrirse la cara. Y escribir es mostrarla." Alejandro Zambra

"Ser joven no significa sólo tener pocos años, sino sentir más de la cuenta, sentir tanto que crees que vas a explotar."Alberto Fuguet

"Para impresionar a las chicas de los 70 tuve que leer a Freud, Althusser, Gramsci, Neruda y Carpentier antes de llegar a los 18. Para seducir a las chicas de los 70 me hice especialista en Borges, Tolstoi, Nietzsche y Mircea Elíade sin haber cumplido los 21. Menos mal que ninguna me hizo caso porque entonces hoy sería un ignorante". Fernando Iwasaki


martes, 22 de octubre de 2019

Reseña: “Nueva York es una ventana sin cortinas” de Paulo Cognetti



Navona, 2018. Traducción de Miguel Izquierdo. S/. 65. 186 pp.

¿Qué es lo que hace que un libro sobre viajes alcance vuelo literario? ¿Una descripción hiper detallada de escenarios? Eso lo hace una guía turística, Google Maps u otro de lo miles aplicativos existentes para el celular. ¿Anécdotas amenas? Puedes encontrar millones navegando en los comentarios de webs especializadas. ¿Fotos impresionantes? Para eso mejor entrar a Instagram. Esbozaría varias respuestas a la primera pregunta, pero me quedo con una que da Alberto Fuguet en “Apunte autistas”:  “ Lo literario de viajar es que uno después recuerda algo parecido a un cuento o una novela donde el protagonista es uno mismo. Rara motivación pero, a la vez, gran motivación. La mejor de las motivaciones. No todos los turistas puros buscan la naturaleza virgen o paisajes épicos. Muchos desean estar donde otros estuvieron antes.”
El libro del italiano Paulo Cognetti calza perfecto con dicha idea al abordar Nueva York como una suma de experiencias únicas que escapan a las del viajero tradicional, aquel coleccionista de souvenirs constantemente estresado por cumplir con un checklist diseñado antes de subirse al avión o bus, a como de lugar. Motivado por conectar con sus experiencias como lector y admirador de grandes escritores, Cognetti logra vincular dicho pasado con un presente en constante movimiento y en donde muchas veces solo tiene como respaldo poder mezclar  ficción con realidad frente a la desaparición física de muchas de las locaciones que le pertenecieron en las historias disfrutadas durante su infancia y juventud logrando resultados más que satisfactorios.

El autor nos invitar a adentrarnos en otros lugares ajenos a los de las típicas postales de la Gotham, el nombre literario de la gran metrópoli del hemisferio occidental, no por un arrebato esnobista, sino por aprehender un territorio lleno de ficción, con la fe puesta en la imaginación y así  descubrir “la ciudad de los cazadores de fortuna, de los poetas visionarios y los sueños rotos” (pág. 17) Es por eso que conecta con un lector que nunca haya pisado dicha ciudad, pues las experiencias que se narran rebozan erudición al servicio de la restauración de las emociones motivadas por las distintas partes de la ciudad que va recorriendo en distintos periodos. Para ello se vale de diversas historias como la de la verdadera motivación de la construcción del Empire State (pág. 17), la reivindicación de una autora como Grace Paley (págs.. 94-97) o  el paralelo de las cíclicas vidas de Melville y Whitman (págs. 21-37) que le permite enlazar distintos siglos como en las siguientes líneas:

“Antes de morir, Melville y Whitman pudieron admirar la obra que iba a consumir la unión de sus dos ciudades. Todavía hoy, la visión del puente de Brooklyn es una de aquellas que te reconcilian con el género humano, permitiéndote olvidar sus defectos para reconocer su gusto, inteligencia, valentía, fuerza de voluntad y afán de progreso. La combinación de granito y acero-dos torres de noventa metros de altura y miles de alambre de acero- convierte su estructura en maciza y ligera al mismo tiempo, una catedral suspendida en el viento que sopla sobre el tío.” (pág. 35)

La mirada social está presente pero no de manera informativa o didáctica. Cognetti señala la sangre que recorre las venas de la ciudad, conformada por distintas culturas, antiguas y/o nuevas, que han aportado un matiz particular a la ciudad. Características que se integran y amalgaman. Siendo un forastero y escapando a las masas, la voz se permite extraviarse y mirar detalles que escapan a los lugares comunes, “como si el viaje a una ciudad desconocida fuera una historia de amor en sus inicios, cuando la atracción es máxima pero la intimidad incipiente.” (pág. 73) Hay lugar para la amistad y las risas, pero también para información que no saldría fácilmente en los manual, como las prohibiciones de beber en ciertas locaciones o restaurantes no tan comunes. No hay lector, opino, que al terminar este libro, no diga que no lo atrapó al menos un par de capítulos. Cognetti escribe con la pulsión de quien sabe que el lenguaje no abarcará todo lo que quisiera expresar, pero es la única y mejor herramienta con la que cuenta y eso siempre se agradece. Aquí unas líneas más:

“Hay lugares de los que no te vas tranquilo: sabes que seguirán allí mientras no estás, te esperarán intactos como los recueros de infancia o la casa de tus padres. Volverás a encontrar los objetos de antaño y el mismo viejo olor. Otros son como las personas: mientras tú viajas, aprendes y evolucionas, las sigues imaginando iguales, aunque en el próximo encuentro habrán cambiado al menos tanto como tú, y deberás recomenzar de cero. Nueva York es así. He ahí el problema cuando se intenta explicarla: cualquier palabra sobre ella lleva grabada su fecha, y empieza a caducar tan pronto como la has escrito.” (pág. 170)

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