La devoción está en
otra parte
Océano, 2023. 136 pp. Traducción de José Manuel Moreno.
No son muchos
los premios literarios en los que confío, pero, entre los que sí, están el
Premio São Paulo de Literatura (Brasil) y el Akutagawa (Japón), por mencionar
un par. Ello, además de los blurbs de esta novela, que llegan a compararla con
las primeras de Dostoyevski, generaron mi interés por leerla.
La
novela de Rin Usami (Shizuoka, 1999) comienza con Akari, una adolescente con
problemas de aprendizaje en el colegio, quien se encuentra preocupada por su
ídolo, el cantante Masaki Ueno, su oshi –que es como se denomina en
japonés al ser idolatrado–al verse este último envuelto en un escándalo
mediático por el maltrato a una aficionada. La narración llega al lector a
través de la voz de la joven, con el candor propio de la edad, que al inicio
nos invita a pensar este libro como una novela ligera y entretenida sobre las
cuestiones que enfrenta alguien que se vuelve seguidor de un cantante o una
banda y busca asistir a todos los conciertos, adquirir los álbumes el mismo día
de su lanzamiento, ser parte de un club, conocer todos los datos biográficos
del ídolo, despejar los rumores que se tejen alrededor de su accionar, entre
otras actividades relacionadas. En fin, alguien podría pensar que se encuentra
frente a un libro sobre todo lo que implica ser fan, lo cual no es nada
sencillo. Sin embargo, esta afición se irá cargando de bruma para Akari cuando aumente
la exigencia de atención y sacrificio, tornándose en un peligroso comportamiento
sectario:
“Cada vez que me imaginaba un
mundo sin mi oshi, también pensaba en despedirme de la gente de aquí.
Fue nuestro oshi quien nos unió, y sin él, nuestra relación se desharía
sin más. Algunas personas cambian a diferentes géneros, como lo había hecho
Narumi, pero yo sabía que nunca podría encontrar otro oshi. Masaki sería
mi único oshi para siempre. Él era el único que me conmovía, me hablaba,
me aceptaba”. (pág. 42)
¿Qué
lleva a alguien a entregarse por completo a una devoción por una estrella?
¿Cuál es la frontera entre la admiración y la obsesión? Usami explora dichas
preguntas en la voz de Akari, quien progresivamente va descartando todo anhelo
en su vida salvo uno: entregarse por completo a su ídolo. En el transcurso de la lectura somos
espectadores de las acciones que la protagonista realiza para poder estar a la
altura de su oshi. Desde estar atenta a todo el ruido orquestado
alrededor de Masaki hasta cumplir con una serie de rituales caseros, como ver
todos sus lives de Instagram o escribir en un blog. El día a día de la
joven, el cual transcurre entre tener un trabajo precarizado y asistir a los
cursos de la escuela, hace que ser la mejor fanática sea su único y verdadero
propósito. En tiempos donde imperan las exigencias en los ámbitos laboral y
académico, ser fan implica desplazar estas demandas convencionales fuera de uno
mismo, utilizando la devoción o la pertenencia a un fandom como una forma de evasión en la que se cumple una misión en
la que no hay límite:
“Comencé a notar que anhelaba
empujar mi cuerpo a su límite, reducirlo, buscar dificultades. Desprenderme de
todo lo que tenía —tiempo, dinero, energía— a cambio de algo que se hallaba
fuera de mí misma. Casi como si, al hacer eso, pudiera limpiarme. Que al
volcarme en ello y sufrir el dolor a cambio, podría encontrar algún tipo de
valor en mi existencia”. (pág. 76)
Aunque los monólogos de la protagonista a
veces resultan repetitivos al justificar su fanatismo, Usami usa esa repetición
para reflejar la irracionalidad juvenil. Así muestra cómo la identidad de la
protagonista se forma en un contexto de exceso de información, donde lo virtual
juega un papel importante en los vínculos que se crean.
Hacia
el final, descubrimos el incendio al que alude el título, acaso una
actualización de la simbología del fuego en los mitos clásicos, que volvía a
los mortales en dioses y viceversa. ¿Qué ocurre cuando se derriba una fe y no
hay un sustituto? ¿Qué se hace con ese vacío espiritual cuando se han
dinamitado los demás refugios emocionales? Eso parece cuestionarnos el
progresivo desmoronamiento de Akari. La modernidad de esta novela no se basa
tanto en los dispositivos o redes sociales que menciona, sino en el conflicto entre
dejarse llevar por las emociones y al mismo tiempo despojarse de ellas. En cómo
el deseo de sentirlo todo es peligrosamente similar a desear la nada.
(Texto publicado en la web de la Bitácora de El Hablador)