Literatura Random
House. 2016. 512 pp.
En el breve, pero no por ello
menos contundente, prólogo de Antonio Cisneros a la primera edición de Ay qué rico (1991), recuperado en esta
edición, el desaparecido vate caracterizaba la poética de Jaime Bedoya (Lima,
1964) como “Un mundo marginal, sórdido a veces (…) Historias de la especie,
fauna nuestra, viajan entre la burla y la piedad. Sarcasmo que no cede ni
concede. Y sin, embargo, también algunas veces la melancolía asoma como los
olores más importantes de la infancia o ese sol tristón del arenal.” Y dicha
descripción atraviesa todos los textos recopilados en este estupendo volumen, una cuantiosa muestra
su producción y vigencia hasta la actualidad.

El humor es una de las
principales armas que Bedoya usa a su favor para señalar y criticar de manera poco
explícita pero sí más efectiva, males de nuestra sociedad a los que uno termina
por ser indiferente luego de ver y oír el mismo tono sensacionalista en noticieros,
diarios y redes sociales. En muchas de
las crónicas o ensayos del libro, el lector puede hallar una burla controlada
que provoca la reflexión tras evadir la sensación de estar leyendo un texto con
tono didáctico e indulgente. Ello se puede notar en los perfiles que no superan
las tres o cuatro páginas de la sección Encuentros
con hombres notables: New kids de
Zarate: los mismos pero diferentes, sobre la alienación y consumismo de las
últimas generaciones; en Peleador
Callejero: Robert Puch ha convertido la pelea criolla en arte marcial
acerca de cómo la violencia cotidiana que rodea nuestras calles puede llevar a
medidas desesperadas; La entrega del
Cholo, mostrando la decadencia económica y emocional de la vieja gloria del
balompié peruano, Hugo Sotil, y cómo se replica en cada nueva generación de
futbolistas, o Elogio de la mariconada, un desmantelamiento de la masculinidad
cavernaria.
Una mención especial merecen las
columnas de la segunda sección Dennis
Angulo, poeta electoral, sobre un poeta casmeño cuyos versos son infalibles
al momento de provocar carcajadas (a pesar de las reales intenciones de Angulo)
y cuyo afán de servir de lírica radiografía de la situación política y social
del Perú, es tratado con oscuro sarcasmo por Bedoya quien moldea y se apropia
de este personaje volviéndolo inolvidable. Mientras uno va leyendo las
siguientes secciones Historias de sucesos
reales y El mundo existe sin nuestra
opinión, confirma que el método de Bedoya para inmiscuirse en las historias de
los personajes e investigar los hechos que provocan o que los rodean es exhaustivo
y microscópico, haciendo todo lo imposible para no dejar escapar ningún
elemento importante, conociendo los hechos y biografías al detalle, hurgando
las fuentes que generan las noticias y no reciclando tan solo los rumores que
sobrevuelan alrededor de las mismas. Y luego de ello, proceder a descartar
datos y priorizar aquello que enriquezca el texto, empleando un lenguaje distinto
al que uno encuentra en los medios a diario de manera concisa e impecable. Es
su posicionamiento estratégico frente a la Noticia
peruana típica, llena de lugares comunes, frases trilladas y uniformidad
exasperante. ¿Cómo se lidia con ello? Con inteligencia, sensibilidad y un
prolijo cuidado del lenguaje, logrando piezas como Frankenpollos: Monstruosa alteración genética eufemísticamente llamada
“Pollo sin plumas” o Al jefe de Recursos Humanos de la Marca Perú
sobre los excesos a los que puede llevar
una política de promoción que se aproxima al chauvinismo.
Como en toda recopilación, muchos
textos se pierden frente a otros y me gustaría señalar en específicos los que se
encuentran en la última sección Listos para morir en los que Bedoya trata
anécdotas personales, que sin carecer de valor, no deslumbran como
los de las primeras 400 páginas. Más allá de dicho reparo personal, En aparente estado de ebriedad es una
obra compilatoria que conjuga entretenimiento y reflexión, desde la fina mirada
literaria de lo cotidiano de Jaime Bedoya. Un antídoto frente a las repetitivas
y poco logradas notas periodísticas que inundan en la actualidad, los
periódicos, la televisión, la radio y las redes virtuales.
+Sobre el autor:
Estudió Literatura Hispánica en la Pontificia Universidad Católica del Perú, y llevó cursos de periodismo en París. Fue editor general del semanario Caretas. Es autor de los libros Ay qué rico (1991), Mal menor (2004), Trigo atómico (2010), Cocinas de familia (2004) y Kilómetro cero (1995), donde ha creado un género híbrido que va de la crónica periodística al ensayo más irreverente.
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