Duomo. 2013. 222 pp. / España
Tusquets. 2015.220 pp. / México
Josef Mengele. Un nombre capaz
de estremecer, inquietar y generar pesadillas. Basta unos pocos minutos
buscando su nombre en la web para horrorizarse con los experimentos en los
campos de exterminio que llevó a cabo uno de los mayores criminales nazi del siglo
XX. Lo que sería materia para una
biografía histórica más, se transforma gracias a la narrativa de Lucía Puenzo
(Buenos Aires, 1976) en una exploración llena de intriga, deseo y tensión,
acercándonos a un terreno escabroso, más cercano que lo que las décadas de distancia
con los hechos reales, pueden hacernos pensar.

Puenzo nos transporta a los días
de Mengele en Argentina (un lejano rincón del mundo para los europeos), teñidos
de una rutina idéntica, tediosa y gris, mientras
alberga la secreta esperanza que algo extraordinario sucederá. Es 1959, y los
días del apogeo nazi han quedado atrás. El otrora jerarca alemán vive huyendo,
alejado del poder que alguna vez ostentó, aunque codeándose de vez en cuando, con algunos
políticos locales a los que incluso aconseja. Hasta que conoce a Lilith. Y su
obsesión enfermiza se revitaliza. No por nada ha mantenido cuadernos llenos de
notas sobre sus estudios con experimentos humanos y algunos portaobjetos con
muestras de sangre. Lilith es la que marca un quiebre. Una niña aria de doce
años, ojos azules, portadora de un nombre que invoca la oscuridad, la
trasgresión y el deseo, y un extraño
problema de crecimiento, siendo esta última característica lo que fascina al
médico alemán ávido por manipularla genéticamente tanto a ella, como a su
madre descendiente germana quien, como
descubrirá luego, está embarazada de gemelas.
La familia decide partir a Bariloche
para administrar una hostería que heredan. Mengele los acompaña, lidiando por tener
un perfil bajo, y cuya excitación por ese “espécimen monstruoso” se acelera en
paralelo cada instante que pasa. Mengele
ve como su proceso de camuflaje peligra durante el viaje: al conocer a los
indígenas (una raza bastarda, desde su óptica), al tomar en cuenta la
ignorancia de la gente local, soportar un territorio hostil y desconocido, y el
gran esfuerzo para controlar sus bajos instintos cuando la niña se pone provocadora
y seductora. Pero algo canaliza su odio
y frustración, además de la presencia de Lilith: las muñecas que fabrica el
padre. La posibilidad de formar cuerpos
perfectos. Manipular la materia a su antojo. Culminar de manera simbólica el
proyecto nazi. Poder sobre los cuerpos, artificiales y humanos. Construir una
imagen, un ideal a partir del Mal. El poder de un símbolo en apariencia tan
inocente, como propaganda peligrosa y efectiva. La cúspide de la perversión.

El destino del personaje de
Mengele, será la muerte apacible en una playa brasileña, muchísimos años
después, sin nunca haber pagado por sus crímenes. Pero a Puenzo lo que le interesa es hurgar en los restos de crueldad que dejó como
legado. Y el contraste de estas prácticas con la personalidad carismática que
dejaba transmitir. El maquillaje que lo hacía granjearse la confianza de quien
lo conociese. “Las peores catástrofes
siempre empiezan así –pensó-. Sin que uno las vea venir” (pág. 29) y eso es
lo que más incómoda en el lector: reconocer que nadie está libre de ser
seducido por la empatía de este tipo de seres, capaces de provocar un tipo de
sufrimiento extremo de manera posterior sin poder advertirlo. Daño físico y
sobre todo, mental. En Wakolda, no
hay lugar para una luz o hálito de esperanza. Es el relato de una perversión
sistemática que no acabó con la caída de los nazis. Alteración genética,
esterilizaciones masivas, cánones de belleza con los que se educa y que
terminan causando perturbaciones psicológicas. Las prácticas de control sobre
el cuerpo se siguen manifestando día a día, con amplias complicidades que se
intentan pasar por alto, como se ejemplifica en esta novela a través la defensa
hermética de la comunidad alemana de Bariloche al mantener silencio sobre la
presencia de Mengele en su localidad. Un grado de culpabilidad que los termina
alcanzando a todos, con una impunidad que horroriza. Comportamientos que aún se
mantienen vigentes y se replican aun.
Las formas cambian y mutan, capaz de alcanzar una mayor sutileza incluso,
pero el horror no. El horror sigue ahí.
+Sobre la autora:
Buenos Aires. 1976
Es escritora y directora de cine. Publicó las novelas El niño pez, 9 minutos, La maldición de Jacinta Pichimahuida, La furia de la langosta y Wakolda, además de cuentos en varias antologías. Sus libros han sido traducidos a más de 15 lenguas. XXY, su primera película, ganó el Gran Premio de la Crítica en Cannes (2007), un Goya a la MejorPelícula Extranjera y más de veinte premios internacionales. Su segunda película, El niño pez, abrió la sección Panorama del Festival de Berlín (2009) y fue parte de la selección oficial de Tribeca y La Habana. Su tercera película, Wakolda, fue parte de la Selección Oficial del Festival de Cannes y del Festival de San Sebastián (2012). Todas sus películas han sido estrenadas en Europa, América Latina, Estados Unidos y Asia. Fue elegida por la prestigiosa revista literaria inglesa GRANTA entre los 20 escritores jóvenes más importantes de la lengua española.
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